| Akáthistos
Himno en Honor de la Santísima Virgen María |
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Presentación
La
Iglesia desde sus primeros siglos, ha venerado de manera singular
la memoria de la Virgen María, invocándola como Madre de Dios. La doctrina
que sobre Ella recogen los primeros concilios es unánime, sumándose
a esta el pensamiento de los Padres de la Iglesia, el de los escritores
eclesiásticos y el testimonio de muchos escritos apócrifos.
El culto rendido a la Virgen María, obedece “al estrecho e
indisoluble vínculo que guarda con su divino Hijo, por el cual se resalta
de manera más clara el oficio de la Madre del Salvador en la economía
de la salvación” (Lumen Gentium cap. VIII, núm. 55).
Así pues, siguiendo las huellas marcadas por los que nos han
precedido en el camino de la fe y que se han distinguido por su amor
a la Virgen Madre, es mi deseo, que en este Año Jubilar Guadalupano,
en el que celebramos el 475 aniversario de sus históricas apariciones
en este Tepeyac, exaltemos su maternidad divina y proclamemos unánimemente
las maravillas que Dios ha obrado en Ella.
Estos sentimientos hacia la Madre de Dios, especialmente sobre
la advocación de Guadalupe, los queremos expresar a través de la publicación
y celebración del Akáthistos, oración litánica que se hace de
pie, poco conocida en el Occidente, pero muy difundida en el Oriente.
Es un himno de acción de gracias, que nos recuerda las prodigiosas intervenciones
de la Inmaculada Madre de Dios en la vida de la Iglesia.
Es el Akáthistos una larga lista de “piropos” a la Virgen,
que acompañados del saludo del ángel Gabriel, seguramente alegran y
ensanchan el corazón de la Virgen, pues a través del saludo, recordamos
el misterio mismo de la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo, único
Camino, Verdad y Vida para nuestra salvación.
Que nuestra Señora Guadalupe, a quien ofrecemos este trabajo,
nos anime en el camino de la fe y de la caridad, nos conceda recorrerlo
en unidad y concordia buscando siempre el bien común y la ayuda solidaria,
permaneciendo fieles a la fe y en el amor a la Iglesia.
A Ella, que hace 475 años quiso poner en México su trono y
extender su maternal dominio hacia toda América, invoquémosla diciendo:
¡Salve, Virgen y Esposa!
Dios les bendiga.
Mons. Diego Monroy Ponce,
Vicario General y Episcopal de Guadalupe,
Rector del Santuario.