Hermanos
y hermanas en el Señor, desde el Santuario de Guadalupe, donde
late el corazón que da vida y esperanza a todo México,
los saludo muy fraternalmente.
Hemos celebrado en esta Casita Sagrada, como en muchos lugares de
nuestra República Mexicana y más allá de nuestras
fronteras, el 474 aniversario de las históricas apariciones
de nuestra Señora de Guadalupe a nuestro querido indio santo
Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
En el marco de estos solemnes festejos, nuestro Arzobispo, el Cardenal
Norberto Rivera Carrera, consciente de su responsabilidad como Pastor
de esta Iglesia Particular y depositario del tesoro más precioso
de los mexicanos, declaró mediante un DECRETO la apertura del
Año Jubilar Guadalupano, el cual inició el 12 de diciembre
de 2005 y concluirá solemnemente el 12 de diciembre de 2006.
Será un año, en el que nos dedicaremos a saborear y
profundizar en el conocimiento, valor, importancia y trascendencia
del Acontecimiento Guadalupano. Lo hacemos con la conciencia de ser
depositarios de un precioso tesoro que estamos llamados a compartir
y darlo a conocer al mundo como “un gran ejemplo de evangelización
perfectamente inculturada” (Juan Pablo II).
El Acontecimiento Guadalupano es el portador de un doble alumbramiento:
el nacimiento a una patria mestiza y el nacimiento a la fe cristiana,
de ahí su trascendencia e importancia en la vida de todos los
que en éste pueblo hemos nacido. Creyentes o no creyentes,
todos estamos abrigados en este maravilloso portento, pues desde los
orígenes de nuestra nación Nuestra Niña y Madrecita
Santa María de Guadalupe nos ha acompañado en todas
nuestras gestas políticas, sociales y religiosas.
Las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe, no son hechos
que se han quedado en el pasado, sino más bien contribuyen
para el presente y el futuro, no sólo de México, sino
también del mundo entero. Es aquí donde toca nuestra
responsabilidad de darlo a conocer, pues de reconocerse en el mundo
entero esto permitiría la solución a los humanamente
insolubles problemas que hoy enfrenta la humanidad toda. Pues no podemos
olvidar, que nuestra Señora, reconcilió en su persona,
el dramático choque provocado por el encuentro de mexicas y
españoles.
Que los festejos jubilares en honor a nuestra Madre Santísima
de Guadalupe, nos permitan profundizar en nuestros compromisos cristianos,
en nuestros deberes civiles, en el amor a Ella y en la fidelidad a
la Iglesia.
Oremos con confianza y mayor devoción e intensidad en estos
momentos cruciales por los que atraviesa nuestra historia patria:
Santa María de Guadalupe, Reina de México ¡Salva
nuestra patria y conserva nuestra fe! Pidámosle que nos una,
nos reconcilie, nos anime y nos acompañe a llevar este pueblo,
por caminos de justicia, de paz, de solidaridad y de progreso compartido.
Pongamos en sus manos maternales toda nuestra vida. Dios les bendiga.
Mons. Diego Monroy Ponce,
Vicario General y Episcopal de Guadalupe,
Rector del Santuario.
12 de diciembre de 2005