La segunda sección es la Secretaría
Capitular, trata sobre todos los asuntos de gobierno que llevaba
el Cabildo de Guadalupe a partir del 22 de octubre de 1750, fecha
en que dicho Cabildo tomó posesión, o también la que estaba dirigida
al Cabildo, aunque versara sobre asuntos económicos. En esta sección,
la persona encargada del cuidado de los expedientes y de archivarlos
era el Secretario de Cabildo, quien además redactó una buena parte
de ellos. Entre las varias series en que está subdividida quiero destacar
algunas.
Obviamente tienen una importancia fundamental
las actas de Cabildo, en ellas está contenida la historia del mismo;
su organización; las comisiones que tenían sus miembros; la toma
de posesión de los Abades, Canónigos y Racioneros; los eventos más
importantes que hubo en Guadalupe; la construcción de nuevos templos;
los intentos que se dieron en los primeros 40 años de la historia
del Cabildo para que les aprobaran sus estatutos, cosa que no se
logró; la relación de los Capitulares con el Arzobispo, el Cabildo
de Catedral, la Nobilísima Ciudad, la Universidad y los distintos
Tribunales; la organización de las fiestas de la Virgen; los problemas
del Cabildo tanto al interno como al externo; las donaciones que
se hicieron a la Virgen y la fundación de capellanías y obras pías;
los problemas económicos del clero y la manera como se intentaban
resolver; las reparaciones a la Iglesia Colegiata; las obras materiales
y artísticas que se ejecutaron. Podemos decir que toda la sección
de Secretaría Capitular está resumida en dichas actas. El único
libro de actas capitulares que falta es el que comprende del 13
de junio de 1770 al 22 de junio de 1774. Dicho libro fue pedido
por el Arzobispado poco tiempo después de su redacción y nunca fue
devuelto, por tanto el contenido de sus actas lo podemos encontrar
en los borradores de Cabildo de dichos años.
En esta sección tenemos también la
serie Reales Cédulas, que nos señalan las distintas determinaciones
de la Corona en torno a la Colegiata, así como las provisiones del
Cabildo que siempre estaban reservadas al Rey en virtud del Patronato
regio. Los escritos del Cabildo o de algún Capitular
al monarca español se encuentran en la serie titulada correspondencia
con el Rey.
Las cartas y oficios del Virrey y el
Arzobispo al Cabildo y viceversa, son muy valiosas para conocer
las determinaciones más importantes relativas a dicho cuerpo colegiado,
al culto Guadalupano, a la vida del clero que servía al Santuario
y a su subsistencia, y nos permite adentrarnos incluso en los hechos
de la Iglesia novohispana o de los acontecimientos políticos que
más influyeron en la vida eclesiástica. Ellos se encuentran en las
cuatro series tituladas correspondencia con Virreyes, correspondencia
con Arzobispos, Oficios del Virrey y Oficios del Arzobispo.
El Cabildo de Guadalupe tenía un apoderado
o agente en la Corte de Madrid, que se encargaba de la tramitación
de los asuntos de dicha corporación y tenía la obligación de informar
los resultados de éstos, así como los hechos más importantes que
ocurrían en España y en Europa que podían tener alguna incidencia
en la Nueva España. Los documentos de la serie titulada apoderado
en Madrid son interesantes para estudiar cuáles eventos europeos
afectaron más la vida del clero novohispano, así como los distintos
trámites administrativos que llegaron a buen o mal término en la
Corte española.
En 1755 el Cabildo de Guadalupe propone
al Rey que para ayudar al sostenimiento económico del culto guadalupano
y del Santuario, puesto que éste no percibía diezmos como las Catedrales,
ordene que los testamentos de sus vasallos en los territorios dependientes
del Virreinato de la Nueva España, por legado pío y manda forzosa,
apliquen un gravamen determinado por el testador, de acuerdo con
su devoción, a María Santísima de Guadalupe. En respuesta
a esta petición el Rey Fernando VI, en Real Cédula dada en el Buen
Retiro el 7 de diciembre de 1756, resolvió favorablemente a lo que
solicitaba el Cabildo. Los
asuntos relacionados al cobro de esta manda forzosa, que se realizó
en Nueva España, Guatemala y Nicaragua, y la correspondencia de
los Arzobispos y colectores en torno a ella se encuentran en la
serie con el mismo nombre. Hacia 1807 el Cabildo deja de percibir
rentas por este concepto; en 1816 el Cabildo vuelve a pedir su reactivación, a lo
que accede el Virrey Juan Ruiz de Apodaca al año siguiente, sin embargo a partir de esto ya no hay más
documentación al respecto.
En esta sección Secretaría Capitular
tenemos un buen número de edictos convocando a concursos a Canonjías
y Raciones provenientes de todas las Catedrales de la Nueva España.
Igualmente hay copias de los que la Colegiata envió a las Catedrales
en torno a la provisión de sus Prebendas.
Las series Abades, Canónigos, Racioneros,
Ministros, Músicos y Médicos refieren los asuntos que afectaban
directamente al personal que trabajaba en el Santuario, y la serie
Cabildo, la que afectaba a este cuerpo.
La serie Capuchinas cuenta con pocos
documentos, pero son significativos pues manifiestan la instalación
de esas religiosas y la atención que les brindó el Cabildo de Guadalupe
a partir del 15 de octubre de 1787, fecha en que dichas religiosas
se establecieron en su templo recién construido, cuya primera piedra
se colocó el 14 de octubre de 1782.
La serie Villa de Guadalupe trata de
la correspondencia entre las autoridades de dicha Villa y el Cabildo,
importantes de mencionar son las cartas y oficios del periodo inmediatamente
anterior a la consumación de la independencia, porque indican la
postura del Cabildo ante la lucha armada que condujo a ella.
Notas
La colación
y canónica institución la confería el Arzobispo de México, y cuando
éste no podía o estaba la sede vacante, lo hacía un Canónigo de
la Catedral Metropolitana. La toma de posesión se hacía en un Cabildo
en la Sala Capitular de Guadalupe.