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Nican Mopohua
Traducción y comentarios de Mons. José Luis
Guerrero Rosado
Puede ver un comentario al Nican Mopohua como documento
histórico aquí.
EL GRAN ACONTECIMIENTO
INTRODUCCIÓN
Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco, en forma
por demás maravillosa, el amor de la perfecta Virgen Santa
María, Madre de Dios, nuestra venerable Señora y Reina,
la hizo visible allá en el Tepeyac, que se conoce [ahora]
como Guadalupe. En un principio se dignó dejarse ver de un
indito de nombre Juan Diego, y, al final, su amor nos entregó
su preciosa y amada imagen en la presencia del reciente Obispo Don
Fray Juan de Zumárraga.
AMBIENTACIÓN
1.- Diez años después de sojuzgada
la ciudad de México, ya por tierra la flecha y el escudo,
[acabada la guerra], ya por doquier sosegados sus aguas y sus montes,
[las ciudades], 2.- así como brotó, ya macolla, ya
revienta sus yemas la adquisición de la verdad, el conocimiento
de Quien es causa de toda vida: el verdadero Dios. 
3.- Entonces, en el año 1531, a los pocos días del
mes de diciembre, sucedió que había un caballero indio,
pobre pero digno, 4.- su nombre era Juan Diego, casateniente, por
lo que se dice, allá en Cuautitlán, 5.- y, en lo eclesiástico,
todo aquello era aún jurisdicción de Tlaltelolco.
PRIMERA APARICIÓN
6.- Era sábado, muy de madrugada, lo movía su interés
por Dios [respondiendo a] su insistente llamada. 7.- Y cuando vino
a llegar al costado del cerrito, en el sitio llamado Tepeyac, despuntaba
ya el alba. 8.- Oyó claramente sobre el cerrito cantar, como
cantan diversos pájaros preciosos. Al interrumpir su gorjeo,
como que les coreaba el cerro, sobremanera suave, agradabilísimo,
su trino sobrepujaba al del coyoltótotl y del tzinitzcan
y al de otras preciosas aves canoras. 
9.- Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura es
mi mérito, mi merecimiento lo que ahora oigo? ¿Quizá
solamente estoy soñando? ¿Acaso estoy dormido y sólo
me lo estoy imaginando? 10.- ¿Dónde estoy? ¿Dónde
me veo? ¿Acaso ya en el sitio del que siempre nos hablaron
los ancianos, nuestros antepasados, todos nuestros abuelos: en su
tierra florida, en su tierra de nuestro sustento, en su patria celestial? 
11.- Tenía fija la mirada en la cumbre del cerrito, hacia
el rumbo por donde sale el sol, porque desde allí algo hacía
prorrumpir el maravilloso canto celestial. 
12.- Y tan pronto como cesó el canto, cuando todo quedó
en calma, entonces oye que lo llaman de arriba del cerrito, le convocan:
<<-Mi Juanito, mi Juan Dieguito>>. 
13.- En seguida, pero al momento, se animó a ir allá
a donde era llamado. En su corazón no se agitaba turbación
alguna, ni en modo alguno nada lo perturbaba, antes se sentía
muy feliz, rebosante de dicha. Fue pues a subir al montecito, fue
a ver de dónde era llamado. 
14.- Y al llegar a la cumbre del cerrito, tuvo la dicha de ver
a una Doncella, que por amor a él estaba allí de pie,
15.- la cual tuvo la delicadeza de invitarlo a que viniera 'juntito'
a Ella. 16.- Y cuando llegó a su adorable presencia, mucho
se sorprendió por la manera que, sobre toda ponderación,
destacaba su maravillosa majestad: 17.- sus vestiduras resplandecían
como el sol, como que reverberaban, 18.- y la piedra, el risco en
que estaba de pie, como que lanzaba flechas de luz; 19.- su excelsa
aureola semejaba al jade más precioso, a una joya, 20.- la
tierra como que bullía de resplandores, cual el arco iris
en la niebla. 21.- Y los mezquites y nopales, y las otras varias
yerbezuelas que ahí se dan, parecían esmeraldas. Cual
la más fina turquesa su follaje, y sus troncos, espinas y
ahuates deslumbraban como el oro.
22.- Ante su presencia se postró. Escuchó su venerable
aliento, su amada palabra, infinitamente grata, aunque al mismo
tiempo majestuosa, fascinante, como de un amor que del todo se entrega.
23.- Se dignó decirle: <<-Escucha bien, hijito mío
el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde
te diriges?>> 24.- Y él le contestó: <<-Mi
señora, mi reina, mi muchachita, allá llegaré
a tu casita de México Tlatelolco. Voy en pos de las cosas
de Dios que se dignan darnos, enseñarnos, quienes son imágenes
del Señor, nuestro Dueño, nuestros sacerdotes>>.
25.- Acto continuo con él dialoga, le hace el favor de descubrirle
su preciosa y santa voluntad, 26.- le comunica: <<-Ten la
bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito
mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen
Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo
Dios, de Ipalnemohuani, (Aquel por quien se vive), de Teyocoyani
(del Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (del Dueño
del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuicahua Tlaltipaque
(del Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo
en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi
templecito, 27.- para allí mostrárselo a Ustedes,
engrandecerlo, 28.- entregárselo a Él, a Él
que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él
que es mi auxilio, a Él que es mi salvación.
29.- Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos
Ustedes, 30.- tuya y de todas las gentes que aquí en esta
tierra están en uno, 31.- y de los demás variados
linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los
que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión.

32.- Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar
su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes
miserias, sus penas, sus dolores. 
33.- Y para realizar con toda certeza lo que pretende Él,
mi mirada misericordiosa, ojalá aceptes ir a al palacio del
Obispo de México, y le narres cómo nada menos que
yo te envío de embajador para que le manifiestes cuan grande
y ardiente deseo tengo de que aquí me provea de una casa,
de que me levante en el llano mi templo. Absolutamente todo, con
todos sus detalles, le contarás: cuanto has visto y admirado,
y lo que has oído.
34.- Y quédate seguro de que mucho te lo voy a agradecer
y a pagártelo, 35.- pues te enriqueceré, te glorificaré,
36.- Y mucho merecerás con esto que yo recompense tu cansancio,
tu molestia de ir a ejecutar la embajada que te confiero.
37.- Ya has oído, Hijo mío el más amado, mi
aliento, mi palabra: ¡Ojalá aceptes ir y tengas la
bondad de poner todo tu esfuerzo!>>
ENTREVISTA CON ZUMARRAGA
38.- E inmediatamente en su presencia se postró, respetuosamente
le dijo: <<-Señora mía, mi Niña, por
supuesto que ya voy para poner por obra tu venerable aliento, tu
amada palabra. Por ahora de ti me despido, yo, tu humilde servidor.>>
39.- En seguida bajó para ir a poner por obra su encargo:
Vino a tomar la calzada que viene derecho a México. 40.-
Y cuando hubo llegado al interior de la ciudad, de inmediato y directo
se fue al palacio del Obispo que muy recientemente había
llegado de Jefe de Sacerdotes, cuyo reverendo nombre era D. Fray
Juan de Zumárraga, Sacerdote de San Francisco. 
41.- Y al llegar, de inmediato hace el intento de verlo, rogando
a sus servidores, sus domésticos, que vayan a anunciarlo.
42.- Al cabo de una espera un tanto excesiva, vienen a llamarlo
cuando el Señor Obispo tuvo a bien convocarlo para que pasara.
43.- Y en cuanto entró, en seguida en su presencia se arrodilló,
se postró. Luego ya le declara, le narra el venerable aliento,
la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también
le refirió respetuosamente todas las cosas que admiró,
que miró, que escuchó. 44.- Y cuando hubo escuchado
todas sus palabras, su mensaje, como que no del todo le dio crédito.
45.- Le respondió, se dignó decirle: <<-Hijito
mío, otra vez vendrás, aún con calma te oiré,
muy aun desde el principio lo miraré, pensaré lo que
te hizo venir acá, tu voluntad, tu deseo.>> 
SEGUNDA APARICIÓN
46.- Salió, pues, abatido
de tristeza porque su encomienda no se realizó de inmediato.
47.- En seguida se regresó. Poco después,
ya al acabar el día, se vino luego en derechura a la cumbre
del cerrito, 48.- y allí tuvo la grande suerte de reencontrar
a la Reina del Cielo, allí precisamente donde por primera vez
la había visto. Lo estaba esperando bondadosamente. 
49.- Y apenas la miró, se
postró en su presencia, se arrojó por tierra, tuvo el
honor de decirle:
50.- <<Dueña mía, Señora, Reina, Hijita
mía la más amada, mi Virgencita, fui allá donde
Tú me enviaste como mensajero, fui a cumplir tu venerable aliento,
tu amable palabra. Aunque muy difícilmente, entré al
lugar del estrado del Jefe de los Sacerdotes. Lo vi, en su presencia
expuse tu venerable aliento, tu amada palabra, como tuviste la bondad
de mandármelo>>. 51.- <<Me recibió amablemente
y me escuchó bondadosamente, pero, por la manera como me respondió,
su corazón no quedó satisfecho, no lo estima cierto.
52.- Me dijo: Otra vez vendrás, aún con más calma
te oiré, muy aun desde el principio examinaré la razón
por la que has venido, tu deseo, tu voluntad.>> 53.- <<Me
di perfecta cuenta, por la forma cómo me contestó, que
piensa que el templo que Tú te dignas concedernos el privilegio
de edificarte aquí, quizá es mera invención mía,
que tal vez no es de tus venerados labios. 54.-Por lo cual, mucho
te ruego, Señora mía, mi Reina, mi Virgencita, que ojalá
a alguno de los ilustres nobles, que sea conocido, respetado, honrado,
a él le concedas que se haga cargo de tu venerable aliento,
de tu preciosa palabra para que sea creído.>> 55.- <<Porque
yo en verdad no valgo nada, soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy
ala, sometido a hombros y a cargo ajeno, no es mi paradero ni mi paso
allá donde te dignas enviarme, Virgencita mía, Hijita
mía la más amada, Señora, Reina. 56.- Por favor,
perdóname: afligiré tu venerado rostro, tu amado corazón.
Iré a caer en tu justo enojo, en tu digna cólera, Señora,
Dueña mía>>. 
57.- Y la siempre gloriosa Virgen tuvo la afabilidad de responderle:
58.- <<-Escucha, hijito mío el más pequeño,
ten por seguro que no son pocos mis servidores, mis embajadores mensajeros
a quienes podría confiar que llevaran mi aliento, mi palabra,
que ejecutaran mi voluntad; 59.- mas es indispensable que seas precisamente
tú quien negocie y gestione, que sea totalmente por tu intervención
que se verifique, que se lleve a cabo mi voluntad, mi deseo. 60.-
Y muchísimo te ruego, hijito mi consentido, y con rigor te
mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo. 61.- Y de
mi parte adviértele, hazle oír muy claro mi voluntad,
mi deseo para que realice, para que haga mi templo que le pido. 62.-
Y de nuevo comunícale de que manera nada menos que yo, yo la
siempre Virgen María, la Venerable Madre de Dios, allá
te envío de mensajero.>> 
63.- Y Juan Diego le respondió
respetuosamente, le dijo reverentemente: <<-Señora mía,
Reina, Virgencita mía, ojalá que no aflija yo tu venerable
rostro, tu amado corazón; con el mayor gusto iré, voy
ciertamente a poner en obra tu venerable aliento, tu amada palabra;
de ninguna manera me permitiré dejar de hacerlo, ni considero
penoso el camino. 64.- Iré, pues, desde luego, a poner en obra
tu venerable voluntad, pero bien puede suceder que no sea favorablemente
oído, o, si fuere oído, quizá no seré
creído; pero 65.- mañana, por la tarde, cuando se ponga
el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu amada
palabra lo que me responda el Jefe de los Sacerdotes>> 66.-
<<Ya me despido, Hijita mía la más amada, Virgencita
mía, Señora, Reina. Por favor, quédate tranquila>>.
67.- Y, acto continuo, él se fue a su casa a descansar. 
SEGUNDA ENTREVISTA CON ZUMARRAGA
68.- Al día siguiente, Domingo, muy de madrugada, cuando todo
estaba aún muy oscuro, de allá salió de su casa
hacia acá, a Tlaltelolco: viene a aprender las cosas divinas,
a ser pasado en lista; luego a ver al Gran Sacerdote.
69.- Y como a las diez de la mañana
estuvo dispuesto: se había oído Misa, se había
pasado lista, se había dispersado toda la gente. 70.- Y él,
Juan Diego, luego fue al palacio del Señor Obispo. 71.- Y tan
pronto como llegó, hizo todo lo posible para tener el privilegio
de verlo, y con mucha dificultad otra vez tuvo ese honor. 72.- A sus
pies hincó las rodillas, llora, se pone triste, en tanto que
dialoga, mientras le expone el venerable aliento, la amada palabra
de la Reina del Cielo, 73.- para ver si al fin era creída la
embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, tocante a que le hagan,
le edifiquen, le levanten, su templo donde se dignó indicarlo,
en donde se digna quererlo. 
74.- Y el Señor Obispo muchísimas cosas le preguntó,
le examinó, para que bien en su corazón constase (para
cerciorarse) dónde fue a verla, qué aspecto tenía.
Todo lo narró al Señor Obispo, con todos sus detalles,
75.- pero, pese a que todo absolutamente se lo pormenorizó,
hasta en los más menudos detalles, y que en todas las cosas
vio, se asombró porque clarísimamente aparecía
que Ella era la perfecta Virgen, la venerable, gloriosa y preciosa
Madre de nuestro Salvador Jesucristo, 76.- a fin de cuentas, no estuvo
de acuerdo de inmediato, 77.- sino que le dijo que no nada más
por su palabra, su petición, se haría, se ejecutaría
lo que solicitaba, 78.- que era todavía indispensable algo
como señal para que poder creerle que era precisamente Ella,
la Reina del Cielo, quien se dignaba enviarlo de mensajero. 
79.- Y tan pronto como lo oyó, Juan Diego dijo respetuosamente
al Obispo: 80.- <<-Señor Gobernante, por favor sírvete
ver cuál será la señal que tienes a bien pedirle,
pues en seguida me pondré en camino para solicitársela
a la Reina del Cielo, que se dignó enviarme acá de mensajero>>.81.-
Y cuando vio el Obispo que todo lo confirmaba, que desde su primera
reacción en nada titubeaba o dudaba, luego lo despidió;
pero 82.- apenas hubo salido, luego ordenó a algunos criados,
en quienes tenía gran confianza, que fueran detrás de
él, que cuidadosamente lo espiaran a dónde iba, y a
quién veía o hablaba.
83.- Y así se hizo. Y Juan
Diego en seguida se vino derecho, enfiló la calzada. 84.- Y
lo siguieron, pero allí donde sale la barranca, cerca del Tepeyac,
por el puente de madera, lo perdieron de vista, y por más que
por todas partes lo buscaron, ya en ningún lugar lo vieron,
85.- por lo que se regresaron. Y con eso no sólo se vinieron
a enfadar grandemente, sino también porque los frustró,
los dejó furiosos, 86.- de manera que le fueron a insistir
al Señor Obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera,
le inventaron que lo que hacía era sólo engañarlo
deliberadamente, que era mera ficción lo que forjaba, o bien
que sólo lo había soñado, sólo imaginado
en sueños lo que decía, lo que solicitaba. 87.- Y en
este sentido se confabularon unos con otros, que si llegaba a volver,
a regresar, allí lo habían de agarrar y castigar duramente
para que otra vez ya no ande contando mentiras, ni alborotando a la
gente.
88.- Entre tanto Juan Diego estaba en la presencia de la Santísima
Virgen, comunicándole la respuesta que venía a traerle
de parte del Señor Obispo. 89.- Y cuando se lo hubo notificado,
la Gran Señora y Reina le respondió: 90.- <<-Así
está bien, Hijito mío el más amado, mañana
de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote
la prueba, la señal que te pide. 91.- Con eso en seguida
te creerá, y ya, a ese respecto, para nada desconfiará
de ti ni de ti sospechará. 92.- Y ten plena seguridad, Hijito
mío predilecto, que yo te pagaré tu cuidado, tu servicio,
tu cansancio que por amor a mí has prodigado. 93.- ¡Animo,
mi muchachito! que mañana aquí con sumo interés
habré de esperarte>>.
TERCERA APARICIÓN
EL TIO MORIBUNDO
94.- Pero a la mañana siguiente, lunes, cuando
Juan Diego debería llevarle alguna señal suya para ser
creído, ya no regresó, 95.- porque cuando fue a llegar
a su casa, a un tío suyo, de nombre Juan Bernardino, se le
había asentado la enfermedad, estaba en las últimas,
96.- por lo que se pasó el día buscando médicos,
todavía hizo cuanto pudo al respecto; pero ya no era tiempo,
ya estaba muy muy grave. 97.- Y al anochecer, le rogó instantemente
su tío que, todavía de noche, antes del alba, le hiciera
el favor de ir a Tlaltelolco a llamar a algún sacerdote para
que viniera, para que se dignara confesarlo, se sirviera disponerlo,
98.- porque estaba del todo seguro que ya era el ahora, ya era el
aquí para morir, que ya no habría de levantarse, que
ya no sanaría. 
99.- Y el martes, todavía en plena noche, de allá salió,
de su casa, Juan Diego, a llamar al sacerdote, allá en Tlatelolco.
100.- Y cuando ya vino a llegar
a la cercanía del cerrito Tepeyac, a su pie, donde sale el
camino, hacia el lugar donde se pone el sol, donde antes él
pasara, se dijo: 101.- <<-Si sigo de frente por el camino, no
vaya a ser que me vea la noble Señora, porque como antes me
hará el honor de detenerme para que lleve la señal al
Jefe de los Sacerdotes, conforme a lo que se dignó mandarme.
102.- Que por favor primero nos deje nuestra aflicción, que
pueda yo ir rápido a llamar respetuosamente el sacerdote religioso.
Mi venerable tío no hace sino estar aguardándolo>>.
103.- En seguida le dio la vuelta al monte por la falda, subió
a la otra parte, por un lado, hacia donde sale el sol, para ir a llegar
rápido a México, para que no lo demorara la Reina del
Cielo. 104.- Se imaginaba que por dar allí la vuelta, de plano
no iba a verlo Aquella cuyo amor hace que absolutamente y siempre
nos esté mirando. 
105.- Pero la vio como hacia acá bajaba de lo alto del montecito,
desde donde se había dignado estarlo observando, allá
donde desde antes lo estuvo mirando atentamente. 106.- Le vino a salir
al encuentro de lado del monte, vino a cerrarle el paso, se dignó
decirle: 107.- <<-¿Qué hay, Hijo mío el
más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde
vas a ver?>>. 
108.- Y él, ¿acaso un poco por eso se apenó,
tal vez se avergonzó, o acaso por eso se alteró, se
atemorizó? 109.- En su presencia se postró, con gran
respeto la saludó, tuvo el honor de decirle: 110.- <<-Mi
Virgencita, Hija mía la más amada, mi Reina, ojalá
estés contenta; ¿Cómo amaneciste? ¿Estás
bien de salud?, Señora mía, mi Niñita adorada?
111.- Causaré pena a tu venerado rostro, a tu amado corazón:
Por favor, toma en cuenta, Virgencita mía, que está
gravísimo un criadito tuyo, tío mío. 112.- Una
gran enfermedad en él se ha asentado, por lo que no tardará
en morir.
113.- Así que ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de
México, a llamar a alguno de los amados de nuestro Señor,
de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de
prepararlo. 114.- Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos
a esperar el tributo de nuestra muerte. 115.- Pero, aunque voy a ejecutar
esto, apenas termine, de inmediato regresaré aquí para
ir a llevar tu venerable aliento, tu amada palabra, Señora,
Virgencita mía. 116.- Por favor, ten la bondad de perdonarme,
de tenerme toda paciencia. De ninguna manera en esto te engaño,
Hija mía la más pequeña, mi adorada Princesita,
porque lo primero que haré mañana será venir
a toda prisa>>. 
117.- Y tan pronto como hubo escuchado la palabra de Juan Diego,
tuvo la gentileza de responderle la venerable y piadosísima
Virgen: 118.- <<-Por favor presta atención a esto,
ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío
el más querido: No es nada lo que te espantó, te afligió,
que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor no temas
esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna
o dolor entristecedor. 119.- ¿Acaso no estoy yo aquí,
yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás
bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente
de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo,
en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad
de cosa otra alguna? 120.- Por favor, que ya ninguna otra cosa te
angustie, te perturbe, ojalá que no te angustie la enfermedad
de tu honorable tío, de ninguna manera morirá ahora
por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó>>.
121.- (Y luego, exactamente entonces, sanó su honorable tío,
como después se supo).
LAS FLORES
122.- Y Juan Diego, apenas oyó el venerable aliento, la amada
palabra de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló,
mucho con ello quedó satisfecho su corazón. 123.-
Y le suplicó instantemente que de inmediato tuviera a bien
enviarlo de mensajero para ver al gobernante Obispo, para llevarle
la señal, su comprobación, para que le crea.
124.- Y la Reina del Cielo de inmediato se sirvió mandarle
que subiera arriba del cerrito, allí donde antes había
tenido el honor de verla. 125.- Se dignó decirle: <<-Sube,
Hijito mío queridísimo, arriba del cerrito, donde
me viste y te dic órdenes. 126.- Allí verás
que están sembradas diversas flores: Córtalas, reúnelas,
ponlas juntas. Luego bájalas acá, aquí ante
mí tráemelas>>.
127.- Y acto continuo, Juan Diego subió al cerrito. 128.-
Y al alcanzar la cumbre, quedó mudo de asombro ante las variadas,
excelentes, maravillosas flores, todas extendidas, cuajadas de capullos
reventones, cuando todavía no era su tiempo de darse. 129.-
Porque en verdad entonces las heladas son muy fuertes. 130.- Su
perfume era intenso, y el rocío de la noche como que las
cuajaba de perlas preciosas.
131.- En seguida se puso a cortarlas, todas absolutamente las juntó,
llenó con ellas el hueco de su tilma. 132.- Y conste que
la cúspide del cerrito para nada es lugar donde se den flores,
porque lo que hay en abundancia son riscos, abrojos, gran cantidad
de espinas, de nopales, de mezquites. 133.- y si algunas hierbezuelas
se dan, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo devora,
lo aniquila el hielo. 
134.- Bajó en seguida trayendo a la Reina del Cielo las diversas
flores que le había ido a cortar, 135.- y Ella, al verlas,
tuvo la afabilidad de tomarlas en sus manecitas, 136.- y volvió
amablemente a colocárselas en el hueco de su tilma. Se dignó
decirle:
137.- <<-Hijito queridísimo, estas diferentes flores
son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo.
138.- De parte mía le dirás que por favor vea en ella
mi deseo, y con eso ejecute mi deseo, mi voluntad. 139.- Y tú...
tú eres mi plenipotenciario, puesto que en ti pongo toda
mi confianza. 140.- Y con todo rigor te ordeno que sólo exclusivamente
frente al Obispo despliegues tu tilma y le muestres lo que llevas.
141.- Y le contarás con todo detalle cómo yo te mandé
que subieras al cerrito para cortar las flores, y todo lo que viste
y admiraste. 142.- Y con esto le conmoverás el corazón
al Gran Sacerdote para que interceda y se haga, se erija mi templo
que he pedido. 
143.- Y al dignarse despedirlo la Reina del Cielo, vino a tomar
la calzada, viene derecho a México, viene feliz, rebosante
de alegría, 144.- ya así viene, rebosante de dicha
su corazón, porque esta vez todo saldrá bien, lo desempeñará
bien. 145.- Pone exquisito cuidado en lo que trae en el hueco de
su tilma, no vaya a ser que algo se le caiga. 146.- Viene extasiado
por el perfume de las flores, tan diferentes y maravillosas.
CUARTA APARICIÓN
TERCERA ENTREVISTA CON ZUMÁRRAGA
147.- Y al llegar al palacio episcopal le salió al encuentro
el mayordomo e incluso otros criados del señor Obispo. 148.-
Y les rogó que por favor le dijeran que quería verlo;
pero ninguno accedió, no querían hacerle caso, quizá
porque aún no amanecía, 149.- o quizá porque
ya lo conocen, que sólo los fastidia, que les es insoportable,
150.- y porque ya les habían hablado de él sus compañeros
que lo habían perdido de vista cuando pretendieron seguirlo.
151.- Muy largo tiempo estuvo esperando la respuesta, 152.- y cuando
vieron que llevaba ahí tan largo tiempo, cabizbajo, sin hacer
nada, a ver si era llamado, notaron que al parecer traía algo
en su tilma, y se le acercaron para ver lo que traía, para
dar gusto a su corazón. 153.- Y al ver Juan Diego que era imposible
ocultarles lo que llevaba, y que por eso lo molestarían, lo
expulsarían a empellones o lo maltratarían, un poquito
les mostró que eran flores. 154.- Y al ver que se trataba de
diversas y finísimas flores, siendo que no era su tiempo, se
asombraron muchísimo, y más al ver cuán frescas
estaban, cuán abiertas, cuán exquisito su perfume, cuán
preciosas, 155.- y ansiaron coger unas cuantas, arrebatárselas.
156.- Y no una, sino tres veces se atrevieron a agarrarlas, pero fracasaron,
157.- porque cuando pretendían tomarlas, ya no podían
ver flores, sino las veían como pinturas, como bordados o aplicaciones
en la tilma.
158.- Con eso, en seguida fueron a decirle respetuosamente al Señor
Obispo lo que habían visto, 159.- y que pretendía verlo
el indito que ya tantas veces había venido, quien tenía
mucho esperando el recado, porque suplicaba permiso para verlo. 160.-
Y tan pronto como el Señor Obispo escuchó eso, captó
su corazón que esa era la prueba para que aceptara lo que ese
hombre había estado gestionando. 161.- De inmediato se sirvió
llamarlo, que en seguida entrara a casa para verlo.
162.- Y cuando entró, se prosternó en su presencia,
como toda persona bien educada. 163.- Y de nueva cuenta, y con todo
respeto, le narró todo lo que había visto, admirado,
y su mensaje. 
LA VERSION DE JUAN DIEGO
164.- Le dijo con gran respeto: <<-Mi Señor, Gobernante,
ya hice, ya cumplí lo que tuviste a bien mandarme, 165.- y
así tuve el honor de ir a comunicarle a la Señora, mi
Ama, la Reina del Cielo, venerable y preciosa Madre de Dios, que tú
respetuosamente pedías una señal para creerme, y para
hacerle su templecito, allí donde tiene la bondad de solicitarte
que se lo levantes. 166.- Y también tuve el honor de decirle
que me había permitido darte mi palabra de que tendría
el privilegio de traerte algo como señal, como prueba de su
venerable voluntad, conforme a lo que tú te dignaste indicarme>>.
167.- <<Y tuvo a bien oír tu venerable aliento, tu venerable
palabra y se prestó gustosa a tu solicitud de alguna cosa como
prueba, como señal, para que se haga, se ejecute su amada voluntad.
168.- Y hoy, siendo aún noche cerrada, se sirvió mandarme
que tuviera el honor de venir de nuevo a verte. 169.- Y yo me honré
pidiéndole algo como su señal para que fuera creído,
conforme a lo que me había dicho que me daría, y de
inmediato, pero al instante, condescendió en realizarlo, 170.-
y se sirvió enviarme a la cumbre del cerrito, donde antes había
tenido el honor de verla, para que fuera a cortar flores diferentes
y preciosas>>.
171.- <<Y luego que tuve
el privilegio de ir a cortarlas, se las llevé abajo. 172.-
Y se dignó tomarlas en sus manecitas, 173.- para de nuevo dignarse
ponerlas en el hueco de mi tilma, 174.- para que tuviera el honor
de traértelas y sólo a ti te las entregara>>. 
175.- <<Pese a que yo sabía muy bien que la cumbre del
cerrito no es lugar donde se den flores, puesto que sólo abundan
los riscos, abrojos, espinas, nopales escuálidos, mezquites,
no por ello dudé, no por eso vacilé. 176.- Cuando fui
a alcanzar la cumbre del montecito, quedé sobrecogido: ¡Estaba
en el paraíso!. 177.- Allí estaban reunidas todas las
flores preciosas imaginables, de suprema calidad, cuajadas de rocío,
resplandecientes, de manera que yo -emocionado- me puse en seguida
a cortarlas. 178.- Y se dignó concederme el honor de venir
a entregártelas, que es lo que ahora hago, para que en ellas
te sirvas ver la señal que pedías, para que te sirvas
poner todo en ejecución. 179.- Y para que quede patente la
verdad de mi palabra, de mi embajada, 180.- ¡Aquí las
tienes, hazme el honor de recibirlas!>>
LA IMAGEN EN LA TILMA
181.- Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco,
estando de pie, llevaba las flores. 182.- Y así, al tiempo
que se esparcieron las diferentes flores preciosas, 183.- en ese mismo
instante se convirtió en señal, apareció de improviso
la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios,
tal como ahora tenemos la dicha de conservarla, 184.- guardada ahí
en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos
Guadalupe. 
185.- Y tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los
que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, 186.-
se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos,
suspensos su corazón, su pensamiento.
187.- Y el señor Obispo, con lágrimas de compunción
le rogó y suplicó le perdonara por no haber ejecutado
de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra.
188.- Y poniéndose de pie, desató del cuello la vestidura,
el manto de Juan Diego, 189.- en donde se dignó aparecer, en
donde está estampada la Señora del Cielo, 190.- y en
seguida, con gran respeto, la llevó y la dejó instalada
en su oratorio. 
191.- Y todavía un día entero pasó Juan Diego
en casa del Obispo, él tuvo a bien retenerlo. 192.- Y al
día siguiente le dijo: <<-¡Vamos! para que muestres
dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan
su templecito>>. 193.- De inmediato se convidó gente
para hacerlo, para levantarlo.
QUINTA APARICIÓN
EL TIO SANO
194.- Y Juan Diego, una vez que les hubo mostrado dónde se
había dignado mandarle la Señora del Cielo que se levantara
su templecito, luego les pidió permiso. 195.- Aun quería
ir a su casa para ver a su honorable tío Juan Bernardino, que
estaba en cama gravísimo cuando lo había dejado y venido
para llamar a algún sacerdote, allá en Tlatelolco, para
que lo confesara y dispusiera, de quien la Reina del Cielo se había
dignado decirle que ya estaba sano.
196.- Y no solamente no lo dejaron ir solo, sino que lo escoltaron
hasta su casa. 197.- Y al llegar vieron a su venerable tío
que estaba muy contento, ya nada le dolía. 198.- Y él
quedó muy sorprendido de ver a su sobrino tan escoltado y tan
honrado. 199.- Y le preguntó a su sobrino por qué ocurría
aquello, por qué tanto lo honraran. 
QUINTA APARICIÓN: EL NOMBRE DE GUADALUPE
200.- Y él le dijo cómo
cuando salió a llamar al sacerdote para que lo confesara y
preparara, allá en el Tepeyac bondadosamente se le apareció
la Señora del Cielo, 201.- y lo mandó como su mensajero
a ver al Señor Obispo para que se sirviera hacerle una casa
en el Tepeyac, 202.- y tuvo la bondad de decirle que no se afligiera,
que ya estaba bien, con lo que quedó totalmente tranquilo. 
203.- Y le dijo su venerable tío
que era verdad, que precisamente en ese momento se dignó curarlo.
204.- Y que la había visto ni más ni menos que en la
forma exacta como se había dignado aparecérsele a su
sobrino. 205.- Y le dijo cómo a él también se
dignó enviarlo a México para ver al Obispo. 206.- Y
que, cuando fuera a verlo, que por favor le manifestara, le informara
con todo detalle lo que había visto, 207.- y cuán maravillosamente
se había dignado sanarlo, 208.- y que condescendía a
solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le
llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE
GUADALUPE. 
INICIO DEL CULTO
209.- Y en seguida traen a Juan Bernardino a la presencia del Señor
Obispo, para rendir su informe y dar fe ante él. 210.- Y a
ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en
su casa unos cuantos días, 211.- durante todo el tiempo que
se erigió el templecito de la Soberana Señora allá
en el Tepeyac, donde se dignó dejarse ver de Juan Diego. 212.-
Y el señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa
y venerada imagen de la preciosa Niña del Cielo. 213.- Tuvo
a bien sacarla de su palacio, de su oratorio, donde estaba, para que
toda la gente pudiera ver y admirar su maravillosa imagen. 
214.- Absolutamente toda la ciudad
se puso en movimiento ante la oportunidad de ver y admirar su preciosa
y amada imagen. 
LA CONVERSIÓN DE MÉXICO
215.- Venían a reconocer su carácter divino, 216.- a
tener la honra de presentarle sus plegarias, 217.- y mucho admiraban
todos la forma tan manifiestamente divina que había elegido
para hacerles la gracia de aparecerse, 218.- como que es un hecho
que a ninguna persona de este mundo le cupo el privilegio de pintar
lo esencial de su preciosa y amada imagen. 
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