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Documentos Españoles
Pretensiones de los jerónimos de Extremadura, en España

COMENTARIO:


                          Hacia fines del s. XVI, la devoción de María de Guadalupe se había extendido grandemente por América Austral y Occidental y los santuarios que se erigieron recibían grandes limosnas. Conociendo los jerónimos que los conquistadores eran extremeños, daban por descontado su gran devoción a María de Guadalupe de Extremadura creyendo que la devoción de Guadalupe en América no era sino una extensión de la española, y así las limosnas también les pertenecían. Por esta razón, se envió al Perú a Fray Diego de Ocaña, y a México, a Fray Diego de Santa María, a fin de recaudar todas aquellas limosnas.

                           Llegado a México, Santa María relata en cartas sus impresiones sobre el santuario. En una a Felipe II (12 de diciembre de 1574), escribe:

                           "Yo hallé en esta ciudad una ermita de la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, media legua della, donde concurre mucha gente. El origen que tuvo fue que vino a esta provincia, habrá doce años, un hombre con un poder falso de nuestro monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, el cual recogió muchas limosnas, y manifiesta la falsedad del poder, se huyó y quedaron cierta cantidad de dineros de lo que habían cobrado los mayordomos de esta ermita, que entonces se llamaba por otro nombre. Entendiendo la devoción con que acudían los cristianos de Nuestra Señora de Guadalupe, le mudaron el nombre y pusieron el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe, como hoy en día se llama, y pusieron demandadores pidiendo para Nuestra Señora de Guadalupe, con lo cual se han defraudado las limosnas con que solía acudir a Nuestra Señora de Guadalupe y se ha entibiado la devoción que a aquella casa solían tener los vecinos de esta provincia. Esta ermita tiene hoy dos mil pesos de renta y se allegan casi otros dos mil de limosnas, y yo no veo en qué se pueda gastar esto, porque no está adornada y el edificio es muy pobre. Estas limosnas se han allegado con el nombre y sombra de Nuestra Señora de Guadalupe y si Vuestra Majestad fuese servido será bien que por parte de la casa de Guadalupe se tomase la cuenta a los administradores y personas que han tenido cargo de esta casa en este tiempo que ha tenido el nombre de Guadalupe y lo pusiese en el concierto y orden que Vuestra Majestad fuese servido. El sitio donde está la ermita fundada es muy malo, salitral y pegado a la laguna, malsano y sin agua, por lo cual y otras muchas causas, aunque la renta venga en aumento, no puede venir el culto divino y servicio de Dios en más aumento; por lo cual los hijos de la casa de Nuestra Señora de Guadalupe tenemos la obligación de que, o se quite el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe, o que se traslade esta casa a otra parte y porque la renta y limosnas de esta casa se consumen y gastan y retienen entre los mayordomos y el arcediano y otras personas, si Vuestra Majestad fuese servido, en esta ermita, trasladándola a buen sitio, se podría hacer un monasterio de la Orden, como otros que en esta razón se han fundado, por orden del monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. [...]"

                             Testimonios como el anterior, con todo y sus errores e imprecisiones, sirven no obstante para confirmar cuán extendida estaba la devoción de Santa María de Guadalupe del Tepeyac y la importancia del concurrido santuario que generaba tan gran cantidad de limosnas. El interés económico que los jerónimos tenían en Guadalupe del Tepeyac es un claro indicio de ello. No en vano pretendieron, aunque infructuosamente, convertir al Tepeyac en una especie de dependencia de Guadalupe de España.

                              Más aún, documentos como el presentado testimonian cómo cuarenta años después de las apariciones, el santuario de Guadalupe de México era claramente un punto de referencia notable y fundamental en la vida eclesial de la Arquidiócesis de México.

REPOSITORIO: El original de la carta mencionada se encuentra en: ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (AGI), Documento Mexicano 69, n° 3.

 
 
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