Puede consultar la versión íntegra
del relato y un amplio comentario
aquí.
La
fuente "príncipe" y documento guadalupano por excelencia,
el Nican Mopohua, es obra del más insigne sabio indígena
del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco: Don Antonio Valeriano. Sobre
su autoría, ya los expertos no dudan. Recientemente, el Dr. Miguel
León-Portilla y otros sabios han confirmado este aserto, por
lo que indudablemente se trata de una obra del siglo XVI, compuesta
posiblemente hacia 1556. Las características intrínsecas
del texto, su riqueza de lenguaje y recursos estilísticos son
elementos adicionales que confirman la datación de la obra en
aquel siglo. Incluso cobra fuerza la tesis de que el propio Valeriano
habría recogido de labios de su protagonista, el venturoso indio
Juan Diego, la esencia, sino es que toda la relación del portento
del Tepeyac.
Recibe
su nombre, Nican Mopohua (en náhuatl "Aquí se narra…"),
de las primeras palabras con las que inicia el texto, redactado en aquella
lengua. Como se sabe, narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe
a Juan Diego y la milagrosa imprimación de la Sagrada Imagen
en su tilma.
Quien
primero publicó el original náhuatl fue el capellán
de la ermita, Luis Lasso de la Vega, en México, en 1649, bajo
el título de Inin Huey Tlamahuizoltica.
Miguel Sánchez escribe el primer libro, basado notoriamente en
él, en 1648, pero no traduce el texto. Lo hará posteriormente
Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, quien realizó una traducción
parafrástica al castellano, misma que aprovechará el P.
Francisco de Florencia en su obra La Estrella del Norte de México.
Por su parte, el padre Luis Becerra Tanco, testigo de las Informaciones
de 1666, en su momento elaborará otra traducción. Ya en
el siglo XVIII, el caballero italiano, Don Lorenzo Boturini Benaduci
hace (o manda hacer) una traducción literal. En 1886, el padre
Agustín de la Rosa realiza una traducción directa, sólo
que del náhuatl al latín. Ya en el siglo XX, el licenciado
don Primo Feliciano Velázquez realizó una muy cuidadosa
traducción al castellano, que se dio a las prensas en 1926. En
ese mismo siglo, se ocuparon de traducir el texto también los
sabios P. Ángel María Garibay (quien no pudo publicarla
en vida) y P. Mario Rojas, cuya versión acaso sea la más
conocida, la mejor y la más usual. Otras versiones, como la de
don Guillermo Ortiz de Montellano, insisten en cuestiones de análisis
filológico, o son ediciones críticas con muy eruditas
consideraciones lingüísticas, etimológicas, históricas
e incluso exegéticas, como la del P. José Luis Guerrero
Rosado (El Nican Mopohua. Un intento de Exégesis, 2 vols., México,
1996-1998). El último año del siglo XX, sale a la luz
una versión del ya aducido Miguel León Portilla, aparecida
bajo el título Tonantzin Guadalupe.