InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio > Homilías
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Excmo. Sr. Renato Ascencio León, Obispo de la Diócesis de Cd. Juárez

05 de agosto de 2005

1.- Estamos aquí, una vez más, queridos hermanos y hermanas de nuestra querida Diócesis de Cd. Juárez, a los pies de nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe, para expresar nuestra devoción, nuestro amor filial y para pedirle luces y fuerza para continuar nuestra peregrinación de fe, nuestro caminar de Iglesia.

Otros años, en la misma ocasión, afirmaba yo que traíamos a los pies de nuestra Madre de Guadalupe las esperanzas y las alegrías, pero también las tristezas y los dolores, el cansancio y la desesperanza de nuestra Ciudad; en la forma de un memorial, de una plegaria, poníamos a los pies de la Virgen el dolor y el sufrimiento generados por la violencia en todas sus manifestaciones que padece nuestra ciudad. Pero también nuestra súplica para que no se apague la esperanza en nuestra vida, en nuestras comunidades.

No deja de ser triste que la violencia irracional que no deja de cobrar víctimas inocentes y de provocar tanto dolor y llanto en nuestra comunidad, siga siendo una dolorosa realidad. Pero también en nuestra comunidad hay una gran reserva de fe, de esperanza y caridad que se manifiesta en múltiples acciones eclesiales y en un decidido espíritu de solidaridad y, llegado el caso, también de exigencia y de justicia.

Y, aquí estamos, ante la imagen bendita que, desde nuestro nacimiento como pueblo, nos invita a la confianza filial, a desarrollar la actitud de "infancia espiritual"(cf. Mt. 18,2-3) para descubrir en Ella a la Madre bendita que desde el cielo, donde Ella está glorificada, junto a su Hijo glorificado, intercede por nosotros, sus hijos mexicanos. "¿No estoy yo aquí que soy tu madre?"

2.- Este año nuestra peregrinación se efectúa en el contexto eucarístico determinado por el año de la Eucaristía, y la proximidad del Sínodo de los Obispos (XI Asamblea general ordinaria) que lleva como título programático: "La Eucaristía: Fuente y Cúlmen de la Vida y la Misión de la Iglesia". Por esta razón, hoy queremos reflexionar, ayudados por María sobre el misterio Eucarístico como necesidad para continuar siendo verdaderos cristianos que vivan auténticamente su fe en medio de las esperanzas, las alegrías y las tristezas de este mundo. María puede y debe guiarnos en esta meditación, "Ella puede guiarnos hacia este Santísimo Sacramento porque Ella tiene una profunda relación con El" (E. de E. n. 53)

a).- El cristianismo es mucho más que una simple doctrina, que una religión más. Es Cristo mismo viviendo en aquellos a quienes ha unido consigo, en su cuerpo místico que es la iglesia, mediante el bautismo. Es el misterio en virtud del cual la Encarnación del Verbo de Dios continúa y se prolonga a través de la historia del mundo penetrando en el alma y en la vida de los hombres, hasta que llegue la plenitud final del plan de Dios. El cristianismo es "la reunión de todas las cosas en Cristo"(cf. Ef.4, 1-6).

Ahora bien, Cristo vive y actúa en los hombres por medio de la fe y de los sacramentos de la fe. El más grande de todos los sacramentos, la coronación de toda la vida cristiana en la tierra, es el sacramento del amor, la santa eucaristía, en la cual Cristo, no sólo nos da la gracia, sino que se nos da realmente él mismo, él, que es "La Gracia Increada", pues en este Santísimo Sacramento, Jesucristo mismo está verdadera y sustancialmente presente todo el tiempo que las especies consagradas de pan y vino continúen existiendo. La santa eucaristía es, por consiguiente, el corazón mismo del cristianismo ya que contiene al propio Cristo y es el medio principal por el que Cristo, místicamente, une consigo a los fieles en un solo cuerpo. (cf. 1Cor. 10,17).
Siendo el Misterio Pascual el centro de la historia humana, y como el sacrificio eucarístico hace presente sobre el altar este misterio, - "anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección hasta que vuelvas" -, por el cual el hombre es redimido, la eucaristía vuelve a hacer presente entre nosotros, re-presenta de nuevo, el momento más importante de la historia de la humanidad: la redención.

b).- Pero hay algo más. La santa eucaristía, no sólo perpetúa la Encarnación del Hijo de Dios, y mantiene su presencia, incluso corporal, entre nosotros, no sólo hace presente su muerte aceptada voluntariamente por amor a nosotros así como su resurrección y gloriosa ascensión, sino que, penetrando el futuro, representa la consumación de la historia humana. De esta manera, la iglesia que celebra la eucaristía se pone en esa perspectiva de plenitud, de tensión hacia el final. Así lo entendía San Pablo cuando decía a los corintios: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa, anunciamos la muerte de nuestro Señor hasta que vuelva". (1Cor. 11, 26); un indiscutible eco de esta dimensión eucarística eclesial son las palabras de las primitivas comunidades arameo- cristianas: maranata: ven Señor Jesús.

3.- A nosotros nos ha tocado vivir una de esas épocas en las que, ser buenos cristianos, vivir nuestra fe, no resulta fácil. Existen corrientes de pensamiento que nos convencen de que podemos hacer nuestra vida y nuestra historia prescindiendo de Dios; ideas, sutiles unas, abiertas, descaradas y ofensivas otras, que nos dicen que Dios y su voluntad, que Cristo y propuesta, que la Iglesia y los sacramentos no tienen, en realidad, importancia. Quieren convencernos que los grandes valores de nuestra fe: la familia, la religión, el amor fraterno, la solidaridad, la honestidad, la fidelidad, la responsabilidad, la oración, son cosas pasadas de moda. "Eso era antes", suele decirse, como si la verdad y la virtud fuesen cosas de tiempos y no realidades permanentes. El materialismo moderno ha llegado a un punto que, sistemáticamente o no, todas sus técnicas tienden a la desintegración del hombre en sí mismo y de la realidad santa de la familia, y a la desestabilización de la sociedad.

En la homilía de la misa con la que clausuraba el Congreso Eucarístico Italiano, (29.05.05), el Papa Benedicto XVI, recordando el testimonio de unos mártires que en el siglo IV habían sido asesinados por no querer prescindir de la eucaristía en su vida, afirmaba lo siguiente: "Tampoco es fácil para nosotros vivir hoy como cristianos. Desde el punto de vista espiritual, el mundo en que nos encontramos, caracterizado con frecuencia por el consumismo desenfrenado, por la indiferencia religiosa, por el secularismo cerrado a Dios, puede parecer un desierto tan duro como ese desierto «grande y terrible» (Deut. 815), del que nos habla la Sagrada Escritura en el Exodo".

En entonces, Dios salió en ayuda del pueblo en dificultad con el don del maná para dar a entender a su pueblo que «no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»,

(Deut. 8,3), para darles a entender que Dios es fiel, que nunca (abandona a los suyos, que debemos, por lo tanto, mantener la confianza en El, aun en las más graves dificultades. Para nosotros hoy, Dios sale en nuestra ayuda «en el pan que ha bajado del cielo para que el mundo tenga vida» (cf. Jn. 6,33); Cristo es ese "verdadero pan" que ha bajado del cielo para darnos la vida; ese es el Pan que recibimos en la eucaristía; de esta manera, la eucaristía se convierte para nosotros en un asunto vital para poder superar las dificultades que nos plantea el mundo moderno al momento de vivir nuestra fe.

4.- ¡Cuántas dificultades encontramos hoy para vivir nuestra fe, concretamente, en nuestra Diócesis, en nuestra ciudad!

Tenemos, por lo tanto, necesidad de la Eucaristía para afrontar los esfuerzos y cansancio de nuestra peregrinación de fe, y el domingo es para nosotros, creyentes, que queremos serio más y mejores, la gran oportunidad. Semanalmente tenemos la oportunidad de celebrar nuestra "pascua dominical" en la santa misa. "El domingo, día del Señor, es la ocasión propicia para sacar fuerzas de El, que es el Señor de la Vida. El precepto festivo no es un simple deber expuesto desde el exterior. Participar en la celebración dominical y alimentarse del pan eucarístico, es una necesidad para el cristiano quien de este modo, puede encontrar la energía necesaria para el camino que hay que recorrer. Un camino que además, no es arbitrario: el camino que Dios indica a través de su ley va en la dirección inscrita en la esencia misma del hombre. Seguirlo significa para el hombre, realizarse así mismo, perderlo, es perderse así mismo". (Benedicto XVI. Ibíd.)

Que la Virgen Santísima de Guadalupe, la Madre del Verbo Encarnado, la mujer eucarística, nos ayude a vivir en nuestra Diócesis, en la Iglesia y en el mundo entero esta dimensión eucarística para afrontar, con realismo, sí, pero también con esperanza, las dificultades que nos plantea el momento.

Que esa sea nuestra súplica y que la bendición de Dios Padre Todo poderoso, por intercesión de María de Guadalupe, descienda sobre ustedes, sobre las familias de nuestra Diócesis, sobre nuestros sacerdotes, sobre nuestro Seminario que está iniciando sus actividades de este año escolar, sobre nuestros diáconos y Religiosas, y sobre todos nuestros agentes de pastoral y sobre todos los peregrinos reunidos en este Santuario Mariano, así sea.

 

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina Anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados