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Bienvenida
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, a la peregrinación de la Arquidiócesis Primada de México.

Sábado 15 de enero del 2005

Muy querido Señor Cardenal Don Norberto Rivera Carrera, nuestro Padre y Pastor: Desde hace 75 años la Arquidiócesis de México Tenochtitlán, ha peregrinado ininterrumpidamente hacia este Cerro del Tepeyac, lugar significativo que conmemora las históricas apariciones de nuestra Señora de Guadalupe a nuestro querido vidente y confidente, el indio san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y siempre lo ha hecho trayendo a la cabeza a su Obispo, signo visible de unidad y comunión.

La Providencia, ha querido Eminentísimo Señor Cardenal, ponerlo al frente de esta Iglesia Particular, la más grande del orbe, de muy diversas culturas y por si fuera poco depositaria del Acontecimiento más noble del pueblo de México: Guadalupe. Y usted, su guardián.

Como Rector de este Santuario, el más importante de América, a nombre del Venerable Cabildo, del Clero, de los religiosos y religiosas, de los Agentes Laicos de Pastoral, y de todos los que aquí laboramos, le damos la más cordial bienvenida.

Saludamos también en su persona con muchísimo cariño a sus Obispos Auxiliares, a sus Vicarios Episcopales, a los sacerdotes, a los consagrados y consagradas, a los fieles laicos, y al corazón mismo de la diócesis: nuestro querido Seminario Conciliar de México.

Eminencia, que su presencia en esta Casita Sagrada sea motivo de profunda alegría, y ocasión propicia para poner a los pies de nuestra Señora y Madre, los planes pastorales de esta nuestra querida Arquidiócesis.

Pidamos que nuestra Señora de Guadalupe, la gran Evangelizadora y Catequista de estas tierras, impulse el Proyecto Misionero que empeñosamente estamos realizando. Que nadie en nuestra Ciudad - Arquidiócesis se encuentre marginado del influjo evangelizador de la Iglesia, sino que por el contrario, que todos podamos crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad; y hagamos realidad desde ahora el Reino de Dios.

Así pues, poniéndonos bajo el cuidado maternal de nuestra Niña Guadalupe, iniciemos este nuevo año pastoral con un renovado esfuerzo apostólico y misionero. Sean nuevamente bienvenidos.

 
 
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