Versión Estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Exmo. Sr. Carlos Suárez
Cázares, Obispo de la Diócesis de Zamora en la Basílica
de Nuestra Señora de Guadalupe.u
12 de enero de 2005
Muy
queridos hermanos sacerdotes y fieles todos que participan en esta
Eucaristía: la Diócesis de Zamora, como ya se indicó, año con año
se hace presente aquí para encontrarse con la Santísima Virgen de
Guadalupe y depositar en su corazón sus alegrías y sus esperanzas,
sus angustias y temores y para recibir de Ella la ternura y el cariño
que no dio a otros pueblos de la tierra y que reservó para nosotros.
Non
fecit taliter “No hizo cosa igual con ninguna otra nación”. Pedimos,
Obispo y sacerdotes, en representación de muchos otros hermanos que
en estos momentos organizan las fiestas a la Virgen de Guadalupe en
muchas parroquias que la honran antes de que muchos miembros de esas
comunidades partan de nuevo hacia los Estados Unidos.
Como
siempre, entre los fieles peregrinos hay muchos hermanos de la meseta
purépecha, de la cañada de los once pueblos, que no contentos con
celebrarla en sus pueblos el día de su fiesta caminan hoy para traerle
variedad de ofrendas, frutos de la tierra y de sus hermosas artesanías.
Hay
también fieles de las ciudades de Uruapan, Sahuayo, Jiquilpan, Los
Reyes, Jacona, Zamora, que tienen también sus santuarios guadalupanos
donde particularmente el 12 de diciembre o el día de hoy, desbordan
su amor por la morenita del Tepeyac.
Los
fieles de la Ciénega y del Valle de Zamora, por su parte, vienen también
a nutrir su fe guadalupana y a recibir la bendición de nuestra Madre
del Cielo, para después muchos de ellos emigrar hacia los lugares
de trabajo llevando en su corazón las rosas del milagro, para que
como Juan Diego lo hizo, también ellos las desparramen por otras iglesias
y templos donde se siga manifestando siempre la Virgen María, la Madre
de Dios por quien se vive.
Estamos
a los principios de un año litúrgico y también del año civil, la verdadera
alegría del mundo, ha dicho alguien, consiste en comenzar, en renacer,
en vivir cada instante como si fuera el primero. A principios del
año litúrgico esta peregrinación a la Villa de Guadalupe nos permite
vivir la espiritualidad del bautismo de estas semanas del calendario
litúrgico que nos invitan a vivir la vida nueva, a dejar que Cristo
nazca en nosotros y a nacer nosotros en el corazón de aquella que
lo engendró en su seno.
Dirán
todos a una, todos hemos nacido allí. A principios del año civil,
nuestra presencia tiene también otro significado como el compromiso
de amar más y más a nuestra patria mexicana, a nuestro querido estado
de Michoacán. Tiene también el significado de que cada uno de nosotros
nos comprometamos para ser mejores ciudadanos, para cumplir nuestros
compromisos temporales en la familia, en el trabajo en la convivencia
con los demás , en la participación, en la vida de nuestros municipios
que acaban de iniciar nuevos periodos con nuevos presidentes municipales
de diversa procedencia partidista.
Queremos
elevar una oración para que en nuestra estado reine la paz, que haya
más justicia, que se respeten los derechos de todos, que los indígenas
se integren cada vez más y que sepamos respetar y valorar sus usos
y costumbres. Que los más necesitados sean promovidos para que no
tengan que emigrar a otros lados buscando el pan de cada día.
En
esta visita a nuestra Madre Santísima de Guadalupe le traemos nuestros
gozos y esperanzas, ante todo la vida cristiana de nuestras parroquias,
que es intensa como bien lo sabemos y lo conocemos, por aquellas tierras
de Michoacán en donde la fe arraigó desde la primera evangelización
de una manera tan fuerte.
Le
ofrecemos al Señor la vida de nuestras parroquias donde se va creando
poco a poco la comunidad y se hace presente el Reino a partir de la
Eucaristía, sobre todo de la Eucaristía del domingo todavía tan participada.
Le
traemos también la vida de nuestras familias cristianas, cristianas
desde su raíz pero necesitadas … de una renovación profunda para que
no vayan perdiendo su carácter cristiano, para que no se vaya oscureciendo
el designio de Dios sobre la familia, sobre el matrimonio, sobre la
sexualidad.
Pedimos
que sigan siendo familias educadoras de la fe de sus hijos, que sigan
siendo santuarios de la vida, que sigan siendo las primeras escuelas.
Todos nosotros recordamos las enseñanzas que nos dieron nuestros padres
en los asuntos fundamentales de la vida. Que sean también células
vivas como suele decirse, para que mantengan un ambiente moralmente
sano que favorezca el crecimiento de los niños y de los jóvenes.
Ponemos
ante la Santísima Virgen de Guadalupe el camino de esperanza que hemos
emprendido con el Plan Pastoral, los esfuerzos e intentos serios de
promoción de nuestro presbiterio con un futuro plan de formación permanente
que es tan necesario para el desarrollo de la vocación y del ministerio.
Ponemos
también a los pies de la Santísima Virgen, el Seminario de Zamora
tan conocido ahora en tres etapas con un plan igualmente de formación
integral en las área fundamentales: espiritual, intelectual, pastoral
y humana. Tanto en el Seminario Menor de Uruapan como en el introductorio
que ahora está en Cotija como el Seminario Mayor en Jacona.
Finalmente
quiero encomendar con todos ustedes a la Virgen también la visita
al Santo Padre que haré en nombre de la Diócesis y en comunión con
mis hermanos obispos este año, a la Sede Apostólica y al Santo Padre
en el mes de septiembre próximo para fortalecer los vínculos de comunión
con la Iglesia Universal y para no correr en vano en nuestra misión
evangelizadora.
Hace
unos diez años que no se hace la visita ad limina de parte de la Diócesis
de Zamora, un poco más.
En
esta visita al Santuario de la Virgen de Guadalupe al principio de
este año, también, porqué no, encomiendo a la Virgen María los temores
y las angustias que la Iglesia como Madre sufre, como maestra lamenta,
como sacramento universal de Salvación, afronta en el mundo de hoy
en que vivimos.
En
este orden de cosas, pongo delante de María las principales preocupaciones
pastorales del obispo y de los sacerdotes, los principales desafíos
de la comunidad cristiana y de la pastoral diocesana.
Ante
todo, justamente, los deafíos que atraviesa la familia cristiana en
todas partes y que nos ha llevado a los obispos de las cuatro diócesis
de la Región Don Vasco a hacer de la Pastoral familiar una prioridad
de la evangelización en este año 2005.
Cómo
no atender a la crisis de valores tan traída y llevada. Cómo no sentir
preocupación por los llamados modelos de familia que no responden
al designio de Dios sobre la pareja. Cómo no preocuparse por los ataques
a la vida, por la mentalidad divorcista que va cundiendo, por la proliferación
del crimen del aborto, por la pobreza extrema de algunos.
Inmediatamente
después y en íntima relación con los problemas y desafíos de la familia,
están también algunos de los fenómenos sociales y familiares derivados
de la emigración a los Estados Unidos y a los países del norte: la
desintegración familiar, la perdida de identidad de muchos jóvenes
y no raramente el debilitamiento de su fe católica por el secularismo
y por la proliferación de sectas y de grupos religiosos que hay en
otras partes también ya entre nosotros.
Así
como la ruptura del vínculo conyugal que sucede muchas veces después
de la partida y por nuevas uniones libres y el abandono de las familia
de origen. No es mala la emigración, es un fenómeno social ambivalente
que trae muchos beneficios pero también riesgos y peligros.
En
un tercer lugar pongo en el corazón de la Virgen a nuestra juventud,
que siga habiendo vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa,
para lo cual se requiere de una nueva cultura vocacional de una promoción
de todas las vocaciones. Y se requiere también de mucha oración en
familia.
La
Diócesis de Zamora ha sido tradicionalmente fecunda en vocaciones
a la vida religiosa, en vocaciones al sacerdocio no sólo para la diócesis
sino también para otros presbiterios y también ha sido fecunda, muy
fecunda, en obispos que han salido de ahí. Como muestras un botón:
en los últimos cuatro meses se han nombrado tres obispos originarios
de nuestra Diócesis, si bien no se formaron ahí: el obispo de Chetumal
Cancún, originario de San José de Gracia. Un obispo de Perú comboniano,
originario de la Parroquia de la Luz y apenas hace unos días, el obispo
de la Tarahumara, originario de Pátzcuaro.
Y
además también tenemos un Cardenal que está muy cerca del Santo Padre
Juan Pablo II.
Así
ha sido la Diócesis de Zamora pero ahora se requiere de un nuevo trabajo
vocacional porque hoy en día no esta asegurado así porque sí, ni siquiera
el número, mucho menos la calidad de los candidatos que debe de ser
trabajada a lo largo de años en la Pastoral Vocacional y después en
las distintas etapas del Seminario.
Pedimos
mucho por las vocaciones sacerdotales y religiosas, pero también es
necesario promover toda clase de vocaciones, de manera que de la Pastoral
Juvenil puedan salir vocaciones para todos los ministerios y servicios
en la Iglesia, y también puedan salir de ahí los lideres que se necesitan
para la transformación del ambiente y para hacer presencia cristiana
en todos los espacios, en todas las estructuras humanas, en todas
partes, en una palabra.
Finalmente
y para citar solamente los desafío s más importantes pido a la Santísima
Virgen María de Guadalupe, que sepamos afrontar los grandes desafíos
de la Nueva Evangelización: la inculturación del Evangelio, al atención
pastoral a estudiantes universitarios, la sabia pero decidida evangelización
del mundo de la cultura, de los profesionistas, de la política y de
la empresa, conforme a los valores del Reino que son la verdad, la
justicia, la vida, la paz.
Santísima
Virgen de Guadalupe, estamos construyendo templos en nuestra Diócesis,
por ejemplo en….acabándose también el de los Reyes. Acabamos de celebrar
los 50 años de la Coronación de tu bendita imagen en la Parroquia
de Guadalupe en Sahuayo. Esperamos poder entregar a fines del año
2005 o principios del siguiente, el Santuario diocesano de la Virgen
de Guadalupe, llamado comúnmente la inconclusa que tiene tanta significación
en nuestra Diócesis y en nuestra región.
Te
queremos consagrar María de Guadalupe, especialmente nuestro Seminario
cuya capilla está presidida por la imagen de tu Hijo y por una imagen
bellísima tuya. Te pedimos por tus sacerdotes, te consagramos nuestras
familias, a los enfermos y a los ancianos que esperan tu consuelo
y el milagro de la Quinta Aparición.
Te
encomendamos también a las congregaciones religiosas contemplativas,
a las dedicadas a la Pastoral y muchas dedicadas a la educación. De
ellas, varias llevan tu nombre en su propio nombre.
Bendice
María de Guadalupe a toda nuestra Diócesis y concédenos lo que tu
más quieres: que amemos a tu Hijo Jesús, el fruto bendito de tu vientre,
así sea.