InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Ciclo C
   
 
Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, Rector del Santuario, en la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, en la Basílica de Guadalupe.

27 de diciembre de 2009

Mis queridos hermanos y hermanas, el ambiente de los festejos del nacimiento del Redentor nos llevan necesariamente a considerar los aspectos humanos que se derivan de la encarnación del Hombre-Dios. El Verbo eterno de Dios, parecería que está de sobra señalarlo, entró al mundo mediante una familia con un padre y una madre. Tal como Dios diseñó a la humanidad según lo podemos ver desde el principio, precisamente en el Libro del Génesis, que nos hablan del diseño original de Dios sobre el mundo y sobre la humanidad.

Quiero, mis queridos hermanos, en esta ocasión invitarlos a centrar la atención en dos temas muy importantes en estos días de la Navidad. El mismo de Dios con nosotros y el que se ha suscitado en la sociedad del Distrito Federal con ocasión de la aprobación jurídica del matrimonio entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adopción por parte de esas parejas. Reflexionemos primero un poco acerca de este misterio que estamos viviendo en la Iglesia. Los textos bíblicos nos invitan a profundizar en este misterio, que no es fácil de entender de inmediato, es muy conveniente que entendamos que por tratarse de un misterio tan profundo y fundamental a nuestra fe cristiana no se comprende de una sola vez, sino que requiere de tiempo y de paciencia para irlo asimilando, para irlo saboreando, para irlo gustando. Es precisamente lo que nos enseña la joven madre de Nazaret, María, con su actitud de conservar todas las cosas en su corazón. Parece que san Lucas nos quiere enseñar en esta catequesis, estos son los evangelios, lo difícil que es comprender la personalidad de Jesús. Jesús a la edad de 12 años sube con sus padres a Jerusalén para cumplir por primera vez con el deber de celebrar la Pascua. Es decir la fiesta más importante de Israel, la que recuerda la liberación de la esclavitud de Egipto. Jesús se encuentra en el umbral de la edad adulta, provoca una situación de angustia, de inquietud, de desasosiego en la familia santa, que desarrollaba su vida en la armonía y en el entendimiento sereno. Entorno a la escena evangélica hay muchas preguntas, que se nos pueden venir a la mente legítimamente y que nos obligan a buscar el verdadero sentido de la narración.

Pero debemos descartar, mis queridos hermanos y hermanas, el quedarnos en consideraciones románticas sobre las virtudes caseras de la Sagrada Familia. No podemos soslayar que estamos frente a una familia muy especial, en la que la madre es virgen, José no es padre biológico y el Niño no es un simple hombre. Precisamente, por eso debemos hacer un esfuerzo por entender cuál es el mensaje que Dios nos quiere dar a través de un texto sagrado que al mismo tiempo es obra de san Lucas. El verdadero Padre de Jesús es Dios y la Virgen, Madre María, y José el padre adoptivo, no deben olvidarlo. Su presencia en el templo presagia ya al entrar a la edad adulta, su misión: enseñar a la humanidad el proyecto divino del Padre para salvar al hombre, a todo hombre, a todo el hombre. A fin de que asumiendo sus mandatos se comprometa haciendo lo que le toca y logre el fin para el cual fue creado. Entonces, su extravío, su pérdida en el templo es ocasión para hacerles entender esto.

En efecto, mis hermanos, toda la vida de Jesús transcurre, según el Evangelio de Lucas, en una continua y muy especial relación con su Padre. Una relación de perfecta obediencia hasta que el día en que desde la cruz diga: Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu. La Virgen María recibe la respuesta, como pregunta doble ¿por qué me andaban buscando? ¿no sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?  Pero no como un retobo, mis hermanos, alguno puede decir: a que berrinchudo chiquillo, no, no es un retobo, mis hermanos, sino un recordarlo. Un recordatorio de algo que debería saber María y que como es natural, como Madre no comprende fácilmente. Sí, la humilde doncella de Nazaret, María, meditaba esto en su corazón. Hoy a nosotros se nos invita a meditar continuamente este misterio a fin de asimilarlo cada vez más para nuestro provecho espiritual en la fe.

Es cierto que la Familia Santa es muy especial, sin embargo, y para pasar al segundo tema, es muy importante que entendamos que la familia tal como se entiende en el lenguaje universal es una realidad humana, que Jesús asumió y consagró al hacerse hombre. Por tanto, mis amados hermanos y hermanas, la Iglesia lo que hace, como deber, es mantener y proteger esta institución divina tal como se entiende. Insisto, universalmente, es decir: constituida por un padre y una madre y los hijos de ambos. Esto es una familia en más estricto sentido del término y tiene su fundamento en el matrimonio. La familia natural en cuanto a comunión íntima de vida y de amor fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el lugar primario de la humanización de la persona y de la sociedad, lo dice el Papa Benedicto XVI, mis hermanos. La cuna de la vida y del amor es la familia, con razón, pues, se ha calificado a la familia como la primera sociedad natural. Una institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social, hasta aquí el Papa.

Debe quedar bien claro, entonces, mis hermanos, que la Iglesia no condena las tendencias sexuales, como si fueran por sí mismas intrínsecamente malas, hablo de las tendencias, no de la prácticas. Lo que ella hace en nombre de la ley de Dios es desaprobar las relaciones íntimas, es la práctica. Precisamente, por ir contra el sexto mandamiento contra el que también pueden actuar los heterosexuales. El cumplimento de su misión la Iglesia debe señalar la necesidad de respetar el proyecto original de Dios. En esto no puede la Iglesia contradecir la ley, no, y lo menos que debe hacer es no dejar de advertir la gravedad y el riesgo de esas prácticas frente al mandato divino.

En consecuencia, mis amados hermanos y hermanas, frente a la aprobación de la Asamblea del Distrito Federal al aprobar el supuesto ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo, la comunidad católica, por medio de su magisterio, se ha visto obligada, a causa de su misión, a defender la voluntad de Dios expresada claramente en la Sagrada Escritura y en la tradición cristiana al desaprobar que se use el término matrimonio para una realidad que casi no tiene nada que ver con lo que implica en el uso común. En todo caso ya se había denominado esto con el nombre de ‘sociedades de convivencia’; por tanto, es importante aceptar que no se debe crear confusión denominándolo con el término de ‘matrimonio’. Hay que llamar a cada cosa por su nombre, por su nombre específico, al pan, pan y al vino, vino, y no dar vueltas.

Mis hermanos, es importante tener en cuenta, pues, esto que no dice la Iglesia, no crear confusiones en este momento, no. La unión de dos personas del mismo sexo no dan las condiciones de un auténtico matrimonio. Esto es lo que, con todo derecho y obligación defiende la Iglesia. Y si no es un verdadero matrimonio, según entendemos comúnmente, tampoco entonces puede pretender adoptar hijos, claro, que disparate.

Mis hermanos, el hijo no es una mascotita, no, es fruto del amor, del padre y de la madre; es una bendición de Dios; es expresión de la fecundidad del Dios Uno y Trino. El amor de Dios es fecundo y el amor entre los esposos debe de tener esta fecundidad, por eso decimos que es una comunidad perfecta de comunión íntima de vida y de amor.

No se trata, entonces, mis hermanos, que quede bien claro, no se trata de cerrazón, de retraso, oscurantismo, ni menos autoritarismo de la Iglesia, no. Se trata del ejercicio de un deber moral y de un servicio a la humanidad. Por otro lado el Magisterio se ha pronunciado, ya en muchas ocasiones, por el respeto a las personas con tendencias sexuales diferentes. Ellas merecen respeto y consideración. De ninguna manera, por el sólo hecho de sus tendencias, están fuera de la salvación, porque DIOS, como lo señala san Pablo: quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, incluida también este aspecto de la verdad.

La institución familiar es la realidad más hermosa, palabras del Papa Benedicto XVI, La institución familiar es la realidad más hermosa, más importante, más influyente de la humanidad. Es el primer patrimonio de la humanidad. Por eso reconocer y ayudar a la familia es uno de los mayores que se puedan presentar hoy al bien común y al verdadero desarrollo del hombre y de la sociedad. Termina el Papa diciendo, en este apartado, en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, del año pasado, 2008: el futuro de la humanidad pasa a través de la familia. Imagínense, hermanos, que futuro nos espera entonces si aprobamos y aplaudimos estás cosas.  El futuro de la humanidad pasa a través de la familia. Dios, es su misterio más íntimo, es una familia y nuestras familias son reflejo de este Dios Uno y Trino.

Que la Sagrada Familia de Nazaret interceda por nosotros, para que esta nuestra querida patria mexicana se mantengan los valores evangélicos propios de la familia según el proyecto bondadoso de Dios y alcancemos así una verdadera madurez integral, es decir: en lo económico, en lo político, en la justicia, en la cultura, en lo social.

Que la preciosa Niña, Santa María de Guadalupe, que bendice y preside todas nuestras familias, nuestros hogares, interceda por nosotros.

Amén.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior