Mis queridos hermanos,
este domingo celebramos la Epifanía del Señor, la manifestación
del Señor, popularmente podríamos decir: celebramos la Fiesta
de los Reyes Magos. Recordemos que las grandes fiestas se trasladan
al domingo para poderlas celebrar.
Estamos dentro del tiempo
de la Navidad durante un período nos preparamos para esta fiesta:
pusimos el arbolito, pusimos el nacimiento, los adornos en las
casas, las lucecitas, la musiquita. Nos preparamos para la gran
fiesta, la Navidad del Señor y parece que llega la Navidad y apagamos
las luces y ya se acabo. Es como si preparamos la fiesta de los
quince años y llegan los invitados y les apagamos el sonido, ahora
sí ya llegaron a la fiesta se acabo, no, si a penas va a empezar
la fiesta. Un niño nos ha nacido, un niño se nos ha dado. El niño
nació y ya lo olvidamos, no, nos hemos preparado para el nacimiento,
por eso hace dos días celebrábamos la Fiesta de María, Madre de
Dios. Fuimos a ver al Niño ahora felicitamos a la Madre, como
cuando nace un bebé se le va a conocer al bebé, pero se le felicita
a la Madre, se le lleva su regalito. Estamos de fiesta, el Niño
nos ha nacido, estamos en la Navidad, lo anterior fue preparación,
ahora estamos en la gran fiesta y no podemos mermar en la alegría.
Hoy celebramos la Fiesta
de la Epifanía, la manifestación del Señor a todos los pueblos.
En el pesebre se había manifestado al pueblo de Israel y los pastores
eran israelitas y fueron a conocer al niño a ver el cumplimiento
de la promesa realizada desde antiguo, pero ahora el Señor se
manifiesta a todos los pueblos, a todos los que no pertenecemos
al pueblo judío, se nos manifiesta como Salvador Universal. Esta
fiesta es todavía más importante para nosotros se nos manifiesta
el Señor, como Salvador nuestro. Y por eso vienen los magos de
todos los pueblos adorar al Niño y se postran ante Él los pueblos
paganos para reconocerlo como su Dios, como su Rey, como su Señor.
Los reyes, bueno por
decir así en ningún lado dice que son reyes pero bueno, los Reyes
Magos vinieron de Oriente siguiendo una estrella. Podemos nosotros
voltear al cielo y vemos muchas estrellas, pero ellos distinguieron
una estrella especial y esa estrella fue la que siguieron. Y preguntaron
para conocer de ese Niño y llegaron a Herodes, al malvado Herodes,
llegaron y le preguntaron y aún de él aprendieron ¿por qué? ¿dónde
tiene que nacer ese Niño? Preguntó Herodes. Hoy nos podría preguntar
¿y dónde tiene que nacer? pues, en el corazón de cada uno de nosotros,
en nuestra familia, en nuestros intereses, ahí tiene que nacer
el Niño, ahí tiene que nacer Dios.
Tenemos que aprender
a darle posada al Señor en nuestro corazón aunque sea un pesebre.
El Niño tiene que nacer en cada Belén de nosotros, en cada familia.
Y después el mismo Herodes manda a los reyes a que vayan lo busquen
y lo adoren. Al encontrarlo lo adoren, también, tenemos que aprender
eso: a buscar al Señor y aprender a adorarlo. A pero después saben
que no deben de regresar a Herodes, no deben de regresar al mal.
Ahora tienen que regresar con un nuevo camino y ese camino es
la paz, ese camino es el amor, ese camino es la justicia, ese
camino es la misericordia, es el camino donde Cristo es la luz
de las naciones y gloria del pueblo de Israel.
Después del Evangelio
hemos escuchado el anuncio de las fiestas móviles: las calendas.
Antiguamente, porque esta es una tradición muy antigua, no había
calendarios, no había agendas, pues, la gente no sabía cuando
iba a caer sobre todo esas fiestas móviles del año. La Pascua
centro del Año Litúrgico y pues, bueno, se anunciaba a la gente
cuando iban a ser esas fiestas, pero, más allá de dar a conocer
es el sentido de una estrella, que nos va guiando. Las calendas
eran esa estrella, que nos iba a guiar durante este año, para
que nosotros caminando por los misterios de la fe, junto con nuestra
Madre y con los santos pudiéramos nosotros, no solamente meditar
los misterios de la salvación, sino vivir y adherirnos a esos
misterios para ir buscando al Dios del ayer, del hoy y del siempre.
Nosotros tenemos una
ventaja, hermanos, tenemos Aquella, a quien el Papa Paulo VI,
de felicísima memoria, dijera la Estrella de la Evangelización.
Nosotros tenemos nuestra estrella María Santísima de Guadalupe.
Ella nos va guiando hacia el pesebre de Belén. Ella nos va guiando
al fruto bendito de su vientre. Nos va guiando para que encontremos
al Dios por quien vivimos y somos. Ella es la estrella que guía
nuestro camino, no es el camino, el camino es Cristo, pero es
la estrella que nos va guiando para que no nos perdamos y para
que tomados de su mano podamos ir seguros un día a contemplar
la gloria de Dios, porque hoy se nos manifiesta como nuestro Salvador.
A todos ustedes, hermanos,
Dios los bendiga, y no olviden hacer su cartita, no olviden pedir
a los reyes la fe, la esperanza y el amor, para que juntos como
hermanos caminemos hacia Dios.