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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México, en la celebración eucarística por los enfermos de la Orden de Malta en la Basílica de Guadalupe

29 de julio de 2007

Monseñor Jorge Palencia, Vicerrector del Santuario, quiero a través de usted agradecer al Rector y todos los canónicos por esta invitación que me hicieron de presidir esta celebración de los Caballeros de la Orden de Malta, quiero saludar en modo particular a Don José, usted sabe que lo considero mi amigo al igual que a todos sus compañeros, los Caballeros, que tienen esta bella tradición de congregar a sus enfermos, en estos días próximos a los festejos del aniversario de la canonización de san Juan Diego; para celebrar nuestra fe en presencia de Jesús el Hijo de Dios y de su madre nuestra Señora María de Guadalupe.

¡Estoy muy feliz de celebrar! Ustedes saben que es la primera vez que celebró la misa en este lugar tan especial para ustedes y para mí. Quiero expresar mi agradecimiento a todos ustedes por su presencia y compartir algunas palabras, así me indicaron como representante del Santo Padre apenas llegado en este país, en este lindo país.

Para reflexionar sobre misterio de la vida, ese misterio que ustedes, enfermos, y en cierto modo podemos decir; que cada uno de nosotros somos de cualquier modo, enfermos, o tenemos enfermos muy cerca de nosotros o hemos tenido una enfermedad, o más profundamente tenemos enfermedades que no se ven, que no se notan, que nadie puede ver, solamente nosotros, y que nos hacen sufrir mucho más de lo que aparece.

Entonces todos nosotros hoy de frente a la mirada cariñosa de nuestra Madre somos llamados a entender mejor el misterio de nuestra vida, que es también misterio de sufrimiento.
Cristo, el Hijo de Dios, vino fue enviado por su Padre, y Él siempre se nos presenta como el Hijo del Padre; Aquel que viene para revelarnos el amor de Dios, vino precisamente para manifestar, revelar, que Dios es amor. Ustedes saben la importancia que el Santo Padre Benedicto XVI está dando a este mensaje de amor, que es el esencial de nuestra fe.

De hecho nos dice; el Santo Padre siempre en casi todas sus homilías, todas sus intervenciones, que: nuestra fe no es solamente idea, ideología, nuestra fe es una persona que viene a decirnos que Dios nos ama, y a través de este mensaje, él está repitiendo lo que siempre María en sus varias intervenciones nos ha dicho también: no debemos olvidar que Dios es amor, que es un Dios que ama a cada uno de nosotros y nos da la fuerza para vivir nuestra vida como respuesta de amor, al amor de Dios. De modo que en nuestra vida sea este diálogo permanente que un Dios vivo, que quiere vivir cerca de nosotros.

Y cuando experimentamos, como ustedes lo experimentan, con mucho dolor, el sufrimiento de la enfermedad, cualquier enfermedad, ya sea física, moral o psicológica. Ustedes experimentan también la necesidad profunda de entender el sentido de este sufrimiento; pero no lo podemos entender si alguien no viene a nosotros para decirnos: “este es el sentido”, para revelarnos que el sufrimiento tiene sentido.

Y Jesús, Hijo del Padre, nos lo dice no tanto con palabras, si no con su presencia, lo vimos en cualquier lugar acercándose a los que sufren para ayudarlos a vivir su sufrimiento. A veces Él les cura, les da vida de todas maneras a todos. Él da vida, una vida nueva.

Es el Jesús, que Dios Padre fuente de amor nos ha enviado, y María está ahí para indicarnos a este Jesús, para ayudarnos acercarnos a Él, y no tener miedo de aceptar su presencia, su Palabra. Es por eso que ustedes amigos, enfermos, es por eso que ustedes han venido, hoy, buscando un tiempo de silencio y oración.

En esta semana, cuando nos adentramos en un modo particular de Juan Diego, y de su tío, no se si se acuerdan, su tío Juan Bernardino fue curado también por interseción de María, entonces hoy es un día de esperanza, un día de alegría a pesar del dolor y del sufrimiento.

La Iglesia en la liturgia de este domingo, nos ofrece un camino, el camino para encontrar este sentido que Dios puede dar a través de la presencia de Cristo a todos nuestros sufrimientos, y este camino tiene un nombre, nos lo dice el Evangelio de hoy, y todas las lecturas que apenas hemos oído; este camino, es el camino de la oración.

Los discípulos, compañeros de Jesús llamados para ser con Él, como nosotros, la llamada a la santidad, a la llamada a ser discípulos, es para todos, todos somos llamados a estar con Él, como los discípulos, entonces estos discípulos que vivían con Él poco a poco fueron conducidos a descubrir quien era ese Jesús.

Lo que ellos notaron más, fue esa relación muy particular que Él tenía con esta persona que Él decía que era su Padre, Dios, lo veía cada día, cada momento libre, cada momento de libertad, yo diría que la oración para Jesús era el ejercicio de su libertad, era la fuente de su vida, sentían que Jesús, sentía la necesidad de acercarse a su Padre para tener la fuerza de vivir, la oración como realidad esencial de toda su existencia, poco a poco los discípulos descubrieron el secreto de Jesús, que era esta relación con su Padre.

En todo el Evangelio podemos notar la presencia de la oración de Jesús, siempre Jesús cuando hace algo Él reza, y es interesante porque vivimos en un mundo donde nosotros queremos hacer cosas con nuestro poder humano.

Aquí, hoy estoy saludando de modo especial a todos los que trabajan en el campo de la salud: los médicos, enfermeras, de todos los que hacen y dan un servicio maravilloso, para ayudar a descubrir más sobre las enfermedades, pero no es suficiente hacer, no es suficiente estudiar, no es suficiente trabajar, es importante, pero no es suficiente. Hace falta algo. Jesús, de vez en cuando Él era todo un médico, curaba, pero nunca se olvidaba la oración.

Entonces la oración no es un acto inútil, aparentemente el mundo de hoy considera que la oración es un acto superfluo, que tiene sentido nada más para los creyentes. No es verdad, la oración es parte esencial de nuestra vida humana, porque el hombre no puede entenderse sin esta dimensión religiosa, esa expresión profunda hacia con Dios, porque Dios es el origen y el fin de todo.

Y nosotros no podemos comprender el misterio de nuestra existencia, sin entender que somos de Dios y que vamos a Dios, y que también el sufrimiento, la enfermedad, son parte del misterio de nuestra vida como un pasaje, una purificación. El misterio del sufrimiento tiene sentido, tiene sentido porque así nos lo revela Jesús, y Él lo va vivir de un modo tremendo en la cruz.

Él también va experimentar a la muerte, mas también nos dice que el sufrimiento y la muerte no es el fin de todo, es como la preparación para una nueva vida, eso lo podemos entender solamente con la oración.

Entonces los discípulos de Jesús, vieron que Jesús daba mucha importancia a esta relación y en el momento más difícil de su vida, cuando se encontraba sólo en la cruz Jesús hizo una oración espectacular, que algunos notaron, Juan en particular. “Padre, ¿por qué me abandonaste?”, ese es el tipo de oración que estoy seguro que alguno de ustedes hace de vez en cuando, cuando no pueden más con el sufrimiento. Nunca tenemos que abandonar la oración.

Los discípulos preguntaron un día a su Maestro, como nos dice el Evangelio de hoy, ¿qué tenemos que hacer para rezar como Tú lo haces? Y Jesús prácticamente les enseñó la oración que Él mismo hacia.

Entonces la verdadera oración, es la oración de Jesús, es por eso que nosotros necesitamos escuchar este Evangelio, esta Palabra de Jesús, que nos dice como hacer las cosas. “Cuando ustedes recen digan: Padre santificado sea tu nombre, venga a tu Reino”. Entonces esta es la oración que tenemos que aprender, dejar el Reino de Dios, es decir; su presencia en nuestra vida, su dominio sobre nuestra existencia, su amor penetrar dentro de nuestro corazón, penetrar dentro de nuestras vidas, penetrar dentro de nuestras familias, penetrar dentro de nuestra sociedad, para poder transformarnos y abrir nuestros corazones a esta presencia.

Con esta presencia vamos a encontrar el sentido de todo, también el de nuestro sufrimiento. Ahí vamos a encontrar el modo de esperar, cuando no hay razones para esperar más. Ahí vamos a encontrar el modo de creer, cuando falta la fe, porque la vida es demasiado difícil. Ahí vamos a encontrar el modo de amar, a pesar del resentimiento y del odio que tenemos en nuestro corazón.

En la oración podemos ver que el sufrimiento es camino hacia la vida, que la muerte no es el final, sino la puerta abierta hacia mi Padre. Jesús lo experimentó y quiere que cada uno de nosotros lo experimentemos también.

Hermanos, hermanas, que sufren, y cuando hablo de sufrimiento hablo a todos ustedes y a mí también. Hermanos y hermanas que sufrimos estamos aquí de frente a Jesús Resucitado que pasó por la muerte, estamos aquí de frente a nuestra Madre para recibir este mensaje de Fe, de Esperanza, de Amor.
Amén.

 
 
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