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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), en la Basílica de Guadalupe.

22 de mayo de 2008

Alabemos y glorifiquemos, mis amados hermanos y hermanas, a nuestro Buen Padre Dios porque nos alimenta con lo mejor del trigo y nos sacia con miel sacada de la roca.

Hoy celebramos solemnemente el Misterio Eucarístico que es Sacramento de Caridad: "Sacramentum caritatis” nos diría el Papa Benedicto XVI. Todo el amor de Cristo concentrado en el sol del pan y del vino sacramentado. Es un misterio que debemos: creer, celebrar y vivir. Misterio porque nos desborda y nos asombra. El espíritu y la caridad son el alma de este misterio.

Por amor se entregó Jesús y se queda con nosotros en el Pan de la Eucaristía, también, por amor. En la Eucaristía nos alimentamos de amor, en todas sus dimensiones, por eso la Eucaristía, mis amados hermanos y hermanas, entraña un compromiso con los pobres, con los desvalidos, con los excluidos, con aquellos que no tienen bienes, ni derechos.

Los invito, mis hermanos y hermanas, que nos dejemos iluminar por la palabra que el Señor nos ha dado en esta solemnidad. En la primera lectura contemplamos que el desierto supuso para unos la apostasía, para otros el aumento de fe. Las dificultades a unos los tumban, a otros los hace crecer, los fortalece, pero, mis hermanos, a ambos nos son necesarios. Dios alimentó a su pueblo en el desierto con la Palabra y el Maná para hacerles sentir su presencia y para que confiaran en su providencia. No sea que te olvides del Señor tu Dios que te sacó de la esclavitud. No sea que te olvides, hay que recordar.

Hoy olvidamos que son muchos los que carecen de Pan y de Palabra, quizás nosotros estamos llamados a ser su Providencia, si de verdad tienen repercusiones nuestras vidas, la comunión que recibimos en cada Eucaristía.

San Pablo en la segunda lectura de la Primera Carta a los Corintios afirma la que la Eucaristía es signo y causa de fraternidad, de común-unión. Cada vez que comulgamos hemos de comprometernos en derribar barreras y superar distancias, en multiplicar abrazos y acogidas. Ojala pudiéramos poner la Eucaristía no sólo en el corazón de la Iglesia, sino en el corazón de mundo mismo.

Pero, es san Juan en su Evangelio quien nos transmite una verdadera síntesis teológica sobre la Eucaristía y sobre la fe, un largo capitulo, capitulo VI. Cristo es el verdadero Maná. Cristo es el verdadero Pan de Dios, ¡que amor! mis hermanos, ¡que amor!  Dios que se hace pan para llenarnos y saciarnos. “Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida” y no hay elemento más premiado que el pan; por el pan luchamos; por el pan trabajamos; por el pan nos esforzamos, que increíble, que amor. Cristo mismo se hace pan.

Una primera manera de comer a Cristo es la fe: escucharlo, aceptarlo, acogerlo, compenetrarse con su Palabra y con sus sentimientos. La segunda es la Eucaristía, llenarse de la misma vida de Jesús “Él que come vivirá por Mí, vivirá en Mí y vivirá de Mí” y esta vida es amor extremo, mis hermanos. Es pan que se parte, se reparte, se comparte y se entrega a todos por igual. La Eucaristía es misterio de fe nunca agotamos su riqueza. En la Eucaristía se concentra toda la realidad de Cristo, sus sentimientos y actitudes, sus palabras y sus signos, su amistad y su servicio, su capacidad de perdón y de entrega hasta la muerte.

Mis hermanos, el pan y el vino consagrados no sólo rebosan de Cristo, también, del amor del Padre y del Espíritu Santo, están impregnados de amor trinitario. En la Eucaristía se hace presente: el pasado, memorial. Sería una larga meditación sobre este memorial, contemplar la Eucaristía como memorial y se anticipa el futuro, contemplar la Eucaristía como profecía “Anunciamos tu muerte Señor, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”. Pregustamos, ya desde ahora el banquete del Reino, bien nos lo dice la Sacrosanctum Concilium;  pregustamos, saboreamos ya el Reino, por eso los elementos que a veces tenemos en la Eucaristía son pobres todavía, que a veces no queremos ni aprovecharlos, tenemos cara de empachados estamos aquí a veces, tristes, durmiendo, ¡que pena! No alcanzamos a entender que es la Eucaristía, ¡que pena!  No basta creer y celebrar, hay que vivirla la Eucaristía que es la mejor manera de creerla y celebrarla. Él que come, dice, Jesús: “Él que me come vivirá por Mí” es cuestión de vida no sólo de preceptos, no sólo de ritos. Hemos de hacer de la celebración una vida y de la vida una celebración, por eso quien hace de la Eucaristía una celebración siempre vivirá feliz contento sonriente, entregándose a los demás, fíjense cual es la dimensión del sacerdote, su misión ministerial.

Vivir la Eucaristía es ser Eucaristía, como vivir de Cristo y ser Cristo. Es Cristo quien vive en mí, nos dirá Pablo. Convertirse en Cristo es compenetrarse con Él, llenarse de su amor. La Eucaristía viene a ser una fuerza de transformación del mundo, como la levadura que hace fermentar la masa. El que comulga está llamado a ser fermento de solidaridad, para ello tiene que salir de sí mismo, acercarse samaritanamente al hermano que sufre, profetizar contra la injusticia y radiar el amor de Cristo en la sociedad.

La Eucaristía, mis amados hermanos y hermanas, imprime en quienes la celebran con verdad; una auténtica solidaridad y comunión con los pobres, con los desvalidos, con los sin voz. Así, pues, mis amados hermanos y hermanas, creer, celebrar, vivir el misterio Eucarístico en cualquiera de estas dimensiones de la Eucaristía como misterio de fe, de culto y de vida se nos invita acercarnos con asombro a la presencia permanente y a la entrega constante del Señor entre nosotros y para nosotros en toda su profundidad, con asombro, con apertura, con disponibilidad confiada.

Cada vez que celebramos la Eucaristía hemos de sentirnos tocados por ese Cristo que nos amo hasta el extremo, hasta dar la vida. Que se entregó hasta el fin, hasta la muerte, que superó y transformó el sufrimiento humano e incluso, mis hermanos, la muerte. La muerte, por eso la primera lectura pone énfasis en esto: como el sufrimiento, la persecución y las dificultades, a unos los tumban a otros los hacen crecer. Cuando vivimos la Eucaristía; cuando nuestra vida es una vida eucarística, como vida eucarística es la de la Señora del Cielo, nuestra Morenita es nuestro modelo, es quien nos motiva y nos enseña a ser Eucaristía.

Cada vez que celebramos la Eucaristía hemos de sentirnos tocados por ese Cristo que nos amo hasta extremo y es lo que significa, mis hermanos, es lo que significa la adoración. Adorar nos es mirar devotamente, pero desde lejos a distancia, no, es acercarse más y más y dejarse quemar. Es empezar, mis hermanos, a vivir fuertemente a Cristo, es empatizar con el sufrimiento de Cristo, cuando padece, cuando muere y cuando resucita. Diríamos en una palabra fundir: pensamientos e ideales, sentimientos y voluntades, es entrar de lleno en el misterio Pascual renovándolo en ti mismo. Es dejar que el dedo de Dios grabe en ti la imagen viva de Cristo llagado y resucitado, qué increíble es esto.

Creer, pues, mis hermanos, celebrar y vivir la Eucaristía es un reto cada día para nosotros, no son cosas tan distintas, son complementarias y mutuamente se incluyen, así quien cree ya está celebrando, porque la fe es una fiesta y quien celebra renueva y refuerza su fe, quien cree ya ha empezado a vivir porque se está abriendo a la vida de Dios y quien vive la vida nueva está proclamando su fe en la Pascua de Cristo.

Por otra parte, mis hermanos, la celebración es flor de vida y la vida es la más bella celebración. No cabe duda, pues, mis amados hermanos y hermanas, que la Eucaristía está en el centro de la vida del cristiano, es su fuente y es su culmén. De la Eucaristía bebemos y nos alimentamos. En la Eucaristía descansamos y nos comprometemos. La Eucaristía nos cura y nos regala. La Eucaristía nos abraza y nos envía, qué intensa es. La Eucaristía nos recuerda el memorial y nos garantiza y anticipa el futuro, es profecía.

Amén.  

 
 
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