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Versión estenográfica de la
Homilía

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ronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión de la celebración de Ordenaciones Presbiterales, en la Basílica de Guadalupe.

17 de mayo de 2008

Muy queridos diáconos, esta tarde, es una tarde de gozo para todos aquellos que contribuyeron, que dieron su aportación en ese proceso de formación que han tenido durante tantos años. Es un día de alegría para nuestro Presbiterio de la Arquidiócesis de México porque ustedes con el signo de la imposición de las manos, no solamente del obispo, sino del Presbiterio aquí representado, entran a formar parte de los presbíteros que sirven en esta arquidiócesis. Es un día de alegría, sin duda alguna, para mis hermanos los obispos auxiliares que los reciben en sus vicarías. (Yo sé que ustedes ya más o menos saben con cual Vicario Episcopal; van a ir, yo no se los he dicho, pero las noticias corren). Pero es motivo por muchas más razones para todo el pueblo de Dios y así veo que quiere expresar esa alegría de que ustedes recibiendo la imposición de las manos se pongan al servicio del todo el pueblo de Dios. Y la alegría será más profunda, ciertamente, para sus padres, sus hermanos, todos sus familiares, todos aquellos que han estado cerca de su vida, porque saben o al menos intuyen el misterio que aquí se está celebrando.

Me da mucho gusto imponerles las manos precisamente en este contexto de la fiesta en donde contemplamos el misterio Trinitario. Allí su vida tiene sentido, en este Misterio su vida se va a desarrollar. Porque, es cierto, todo el pueblo de Dios es sacerdotal, pero ustedes con la imposición de las manos reciben una identificación especial con Cristo cabeza. Y Cristo fue enviado por el Padre y la obra de Cristo desde su Asunción a los cielos, desde que Él ascendió a lo más alto, la confía a aquellos que Él escogió, aquellos que Él quiso y ustedes están entre esos elegidos. Van a hacer presente a Cristo, pero no lo podrán hacer presente sin la fuerza del Espíritu Santo, ese Espíritu que Padre y el mismo Jesucristo nos envió, ese Espíritu que hoy van a recibir por la imposición de las manos.

Ustedes serán Eucaristía, en todo momento, una ofrenda agradable al Padre para el servicio a todo el pueblo de Dios, pero esa Eucaristía no se realiza, como ustedes bien saben, sin la fuerza del Espíritu, sobretodo en la máxima expresión de toda la vida de la Iglesia: la Eucaristía. Ustedes serán Eucaristía, ustedes dirán: “Esto es mi cuerpo que se entrega, esta es mi sangre que se derrama”. Después de invocar al Padre, sabiendo que por la fuerza del Espíritu Santo eso es una realidad, por supuesto que es el cuerpo de Cristo, por supuesto que es la sangre de Cristo, esa es nuestra fe. Serán Eucaristía y esa Eucaristía lo mismo que el misterio de la Iglesia sólo se entendiendo en este contexto trinitario.

Se identificarán con Cristo, pero con Cristo cabeza y esto es muy significativo porque Cristo es cabeza de la Iglesia y lo acabamos de escuchar todos. De esa Iglesia en donde hay variedad de miembros, en donde hay variedad de carismas, en donde hay variedades de quehaceres y a ustedes les corresponde, como a Cristo Cabeza, animar todo el cuerpo, coordinar todos los miembros, hacer que todos sean un solo cuerpo.  Ustedes solamente lograran esto si tienen el espíritu de comunión, de saber congregar, de saber reunir, de saber apreciar esa gran diversidad que es una riqueza para la Iglesia. Pero tienen que vivir esa comunión de una manera muy concreta porque a veces pensamos, que la comunión es algo allá por las nubes, algo sentimental, algo afectivo solamente, no.

La comunión que se realiza en la Iglesia es algo muy concreto, es ir a servir a una comunidad muy concreta con todas sus cualidades y con todas sus deficiencias, es estar en comunión con un presbiterio que tiene un rostro, una fisonomía muy definida. A veces algunos pensarían en estar insertos en un presbiterio ideal, no, este Presbiterio de la Arquidiócesis de México es el que tiene que beneficiarse de esa tarea, de esa espiritualidad de la comunión y sobretodo esa comunión se tiene que traducir en una estructura muy definida.

Esta arquidiócesis es muy distinta a otras muchas, aquí hay Decanatos, Vicarias Episcopales, hay organismos dentro de la arquidiócesis que es donde tienen que vivir ustedes esa comunión, esa espiritualidad de comunión, ese ejercicio de su capitalidad que van a participar de Cristo.

En esta Iglesia hay un proyecto, un plan muy definido, hay un impulso misionero que se está concretando en las más diversas comunidades. No se hagan ilusiones, si no contribuyen a ese proyecto misionero, sino siguen este plan arquidiocesano no están viviendo la comunión. La comunión tiene que ser muy concreta en el trabajo pastoral, no se vayan a excomulgar ustedes mismos y sobretodo no vayan a cometer el crimen de excomulgar a toda una comunidad, que no se da cuenta ni a que iglesia pertenece, ni que plan se está realizando, ni que espiritualidad está viviendo. Cada iglesia particular tiene su fisonomía y aquí es donde tienen que vivir ustedes la comunión.

Esta alegría que sentimos todos los aquí presentes, esa alegría que van a mostrar muchas gentes que los van a ver como consagrados haciendo presente a Cristo, sí, necesitan ver en ustedes esa comunión, esa capitalidad de Cristo, pero nosotros no podemos caer en los extremos en los que muchas veces cayó Israel. Muchas veces acentuaba tanto la espiritualidad de pueblo que se olvidaba del individuo; otras muchas veces acentuaba tanto la espiritualidad del individuo que se olvidaba de la pertenencia al pueblo elegido; por eso junto con esa espiritualidad de comunión ustedes deben de cultivar esa espiritualidad personal. La espiritualidad del pastor ¿cuál es la espiritualidad del pastor? De dar la vida por las ovejas, de entregarse totalmente al servicio de los demás en esos servicios concretos que cada persona necesita en la comunidad. Ustedes deberán de cultivar esa espiritualidad del amor, del amor pastoral, de la caridad pastoral que se convierte en servicio y para que ustedes puedan servir continuamente deberán cuidar su salud corporal.

Tenemos fama los consagrados de que somos descuidados en las cosas de nuestro cuerpo, de nuestra salud. Si quieren realmente prestar un servicio eficaz, continuamente deben de cuidar es parte de su espiritualidad, cuidar su salud para poder servir mejor al pueblo de Dios, pero no solamente la salud corporal, su salud psíquica y sobretodo su salud espiritual. ¿Cuántas veces podemos ser descuidados de cuidar esa salud espiritual porque ya no tenemos la ayuda del seminario, porque ya no tenemos ese ambiente que favorecía nuestra vida espiritual? No sean descuidados, el pueblo de Dios los necesita con una salud integral. Al cultivar ustedes esa espiritualidad del amor pastoral que se traduce en cosas concretas se encontrarán las más variadas necesidades aquí en esta arquidiócesis. Esa es una de las características de nuestra comunidad.

Algunos irán a comunidades donde se está viviendo al violencia, necesitan de un pastor que se conciliador, que sea sacramento de reconciliación y de perdón y no solamente en el sacramento de la confesión, de la reconciliación, sino sacramento de reconciliación con toda su vida, con todas sus actitudes.

Ustedes van a ejercer el ministerio sacerdotal y continuamente esa salud o ese triple aspecto de la salud, que les he mencionado, va a ser amenazado. Los criterios del mundo van a querer penetrar en su mentalidad y lo que Jesús anunció no es una amenaza, es una realidad que el pastor continuamente sufre: el Señor los manda como ovejas entre lobos y habrá muchos que quisieran acabar con su ministerio y habrá muchos que quisieran que ustedes no estuvieran ahí y habrá muchos que realmente quisieran acabar con su identidad sacerdotal. El Señor los manda como ovejas entre lobos.

Si en aquel tiempo hubiera medios de comunicación de seguro que esta frase de Cristo ocuparía las ocho columnas, pero es cierto, es cierto el Señor los manda como ovejas entre lobos. No pueden ser descuidados, no pueden ser ingenuos, tienen que estar atentos vigilantes porque el enemigo andará entorno a ustedes como un león rugiente.

Reciban esta imposición de las manos. Es el Espíritu Santo el que los fortalecerá. Es el Espíritu Santo el que les dará imaginación para abrir caminos nuevos. Es el Espíritu Santo el que continuamente habitarán ustedes y será una fuente de vida en cada momento de su existir. Es el Espíritu Santo y sólo el que los puede sostener en pie en el ejercicio de esta caridad pastoral, de esta entrega total al servicio de los hermanos.


LISTA DE ORDENADOS

1.       Leobardo Gabriel Andrade Núñez
2.       Carlos Eloir Blanco Gómez
3.       Daniel Castro Medina
4.       Agustín Gerardo de Diego Acuña
5.       Luis Alberto Gutiérrez Rodríguez
6.       Oscar Daniel Hernández Abundiz
7.       José Enrique López García
8.       José Martín López Sánchez
9.       Álvaro Lozano Tlatono
10.   José Esteban Miranda Hernández
11.   Jorge Oliver Balderas
12.   Zeferino Onofre Felipe Moreno
13.   Joel Ortega Arellano
14.   Arturo Pérez Cruz
15.   Hugo Reyes Rivera
16.   José Enrique Rosales Flores
17.   Jorge Alejandro Saavedra Acosta
18.   Oswaldo Alejandro Sánchez Soto
19.   José Vicente Torales Castro
20.   Porfirio Treviño Montemayor
21.   Mario Iván Valerio Rojas
22.   Aldo Varela Pérez
23.   Javier Vargas Pavón
24.   Juan Manuel Zarate Avendaño

 
 
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