Una vez más, el último domingo de Mayo las tres diócesis de
Chiapas, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula,
llegamos como peregrinos al Tepeyac, a la Basílica de Nuestra
Señora de Guadalupe.
El sureste de nuestra Patria, allá donde están nuestros hogares,
parece muy distante, sin embargo desde mucho antes de ponemos
en camino, nuestro corazón ya se encontraba aquí, en el temple
cito que nuestra Madre nos pidió construirle para en él mostramos
a Aquel que es todo su amor, su mirada compasiva, su auxilio,
Jesús, su Hijo, nuestro Salvador.
Sentimos grande alegría al llegar a este lugar de donde, Dios
quiera, nunca se aparte nuestro corazón.
Este domingo celebramos la ascensión del Señor Jesús al cielo.
Después de dar, a sus discípulos, numerosas pruebas de que
había resucitado y está vivo, "subió al cielo y está
sentado a la derecha de Dios".
- Al elevarse, Jesús nos revela de manera muy clara su divinidad.
Después de cumplir su misión en la tierra, regresa allí de
donde ha venido, regresa a Dios.
Sólo Él tiene la fuerza divina y el derecho de subir al cielo,
porque es el Hijo de Dios que ha bajado del cielo.
- Al venir del Padre a nosotros no se aferró a las prerrogativas
que le correspondían por ser Dios, y se hizo uno de nosotros,
uno como cualquiera de nosotros, para vivir entre nosotros.
Ahora que vuelve al Padre, se sienta a su derecha, porque
es Dios todopoderoso como el Padre; pero retorna hecho uno
de nosotros: es Dios Hijo que se ha hecho hombre. En Jesús
el hombre se mira en el cielo, y descubre que a eso está llamado.
Ahí el Señor nos prepara un lugar y, cuando todo esté listo,
vendrá y nos llevará con Él, a la felicidad plena del encuentro
con Dios, nuestro Padre.
Unidos a San Pablo pidamos a Dios que ilumine nuestra mente
para que comprendamos cuál es la esperanza que nos da su llamamiento,
y desde esa esperanza orientemos nuestras decisiones de cada
día.
San Lucas nos dice que los apóstoles vieron a Jesús que se
iba elevando, "hasta que una nube lo ocultó de su vista".
Esa nube no es signo de ausencia y lejanía. Esa nube nos habla
de la intimidad de Dios en la que entra Jesús, y también de
su presencia a nuestro lado. Es verdad que al subir al cielo,
ya no lo miramos como lo veían Pedro y sus contemporáneos.
Su presencia ahora es invisible, pero muy real: los apóstoles
"fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes,
y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con
los milagros que hacían".
Y además, esa presencia del Señor Jesús ya no está limitada
por el lugar y el tiempo: Jesús está con cada uno de nosotros,
cada día hasta el fin del mundo. La ascensión implica una
separación, pero proporciona una comunión con el Señor Jesús,
más profunda y permanente, que tendrá su plenitud al final
de los tiempos.
Cuando los apóstoles miraban a Jesús alejarse, se les presentaron
dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos,
¿qué hacen ahí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús que
los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto
alejarse". La ascensión nos invita a mirar a lo alto
y elevar el corazón, pero no permite que nos quedemos en la
añoranza de otros tiempos.
Hoy la Iglesia pone en nuestros labios esta oración: "Señor
Jesús, Tú que por el camino del amor descendiste hasta nosotros,
haz que nosotros, por ese mismo camino, ascendamos a Ti".
Hay una misión que cumplir y un testimonio que dar: hemos
de llevar .a todas partes la Buena Nueva del Reino, pero no
podemos olvidar que para construir el Reino de Dios, hemos
de tener en Dios el corazón.
Cuando el camino es muy accidentado, nos hace poner en él toda
nuestra atención. No nos permite mirar a lo alto. Si estamos
cargados de muchos problemas, tenemos la tentación de centrar
en ellos nuestra vida y para nada mirar a Dios. Algo parecido
le pasó a San Juan. Diego con la Virgen. Tenía una gran preocupación
en su corazón: el tío Juan Bernardino estaba gravemente enfermo.
Por ello decidió no pasar por el lugar donde la Virgen se
le había aparecido, para- no entretenerse y poder atender
la pena que le embargaba. "Se imaginaba que por dar allí
la vuelta no iba a vedo Aquella cuyo amor hace que absolutamente
y siempre nos esté cuidando".
La Virgen le salió al encuentro y, luego de escuchar sus penas,
le dijo: "¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?".
Esas palabras de la Virgen han quedado en el corazón de cada
uno de nosotros. Por eso, las preocupaciones no nos hacen
darle la vuelta, sino encaminamos a ella, para que ella nos
guíe a su Hijo y ponga en sus manos aquello que nos preocupa
e inquieta.
Este año nuestro corazón tiene grandes temores y preocupaciones.
Nos hace miedo la temporada de lluvias y queremos pedir que
sea un buen tiempo, de bendición y no de desastres.
Que no falte el agua a los campos para que las cosechas den
a todos lo necesario para vivir, y los manantiales nos sigan
ofreciendo suficiente agua para beber. Junto con nuestra petición,
la Virgen reciba nuestro compromiso de cuidar el medio ambiente.
A los niños de Primera Comunión han de plantar dos árboles
y cinco los jóvenes que reciban la Confirmación, muchos podemos
plantar siquiera uno. Ya es buen tiempo. No dejemos de hacerlo.
Con la temporada de lluvias, ya presente desde hace algunas
semanas, lo realizado hasta ahora de las obras de reconstrucción
no hace tranquilidad.
Es necesario un esfuerzo mayor de quienes están a cargo y cuidado
de esas obras, para que puedan ser realizadas en el tiempo
prometido. Encomendamos a la Virgen los cauces de los ríos, las casas
que habitamos y por construir y caminos que reparar. Ella
nos ayude a recobrar la confianza y reconstruir por caminos
de justicia y de paz.
Nos duele la situación de nuestro pueblo en el extranjero y
que no se reconozcan plenamente los derechos de los ilegales
a un trabajo justo. Reconocemos, sin embargo, los avances
logrados y esperamos que se consoliden. Pero nos da pena el
trato sufren muchos extranjeros que pasan por nuestros pueblos,
camino al norte.
En estos días difíciles, recurrimos a la Virgen y le pedimos
la gracia de ser la familia que ella quiere, una familia en
la que los más pequeños y pobres se sientan fraternamente
protegidos y apoyados. Tal vez no podamos darles todo 10 que
quisiéramos, pero sí podemos comprometemos a no abusar de
ellos.
También hemos de poner nuestra mano y empeñar nuestro esfuerzo
en proteger nuestros hogares y nuestras ciudades de las drogas,
de su comercio y de su consumo, y de la violencia que surge
de todo eso. Apoyemos con algo que está al alcance de todos:
en nuestro corazón y en nuestros labios el rechazo 'rápido
y firme de cualquier droga, porque es semilla de muerte.
Ponemos en el corazón de nuestra Madre de Guadalupe el momento
electoral que estamos viviendo, en el País y en nuestro Estado.
Ella nos dijo que quería ser la Madre de todos los moradores
de estas tierras, e hizo el milagro de que en su rostro pudiéramos
vemos lo mismo el indígena, que el español y el mestizo. Quiere
que todos sus hijos vivamos unidos. Le pedimos que nos ayude
a mantenemos hermanos, que la contienda electoral no se convierta
en confrontación que nos divida, sin caer en extremismos violentos
respetar la pluralidad de opciones y el justo resultado de
la opinión mayoritaria.
En estos tiempos es grande la tentación de pasar los días como
vagabundos. La Virgen nos conceda vivir como peregrinos a
la Casa del Padre. El vagabundo es un hombre desorientado,
a quien lo mismo da un camino u otro, porque va a ninguna
parte. El peregrino sabe bien a dónde va y allá dirige sus
pasos, ve desde lejos y ama el lugar al que se encamina. Sus
pasos pueden ser cansados, pero camina seguro. Nuestro Camino
es Jesús, que está a la derecha del Padre, se encuentra en
medio de nosotros y recibiremos en la Eucaristía. Es el único
que puede llevamos a Casa del Padre.
La mirada y la voz de Nuestra Madre, la Santísima. Virgen de
Guadalupe, hacen que renazca en nosotros la esperanza. Nos
reconforta para volver a nuestra casa y a nuestro trabajo
con nuevo impulso... Como a San Juan Diego nos dice: "Ya
has oído, hijo mío, el más amado, mi aliento, mi palabra.
¡Ojala aceptes ir y tengas la bondad de poner todo tu esfuerzo",
En nuestra boca esté también su respuesta: "Señora mía,
mi Niña, ciertamente ya voy para poner por obra tu venerable
aliento, tu amada palabra. Por ahora de ti me despido, yo,
tu humilde servidor".