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Consagración de la Diócesis de Orizaba
a Santa María de Guadalupe

Año Guadalupano 2006

Cantemos alabanzas a nuestro Dios por quien se vive, Padre de las misericordias, que en Santa María de Guadalupe nos ha enviado a la Madre de su Hijo Jesucristo, en forma de nuestra raza, para irrumpir en la vida del nuevo mundo, con la fuerza del Espíritu Santo Paráclito que transforma lo árido en un jardín florido y perfumado.

Madre y Niña nuestra, te cantamos y te veneramos, como la aurora de la mañana que anuncia la esperanza de un nuevo día que el Señor nos concede. Así, Madre santísima, te contemplamos todos los integrantes de nuestra querida Diócesis de Orizaba al cumplir seis años de nuestra historia diocesana. En nuestro breve caminar, hemos recibido muchas inspiraciones divinas, múltiples luces que nos han permitido poner los cimientos de una nueva iglesia diocesana. Sin embargo, también hemos sido testigos de muchos sufrimientos y angustias: personas que viven confundidas, cansadas y agobiadas; hombres y mujeres que ante la tibieza de su fe, hacen naufragar la barca de su propia vida; familias que ante el desamor y la desunión arrastran a los hijos al vacío; jóvenes que sucumben ante las propuestas de un mundo fácil; niños que ante la falta de afecto y de testimonio caminan en distintas obscuridades; minorías e indígenas que en un mundo materialista se consumen y se pierden; desigualdades, injusticias y falta de oportunidades que provocan la desintegración de las comunidades.

Por eso, Madre bendita de Guadalupe, hoy hemos venido a consagrarte nuestra querida Diócesis de Orizaba con la inmensa confianza que nos ofrecen las palabras que dirigiste a nuestro humilde hermano San Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿No 'estás bajo mi regazo?, ¿No estás a la sombra de mi Manto?

ORACION DE CONSAGRACIÓN

¡Oh Virgen Santísima de Guadalupe" Madre del Verdadero Dios por quien se vive y Madre nuestra!
Hoy hemos venido a postrarnos a tus pies para consagrar A tu maternal amor nuestra amada Iglesia Diocesana de Orizaba. Queremos entregarnos a ti para que nos lleves a tu Hijo Jesucristo.

"Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores". Te encomendamos, Madre, a los más débiles: a los niños que no han nacido, a los que han nacido en medio de la pobreza y del sufrimiento, a los jóvenes que buscan sentido para su vida, a los que no han tenido oportunidad de estudiar, a los que no tienen trabajo, a los migrantes, a los indígenas y a los que padecen de hambre y enfermedad. Te encomendamos a las familias desunidas, a los ancianos que carecen de asistencia y a cuantos están solos y sin esperanza.

Te encomendamos a nuestros Presbíteros y Diáconos para que sean fieles en el ministerio que se les ha encomendado, a nuestro Seminario para que los jóvenes que ahí se formen sigan fielmente su vocación y lleguen a ser sacerdotes santos.

Te encomendamos a todos los Religiosos y Religiosas para que nos sigan dando testimonio de una entrega total a tu Hijo Jesucristo por la vivencia comprometida de sus votos, por la oración y por su colaboración en la extensión del Reino de Dios.

Te encomendamos a todos nuestros hermanos Laicos y Laicas, gobernantes y autoridades civiles, campesinos y comerciantes, empresarios y empleados para que bendigas sus matrimonios y familias, para que les concedas evangelizar con su testimonio y con su palabra los ambientes del trabajo, la educación, la cultura y la política.

Te encomendamos nuestro Plan diocesano de pastoral para que en unión y participación, todos nosotros, Pueblo de Dios, colaboremos fervorosamente en la Nueva Evangelización y construyamos una Iglesia que responda a las necesidades de nuestro tiempo.

Te encomendamos, finalmente, a nuestro Obispo, Pastor de nuestra Iglesia diocesana de Orizaba, para que en comunión con el Papa Benedicto XVI y con los demás Obispos sea una fiel imagen de tu Hijo amado Jesucristo, el único Buen Pastor de nuestras vidas. AMÉN.

+Hipólito Reyes Larios
Obispo de Orizaba

 
 
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