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PEREGRINACIÓN DE LA DIÓCESIS DE CORDOBA
A LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Homilía de Mons. Eduardo P. Patiño Leal, Obispo de Córdoba.


21 de Junio 2006
Acción de gracias por el 6° Aniversario de la Erección de la
Diócesis de Córdoba
TEPEYAC, México, D.F.

 

Hermanos y hermanas todos en el Señor:

Nuestra Madre María de Guadalupe, como cada año, nos reúne una vez más como familia diocesana de Córdoba.  Venimos a visitar su santuario del Tepeyac en donde todos nos sentimos en casa y estrechamos nuestra fraternidad en Cristo.

Renovar nuestra consagración bautismal

Venimos en peregrinación.   Nos hemos trasladado, peregrinamos juntos de cada una de las comunidades parroquiales de nuestra Diócesis.  Nuestra peregrinación ha de ser más de nuestros corazones, que de nuestros pies.   Al presentarnos ante su bendita imagen, Ella, la Madre de Dios por quien se vive, nos invita a mirarnos en tan bello espejo, para adentrarnos en nosotros mismos y preguntarnos si como ella, nos hemos acabado de enamorar de su divino Hijo, si nos hemos dejado salvar por El.  Al visitarla en su casa, ¡qué más desearía María, si no ayudarnos a decidirnos todos por fortalecer nuestra condición de bautizados y confirmados.   Como en la escena de Pentecostés, ella ora por nosotros para que el Espíritu Santo, nos unja cada mañana, reavivando nuestra conciencia de hijos y nos haga comenzar nuestro día – nuestros proyectos y nuestras empresas -  exclamando “Abba” Padre.  María quiere ver reflejada en cada uno de nosotros la imagen de su Hijo.

María nos trae a Cristo su Hijo.

María como nuestra primera evangelizadora, nos traía a Cristo.  Según la traducción de las narraciones de las apariciones en el texto nahuatl del Nican Mopohua, se presenta María con estas palabras: "Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada. En donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación. [1]

María nos ama “todos a una”:

Como hace 475 años María encontraba a un pueblo compuesto por multiplicidad de etnias y condiciones sociales, un pueblo con diferencias y conflictos, y quería hacer de todos ellos una sola familia, también hoy, percibimos un México multifacético, enfrentado a través de encuentros y desencuentros, como queriendo dar a luz una humanidad más justa, equitativa y compartida.  Sus palabras nos llaman a la participación y a la unidad, para dar a luz a un México más maduro en su democracia en su bienestar y en la concordia.

Recordemos su mensaje a San Juan Diego: “Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, Tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.”

Hoy ponemos a los pies de la Virgen los anhelos de los mexicanos por tener una patria más justa y más unida y oramos para que las próximas elecciones del 2 de Julio se desarrollen en medio de una abundante participación y concordia.  Pedimos para que Dios nos ilumine a escoger con sabiduría y madurez a quienes deberán conducir a nuestra nación.  Ya desde ahora asumimos nuestro compromiso de participar con nuestro voto personal, libre y secreto, ya que para ser buenos cristianos, debemos ser buenos ciudadanos.

Nueva Evangelización del Plan Diocesano de pastoral

Encomendamos también a nuestra Madre de Guadalupe, el desarrollo de nuestro Plan diocesano de Pastoral, diseñado para favorecer un nueva evangelización.  El querido siervo de Dios, el papa Juan Pablo II nos hizo repetidos llamados a esta nueva Evangelización, “todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: « ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! » (1 Co 9,16). (NMI 40)

Y es que de cara a la situación actual de nuestras familias, los niños y jóvenes, los ancianos y adultos urge que emprendamos con entusiasmo un nuevo dinamismo en el que todos colaboremos para anunciar el Evangelio y hacer de Cristo el centro de nuestra vida.  

Centrar toda nuestra vida y pastoral en Cristo.

Hace unos días, el pasado 15 de mayo, el Papa Benedicto XVI nos invitaba a centrarnos en el amor de Dios manifestado en Cristo.  “En efecto, - decía - como escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II, "junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así - y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador - sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la civilización del  Corazón de Cristo".[2]

En esta solemne peregrinación diocesana, quiero invitarlos a que después de que comulguemos con el Cuerpo y la Sangre del Señor, renovemos nuestro amor a El y consagremos juntos, - obispo, presbíteros, religiosas, seminaristas y laicos – nuestra diócesis de Córdoba, que está iniciando ya su séptimo año de existencia.

Que sea Jesús en su amor misericordioso quien bendiga la existencia y las causas de todos.  Seguramente muchos de ustedes vienen a pedir por sus familias, sus enfermos, los que tienen problemas económicos o falta de trabajo, otros encomiendan a un familiar que ha tenido que migrar, y tantas otras urgencias.   Que Jesús fortalezca la fe y la esperanza de nuestras familias y aliente la caridad entre todos nosotros.

Queremos pedir a Jesús que sea el centro de la vida de mis hermanos sacerdotes, que entregados a ustedes en el ministerio, les toca soportar el peso del día y del calor, o el frío y el cuidado de cada comunidad.    Oremos por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.

En comunión con María de Guadalupe, encomendemos a nuestros seminaristas y la próxima construcción de nuestro Seminario del Buen Pastor en Córdoba.  Al consagrarnos al amor de Dios manifestado en Jesucristo, la Virgen María será la estrella que habrá de apuntarnos el camino hacia la nueva evangelización y podremos beber todos de las fuentes de la salvación. Beberemos de esa vida que brotó del costado abierto de Cristo en la Cruz.  Y así nosotros podremos convertirnos para cuantos nos rodean, según la promesa de Jesús, en manantiales que saltan hasta la vida eterna.

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QUIERO APROVECHAR ESTE ENCUENTRO DIOCESANO

PARA ANUNCIARLES ALGUNOS ASUNTOS DE INTERES PARA TODOS

 

SEMINARIO

Los planes de construcción de nuestro Seminario.

El 1° de agosto próximo, se presentarán al Consejo Presbiteral y al Patronato del Seminario los planos de los primeros edificios.  Con las sugerencias se afinarán y complementarán estos proyectos.  Y Dios mediante, el primer domingo de septiembre, (3 de Septiembre de 2006) – tendremos la Misa para bendecir la Primera Piedra e inicio de las misas mensuales que se tendrá cada primer domingo de mes.

ENCOMIENDAS PASTORALES

Para favorecer relevos en las comunidades parroquiales, he decidido hacer nuevos nombramientos, y los invito a orar para que los sacerdotes con nuevo destino pastoral se sientan apoyados por todos nosotros:

1.       El P. Pablo Mora Castro estudiará Teología Pastoral en la U.P.M.

2.       El P. Juan Martín Zanatta asumirá el encargo de párroco de San Miguel Arcángel.

3.       El P. Antonino Ameca será el nuevo párroco de la Parroquia del B. Rafael Guízar y me ayudará a supervisar y promover las obras de construcción de nuestro Seminario en el terreno del Barreal.

4.       Felicitamos al P. Arturo Valentín Cisneros por haber terminado los estudios de la licenciatura en Derecho Canónico. El P. Arturo asumirá la parroquia de San Lorenzo en Yanga y colaborará en la Instructoría para las causas matrimoniales.
 

PEQUEÑO SIGNO DE LA CARIDAD DIOCESANA

Agradezco la generosidad de los que aportaron en la colecta del Miércoles de Ceniza de este año 2006, recabándose un total de $ 142, 499.50.  Ya fue entregada una mitad a la diócesis de Tapachula, para apoyar fraternalmente a los damnificados por el huracán Stan, y la otra mitad se ha destinado para el fondo de apoyo diocesano en Cáritas y Dispensario de la Inmaculada, en medicinas para los infectados del VIH-SIDA.  Dios les recompense y nos permita tener la dicha de seguir ayudando a los más necesitados.

 


[1] (Nican Mopohua, traducción del P. Mario Rojas, 1978).

[2] (Carta de Juan Pablo II al prepósito general de la Compañía de Jesús, 5 de octubre de 1986).

 

 
 
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