Nuestra Madre María de Guadalupe, como
cada año, nos reúne una vez más como familia diocesana de
Córdoba. Venimos a visitar su santuario del Tepeyac en
donde todos nos sentimos en casa y estrechamos nuestra fraternidad
en Cristo.
Renovar nuestra consagración bautismal
Venimos en peregrinación. Nos hemos
trasladado, peregrinamos juntos de cada una de las comunidades
parroquiales de nuestra Diócesis. Nuestra peregrinación
ha de ser más de nuestros corazones, que de nuestros pies.
Al presentarnos ante su bendita imagen, Ella, la Madre de
Dios por quien se vive, nos invita a mirarnos en tan bello
espejo, para adentrarnos en nosotros mismos y preguntarnos
si como ella, nos hemos acabado de enamorar de su divino
Hijo, si nos hemos dejado salvar por El. Al visitarla en
su casa, ¡qué más desearía María, si no ayudarnos a decidirnos
todos por fortalecer nuestra condición de bautizados y confirmados.
Como en la escena de Pentecostés, ella ora por nosotros
para que el Espíritu Santo, nos unja cada mañana, reavivando
nuestra conciencia de hijos y nos haga comenzar nuestro
día – nuestros proyectos y nuestras empresas - exclamando
“Abba” Padre. María quiere ver reflejada en cada uno de
nosotros la imagen de su Hijo.
María nos trae a Cristo su Hijo.
María como nuestra primera evangelizadora, nos traía a Cristo.
Según la traducción de las narraciones de las apariciones
en el texto nahuatl del Nican Mopohua, se presenta María
con estas palabras: "Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo
soy la perfecta siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo
Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño
de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo,
el dueño de la tierra, mucho deseo que aquí me levanten
mi casita sagrada. En donde lo mostraré, lo ensalzaré
al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes
en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi
auxilio, en mi salvación.
María nos ama “todos a una”:
Como hace 475 años María encontraba
a un pueblo compuesto por multiplicidad de etnias y condiciones
sociales, un pueblo con diferencias y conflictos, y quería
hacer de todos ellos una sola familia, también hoy, percibimos
un México multifacético, enfrentado a través de encuentros
y desencuentros, como queriendo dar a luz una humanidad
más justa, equitativa y compartida. Sus palabras nos llaman
a la participación y a la unidad, para dar a luz a un México
más maduro en su democracia en su bienestar y en la concordia.
Recordemos su mensaje a San Juan Diego:
“Porque yo en verdad soy vuestra
madre compasiva, Tuya y de todos los hombres que en esta
tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes
de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que
me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé
su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus
diferentes penas, sus miserias, sus dolores.”
Hoy ponemos a los pies de la Virgen los anhelos
de los mexicanos por tener una patria más justa y más unida
y oramos para que las próximas elecciones del 2 de Julio
se desarrollen en medio de una abundante participación y
concordia. Pedimos para que Dios nos ilumine a escoger
con sabiduría y madurez a quienes deberán conducir a nuestra
nación. Ya desde ahora asumimos nuestro compromiso de participar
con nuestro voto personal, libre y secreto, ya que para
ser buenos cristianos, debemos ser buenos ciudadanos.
Nueva Evangelización del Plan Diocesano
de pastoral
Encomendamos también a nuestra Madre de Guadalupe,
el desarrollo de nuestro Plan diocesano de Pastoral, diseñado
para favorecer un nueva evangelización. El querido siervo de Dios, el papa
Juan Pablo II nos hizo repetidos llamados a esta nueva Evangelización,
“todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros
el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el
ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés.
Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de
Pablo, que exclamaba: « ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!
» (1 Co 9,16). (NMI 40)
Y es que de cara a la situación actual de
nuestras familias, los niños y jóvenes, los ancianos y adultos
urge que emprendamos con entusiasmo un nuevo dinamismo en
el que todos colaboremos para anunciar el Evangelio y hacer
de Cristo el centro de nuestra vida.
Centrar toda nuestra vida y pastoral
en Cristo.
Hace unos días, el pasado 15 de mayo,
el Papa Benedicto XVI nos invitaba a centrarnos en el amor
de Dios manifestado en Cristo. “En efecto, - decía - como
escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II, "junto
al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer
el sentido verdadero y único de su vida y de su destino,
a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana,
a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir
el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así -
y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón
del Salvador - sobre las ruinas acumuladas por el odio y
la violencia, se podrá construir la civilización del Corazón
de Cristo".
En esta solemne peregrinación diocesana,
quiero invitarlos a que después de que comulguemos con el
Cuerpo y la Sangre del Señor, renovemos nuestro amor a El
y consagremos juntos, - obispo, presbíteros, religiosas,
seminaristas y laicos – nuestra diócesis de Córdoba, que
está iniciando ya su séptimo año de existencia.
Que sea Jesús en su amor misericordioso
quien bendiga la existencia y las causas de todos. Seguramente
muchos de ustedes vienen a pedir por sus familias, sus enfermos,
los que tienen problemas económicos o falta de trabajo,
otros encomiendan a un familiar que ha tenido que migrar,
y tantas otras urgencias. Que Jesús fortalezca la fe y
la esperanza de nuestras familias y aliente la caridad entre
todos nosotros.
Queremos pedir a Jesús que sea el centro
de la vida de mis hermanos sacerdotes, que entregados a
ustedes en el ministerio, les toca soportar el peso del
día y del calor, o el frío y el cuidado de cada comunidad.
Oremos por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.
En comunión con María de Guadalupe,
encomendemos a nuestros seminaristas y la próxima construcción
de nuestro Seminario del Buen Pastor en Córdoba. Al consagrarnos
al amor de Dios manifestado en Jesucristo, la Virgen María
será la estrella que habrá de apuntarnos el camino hacia
la nueva evangelización y podremos beber todos de las fuentes
de la salvación. Beberemos de esa vida que brotó del costado
abierto de Cristo en la Cruz. Y así nosotros podremos convertirnos
para cuantos nos rodean, según la promesa de Jesús, en manantiales
que saltan hasta la vida eterna.
---
+++ ---
QUIERO APROVECHAR ESTE ENCUENTRO DIOCESANO
PARA ANUNCIARLES ALGUNOS ASUNTOS DE
INTERES PARA TODOS
SEMINARIO
Los planes de construcción de nuestro
Seminario.
El 1° de agosto próximo, se presentarán
al Consejo Presbiteral y al Patronato del Seminario los
planos de los primeros edificios. Con las sugerencias se
afinarán y complementarán estos proyectos. Y Dios mediante,
el primer domingo de septiembre, (3 de Septiembre de 2006)
– tendremos la Misa para bendecir la Primera Piedra e inicio
de las misas mensuales que se tendrá cada primer domingo
de mes.
ENCOMIENDAS PASTORALES
Para favorecer relevos en las comunidades
parroquiales, he decidido hacer nuevos nombramientos, y
los invito a orar para que los sacerdotes con nuevo destino
pastoral se sientan apoyados por todos nosotros:
1. El P. Pablo Mora Castro
estudiará Teología Pastoral en la U.P.M.
2. El P. Juan Martín Zanatta
asumirá el encargo de párroco de San Miguel Arcángel.
3. El P. Antonino Ameca será
el nuevo párroco de la Parroquia del B. Rafael Guízar y
me ayudará a supervisar y promover las obras de construcción
de nuestro Seminario en el terreno del Barreal.
4. Felicitamos al P. Arturo
Valentín Cisneros por haber terminado los estudios de la
licenciatura en Derecho Canónico. El P. Arturo asumirá la
parroquia de San Lorenzo en Yanga y colaborará en la Instructoría
para las causas matrimoniales.
PEQUEÑO SIGNO DE LA CARIDAD DIOCESANA
Agradezco la generosidad de los que
aportaron en la colecta del Miércoles de Ceniza de este
año 2006, recabándose un total de $ 142, 499.50. Ya fue
entregada una mitad a la diócesis de Tapachula, para apoyar
fraternalmente a los damnificados por el huracán Stan, y
la otra mitad se ha destinado para el fondo de apoyo diocesano
en Cáritas y Dispensario de la Inmaculada, en medicinas
para los infectados del VIH-SIDA. Dios les recompense y
nos permita tener la dicha de seguir ayudando a los más
necesitados.
(Nican Mopohua, traducción del P. Mario Rojas, 1978).