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Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Amezcua Melgoza,
Obispo de Colima, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Colima a la Basílica de Guadalupe.

19 de octubre de 2006

"¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa del Señor!" (Salmo 122,1)

1.- NUESTRA PEREGRINACIÓN A LA BASÍLICA DE GUADALUPE

Una vez más, como todos años y desde tiempo inmemorial, los cristianos de la Diócesis de Calima hemos peregrinado a este Santuario Mariano Nacional, para postrarnos a los pies de la milagrosa imagen de Nuestro Señora de Guadalupe, y rendirle el culto de veneración especial que merece la siempre Virgen María, "Madre del verdadero Dios por quien se vive, del Creador cabe quien está todo, del Señor del cielo y de la tierra" (Nican Mopohua). Para su servidor, es motivo de gran alegría presidir por segunda vez, como Obispo de la amada Diócesis de Calima, esta numerosa, entusiasta y devota Peregrinación anual, que tradicionalmente se realiza el tercer jueves del mes de octubre.

¿Por qué esta peregrinación? Nosotros amamos las peregrinaciones a los santuarios de Cristo, de la Virgen y de los Santos, que son de las expresiones más especiales de la religiosidad popular, tan profundamente enraizada en nuestras comunidades. En las peregrinaciones celebramos el gozo de sentirnos inmersos en una multitud de hermanos, caminando hacía el Dios que nos espera.

Este gesto constituye un signo espléndido de la Iglesia concebida como Familia y Pueblo de Dios, peregrino a través de la historia, que avanza hacia la Jerusalén celestial, hacia la comunión íntima, plena y definitiva con Dios, que es la Vida eterna.

Los cristianos somos peregrinos, pero también somos testigos; por eso nuestra actitud es de reposo y alegría por lo que ya somos y poseemos por la fe en la Iglesia, de gran esperanza por lo que aún nos falta y de tranquila seguridad en nuestro camino, que es el ancho camino común del Pueblo de Dios, ya abierto y recorrido por Jesucristo, "camino, verdad y vida", por la Santísima Virgen Maria y los Santos, entre ellos San Juan Diego, San Felipe de Jesús, San Miguel de la Mora y San Rafael Guízar y Valencia, obispo mexicano, canonizado por Su Santidad Benedicto XVI el domingo pasado.

Por eso hoy le decimos a la Virgen María: 'Madre y Señora de Guadalupe, aquí estamos tus hijos de Colima. Hemos venido en peregrinación hacia tu Casa regia para ofrecerte nuestro amor, para pedirte que cuides siempre de nosotros, y sobre todo para que tú, como gran signo del rostro maternal y misericordioso de Dios Padre, nos conduzcas a tu Hijo Jesucristo, y nos ayudes a tener un encuentro permanente con El, que sea el punto de partida de un auténtico proceso de conversión, de comunión y de solidaridad en nuestra Diócesis, en cada una de sus Comunidades, en todas sus familias y en cada uno de sus miembros.

¡Que esta expresión de religiosidad popular nos lleve de verdad a un compromiso sincero de conversión a su Evangelio, de comunión amorosa y vital con Jesucristo a través de su Palabra y los Sacramentos y a una experiencia concreta de caridad para con todos nuestros hermanos, preferentemente con los pobres y "pequeños"!

2.- COMO PREPARACIÓN DEL 4750 ANIVERSARIO DEL MILAGRO DEL TEPEYAC

Según el "Nican Mopohua", la narración más antigua de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego, escrita en náhuatl por Antonio Valeriano y traducida al español por Primo Feliciano Velásquez, el martes 12 de diciembre de 1531 tuvo lugar la cuarta aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, en tres tiempos. 1) La Virgen sale al encuentro de Juan Diego, lo tranquiliza de la enfermedad de su tío Juan Bernardino y lo envía a la cumbre por las rosas que serán la prueba y señal que le había pedido el Señor Obispo fray Juan de Zumárraga.

La Virgen le dice: "Hijito queridísimo: estas diferentes flores son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo. De parte mía le dirás que por favor vea por mi deseo de que en el llano me edifique un templo, y con eso ejecute mi voluntad". 2) Al mismo tiempo la Virgen se aparece al tío del vidente, Juan Bernardino, le cura de sus enfermedades, le manifiesta su nombre y pide que de ahora en adelante a su preciosa imagen se le llame la "siempre Virgen Santa María de Guadalupe". 3) En la casa del Obispo fray Juan de Zumárraga, Juan Diego muestra las rosas que llevaba en el ayate; y al tiempo que se esparcieron las diferentes rosas preciosas, apareció de improviso en el humilde ayate la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de verla y venerarla en este su hogar predilecto, su Basílica del Tepeyac.

Por eso, hoy y aquí, a nosotros, sus Juan Dieguitos de Colima, la "siempre Virgen Santa María de Guadalupe" nos repite las mismas tiernas y consoladoras palabras de hace 475 años: "No se turbe vuestro corazón, no temáis alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy vuestra Madre? ¿No estáis bajo mi sombra? ¿No soy yo vuestra salud? ¿No estáis por ventura en mi regazo?..."

En este contexto de preparación para la celebración del 475 o aniversario del hecho y mensaje guadalupano, quiero recordarles mi Decreto del pasado 31 de agosto, por el que concedo a todos mis hermanos diocesanos la Indulgencia Plenaria y otras Indulgencias parciales, dentro del período de septiembre a diciembre del presente año, cumpliendo los requisitos prescritos y realizando las obras buenas allí indicadas.

Es preciso tener en cuenta, como digo en mi decreto, que "las indulgencias no sólo ayudan a la remisión de la pena temporal debida a los pecados ya perdonados en cuanto a su culpa, sino que también nos animan a cumplir actos de piedad, de penitencia y de caridad, y que, lejos de ser un tipo de "descuento" al compromiso de conversión, son más bien una ayuda para un compromiso más generoso y radical" de vivencia de nuestra fe cristiana.         

3.- HACIA LA V CONFERENCIA GENERAL DE OBISPOS DE AMERICA LATINA y DEL CARIBE

Lo anterior tiene relación con la V Asamblea de los Obispos de América Latina y del Caribe, a celebrarse en mayo de 2007, en el Santuario Mariano de Aparecida, Brasil, y que será inaugurada por Su Santidad Benedicto XVI.

El tema de este V Conferencia Episcopal: "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en El tengan vida. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6), "nos brinda una nueva oportunidad para reflexionar sobre la profundidad de nuestro encuentro con Jesucristo Vivo, y para preguntarnos en nuestras comunidades sobre la transformación de nuestra vida que el Espíritu del Señor ha obrado en nosotros por' el encuentro con Jesús, sobre la coherencia de nuestra vida cristiana y la autenticidad de nuestra vida cristiana, y sobre la intensidad de nuestro ardor misionero, examinándonos si anunciamos y damos testimonio de Aquel que es el Camino y la Vida a quienes están lejos de El o aún no lo conocen, si bien lo buscan" (Doc. de Partipación, 43),

De hoy en adelante, hasta la celebración de esta V Conferencia, y posteriormente cuando ya tengamos el Documento conclusivo, tendremos que reflexionar mucho sobre nuestra condición de discípulos y misioneros como miembros de la Iglesia de Jesús, para llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús en comunión eclesial.

San Mateo nos presenta a la Iglesia como el discipulado universal de Jesús; esto quiere decir que el ser discípulos de Jesús es la condición básica de nuestro ser cristiano y eclesial.

Los discípulos de Jesús, a diferencia de las demás personas relacionadas con Jesús y que aparecen en los Evangelios, se definen por una serie de características, siendo tres las principales:

  • En primer lugar, los discípulos son llamados por Jesús (Mc 3,13), para recibir sus enseñanzas (Mt 8,19; 12,38), para acompañarle (Mt 12,1) Y para ser iniciados en los misterios del Reino de Dios (Mt 13,11).

  • Pero lo esencial de los discípulos es el seguimiento de Jesús (Mc 3,13),.. Que significa vivir como El, asumir sus pensamientos, actitudes y principios de acción, caminar tras El sin reservas y estas dispuestos a cualquier tipo de renuncia por El y por su causa (Mt 10,38; 11,28-30; 16,24), incluso hasta llegar a la muerte (Me  8,34 s.).
  • Como seguidores de Jesús, los discípulos participan en su misión y están destinados a ser los trabajadores en la cosecha que ha comenzado con la acción de Jesús (Mt 9,35-10,42). Son sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5,13-16) y están instruidos para el Reino de los cielos (Mt 13,52). El mismo Reino de Dios será la recompensa para aquellos que le sigan (Mc 10,29--30).

La Virgen María, como Madre del Salvador, fue, "ante todo, la primera y más perfecta discípula que desde la Encarnación grabó en su corazón el Evangelio (cf. Lc 2,19).

Como Madre nuestra nos enseña a encontrar a Jesucristo y a convertimos a El, y a ser discípulos de tal manera asemejados a Jesucristo, que también nosotros lleguemos a ser, en Jesucristo, Evangelio vivo del Padre" (Doc. Partic. 64, d. 65).

Encomendamos desde ahora a la Santísima Virgen María de Guadalupe todos nuestros trabajos en orden a la formación de auténticos discípulos de Jesús y para una verdadera espiritualidad y pastoral del discipulado en nuestra Diócesis de Calima, ya que"Dios quiso valerse de la aparición de la Virgen de Guadalupe, de su maternidad, su amor personal y su mirada compasiva, para abrir las puertas del corazón de los pueblos autóctonos a Jesucristo, Buena Noticia del Padre para su vida" (Doc. Partic., 23).

¡Que Jesucristo nuestro Señor y su santísima Madre nos bendigan siempre y nos concedan las gracias que necesitemos para ser personas de bien, mejores ciudadanos y, sobre todo, verdaderos cristianos y miembros de la Iglesia, llamados a ser discípulos y misioneros en el hoy y aquí de la salvación!

Muchas gracias por haber participado en esta peregrinación, y que todos regresen con bien a sus familias y comunidades.

 
 
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