María Discípula y Misionera
"Muy
de mañana se encaminó María hacia las montañas de Judea
para visitar a su prima...". Desde el momento en que María vive su encuentro ron Jesucristo
al acogerlo como Palabra de Dios anunciada por el Ángel,
bajo la acción del Espíritu Santo, comienza una nueva etapa
en su vida.
Ella, adherida profundamente a su Hijo que lleva en su seno,
al mismo tiempo comparte el gozo del Espíritu a quien será
Precursor. Educa a Jesús a lo largo de su crecimiento, “guardando
en su corazón” todas las cosas que se refieren al Único
que tiene “Palabra de Vida Eterna”, y ha venido a
realizar" las cosas de mi Padre”'.
Más adelante estará presente en su camino misionero, cercana
para el anuncio de la Buena Nueva en la Sinagoga de Nazaret,
donde se había criado. Y así lo contempla mientras elige
a sus discípulos y los va educando; de manera especial aparece
en las bodas de Caná, en donde Ella interviene: “hagan
lo que Él les diga”. Está “de pie junto a la Cruz”,
uniéndose al misterio de dolor, esperando obediente
la voluntad de su Hijo, en la esperanza de la vida eterna;
ahí recibe como hijo al Discípulo Sacerdote y, en él, a
todos nosotros; su nueva Misión.
María es el rostro de la Iglesia peregrina, misionera, evangelizadora
que, formando parte de ella, se une a los discípulos de
su Hijo primero, y luego misioneros hasta aquellos que llegaron
a nuestras tierras, y sigue acompañándonos en nuestros días,
en la Historia que vamos construyendo con la esperanza de
la Salvación.
Y precisamente hace ya 475 años viene al encuentro de un indio
bueno apenas convertido. Cuauhtlatoatzin, que vive la transición
de fe basada en la Antigua Palabra de los mayores, que se
abría misteriosamente al encuentro con el Verdadero Dios
por Quien se vive.
Las Semillas del Verbo estaban latentes en la búsqueda bien
intencionada de los moradores de estas tierras, nuestros
antepasados. De manera especial Cuauhtlatoatzin representa
a aquellos que buscan a Dios con sincero corazón.
En continuidad con esta actitud se abre a la Palabra y es
asiduo a la enseñanza de los sacerdotes porque quiere ciertamente
hacerse discípulo del verdadero y único Maestro.
Nuestra Historia Reciente
El Señor Arzobispo don Felipe de Jesús Cueto y el Señor Obispo
don Manuel Samaniego, mis Ilustres antecesores, fueron marcando
al inicio un camino lleno de aventura, con el apoyo de magníficos
sacerdotes, religiosos, religiosas y muchos laicos. Invito
a que agradezcamos a ellos, algunos presentes, su trabajo
en estas diócesis. Elevamos nuestra oración a Cristo Pastor
de nuestras almas por estos Señores Obispos para que Él
los acoja en su misericordia.
Hoy hace un año la Providencia Divina me encomendó el cuidado
pastoral de esta amada Diócesis de Cuautitlán. Desde el
primer momento, mientras agradecía a Dios, oraba por cada
uno de ustedes con quienes he querido vivir la comunión
que permita, antes que nada, ser signo de la Iglesia comunión
y misión, formadora de maestros y de discípulos de Cristo.
El acercamiento al documento de Participación para la V Conferencia
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe nos permitió
tener un camino común que nos acercara a un trabajo conjunto
tanto a sacerdotes, como fieles laicos, religiosos y religiosas.
Este marco nos permitió tomar conciencia de una nueva etapa
en nuestra Diócesis. Así comenzamos por definir los territorios
parroquia les. Iniciamos el acercamiento entre parroquias
para conformar los Decanatos, espacio de comunicación, cercanía
y operatividad para la Pastoral de Conjunto.
Caminado Permanente
El fin primero, crecer en la fraternidad y comunión sacerdotal
y el bien de los fieles, nos permitirá continuar, bajo la
acción del Espíritu, nuestro camino en el horizonte de la
Gran Misión Diocesana, siguiendo los pasos de San Juan Diego,
el discípulo de la Dulce Señora del Cielo. Iniciaremos el
Año litúrgico unidos a toda la humanidad que espera al Dios
vivo. Las fiestas propias de estos días, en el contexto
del Tiempo de Adviento, son el cauce natural para una primera
etapa.
María, en su Inmaculada Concepción y Guadalupe, nos Invita
a contemplar el Misterio de Cristo desde su mirada de discípula,
rezando el Santo Rosario en familia por la paz. El novenario
de preparación para la Natividad de nuestro Salvador nos
dará la oportunidad de vivir el Kerigma a través de esta
oración mariana y cristológlca. Dejemos que este anuncio
nos invada, nos mueva a una más profunda adhesión de fe
en Cristo muerto y resucitado.
Pido que celebremos la Fiesta de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
con toda solemnidad en cada una de las comunidades, por
la mañana o por la noche, de modo que nos encontremos al
medio día en su casa para celebrarlo como Iglesia Particular,
ya que fue elegido como Mensajero. Su vida, su conversión
y su apostolado nos marcan las etapas de nuestro camino
espiritual. Su misión sigue siendo actual, y toca a nosotros
continuarla.
En un país en donde las diferencias culturales, ideológicas
y políticas crean situaciones de conflicto, inseguridad
y dificultad en el desarrollo de las comunidades, al ver
interrumpida su vida ordinaria, la educación y el trabajo
de muchos, es necesario seguir el camino de la reconciliación,
del encuentro, más allá de actitudes egoístas, abrimos a
la tarea por construir la concordia y la solidaridad, la
complementariedad, en la que nuestro Santo participó tan
intensamente con su testimonio de fe y su actitud de generosa
entrega a la evangelización.
En este mismo contexto, invitemos a las familias a recuperar
la elaboración del Nacimiento con el lema “En la Familia
damos posada a Jesús, José y María”. La invasión de
la sociedad de consumo con muchas propuestas en este tiempo
contra nuestras costumbres y el sentido de la familia, confunde
el mensaje de la Iglesia. Cuidemos la fe de las comunidades
a nosotros encomendadas acogiéndolos en estas sencillas
tradiciones en tomo a la Navidad.
Nuestra Conversión Pastoral
“Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue
anunciado de parte del Señor”. Isabel experimenta en sí misma el gozo de María que está llena
del Espíritu Santo; es un gozo que nadie les quitará. Esa
es la promesa que tenemos por delante en la medida que,
como nuestra Madre nos enseña, profundicemos en nuestra
fe en primer lugar nosotros los agentes, para poder después
anunciar al Verdadero Dios por quien se vive.
Y sábete, hijito mío, que yo le pagaré tu cuidado y el trabajo
y cansancio que por mí has emprendido, así habló la que
perfectamente está mirando bien a todas partes, cuando se dirigió a San Juan Diego. En esta nueva etapa de
nuestra vida diocesana recibimos el consuelo de nuestra
Madre como lo recibe nuestro guía y protector.
Queridos hermanos sacerdotes, diáconos y seminaristas, no tengamos
miedo de vivir la conversión pastoral que no está pidiendo
el momento que el Espíritu nos lleva a vivir. Muy queridos
hermanos y hermanas de vida consagrada, muy queridos hermanos
laicos, no nos detengamos en el camino. Decidámonos todos
como Iglesia particular de Cuautitlán a despertar nuestro
espíritu misionero bajo el cobijo de nuestra Madre que hoy,
como hace 475 años dijo a Juan Dieguito: ¿No estoy aquí;
yo que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de
mi manto en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de
alguna otra cosa? |
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