Muy
queridas hermanas y hermanos, pueblo de Dios que peregrina
en la Diócesis de Ecatepec y que sabe que vive en el corazón
de su obispo y no pagan renta.
Amadas religiosas, amadísimos seminaristas, queridos diáconos,
muy amados señores presbíteros que colaboran conmigo en
la difícil y ardua tarea de evangelizar a una diócesis tan
inmensa como la de Ecatepec.
Hemos venido aquí hoy a rendirle homenaje
y pleitesía a la Virgen María de Guadalupe, nuestra Madre,
la que desde pequeños supimos que estaba con nosotros, la
que nos enseñaron a amar y a venerar desde que éramos niños,
que ha caminado con nosotros a lo largo de toda nuestra
vida y especialmente a lo largo de nuestra vida diocesana.
Estamos aquí en momentos difíciles
para nuestro país, en momentos en que se debate la incertidumbre,
en momentos en los cuales tenemos que venir aquí y evocar
lo que dice la Primera Lectura: “Tú eres la Madre de la
esperanza, venimos a ti para que llenes nuestro corazón
de esperanza, de consuelo, para que llenes nuestro corazón
de gozo y de paz; Para que llenes nuestro corazón de amor,
para amar a todos nuestros hermanos”.
Nosotros hemos tratado en nuestra amada
diócesis de Ecatepec y en el municipio que nos toca tener
ahí, el poder vivir la alternancia.
Hemos tenido los tres últimos presidentes de tres distintos
partidos y hemos pasado en esta alternancia el tiempo en
la paz, en la concordia, aceptando la victoria de uno, la
derrota, pero sabiendo que lo que subsiste en el fondo de
todo son las estructuras, es la institución que se mantiene
firme que es la que resguarda el Estado de Derecho que debe
regir a una nación.
Por eso, en la toma de posesión de
nuestro hermano José Luis Gutiérrez Cureño, quien es presidente
de Ecatepec, mi primera cosa que dije en la Catedral fue
que nos podrá caer bien o mal pero es nuestro presidente
y tenemos que respetarlo y apoyarlo y caminar con él para
poder así crecer todos juntos en la diócesis de Ecatepec.
México está en las mismas condiciones
y exige en cada uno de nosotros los mexicanos, que sepamos
estar unidos y vivir unidos en el amor.
El ser competidores políticos, el ser adversarios políticos,
no necesariamente nos lleva a ser enemigos. Mi adversario
es alguien que piensa distinto que como pienso yo, pero
al que yo respeto porque es la ley de la democracia y es
la ley del cristiano, respetar las ideas de todos los demás
para que puedan respetar las mías, y respetando las ideas
de todos los demás, hacer que prevalezca la mejor idea que
nos haga crecer, alimentarnos, que nos haga vivir, creando,
construyendo, el México de los valores, de la justicia.
Me llama mucho la atención como en
la primera oración que hacemos aquí a la Virgen María de
Guadalupe el día de hoy, por lo primero por lo que pedimos,
porque ahí esta en el formulario, es: “Te encomendamos a
nuestra Patria para que podamos vivir en justicia y en paz”.
Hermanos, es lo que nos toca a cada
uno de nosotros hacer, nosotros tenemos que ser promotores
firmes, alegres, promotores de la justicia, promotores firmes
de la paz, que no nos dejemos violentar por nadie, no tenemos
ídolos.
Nosotros tenemos a uno al que tenemos
que seguir y a ese uno lo tenemos que seguir siempre, a
todos lados, y lo tenemos que seguir de acuerdo con los
valores que El nos ha establecido.
Ese uno al que tenemos que seguir se llama Jesucristo que
murió por nosotros en la cruz, para darnos todo lo que era,
que se sacrificio y se entregó completo por nosotros para
que pudiéramos nosotros obtener la Salvación.
Y no contento con eso, nos deja el
mejor regalo de todo que es, su Madre, la Virgen María,
nos la entrega como Madre de todos nosotros, y a la Virgen
María de Guadalupe, la Virgen María del Tepeyac, que viene
a aparecerse en medio de un pueblo que estaba triste, sojuzgado,
que había perdido en la lucha; viene para hacer la paz,
para sanar las heridas, para amarnos, para hacer que nos
amemos los unos a los otros, para hacer sus prodigios de
unidad, de paz, de concordia entre nosotros.
Y por eso hoy, en este principio del
siglo XXI en el que nos enfrentamos como nos hubiéramos
enfrentado hace 100 años, en luchas por el poder, lo único
que tenemos que hacer es venir con María, es venir y presentarnos
con nuestra Madre de Guadalupe y decirle: María, sana nuestros
corazones heridos, haz que en México prevalezca la justicia,
haz que en México prevalezca la paz, haz que en México prevalezca
el amor de los hermanos, haz que sepamos concertar nuestros
problemas, que sepamos respetar nuestras instituciones,
que sepamos caminar por el Estado de Derecho que se ha implantado
en nuestra Patria desde hace siglos.
Un país que vive fuera de un Estado
de Derecho, es un país que en un momento determinado tiende
a caer en la anarquía, en la perdición de todos, en la violencia,
los robos, en las matazones que estamos viendo, gracias
a Dios, no tan cerca de nosotros.
Por eso nosotros te damos gracias Madre,
no porque no haya pecado en medio de nosotros, sino porque
habiendo pecado, hay voluntad de cambiar, hay voluntad de
concertar, hay voluntad de querer unirnos todos, para mejorar
nuestro Ecatepec. Ojala esa misma voluntad se dé en nuestro
México.
Madre, toca los corazones de todos
aquellos que nos tienen angustiados a todos, para que admitiendo
las instituciones, admitiendo el derecho y la justicia,
puedan ellos en un momento determinado, hermanarse, caminar
juntos, porque México para crecer tiene que vivir unido.
Un reino desunido es fácil presa para sus enemigos. Un reino
unido no es vencido por nadie, nos dice Jesús, y ese reino
unido tiene que tener los valores que Cristo nos ha enseñado
desde toda la eternidad.
Desde siempre nos ha enseñado a respetar la vida, a respetar
la justicia, nos ha enseñado a respetar la libertad, nos
ha enseñado a vivir en el amor, nos ha enseñado a vivir
en la verdad.
Y por eso nosotros tenemos que vivir
en esos principios. Nos ha enseñado a ayudar a nuestros
hermanos los más pobres, los más necesitados, a colaborar
con ellos para que crezcamos todos juntos y en México haya
menos injusticia de la que hay, menos diferencias entre
los hermanos, como era la primera comunidad cristiana,
al que tenía no le sobraba y al que no tenía, nada le faltaba.
Esa es la comunidad que tenemos que
llegar a tener, esa es la lucha que todos nosotros tenemos
que hacer, la verdadera y auténtica lucha por México es
la lucha por un México de Cristo, por un México auténtico,
por un México que viva valores, no el ansia de poder desmedido.
Por el México que respete lo que somos y los que tenemos
y que podamos crecer con ello y seguir adelante, cambiando
aquello que nos estorba para vivir los valores de Cristo
y luchando por aquello que nos ayuda y nos ha ayudado a
caminar en la verdad de Cristo.
Hermanos, yo les pediría a todos ustedes
que, junto con conmigo, le pidiéramos a la Virgen María:
Morenita, Madre de todos los mexicanos,
ven y acude en este momento de peligro para nuestra Patria,
en este momento de angustia y de inquietud. Ven acude a
nosotros para ayudarnos a resolver nuestros problemas en
la paz, para ayudarnos a no convertirnos en enemigos sino
en adversarios, en gente que piensa distinto pero que tolera
el pensamiento de los demás y lo acepta.
Ayúdanos, Madre del Cielo, a convertirnos
en hermanos que sed aman. No permitas nunca en medio de
nosotros una lucha fraticida, no permitas jamás que hermano
con hermano se hagan la guerra, sino al revés, que hermano
con hermano busque el bien el uno al otro, para que todos
juntos podamos vivir mejor.
Madre, estamos en tus manos, tú has
defendido a México siempre y México ha confiado siempre
en ti. Nosotros, la Diócesis de Ecatepec, sabemos de tu
amor, sabemos de lo que eres capaz, sabemos que tú eres
la que tienes la influencia mayor con Jesús, Señor del Cielo
y de la Tierra, a quien se le ha dado todo poder en el Cielo
y en la Tierra y en todo lugar, para transformar los corazones
de los hombres y hacer de nuestro pueblo el pueblo que tú
quisiste que fuéramos, el pueblo de los hijos de Dios.
Gracias Madre, Bendita seas. Amén. |
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