¿Cómo pueden llevar luto los amigos del
esposo, mientras Él está con ellos?, ¿cómo puede haber luto
en nuestra diócesis mientras su madre está con ellos?
Queridos hermanos, en el Evangelio
de hoy se nos presenta a Cristo, más aún, Él se presenta como
el novio, como el esposo.
Un novio, un esposo es el hombre en su mejor momento, es el
hombre en plenitud, cuando la vida le sonríe, cuando goza de
salud, de vigor, de fortaleza.
Se trata de alguien que casi lo tiene todo, que disfruta la
juventud; se trata de una persona que puede establecer relaciones
muy intensas, agradables.
Se es novio, se es esposo cuando se tiene acceso al universo
del amor y la alegría, a la fiesta, a los amigos, a la amada.
Es esposo el que se entrega, el que
se ofrece para convertirse en fundamento, en soporte; es alguien
que da la vida al estilo de Cristo: “Yo he venido para que tengan
vida y la tengan en abundancia”. Se ofrece para convertirse
en fundamento, en soporte. Es aquel que por muchos años podrá
garantizar el alimento, el vestido, la educación, la dignidad
y el futuro de los suyos.
Sabe mirar hacia delante, hacia arriba y hacia abajo, hacia
Dios y hacia los pequeños. El esposo, es el único que puede
dar la cara ante Dios, ante la gente, ante su esposa amada.
Por eso hemos venido aquí, Madre Santísima,
porque nuestra Iglesia particular de Ciudad Obregón sabe perfectamente
que el secreto de su vida, que la calidad de su existencia depende
de tu divino Hijo, aquel que se presentó como el novio, como
el esposo.
Queremos que en nuestra Diócesis, la
frescura de Cristo el novio, el que alegra la vida, el que hace
la fiesta, se siga sintiendo con profunda fuerza. Queremos,
Madre Santísima, que nos des acceso a Cristo, el secreto del
amor y la alegría.
Queremos, Madre nuestra, que tú nos digas, que tú nos expliques,
que tú nos hables acerca de tu Hijo. No queremos otra cosa,
no hemos venido a buscar nada mas, más que a tu propio Hijo,
aquel que ha llenado de luz y de profunda alegría, aquel que
ha puesto en fiesta no sólo a nuestra religión católica que
es una religión en fiesta, sino a toda la humanidad, y el día
de mañana para siempre en la casa eterna del cielo.
Madre bendita, en ocasiones nos duele
profundamente la ausencia de Cristo, porque entonces si llega
la tristeza. En ocasiones sentimos que la presencia de tu Hijo
se va del corazón de nuestros jóvenes, de nuestros trabajadores
incluso de nosotros los hombres de Iglesia.
Hemos venido a peregrinar aquí, Madre
bendita, para suplicarte que no nos falte nunca la bendición
de la presencia de tu divino Hijo en todas las estructuras de
nuestra iglesia diocesana. Queremos un pueblo en donde la alegría
sea una característica fundamental. Queremos ser una iglesia
joven como es joven el novio, el esposo que tú regalaste a la
humanidad.
Queremos una iglesia con energías,
con entusiasmo, con ilusiones; una iglesia que congrega, que
convoca al banquete de bodas. No queremos una iglesia selectiva,
una iglesia que se margina o margine, queremos ser una iglesia,
casa, escuela de amor y comunión.
Cómo necesitamos, Madre bendita, que
tú nos des el secreto para que Jesucristo, tu Hijo, reine profundamente
entre nosotros. Cómo queremos, Madre bendita, que tú inspires
en cada uno de los corazones esta delicia de tener al amado
entre nosotros.
Hoy queremos, ciertamente, darte gracias
después de un tiempo tan prolongado de sequía este año, tu nos
regalaste la cosecha. Madre dinos que vendrán días en que el
sembrador alcanzará al segador, que vendrán días en que el
que pisa las uvas dará alcance al sembrador.
Que de nuestros valles, que de nuestros montes, brotará vino
y correrá por las colinas, que nosotros plantaremos, que nosotros
comeremos y beberemos los frutos que tu esposo divino nos comparte.
Madre bendita, dinos que ya no será
arrancada de nuestro corazón la fe y la esperanza, que nuestro
pueblo, que nuestra gran comunidad diocesana de Ciudad Obregón,
tenga días de prosperidad, días de paz.
Venimos a darte gracias porque en estos
últimos días pudimos tener nuestras elecciones y participar
democráticamente sin sobresaltos. Venimos a darte gracias porque
a nuestro pueblo le diste cordura y sensatez, nunca le quites
la sabiduría de tu divino Hijo para que siga construyendo una
democracia en una comunidad viva, armoniosa, llena de jubilo
y de paz.
Venimos a darte gracias porque a nuestra
iglesia diocesana la vas fortaleciendo en todas sus estructuras
diocesanas. Venimos a darte gracias porque estamos iniciando
una etapa crucial en nuestro plan diocesano de pastoral. Venimos
a darte gracias porque en muchas comunidades van aumentando
el fervor y la devoción.
Venimos a darte gracias porque cada
vez son más los ministros extraordinarios de la sagrada eucaristía.
Venimos a darte gracias porque nuestras catequistas y nuestros
catequistas cada vez se comportan con mayor espíritu de sacrificio
y generosidad. Venimos a darte gracias porque a los niños de
nuestra diócesis les sigues orientando por el camino del bien
y de la santidad.
Venimos a darte gracias porque tenemos
tantos sacerdotes que con gran fidelidad, siguen trabajando
en obediencia, en dignidad, en sacrificio por nuestra querida
diócesis. Venimos a darte gracias porque cada vez más, la catequesis
para los adultos cobra fuerza.
Venimos a darte gracias Madre bendita
porque durante muchos años diste una referencia sólida y admirable
en la persona de nuestro querido Don Vicente García, nuestro
Obispo emérito.
Venimos a darte gracias Madre bendita
porque sentimos la presencia del esposo santo desde el momento
en que toda la iglesia de Ciudad Obregón sigue caminado en armonía,
perfeccionando todos sus servicios pastorales. Por eso bendice
la sierra, bendice la montaña, tu conoces de montañas; bendice
el valle, concede días hermosos a nuestros valles; bendice el
mar, tu sabes que solo Dios tiene señorío sobre las olas del
mar; bendice a todos nuestros queridos hermanos de la costa.
Bendice todas y cada una de las empresas
de nuestra diócesis, pública y privadas, que en todas partes
se sienta la hermosísima pujanza de tu Hijo el novio, el esposo
que nunca nos permitirá estar de luto o caer en la tristeza.
Llena de gozo a esta querida comunidad, Madre bendita, que nuevamente
se consagra a ti para que tú la presentes a los pies de tu
divino hijo. Que así sea. |
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