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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Victor Rene Rodríguez López,
Obispo Auxiliar de Texcoco, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Texcoco a la Basílica de Guadalupe.

14 de noviembre de 2006

La convocatoria que acabamos de escuchar para participar en la Tercera Asamblea Diocesana de Pastoral, nos llama a vivir un momento especial de Gracia, de compromiso con el Señor, para que todos los que hemos recibido el don de la fe y algún ministerio de la Iglesia Diocesana podamos retomar nuestro compromiso y llevar adelante esta tarea misionera que el Señor nos ha confiado.

Para llegar a este momento en que don Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco y Secretario General de la CEM, nos convoca como pastores de esta Diócesis a participar en la Asamblea hemos recorrido un largo camino. Somos concientes de que el mundo ha cambiado mucho, de que nuestra acción pastoral no puede seguir siendo lo que tradicionalmente se ha realizado, no podemos, para ser fieles al Señor y a su Evangelio, simplemente copiar los métodos, tradiciones y costumbres religiosas que nuestros antepasados han vivido con tanta intensidad y han sido también la mesa donde nosotros nos acercamos a este banquete de la vida del Señor.

Ha cambiado mucho el mundo en que vivimos, no solamente hay  muchos cambios que afectan a la vida de la familia, a la persona, instituciones, sino que es un cambio de época y de mentalidad por lo que nuestra acción pastoral debe de estar de acuerdo a estas nuevas exigencias del mundo que nos toca vivir, y siempre fiel  al mandato del Señor Jesús de ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio.

Hemos andado un camino de búsqueda durante 50 años como diócesis, el Señor nos ha regalado excelentes pastores que en el momento oportuno han puesto las bases, los cimientos, para hacer de nuestra diócesis una verdadera Iglesia de Dios. Recordamos con mucha gratitud y cariño al señor Francisco Ferreira y el señor Magín Torreblanca que en su momento nos fueron señalando el camino, fueron poniendo las bases y nos dieron los medios para que llegado el momento actual pudiera florecer una acción pastoral verdaderamente eclesial, con la participación de todos los miembros de Dios cada uno según sus ministerios, su carisma, según el momento de la vida que le toque vivir y con las características y cualidades que a cada uno el Señor nos ha regalado. Esto es necesario organizarlo en un plan y desde su llegada Mons. Carlos Aguiar Retes lo ha repetido varias veces.

Más de un sacerdote, más de uno de los fieles se acercó para decirle: señor Obispo ¿cuál es su Plan de Pastoral? para que nosotros podamos sumarnos a él, y el Señor Obispo desde el primer momento contestó: no traigo el plan, lo vamos a realizar juntos; parecía una tarea imposible y demasiado grande. Es más fácil y común que el Obispo se sentara a su escritorio y se pusiera a escribir lo que el Señor le inspira y que él consideraba el camino pastoral que la Diócesis debe seguir.

Era también fácil pedir que un pequeño grupo de peritos o de los más cercanos colaboradores del Señor Obispo le ayudaran y se hiciera un buen Plan de Pastoral, con una buena metodología, espiritualidad, que hasta este momento se ha realizado desde la teoría y la doctrina, que es la base pero no es suficiente para que pueda llegar a encender el corazón de todos los miembros del pueblo de Dios.

Hermanos, hemos hecho una gran peregrinación, caminando esta larga etapa previa en la elaboración del plan, y lo primero ha sido convencernos de la necesidad de caminar juntos, parece que esta es la tarea de toda la vida, en la experiencia no ha sido fácil convencernos de que necesitamos caminar juntos.

Cada una de las parroquias a lo largo de la historia ha tenido su propio camino y experiencia, pero al llegar el momento de querer caminar juntos ha significado para los que quieren un paso grande tener paciencia y esperar a los demás, y para los que están acostumbrados a que las cosas simplemente sucedan, ha sido también de una profunda conversión en el corazón para animarse a caminar juntos en la diócesis.

Han pasado prácticamte  siete años, y los últimos cinco de una manera muy intensa, en que juntos hemos caminado para convencernos, sensibilizarnos, para animarnos mutuamente a la necesidad de caminar juntos.

Para caminar juntos y ser miembros activos del pueblo de Dios en necesario realizar una buena planeación, para que todos sepamos qué tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer y así verdaderamente coordinados en una acción de pastoral de conjunto podamos responder a esta misión de la Iglesia en el mundo actual.

Finalmente, como lo dice la convocatoria, como Iglesia tenemos una identidad y para realizar nuestra misión tenemos que ser fieles y como Iglesia la espiritualidad de comunión es fundamental, algunos tienen más cualidades que otros, más entusiasmo, pero todos formamos un sólo pueblo y es necesario caminar juntos.

Nos guía tambien, en nuestra identidad de Iglesia, el ser una Iglesia misionera. Hemos iniciado una gran misión a propósito del año 2000, que ha encendido los corazones para la misión, que es una actitud permanente en la vida de la Iglesia y que además tiene que ser una acción permanente en la vida de nuestra Diócesis.

Por eso la espiritualidad misionera es algo fundamental que nos lleva a la conclusión de que no podemos simplemente seguir brindando servicios de calidad en la parroquia a las personas que vienen a solicitarlo. Tenemos que ir en busca de los más alejados, de los más necesitados de la palabra de Dios y de la acción pastoral, en lugar de cerrarnos, tener abiertos el corazón y nuestra vocación misionera para ir en busca y encender la llama de la fe en donde queda a veces como una chispita que está esperando que el pastor, el hermano laico comprometido reavive ese fuego del seguimiento del Señor.

Hermanos, como Iglesia tenemos la identidad de ser una comunidad servidora y solidaria con sus hermanos y todo esto nos anima e impulsa a trabajar de una manera coordinada, por eso necesitamos una metodología y hemos optado por la metodología prospectiva porque nos permite mirar hacia delante, contemplar en el horizonte el Plan de Dios, la misión que el Señor nos ha confiado realizada plenamente.

Como vimos hoy, en la Carta del Apóstol San Pablo a Tito y en el Santo Evangelio, en el ideal de nuestra acción pastoral está la madurez de las personas mayores que trasmiten con la experiencia la fe a las nuevas generaciones. En el ideal de nuestra acción pastoral está la familia integrada, capaz de fundamentarse en el amor de pareja y enseñar a las nuevas generaciones la fe y el amor para que sea casa y escuela de comunión.

Está deliniada, también, en la Carta a Tito la pastoral juvenil, algo fundamental para que la Iglesia se renueve, que los jóvenes vivan intensamente su fe y finalmente la pastoral ministerial, porque nosotros los pastores y todos los agentes de pastoral tenemos la responsabilidad no solamente de anunciar el Evangelio, de enseñar con una sabia doctrina, sino sobretodo con el testimonio, con el ejemplo, es precisamente crear el ambiente en el que nuestro testimonio sea atractivo para todos los bautizados y todos los hombres de buena voluntad lo que constituye el modelo ideal de toda nuestra diócesis; es decir, la voluntad de Dios de que todos seamos parte de su Reino. Por eso, hermanos, contemplando este ideal con una metodología prospectiva hemos podido realizar los cuatro pasos del Plan Diocesano de Pastoral.

El plan lo hemos venido compartiendo desde cada parroquia, cuando elaboran su modelo de situación; lo hemos venido compartiendo en los distintos Decanatos y Vicarias cuando hemos hecho el consenso de cada uno de los pasos de nuestro plan en las asambleas de vicarias y parroquiales. Lo hemos venido compartiendo, también, cuando los presbíteros y diáconos en las semanas de formación permanente o en los ejercicios espirituales, en las reuniones mensuales del jueves tercero de cada mes, hemos puesto sobre la mesa muestras dudas, aportaciones, nuestros sueños e ilusiones misioneras y hemos compartido.

Por eso, hoy, el señor Obispo de nuestra diócesis puede convocarnos a vivir en la asamblea un momento especial, de gracia, de comunión. Un momento en el que podemos compartir finalmente las cuatro partes del plan, asumirlas en el corazón, porque esto es fundamental.

Si hemos participado y caminado juntos en su elaboración, también lo podemos asumir con el corazón, lo podemos hacer nuestro, porque hemos participado y colaborado, sino de manera directa en su redacción, ciertamente en la versión de nuestras opiniones, aspiraciones, de nuestras angustias y esperanzas; y seguramente todos hemos colaborado con nuestra oración constante. Porque todo plan, si no se pone en las manos de Dios, sino viene del Señor, es una obra meramente humana y no tiene mucho futuro.

Entonces para poderlo llevar a cabo hemos escogido conjuntamente con el Obispo Carlos Aguiar Retes esta fecha, este lugar y este momento para poner nuestra asamblea y nuestro plan a los pies de la Santísima Virgen María de Guadalupe, Nuestra Señora, Nuestra Madre, nuestro modelo en la tarea de la evangelización, en sus manos también amorosas ponemos nuestro momento diocesano, pondemos nuestra asamblea y pondemos nuestro plan. Ella sabrá darle el retoque necesario para presentarlo como una ofrenda agradable a Dios nuestro Padre por medio de su hijo Jesucristo.

Por eso hoy, hermamos, hacemos de nuestra peregrinación un momento de devoción hacia la Santísima Virgen y también de petición para que sea nuestra mediadora, nuestra guía, la que sostenga la espiritualidad de comunión de nuestra Diócesis.

Hermanos, hemos hecho un gran esfuerzo ustedes y yo, los que estamos aquí reunidos, pero finalmente, el Señor nos dice en el Santo Evangelio que no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber. La imagen que toma el Señor Jesús en el Evangelio puede parecernos un poquito dura, descortés; pero es simplemente una expresión de la historia de algo concreto, de un lugar determinado y de una cultura, pero que ha sido el medio por el cual Dios nos habla.

Nosotros finalmente estamos aquí y estamos comprometidos en la vida de la Iglesia, en concreto con nuestra diócesis porque hemos creído en Él, porque queremos seguirlo, porque nos hemos querido convertir voluntariamente en servidores del Señor y los que han decidido servirlo no están pensando en la remuneración, en los días de vacaciones, en el día de descanso, en el día de la jubilación, están pensando en dar lo mejor de sí mismos en cada instante, cada día, cada momento en que el Señor nos concede la vida para corresponderle, servirle y seguirle.

Hoy hermanos ponemos en la manos de Dios Nuestro Señor esta tarea y sobretodo nuestro compromiso para seguirle sirviendo con alegría, con entusiasmo, sin cansarnos, sin regatear una ganancia, porque finalmente en cuanto estamos viviendo esta comunión con el Señor y esta colaboración con Él, en eso mismo estamos siendo recompensandos porque vivir y caminar con Él es lo que nos da una verdadera realización como personas y como hijos de Dios.

Ponemos esta Asamblea y este Plan Diocesano de Pastoral en las manos de Dios nuestro Señor, a través de la Santísima Virgen María de Guadalupe. Oremos de manera especial en este día por nuestro Obispo don Carlos Aguiar Retes, por sus colaboradores más cercanos y que teniendo en el corazón este plan podremos servir con más eficiencia, alegría y con más gracia al pueblo de Dios que ustedes representan y que el Señor ha puesto en nuestras manos.

Así sea.

 
 
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