La convocatoria que acabamos de escuchar
para participar en la Tercera Asamblea Diocesana de Pastoral,
nos llama a vivir un momento especial de Gracia, de compromiso
con el Señor, para que todos los que hemos recibido el don
de la fe y algún ministerio de la Iglesia Diocesana podamos
retomar nuestro compromiso y llevar adelante esta tarea
misionera que el Señor nos ha confiado.
Para llegar a este momento en que don
Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco y Secretario General
de la CEM, nos convoca como pastores de esta Diócesis a
participar en la Asamblea hemos recorrido un largo camino.
Somos concientes de que el mundo ha cambiado mucho, de que
nuestra acción pastoral no puede seguir siendo lo que tradicionalmente
se ha realizado, no podemos, para ser fieles al Señor y
a su Evangelio, simplemente copiar los métodos, tradiciones
y costumbres religiosas que nuestros antepasados han vivido
con tanta intensidad y han sido también la mesa donde nosotros
nos acercamos a este banquete de la vida del Señor.
Ha cambiado mucho el mundo en que vivimos,
no solamente hay muchos cambios que afectan a la vida de
la familia, a la persona, instituciones, sino que es un
cambio de época y de mentalidad por lo que nuestra acción
pastoral debe de estar de acuerdo a estas nuevas exigencias
del mundo que nos toca vivir, y siempre fiel al mandato
del Señor Jesús de ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio.
Hemos andado un camino de búsqueda
durante 50 años como diócesis, el Señor nos ha regalado
excelentes pastores que en el momento oportuno han puesto
las bases, los cimientos, para hacer de nuestra diócesis
una verdadera Iglesia de Dios. Recordamos con mucha gratitud
y cariño al señor Francisco Ferreira y el señor Magín Torreblanca
que en su momento nos fueron señalando el camino, fueron
poniendo las bases y nos dieron los medios para que llegado
el momento actual pudiera florecer una acción pastoral verdaderamente
eclesial, con la participación de todos los miembros de
Dios cada uno según sus ministerios, su carisma, según el
momento de la vida que le toque vivir y con las características
y cualidades que a cada uno el Señor nos ha regalado. Esto
es necesario organizarlo en un plan y desde su llegada Mons.
Carlos Aguiar Retes lo ha repetido varias veces.
Más de un sacerdote, más de uno de
los fieles se acercó para decirle: señor Obispo ¿cuál es
su Plan de Pastoral? para que nosotros podamos sumarnos
a él, y el Señor Obispo desde el primer momento contestó:
no traigo el plan, lo vamos a realizar juntos; parecía una
tarea imposible y demasiado grande. Es más fácil y común
que el Obispo se sentara a su escritorio y se pusiera a
escribir lo que el Señor le inspira y que él consideraba
el camino pastoral que la Diócesis debe seguir.
Era también fácil pedir que un pequeño
grupo de peritos o de los más cercanos colaboradores del
Señor Obispo le ayudaran y se hiciera un buen Plan de Pastoral,
con una buena metodología, espiritualidad, que hasta este
momento se ha realizado desde la teoría y la doctrina, que
es la base pero no es suficiente para que pueda llegar a
encender el corazón de todos los miembros del pueblo de
Dios.
Hermanos, hemos hecho una gran peregrinación,
caminando esta larga etapa previa en la elaboración del
plan, y lo primero ha sido convencernos de la necesidad
de caminar juntos, parece que esta es la tarea de toda la
vida, en la experiencia no ha sido fácil convencernos de
que necesitamos caminar juntos.
Cada una de las parroquias a lo largo
de la historia ha tenido su propio camino y experiencia,
pero al llegar el momento de querer caminar juntos ha significado
para los que quieren un paso grande tener paciencia y esperar
a los demás, y para los que están acostumbrados a que las
cosas simplemente sucedan, ha sido también de una profunda
conversión en el corazón para animarse a caminar juntos
en la diócesis.
Han pasado prácticamte siete años,
y los últimos cinco de una manera muy intensa, en que juntos
hemos caminado para convencernos, sensibilizarnos, para
animarnos mutuamente a la necesidad de caminar juntos.
Para caminar juntos y ser miembros
activos del pueblo de Dios en necesario realizar una buena
planeación, para que todos sepamos qué tenemos que hacer
y cómo lo tenemos que hacer y así verdaderamente coordinados
en una acción de pastoral de conjunto podamos responder
a esta misión de la Iglesia en el mundo actual.
Finalmente, como lo dice la convocatoria,
como Iglesia tenemos una identidad y para realizar nuestra
misión tenemos que ser fieles y como Iglesia la espiritualidad
de comunión es fundamental, algunos tienen más cualidades
que otros, más entusiasmo, pero todos formamos un sólo pueblo
y es necesario caminar juntos.
Nos guía tambien, en nuestra identidad
de Iglesia, el ser una Iglesia misionera. Hemos iniciado
una gran misión a propósito del año 2000, que ha encendido
los corazones para la misión, que es una actitud permanente
en la vida de la Iglesia y que además tiene que ser una
acción permanente en la vida de nuestra Diócesis.
Por eso la espiritualidad misionera
es algo fundamental que nos lleva a la conclusión de que
no podemos simplemente seguir brindando servicios de calidad
en la parroquia a las personas que vienen a solicitarlo.
Tenemos que ir en busca de los más alejados, de los más
necesitados de la palabra de Dios y de la acción pastoral,
en lugar de cerrarnos, tener abiertos el corazón y nuestra
vocación misionera para ir en busca y encender la llama
de la fe en donde queda a veces como una chispita que está
esperando que el pastor, el hermano laico comprometido reavive
ese fuego del seguimiento del Señor.
Hermanos, como Iglesia tenemos la identidad
de ser una comunidad servidora y solidaria con sus hermanos
y todo esto nos anima e impulsa a trabajar de una manera
coordinada, por eso necesitamos una metodología y hemos
optado por la metodología prospectiva porque nos permite
mirar hacia delante, contemplar en el horizonte el Plan
de Dios, la misión que el Señor nos ha confiado realizada
plenamente.
Como vimos hoy, en la Carta del Apóstol
San Pablo a Tito y en el Santo Evangelio, en el ideal de
nuestra acción pastoral está la madurez de las personas
mayores que trasmiten con la experiencia la fe a las nuevas
generaciones. En el ideal de nuestra acción pastoral está
la familia integrada, capaz de fundamentarse en el amor
de pareja y enseñar a las nuevas generaciones la fe y el
amor para que sea casa y escuela de comunión.
Está deliniada, también, en la Carta
a Tito la pastoral juvenil, algo fundamental para que la
Iglesia se renueve, que los jóvenes vivan intensamente su
fe y finalmente la pastoral ministerial, porque nosotros
los pastores y todos los agentes de pastoral tenemos la
responsabilidad no solamente de anunciar el Evangelio, de
enseñar con una sabia doctrina, sino sobretodo con el testimonio,
con el ejemplo, es precisamente crear el ambiente en el
que nuestro testimonio sea atractivo para todos los bautizados
y todos los hombres de buena voluntad lo que constituye
el modelo ideal de toda nuestra diócesis; es decir, la voluntad
de Dios de que todos seamos parte de su Reino. Por eso,
hermanos, contemplando este ideal con una metodología prospectiva
hemos podido realizar los cuatro pasos del Plan Diocesano
de Pastoral.
El plan lo hemos venido compartiendo
desde cada parroquia, cuando elaboran su modelo de situación;
lo hemos venido compartiendo en los distintos Decanatos
y Vicarias cuando hemos hecho el consenso de cada uno de
los pasos de nuestro plan en las asambleas de vicarias y
parroquiales. Lo hemos venido compartiendo, también, cuando
los presbíteros y diáconos en las semanas de formación permanente
o en los ejercicios espirituales, en las reuniones mensuales
del jueves tercero de cada mes, hemos puesto sobre la mesa
muestras dudas, aportaciones, nuestros sueños e ilusiones
misioneras y hemos compartido.
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