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Homilía
pronunciada por Mons. Fernando Chávez Ruvalcaba,
Obispo de Zacatecas, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Zacatecas a la Basílica de Guadalupe.

12 de septiembre de 2006

EL DISCIPULADO Y LA MISIÓN DE LA SMA. VIRGEN DE GUADALUPE A LA LUZ DE SUS CUATRO APARICIONES EN EL TEPEY AC

1 -. INTRODUCCIÓN

Con el fervor de nuestro pueblo zacatecano iluminado y sostenido por la fe que profesamos dentro de nuestra Iglesia Católica, una vez más venimos a postrarnos ante' Dios y ante su Madre María de Guadalupe, en el "Año Jubilar 475" de sus Cuatro Apariciones, desde aquellos días 9 - 12 de Diciembre de 1531.

Venimos con el alma llena de emoción y con humildad perseverante, a implorar de  Dios por mediación de María Santísima, la paz, la fraternidad y la comunión irrompible de todos los mexicanos, distinguidos por María, como sus hijos predilectos representados por san Juan Diego, desde aquellas Apariciones con su mensaje perenne y siempre actual para toda nuestra nación, que ahora debe afrontar tiempos difíciles y de prueba. Queremos que la Santa Virgen de Guadalupe, Patrona de nuestro México, nos cuide y ampare. Salvaguarde nuestra manera de vivir con las aspiraciones bien fundadas en la verdad revelada, en el bien del Evangelio y con el amor que nos une a su Hijo Jesucristo, paz y vida nuestra, en el fiel cumplimiento de los mandamientos divinos que tienen su expresión absoluta y plena en el doble precepto del amor a Dios y al prójimo.

Con esta peregrinación, completamos 121 peregrinaciones en las cuales de manera histórica y continua nuestra Diócesis de Zacatecas, renueva gozosa y llena de esperanza, su fidelidad a Cristo, a la Iglesia Universal que preside Benedicto XVI y a la evangelización que ha dejado honda huella en las almas de los zacatecanos, desde 1546, cuando los Padres Franciscanos, llegaron a Zacatecas y dejaron testimonio de una fe católica que debemos, siempre purificar y madurar con palabras, pensamientos y obras en la imitación y seguimiento de Cristo en compañía de Santa María de Guadalupe, la "Madre del verdadero Dios por quien se vive".

En este día les propongo reflexionar acerca del discipulado y la misión de María de Guadalupe a la luz de sus Cuatro Apariciones consignadas desde antiguo en la Nican Mopohua de Antonio de Valeriano. Y con la presencia de fe y obediencia de san Juan Diego en el cumplimiento del "encargo" que Santa María le confiara.

2-. CONTENIDO DOCTRINAL DE LAS CUATRO APARICIONES DE SANTA MARÍA DE GUIADALUPE

Desde la Primera Aparición la Virgen Santa se revela a san Juan y Diego con las siguientes palabras: "Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive: del Creador cabe quien está todo: Señor del cielo y de la tierra.

Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar mi amor y compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y de los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores".

Después este mensaje central, María da el "encargo" a san Juan Diego " para  que vaya al Obispado de México y se presente ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, para que admitiera el mensaje y su cumpliera el deseo.

Sabemos por las siguientes Apariciones las dificultades y rechazos que tuvo el buen indio, con el afán de que el Obispo creyera y aceptase el mensaje mariano.

La enfermedad de su tío Bernardino curado milagrosamente por la Virgen, los interrogatorios y dilaciones de las autoridades eclesiásticas que no acababan de dar crédito a las palabras de san Juan Diego, todo ello fue una durísima prueba para el vidente hasta que finalmente obedeciendo a la Virgen, san Juan Diego cortó las rosas bellas y perfumadas que crecían en el monte del Tepeyac cuando "encrudecia el hielo del invierno" de aquel año de 1531 y las llevó a la presencia del Obispo para dar fe y testimonio de las Apariciones de María. Cuando san Juan Diego habla al Obispo: "Señor. Hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides… Ella me dijo que te trajera estas rosas y a ti en persona te las diera. Helas aquí: recíbelas".

Desenvolvió luego su manta (tilma), pues tenía en su regazo las flores; y así que se esparcieron por el suelo, se dibujó en ella de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen santa María, Madre de Dios, de manera que está y se guarda hoy en el Templo del Tepeyac, que se nombra de Guadalupe...

3-. EL DISCIPULADO y LA MISIÓN DE MARÍA CON MOTIVO DE SUS CUATRO APARICIONES QUE ACABAMOS DE CONSIDERAR CON EL MENSAJE CORRESPONDIENTE

Indudablemente la Virgen Santa el aparecerse a san Juan Diego y darle su mensaje, se muestra discípula del Señor.

Ella que ha sido siempre obediente al mandato divino desde que aceptó humilde, con fe rendida y entrega total ser la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, en la persona y la obra de Jesucristo, Nuestro Señor.

Ella que supo guardar y rumiar en su purísimo corazón todo lo que a su hijo divino se refería, nos enseña a ser fieles a las enseñanzas de Dios y por otro lado ser fieles a la misión que Dios nos confía a todos y cada uno, como lo han sido María de Guadalupe y san Juan Diego.

Los Obispos de Latinoamérica y del Caribe, han propuesto para su V Conferencia General, que se llevará a efecto en Mayo del año 2007 en el Santuario Nacional de Aparecida en Brasil, con la presencia del Papa Benedicto XVI, el tema del discipulado y la misión de los cristianos en la Iglesia el mundo tan complejo de nuestros días.

A este respecto María y san Juan Diego, se nos muestran verdaderos discípulos de Dios; nos transmiten fielmente el mensaje de la salvación cristiana, cumpliendo su misión que el Señor les ha confiado.

Hoy nosotros estamos llamados a recoger este mensaje de salvación, de fe, esperanza y amor que las generaciones anteriores nos han legado en compañía de María de Guadalupe, quien con su hijo predilecto san Juan Diego, nos acerca a Dios y nos pide alabar siempre su Santo Nombre con nuestras vidas limpias e irreprensibles por el amor y en la presencia del verdadero Dios por quien se vive en el tiempo de nuestro peregrinar sobre la tierra en pos de la Casa de Nuestro Padre con la luz y la gracia del Espíritu Santo que con su poder secunda la obra salvadora de Jesús y ha fortalecido a María como virgen sabia y prudente en el discipulado y en la misión que ella indefectiblemente ha cumplido desde sus maravillosas apariciones.

4-. CONCLUSION FINAL

En el tiempo que vivimos, es muy necesario tomar conciencia y vivir en consecuencia, que con María de Guadalupe, somos discípulos del Señor y que con ella debemos cumplir nuestra misión de cristianos, ciertamente en un mundo hostil e indiferente al mensaje de Cristo y María.

Asimilar la doctrina cristiana y luego plasmarla testimonialmente en espíritu y en verdad con pensamientos, palabras y obras, es nuestro gran reto en la hora actual.

Ser discípulos y misioneros de Cristo y María, es colaborar en mantener la unidad del espíritu con el vínculo del amor. Nuestros pueblos dentro de esta nación mexicana, necesitan auténticos y verdaderos cristianos, quienes con su presencia comprometida y activa, den razón de su fe en la cual  jamás debe existir separación o divorcio entre lo que se cree y lo que se actúa.

Sobre todo, somos llamados por Cristo y María, a ser constructores de verdadera paz y fraternidad, en el respeto que nos debemos unos a otros  basado en la verdad, en el bien y en la justicia. Debemos erradicar a toda costa las grandes desigualdades sociales; fomentar entre todos el espíritu colaboración aportando cada quien los dones con los cuales Dios nos ha enriquecido.

Un fruto precioso de nuestra fe cristiana y católica, será llevar a cabo con hondura y precisión el diálogo que siempre debe reinar entre todos los mexicanos, sabiendo que somos hijos de un mismo Padre, hermanos del Hijo Primogénito que es Jesús y templos vivos del Espíritu de Amor, solícitos en ser constructores infatigables de la civilización del amor desterrando los odios, las venganzas y las divisiones que tanto daño causan y pueden causar en el futuro próximo y remoto de nuestra gran patria mexicana. ¡Hoy  ponemos en manos de Cristo, María de Guadalupe y san Juan Diego, nuestros mejores anhelos y propósitos de paz y bien!

Qué sepamos dar bondad, comprensión, perdón y misericordia sin acepción de personas y que juntos construyamos una nación fuerte y próspera con los mejores valores que tanto necesitamos y que acabo de recordar en esta nuestra 121 peregrinación a este santuario bendito, del cual debemos salir fortalecidos para ser testigos, discípulos fieles y misioneros del Corazón de Cristo y de santa María de Guadalupe, sin olvidar en nuestra plegarias a nuestros pacientes, amigos, bienhechores, pobres, emigrantes y necesitados de nuestra diócesis y de nuestro México a quienes junto con nosotros ponemos bajo al amparo de María de Guadalupe y san Juan Diego! ¡Ahora y para siempre!

 
 
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