Saludo con muchísimo cariño
a este rebaño de la Iglesia que peregrina en Campeche, que
ha hecho un esfuerzo, que quiso venir y postrarse a los
pies de nuestra Madre Santísima para rendirle homenaje y
manifestarle nuestro cariño y agradecimiento, y para poner
en sus manos maternales tantas de nuestras necesidades.
Saludo también con mucho cariño a los campechanos que están
radicando en la Ciudad de México y se han venido a unir
a esta peregrinación. Saludo a todos y cada uno de los que
están aquí presentes.
Quién les habla es el Obispo de Campeche que desde hace
dos meses y medio recibió este encargo y tomó posesión de
la Diócesis. Es la primera peregrinación que tengo el honor,
el gusto y la satisfacción de presidir en esta Eucaristía.
Esta peregrinación es la número LV que celebra la Diócesis
de Campeche son 55 años viniendo a los pies de Nuestra Madre,
renovando el amor a Nuestra Madre y creciendo en ésta devoción
que caracteriza también a nuestra Diócesis.
Nuestra Diócesis se une con especial alegría a la celebración
de este Año Guadalupano, con ocasión a los 475 años de las
Apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe. Una advocación
tan sentida, profunda y culturizada en México, de Nuestra
Madre Santísima de Guadalupe.
¿A qué venimos los peregrinos?. En primer lugar sentimos la
necesidad de manifestar, en un modo externo, que somos todos
peregrinos y que vamos a la casa del Padre, pero que en
ésta peregrinación no estamos solos.
Además de las virtudes teologales que Jesús nos ha dado,
esa compañía y amor siempre fiel y perpetuo que tenemos,
sabemos que en esta peregrinación existencial nos acompaña
Nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Nos acompaña, nos
bendice, nos ayuda, intercede por nosotros y este amor maternal
es tan particularmente bello que nos da fuerza, ánimo, entusiasmo
y nos hace sentir acompañados.
Al reconocernos peregrinos, nos reconocemos débiles, nos reconocemos
en progreso, en un ritmo de crecimiento, ojalá sea siempre
hacia la santidad como lo quiere el Señor Jesús.
Al venir aquí nos sentimos y nos reconocemos peregrinos,
venimos a traer nuestros gozos, nuestras esperanzas, preocupaciones,
porque sabemos que aquí hay alguien que nos escucha, porque
sabemos que aquí está la imagen de Aquella que nos ha demostrado
su amor en un modo particular y traemos tantas de nuestra
alegrías, pero también tantas de nuestras preocupaciones.
¡Cuántas preocupaciones!. Sólo cada uno de nosotros lo sabe,
en el corazón los siente, lo experimenta. ¡Cuánto quisiera
yo que como Diócesis de Campeche depositáramos en le seno
de Nuestra Madre tantas de nuestras necesidades!.
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La Diócesis de Campeche es una de las diócesis más difíciles
de México por razones particulares. Chiapas, Tabasco y Campeche
son el campo de cultivo de las sectas protestantes, nos están desangrando,
está bajando muchísimo el número de católicos porque los agentes
pastorales son escasos. Nuestra Diócesis de Campeche tiene 58 mil
kilómetros cuadrados, tiene sólo 44 sacerdotes que efectivamente
pueden trabajar en la Evangelización . ¿Qué son 44 sacerdotes para
semejante desafío pastoral?. Tenemos parroquias enormes, una de
ellas en Candelaria con 157 poblados para un sólo sacerdote quien
difícilmente los puede visitar una vez al año, y obviamente esas
ovejas que no tienen un pastor constante son víctimas de los lobos.
Tenemos numerosas poblaciones con un promedio de 50 comunidades
cada una para un sacerdote. La Diócesis de Campeche actualmente
tiene dos parroquias sin párrocos, porque no hay a quien mandar,
tenemos escasez de agentes pastorales. Necesitamos laicos comprometidos
ante un panorama difícil.
¿Qué puede hacer un Obispo?. Encomendar a Dios su diócesis,
encomendar a la Santísima Virgen de Guadalupe nuestra querida
diócesis y decirle: ¡Señor tu plan de Salvación no puede ser menos
en Campeche, tu presencia y tu amor no pueden ser menos, ayúdanos
a descubrirlo, ayúdanos a colaborar con ese plan de Salvación
y decirle a Nuestra Madre Santísima!: ¡Madre gemimos en la orfandad,
ayúdanos!.
Intercede para que tengamos abundantes agentes pastorales y
podamos comprometernos con el Evangelio, que podamos comprometernos
con el plan de salvación y vivamos todos una respuesta continua
de esa llamada a la santidad que Dios nos hace. Que podamos dar
a conocer al Señor Jesús, que podamos dar a conocer su Evangelio,
y sus enseñanzas. Aquí estamos con mucha confianza sabiendo que
Nuestra Madre Santísima nos está escuchando, ve que gemimos en
la orfandad y que necesitamos de sus agentes de pastoral.
Estamos aquí también para presentarle nuestro plan de pastoral
para poder enfrentarnos a los enormes desafíos que tenemos. Bien
sabe Dios cuánto han hecho los obispos anteriores y cuánto han
logrado, pero se necesita aún más y renovar nuestro plan de pastoral
y para eso estamos aquí. ¡Cuántos de ustedes también han venido a pedirle a Nuestra
Madre por sus familias!. Para que tengamos familias unidas, familias
que vivan comprometidas con el Señor, que vivan unidas, que defiendan
éste núcleo tan importante que es atacado por diferentes aspectos
y diferentes agentes de nuestra sociedad.
Aquí estamos para presentarle a nuestros jóvenes. Nuestros
jóvenes como tantos otros viven muchos de ellos desorientados,
han perdido la brújula, ya no hay verdades absolutas, ya no es
Cristo la verdad absoluta y única, viven en el relativismo. Campeche
no es la excepción y aquí estamos para pedirle a Nuestra Madre
por ellos para que encuentren esa dirección de su vida y descubran
en Jesús el camino, la verdad y la vida.
Aquí estamos para presentarle al Señor y a Nuestra Madre a
nuestros enfermos, ¡cuántos enfermos!, ¡cuántas urgencias también!,
¡cuántos dolores!, ¡cuántos dramas por diferentes circunstancias
de enfermedades físicas y de enfermedades espirituales!. Pero
aquí estamos porque sentimos, escuchamos y porque está el eco
en nuestro corazón de aquella voz que nos dice: “¿qué te preocupa?,
¿no estoy yo aquí que soy tu madre?. Y es verdad, ¡no está aquí
aquella que es Nuestra Madre, que se preocupa, que nos conoce,
que nos acompaña, que intercede y que lo puede todo con esa intercesión
ante su Hijo Jesús! Porque confiamos en esas palabras aquí estamos.
Hermanos, nuestras peticiones van más allá de la Diócesis.
México está pasando por un momento difícil, la transición democrática
está trayendo mucho desequilibrio, ya hay una ebullición que nos
preocupa a los pastores, una ebullición social que puede ser origen
de un conflicto mayor, pero aquí estamos para decirle a nuestra
Madre: sabemos que tú nos vas a ayudar, que tú con el amor que
nos tienes no vas a permitir que vayan a surgir esos focos de
violencia Madre confiamos en ti, creemos Señora y creemos que
tú nos vas a ayudar a salir adelante y no solamente a Campeche
y a México. También en el mundo entero pasa momentos difíciles,
¿quién no ha escuchado de ésta guerra entre Israel y el Líbano?.
Una guerra fuertísima, una guerra que está trayendo tanta muerte
y desgracia y tantas otras guerras civiles en África
Aquí estamos también porque no podemos olvidarlos, porque no
podemos sentirnos apartados de ellos, todos en la Iglesia formamos
un solo cuerpo, una sola realidad y aquí estamos para manifestarla.
Esta visita nos ánima, nos conforta porque sabemos que no estamos
solos, que contamos con la Gracia de tener ese amor y esa intercesión
de Nuestra Madre Santísima
Que nuestra visita a la ¡Morenita del Tepeyac! nos renueve
a todos, que esta visita aumente en nosotros nuestra fe, esperanza
y caridad, que nos comprometa con Jesús, con su Evangelio, que
nos comprometa con las necesidades de nuestra Iglesia. Hermanos
necesitamos laicos comprometidos, que den su tiempo, su talento,
su tesoro en la construcción de una Iglesia firme y más fuerte
en México. Así sea.