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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Ramón Castro Castro,
Obispo de Campeche, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Campeche a la Basílica de Guadalupe.

5 de agosto de 2006

Saludo con muchísimo cariño a este rebaño de la Iglesia que peregrina en Campeche, que ha hecho un esfuerzo, que quiso venir y postrarse a los pies de nuestra Madre Santísima para rendirle homenaje y manifestarle nuestro cariño y agradecimiento, y para poner en sus manos maternales tantas de nuestras necesidades.

Saludo también con mucho cariño a los campechanos que están radicando en la Ciudad de México y se han venido a unir a esta peregrinación. Saludo a todos y cada uno de los que están aquí presentes.

Quién les habla es el Obispo de Campeche que desde hace dos meses y medio recibió este encargo y tomó posesión de la Diócesis. Es la primera peregrinación que tengo el honor, el gusto y la satisfacción de presidir en esta Eucaristía.

Esta peregrinación es la número LV que celebra la Diócesis de Campeche son 55 años viniendo a los pies de Nuestra Madre, renovando el amor a Nuestra Madre y creciendo en ésta devoción que caracteriza también a nuestra Diócesis.

Nuestra Diócesis se une con especial alegría a la celebración de este Año Guadalupano, con ocasión a los 475 años de las Apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe. Una advocación tan sentida, profunda y culturizada en México, de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe.

¿A qué venimos los peregrinos?. En primer lugar sentimos la necesidad de manifestar, en un modo externo, que somos todos peregrinos y que vamos a la casa del Padre, pero que en ésta peregrinación no estamos solos.

Además de las virtudes teologales que Jesús nos ha dado, esa compañía y amor siempre fiel y perpetuo que tenemos, sabemos que en esta peregrinación existencial nos acompaña Nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Nos acompaña, nos bendice, nos ayuda, intercede por nosotros y este amor maternal es tan particularmente bello que nos da fuerza, ánimo, entusiasmo y nos hace sentir acompañados.

Al reconocernos peregrinos, nos reconocemos débiles, nos reconocemos en progreso, en un ritmo de crecimiento, ojalá sea siempre hacia la santidad como lo quiere el Señor Jesús.

Al venir aquí nos sentimos y nos reconocemos peregrinos, venimos a traer nuestros gozos, nuestras esperanzas, preocupaciones, porque sabemos que aquí hay alguien que nos escucha, porque sabemos que aquí está la imagen de Aquella que nos ha demostrado su amor en un modo particular y traemos tantas de nuestra alegrías, pero también tantas de nuestras preocupaciones.

¡Cuántas preocupaciones!. Sólo cada uno de nosotros lo sabe, en el corazón los siente, lo experimenta. ¡Cuánto quisiera yo que como Diócesis de Campeche depositáramos en le seno de Nuestra Madre tantas de nuestras necesidades!.


La Diócesis de Campeche es una de las diócesis más difíciles de México por razones particulares. Chiapas, Tabasco y Campeche son el campo de cultivo de las sectas protestantes, nos están desangrando, está bajando muchísimo el número de católicos porque los agentes pastorales son escasos. Nuestra Diócesis de Campeche tiene 58 mil kilómetros cuadrados, tiene sólo 44 sacerdotes que efectivamente pueden trabajar en la Evangelización . ¿Qué son 44 sacerdotes para semejante desafío pastoral?. Tenemos parroquias enormes, una de ellas en Candelaria con 157 poblados para un sólo sacerdote quien difícilmente los puede visitar una vez al año, y obviamente esas ovejas que no tienen un pastor constante son víctimas de los lobos.

Tenemos numerosas poblaciones con un promedio de 50 comunidades cada una para un sacerdote. La Diócesis de Campeche actualmente tiene dos parroquias sin párrocos, porque no hay a quien mandar, tenemos escasez de agentes pastorales. Necesitamos laicos comprometidos ante un panorama difícil.

¿Qué puede hacer un Obispo?. Encomendar a Dios su diócesis, encomendar a la Santísima Virgen de Guadalupe nuestra querida diócesis y decirle: ¡Señor tu plan de Salvación no puede ser menos en Campeche, tu presencia y tu amor no pueden ser menos, ayúdanos a descubrirlo, ayúdanos a colaborar con ese plan de Salvación y decirle a Nuestra Madre Santísima!: ¡Madre gemimos en la orfandad, ayúdanos!.

Intercede para que tengamos abundantes agentes pastorales y podamos comprometernos con el Evangelio, que podamos comprometernos con el plan de salvación y vivamos todos una respuesta continua de esa llamada a la santidad que Dios nos hace. Que podamos dar a conocer al Señor Jesús, que podamos dar a conocer su Evangelio, y sus enseñanzas. Aquí estamos con mucha confianza sabiendo que Nuestra Madre Santísima nos está escuchando, ve que gemimos en la orfandad y que necesitamos de sus agentes de pastoral.

Estamos aquí también para presentarle nuestro plan de pastoral para poder enfrentarnos a los enormes desafíos que tenemos. Bien sabe Dios cuánto han hecho los obispos anteriores y cuánto han logrado, pero se necesita aún más y renovar nuestro plan de pastoral y para eso estamos aquí. ¡Cuántos de ustedes también han venido a pedirle a Nuestra Madre por sus familias!. Para que tengamos familias unidas, familias que vivan comprometidas con el Señor, que vivan unidas, que defiendan éste núcleo tan importante que es atacado por diferentes aspectos y diferentes agentes de nuestra sociedad.

Aquí estamos para presentarle a nuestros jóvenes. Nuestros jóvenes como tantos otros viven muchos de ellos desorientados, han perdido la brújula, ya no hay verdades absolutas, ya no es Cristo la verdad absoluta y única, viven en el relativismo. Campeche no es la excepción y aquí estamos para pedirle a Nuestra Madre por ellos para que encuentren esa dirección de su vida y descubran en Jesús el camino, la verdad y la vida.

Aquí estamos para presentarle al Señor y a Nuestra Madre a nuestros enfermos, ¡cuántos enfermos!, ¡cuántas urgencias también!, ¡cuántos dolores!, ¡cuántos dramas por diferentes circunstancias de enfermedades físicas y de enfermedades espirituales!. Pero aquí estamos porque sentimos,  escuchamos y porque está el eco en nuestro corazón de aquella voz que nos dice: “¿qué te preocupa?, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?. Y es verdad, ¡no está aquí aquella que es Nuestra Madre, que se preocupa, que nos conoce,  que nos acompaña, que intercede y que lo puede todo con esa intercesión ante su Hijo Jesús! Porque confiamos en esas palabras aquí estamos.

Hermanos, nuestras peticiones van más allá de la Diócesis. México está pasando por un momento difícil, la transición democrática está trayendo mucho desequilibrio, ya hay una ebullición que nos preocupa a los pastores, una ebullición social que puede ser origen de un conflicto mayor, pero aquí estamos para decirle a nuestra Madre: sabemos que tú nos vas a ayudar, que tú con el amor que nos tienes no vas a permitir que vayan a surgir esos focos de violencia Madre confiamos en ti, creemos Señora y creemos que tú nos vas a ayudar a salir adelante y no solamente a Campeche y a México.  También en el mundo entero pasa momentos difíciles, ¿quién no ha escuchado de ésta guerra entre Israel y el Líbano?. Una guerra fuertísima, una guerra que está trayendo tanta muerte y desgracia y tantas otras guerras civiles en África

Aquí estamos también porque no podemos olvidarlos, porque no podemos sentirnos apartados de ellos, todos en la Iglesia formamos un solo cuerpo, una sola realidad y aquí estamos para manifestarla. Esta visita nos ánima, nos conforta porque sabemos que no estamos solos, que contamos con la Gracia de tener ese amor y esa intercesión de Nuestra Madre Santísima

Que nuestra visita a la ¡Morenita del Tepeyac! nos renueve a todos, que esta visita aumente en nosotros nuestra fe, esperanza y caridad, que nos comprometa con Jesús, con su Evangelio, que nos comprometa con las necesidades de nuestra Iglesia. Hermanos necesitamos laicos comprometidos, que den su tiempo, su talento, su tesoro en la construcción de una Iglesia firme y más fuerte en México. Así sea.

 
 
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