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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Ramón Calderón Batres,
Obispo de Linares, en ocasión de la peregrinación de
la Diócesis de Linares a
la Basílica de Guadalupe.
2 de agosto
de 2006
Cada
año venimos a nuestra Señora con algunas nuevas noticias
y con nuestras preocupaciones. Las buenas noticias es que
nuestro seminario llegó ya a treinta alumnos este año con
los que van a ingresar. Desde aquel tiempo que les dije
que estábamos pasando por una gran sequía en nuestras comunidades
pastorales del sur del altiplano, ahora están reverdeciendo
gracias al trabajo de la pastoral vocacional, de los padres
del seminario, los párrocos que han colaborado muy entusiastamente,
y a todos ustedes fieles con sus oraciones. Es una buena
noticia que le traemos ahora aquí a Nuestra Señora.
Otra buena noticia es que las comunidades han venido despertando
a una fe cada vez más profunda, todo lo que se ha venido
dando este año tiene un sentido de Gracia.
Los cursos que se han realizado, los encuentros de renovación,
los cursos de evangelización previos a la confirmación de
los niños junto con sus papas y padrinos, han dado fruto,
son torrentes de Gracia que el Señor ha derramado sobre
nuestra Diócesis en esta etapa de confirmaciones.
Por todo esto bendecimos al Señor y le agradecemos a Nuestra
Señora su poderosa intercesión porque Ella ha venido dando
fortaleza a los agentes, párrocos, evangelizadores y catequistas.
En todas las parroquias hay una estructura de servicio que
es notable porque son espacios donde pueden los fieles recibir
la enseñanza adecuada para recibir el Sacramento.
Le traemos a Nuestra Señora nuestras preocupaciones, en esta
ocasión nuestra preocupación más grande es el país en el
cual nosotros estamos dentro y sentimos todo el peso del
futuro. Y hemos pedido a Nuestra Señora que nos dé el Espíritu
de las Bienaventuranzas de las que Ella participó de corazón.
Le decimos a Dios que por intercesión de Nuestra Señora nos
conceda espíritu de pobres; “Bienaventurados los pobres
de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
Queremos Señora ser pobre de verad, que no nos muevan nuestras
pretensiones y ambiciones, queremos ser desprendidos para
compartir con nuestros hermanos, para no hacerle sombra
a nadie, para no buscar honores, para no buscar ninguna
otra ventaja que nos pudiera colocar en una situación distinta
de la que queremos tener, ser humildes servidores todos.
Cuando tenemos esta disponibilidad, tenemos la libertad
interior con la que caminamos porque no tenemos interés
que nos ate, podemos caminar de una parte a otra.
¡Queremos ser pobres!, le decimos a Nuestra Señora, y queremos
también ser pacíficos. Nuestra Señora también como su Hijo
es Nuestra Señora de la Paz porque Ella pone paz en nuestros
hogares, nuestras personas, nuestras comunidades y queremos
que ponga paz en el país. Queremos ser pacíficos porque
también nos afectan los conflictos y queremos vivir en paz.
Queremos tener entonces Señora Nuestra, un ambiente donde
reine la paz y queremos tener también misericordia.
“Bienaventurados los misericordiosos por que ellos tendrán
misericordia”. Si no tenemos misericordia no vamos a hacer capaces de condolernos, de
compadecernos con nuestros hermanos, nos iremos endureciendo
y nuestro corazón se irá anquilosando, porque no sabemos
compadecernos ni sabemos compartir.
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Queremos ser limpios de corazón, Señora Nuestra, con esa limpieza
de tu mirada, con la mirada de la persona que no piensa mal ni se
deja llevar por malas interpretaciones. Las personas sencillas, las personas que no ven segundas intenciones
en nada, las personas que no proyectan ningunas de las cosas sucias
que puedan tener en su mente, esos son los limpios de corazón, esos
son los que verán a Dios. Nosotros Señora Nuestra queremos ver a
Dios, por eso queremos tener limpieza de mirada y corazón.
Queremos también ser hombres y mujeres que tengan hambre y
sed de justicia. Esa hambre que nos genere una ansiedad para que
las cosas se vayan realizando en justicia y en santidad, una ansiedad
que nos permita andar siempre urgidos de que no se agote ninguna
posibilidad hasta que podamos nosotros conseguir el propósito
de ir estableciendo la justicia a nuestro alrededor. Tener hambre,
sed de paz, de justicia y de santidad que debe caracterizar este
momento a todos los fieles que ahora venimos en la peregrinación
desde la Diócesis de Linares.
Los saludos a todos los de las diferentas parroquias con sus
párrocos aquí presentes, los saludo con la alegría de ver a todo
un pueblo que está a los pies de Nuestra Señora para decirle:
hemos logrado algo este año, pero también te pedimos que nos concedas
las disposiciones que necesitamos para poder establecer su Reino
en medio de nosotros, el espíritu de la pobreza, la paz, la limpieza
de corazón, el hambre y sed de justicia, la compasión para todos.
En una palabra Señora Nuestra, queremos pedirte el espíritu de
las Bienaventuranzas que nos permita ser gente buena que sepa
compartir comprometiéndose con el bien común.
El bien común es el conjunto de condiciones que favorecen el
desarrollo integral de una persona. El bien común que tiene la
comunidad más alejada porque hay escuelas, clínicas, hay trabajo,
porque tienen un futuro las familias, hay armonía, todo eso es
el bien común, el conjunto de condiciones que permiten que todos
tengan oportunidades de crecimiento.
A esto hemos venido hoy hermanos en esta peregrinación, venimos
jubilosos, alegres, porque venimos a ver a Nuestra Madre, venimos
a confiarle nuestras penas, pero también a darle nuestras buenas
noticias. Venimos con nuestro señor Obispo, nuestros señores curas,
venimos con todos los que nos pueden acompañar, y venimos también
con los hermanos que pueden tener otras capacidades, y cada año
nos acompañan estos niños que también le dan alegría a nuestro
peregrinar.
Venimos con el corazón en la mano Señora Nuestra y queremos
con tu bendición irnos con una mirada que nunca nos deje, queremos
seguir oyendo el reclamo que tú le hiciste a San Juan Diego: “¿Qué
te preocupa?, ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Quedémonos
con éste pensamiento hermanos y vayámonos con alegría en el corazón.
Que así sea.
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