"Confiamos a Santa María de Guadalupe, Patrona
de México y de todo el continente, el destino de los pueblos
americanos y de su nueva evangelización". Palabras de Su Santidad Juan Pablo II en su homilía durante
la Misa Solemne en este mismo lugar en enero de 1999, durante
su tercera visita a México.
Muy queridos hermanos en el Episcopado, que desde las distintas
diócesis de Tamaulipas hemos venido en peregrinación acompañados
de algunos de nuestros sacerdotes, religiosos, religiosas y
fieles laicos que, en representación de nuestras parroquias,
hemos caminado juntos, alabando a Dios, recorriendo avenidas
y dando testimonio de nuestra fe, hasta llegar a esta casa,
la casa de todos, donde Dios ha manifestado su amor misericordioso
a millones de sus hijos, que como nosotros, día tras día nos
acercamos confiados al Santuario de la Morenita del Tepeyac.
Queridos hermanos sacerdotes que junto con nuestro pueblo nos
postramos ante la venerada imagen de nuestra Señora, Madre y
modelo del SI sacerdotal.
A todos, de las diócesis hermanas de Tamaulipas, los saludos
con gran afecto y comparto para ustedes y con ustedes el amor
con el que hemos venido hoya honrar a nuestra Madre del Cielo.
Por Gracia de Dios me ha tocado presidir, a los pies de Nuestra
Señora de Guadalupe, y en comunión con ustedes, esta Eucaristía
como sacramento central y en Ella celebrar los grandes acontecimientos
de nuestra salvación. Aunque de diferentes diócesis y diversos
unos de otros, Cristo nos une en comunión unos con otros y a
todos con el Padre Celestial.
Sabemos que, por naturaleza, nuestra Iglesia es Misionera y
peregrina, y como cada año este peregrinar se reviste de una
experiencia de fe que nos impulsa a vivir en nuestras comunidades
y en todas partes, nuestro compromiso bautismal, que debe ser
traducido en categorías de amor y servicio a Dios y a nuestros
hermanos, en una entrega total y humilde a ejemplo de María,
la esclava del Señor.
Realmente es conmovedor y mueve las fibras más íntimas de nuestra
fe, el ser testigo de la profunda devoción que en todo nuestro
País profesamos a la Virgen María. Devoción que se manifiesta
en el gran amor que cada uno de nosotros le expresamos y entregamos.
Ese amor el que nos hecho acudir a su Basílica del Tepeyac
llenos de fe para invocar su maternal intercesión y protección
para nuestras diócesis, parroquias y familias. Para implorar
esperanzados alguna gracia, para rendir amorosos un reconocimiento
y para hallar al único Mediador, Cristo Jesús.
"Fue enviado por Dios el Ángel Gabriel a una ciudad
de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre
llamado José...; el nombre de la Virgen era María..." (Le.
1,26- 27). Si a Nazaret Dios envió a su mensajero Gabriel, a
México envió a la Madre Grávida de su Hijo.
Así inició un camino evangelizador a la vez antiguo
y nuevo, utilizando valores y símbolos de la cultura antigua
y dándoles el toque maestro de madurez a través de su Hijo Jesucristo
y del Espíritu Santo. María fue enviada como maestra de fe,
esperanza y amor. Ella muestra como acercarnos a Jesucristo".
De estas palabras podemos desprender varias reflexiones:
* Ella apareció en cinta de pocos meses, la Virgen está de
pie y su rostro se inclina delicadamente recordando un poco
las tradicionales "Inmaculadas". Es muy bella, armoniosa
y sencilla.
* En 1531, sabemos, diez años después de la conquista de Tenochtitlán,
a los pocos días de diciembre, después de suspender la guerra
y en tiempos de paz, aparece la imagen de Nuestra
Señora de Guadalupe en una maravillosa síntesis cultural como
señal de una nueva historia religiosa y de encuentro entre dos
mundos. La Madre de Dios asume la historia y el presente cultural
y coyuntural, y se identifica con dicha realidad, logrando hacerse
una de ellos. Les ayudó a ambos, nativos y españoles, a comprender
que la fe cristiana no es propiedad de nadie, sino un don de
amor para todos.
* Ella es: - "La Siempre Virgen María, Madre del verdadero
Dios por quien se vive", le dice a San Diego en la primera
aparición. - "La Siempre Virgen Santa María de Guadalupe",
como pidió a Juan Bernardino fuera nombrada su bendita imagen.
Vocablo con dos significaciones: "Río de luz" y "La
que aplasta la serpiente" (coatlaxopeuh, el cual es pronunciado
"quatlasupe").
* Santa María de Guadalupe es modelo de Evangelizadora y de
Evangelización. Ese ser y proceder de la Señora del Tepeyac
nos enseña a asumir cualquier realidad humana. Ella misma se
expresó en la lengua nativa de los indios, el N ahuat1; además
de su indudable influencia que tuvo en la conversión de todo
un pueblo, el nuestro, el mexicano. Nos enseña a entablar diálogos
con la gente de nuestro tiempo, que plenifiquen a las personas,
mejoren sus interrelaciones y las animen en la felicidad y confianza
en el amor trascendente de Dios, a hacer presente en la historia
desde su particularidad y como pueblo, todo lo que el amor de
Dios y su designio salvador nos quiere regalar. Ella continúa
precediendo con su luz al caminante pueblo de Dios, como signo
de esperanza cierta y de consuelo (Cfr. LG 68). La Guadalupana
es para todo mexicano: luz y consuelo, gozo y esperanza. Todos
los mexicanos llevamos en nuestros corazones a la Guadalupana,
y la Virgen nos lleva a nosotros.
Además, podemos decir, Ella ha querido ser un faro plantado
en el corazón del continente americano para atrae a todos a
Cristo, salvador y vida. Su persona, que remite a los hijos
a su hijo, 'es mestiza y se caracteriza por un amor gratuito
y desbordante hacia todos, así como somos y cuales fueren nuestras
circunstancias: "... deseo vivamente que se me erija
aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión,
auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre, a tí,
a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los
demás amadores míos que me invoquen y en mí confinen",
le decía la Virgen a Juan Diego en su primera aparición.
Pidamos a Dios Padre de Misericordia, que ha puesto a este
pueblo mexicano bajo la especial protección de la Siempre Virgen
María de Guadalupe, Madre de su Hijo, que nos conceda, por su
intercesión: - Que todos los Obispos, de manera particular,
por aquellos que hemos venido de las diversas diócesis de Tamaulipas,
para que sigamos conduciendo a todos los fieles por los senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a sus hermanos. - Que todos los sacerdotes, religiosos, religiosas
y fieles descubramos siempre en María ese signo que nos lleva
al Señor. - Que todos los fieles y Pastores profundicemos en
nuestra fe, y que a través de Ella vayamos continuamente a Jesús.
Que proteja a nuestras familias para que estén siempre muy unidas.
- Que así como favoreció a Juan Bernardino, sanándolo de su
enfermedad, en ese su primer milagro, que siga favoreciendo
a todos nuestros enfermos y afligidos. - Que conceda a nuestras
diócesis la justicia, la prosperidad y la paz, de manera especial
nos unimos a la plegaria del mundo entero por la paz en aquellos
lugares que están en guerra, en especial por Líbano e Israel.
Consagramos en este día nuestra patria para que realmente México
sea un país en el que alcancemos una convivencia pacifica y
respetuosa, ya que todos buscamos el progreso, la justicia,
el respeto a los derechos humanos y el bien de la patria.
Mas allá de las diferencias ideológicas compartimos una historia,
unos valores, un destino que en estos momentos esta en juego.
Si bien" en una familia caben legítimamente las diferencias
y las divergencias, no es concebible el odio, y mucho menos
la violencia que siempre es condenable y estéril.
Por ello, "Santa Maria de Guadalupe, nuestra Señora de
la reconciliación te rogamos que nos ampares en el hueco de
tu manto, en el cruce de tus brazos, que mantengas nuestra nación
en la concordia y nos recuerdes que somos hermanos".
Te consagramos nuestras diócesis, nuestra vida, nuestros trabajos,
alegrías, enfermedades y nuestros dolores. Permítenos, pues,
que "nuestro corazón en amarte eternamente se ocupe, y
nuestra lengua en alabarte, Madre Nuestra de Guadalupe"
Así sea. |
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