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Homilía
pronunciada por Mons. Rafael Sandoval Sandoval M. N. M.
Obispo de Tarahumara, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Tarahumara a la Basílica de Guadalupe.

1 de agosto de 2006

"DISCERNIR, CON MARIA, DESDE SITUACIONES DE POBREZA"

1. SALUDO

Amados hermanos:
Venimos, desde la Sierra Tarahumara, para sentir de cerca el amor y la ternura de la siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, y Madre nuestra.

Nos pasa como al niño que sonríe porque antes ha sido amado. Quien provoca esa sonrisa es la madre que lo ama más allá de sus cualidades. Venimos a lanzarnos en su regazo para que, a su contacto, vuelvan a nacer la alegría y la confianza en la vida.

Hoy quiero decir alguna palabra sobre los mestizos pobres, pero especialmente sobre los indígenas, tan amados de María, y tan necesitados, como nosotros, de discernir desde su situación de pobreza.

2. ¿CÓMO ERA MARÍA?

Ciertamente no era ni de ojos azules ni una miss universo. No pertenecía a la "alta sociedad" ni hablaba varios idiomas. No traía anillos ni collares. No era rica y no salía en los periódicos.

Era simplemente una sencilla campesina, curtida, morena y caminante. Era una mujer (en la sociedad de su tiempo, los fariseos daban gracias por no ser paganos, ni mujeres ni impuros).

Esa Mujer humilde y humillada, despreciable a los ojos del mundo, es el ser más grande, después de Jesús, que ha pisado este planeta.

Es la Mujer a la que Dios ha mirado en su humillación. Era, pues, una mujer pobre; nacida en el pueblito más alejado y olvidado de la dominación romana; una mujer de fe, en la que Dios puso su mirada complacida.

En el Cántico podemos descubrir su personalidad espiritual: mujer que se alegra porque "Dios es mi salvador", "ha mirado la humillación de su esclava", y porque "ha hecho grandes cosas el Omnipotente". Ella se reconoce solidaria con todos los que viven al margen de la sociedad y llevan una vida cargada de todo género de privaciones. Pero no sólo solidaria, sino compañera en el camino de la vida.

3. "HA MIRADO LA BAJEZA DE SU SIERVA"

De hecho, cuando Dios mira, se inclina y desciende hacia el pobre e indigente. Dios se complace de lo que ve en María y en los pobres, porque ahí contempla algo de su propia perfección, y ve, con su ojo penetrante, algo de Sí: su bondad participada, su belleza y su riqueza donada. Nada, de hecho, agrada a Dios que no sea un reflejo de su hermosura y bondad.

Por esta razón, María se alegra y canta su Magnificat. Proclama, desde lo más hondo, la grandeza de Dios, porque es el Dios de los pobres, y porque los mira con bondad.

Y, como María se ha dejado ver por Dios, su recompensa es la bienaventuranza: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". No hay persona que vea más el querer de Dios que el pobre. No sólo porque es pobre, sino porque es pobre creyente.

4. "DERRIBA DEL TRONO A LOS PODEROSOS Y ENAL TECE A LOS HUMILDES"

No son palabras agresivas ni violentas, sino que brotan de la ternura y del gozo que caben en su corazón. En ese corazón que recordaba el gozo de Jesús, cuando alababa al Padre porque "ha ocultado su Reino a los poderosos de la tierra, y lo ha revelado a los que nada valen".

Dios ha escondido el Reino a los que se sienten sabios y a los que utilizan esa sabiduría para manipular a Dios y para atacar a los que no piensan igual. Y se lo ha revelado a los pobres "anawin", es decir, a los que permiten que Dios los ame. i Esto es sublime!

5. REALIDADES DOLOROSAS DE NUESTRA SIERRA

A un año y medio de estar en aquellas tierras, ya he visto mucho dolor, especialmente en los pobres más pobres: los indígenas.

Ellos tampoco salen en los periódicos porque han sido excluidos del panorama nacional. Muchos de ellos están ahí, como olvidados en el camino de la vida, sufriendo golpes y heridas que los tienen en dolorosa postración.

¿Qué candidato ha ido para allá? Hasta los católicos pasamos de largo, pensando que Dios sólo está en el templo, y sin saber que está caído en la orilla del camino.

Si acaso algunos turistas van, pero para divertirse un poco con su rico folclore, como si ellos fueran cosas de museo. ¡Qué pocos se dan cuenta de los niños que mueren por desnutrición o de las mujeres que tienen que comer solo pinole! ¿A quién le interesa velar para que se les devuelvan sus tierras que fueron compradas por un par de sandalias?

Si acaso, algunos se preocupan, pero con actitud paternalista, amenazadora y presuntuosa. ¿Quién escucha su voz y defiende sus derechos? ¿Dónde están las tan citadas fuentes de trabajo y los tan renombrados intereses por los desprotegidos? ¿Qué se hace para proteger sus ya tan deteriorados y explotados bosques?

Tenemos miedo a mirar a estos indígenas, tal vez porque esa mirada nos pueda comprometer. De hecho, la mirada profunda toca lo íntimo y acaricia al otro. El sacerdote y el levita, que narra el Evangelio, se desviaron y no quisieron verlo. Con frecuencia, los que nos decimos religiosos, también pasamos de largo y nos desviamos del camino del hombre.

6. REALIDADES DE ESPERANZA

Sin embargo, del mundo pobre indígena, está naciendo una primavera. Me atrevería a decir que en ellos no sólo hay "semillas del Verbo", sino que el Verbo está ahí. Ellos, los indígenas, tienen una riqueza espiritual profunda, que hoy nos debería evangelizar a todos.

En medio de tanta oscuridad, existe una luz que sale de ahí, de esas culturas olvidadas, pero perennes. Bastan, por ahora algunos ejemplos:

Sus danzas, sus minuetos y su música, expresan un sentido profundo del misterio, yo diría que ellos son verdaderos místicos, con su corazón en el Cielo y con los pies en la tierra. Su nobleza es impresionante, al no dejarse amedrentar y al saberse "paguótami” (hijos de Dios). Ese es su nombre verdadero.

Su actitud profunda de compartir todo lo que tienen, y su sentido comunitario es alentador para una sociedad individualista. Mientras caminaba por la Sierra, y con hambre, una mujer me invitó a comer. Sólo tenía café y un poco de tortillas. Me dijo que ella me vería comer. Yo no acepté. Al fin nos pusimos de acuerdo para compartir aquello. Fue una lección para mí. Me di cuenta que la pobreza evangélica consiste en dar todo lo que se tiene, y recibir lo que me den. Ellos viven la pobreza evangélica.

En medio de tanta pobreza, ellos saben reír y danzar; saben rezar y contemplar. No son violentos ni acaparadores.

Viven al día, pero la vida no se les escapa como se escapa el agua de las manos. Ellos, pareciendo muertos, están vivos. Se están levantando de la tumba en la que los tuvimos durante tantos siglos.

Por esto, y por muchas otras cosas más, yo afirmo que ahí está la Vida vibrante que se asoma como una aurora que anuncia el día. Ahí está María con ellos. La conocen, la sienten y la viven.

7. ¿QUÉ ACTITUD TOMAR ANTE TODO ESTO?

María y Jesús nos dicen que hay que discernir, es decir, ver lo que está pasando en la sociedad, en el país, en la Iglesia, en nuestra diócesis..., pero sabiendo que la seguridad no está en nosotros sino en Él.

María vio la prepotencia y la injusticia, pero las vio con ojos de fe. Por eso no se desalentó. Seguro que a Ella le llegó la tentación de la desesperanza y de la crítica amarga y contagiosa.

Pero sus ojos luminosos vieron la realidad desde otra óptica: desde la actitud de fe. Sólo la fe nos hace ver la realidad.

Su Cántico profético nada tiene de amargura ni de actitud violenta o agresiva. No puede ser profecía la denuncia que no brote del amor, y es imposible discernir cuando hay amargura en el corazón.

¡Cuántas preguntas tendría en su corazón! ¿Por qué me pasa esto? ¿Dónde está Dios, que me habló por medio del ángel? ¿Qué no es el Mesías a quien llevo en mi vientre? ¿Por qué no hace algo? Lo mismo nos pasa a nosotros: ¿Por qué la guerra en Jordania? ¿Porqué los poderosos triunfan y los pobres son cada vez más pobres? ¿Porqué mi hijo nació con esta enfermedad? ¿Porqué mi madre muere, cuando más falta me hace? ¡Tantos por qué! Hay cosas que no caben en nuestra cabeza y que no entendemos.

Pero María, al igual que Jesús, nos invita a mirar adelante y a no quedarnos en lamentaciones. Nos invita a transformar la historia con un "para qué". Jesús nos dirá: todo esto sucede "para que": Nació ciego "para que se manifieste la obra de Dios". Los "porqué" nos llevan a buscar culpables; los "para qué" nos impulsan a cambiar la situación.

8. ¿QUÉ TE PREOCUPA, HIJO MÍO? ¿NO ESTOY AQUÍ YO QUE SOY TU MADRE?

Estamos aquí para sentir la ternura de la Madre. Esa ternura que se opone a la dureza de corazón y que se podría describir como un amor delicado, alegre, sensible, no codicioso ni posesivo, sino fuerte, eficaz, desarmado y desarmante. La ternura salvará al mundo.

Si alguien nos pregunta cómo nos fue en la Peregrinación, no contestemos. Es mejor que nos vean con amor, con alegría y con paz. ¡Cómo le falta esto a este mundo cansado! Que se nos conozca por nuestra amabilidad y perdón.

Cuando Moisés bajó del monte, despedía aroma; yeso que la Ley que traía estaba grabada en piedras. San Pablo nos dice: "Ustedes son el aroma de Jesús".

Que quien se acerque a nosotros, respire a Jesús. Ahora nosotros somos "carta viva" que la gente pueda leer; no escrita en tablas, ni con tinta, sino en nuestros corazones y por el Espíritu Santo.

Vayamos a las montañas y a las barrancas, con y como María, para anunciar el Mensaje que llevamos en nuestro corazón.

Que la Santísima Virgen María traiga paz al mundo, a nuestro país y a nuestras comunidades. Los bendigo de corazón.

 
 
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