| "DISCERNIR, CON MARIA, DESDE SITUACIONES DE POBREZA"
1. SALUDO
Amados hermanos:
Venimos, desde la Sierra Tarahumara, para sentir de cerca el
amor y la ternura de la siempre Virgen Santa María, Madre
del Verdadero Dios por quien se vive, y Madre nuestra.
Nos pasa como al niño que sonríe porque antes ha sido amado.
Quien provoca esa sonrisa es la madre que lo ama más allá
de sus cualidades. Venimos a lanzarnos en su regazo para
que, a su contacto, vuelvan a nacer la alegría y la confianza
en la vida.
Hoy quiero decir alguna palabra sobre los mestizos pobres,
pero especialmente sobre los indígenas, tan amados de María,
y tan necesitados, como nosotros, de discernir desde su
situación de pobreza.
2. ¿CÓMO ERA MARÍA?
Ciertamente no era ni de ojos azules ni una miss universo.
No pertenecía a la "alta sociedad" ni hablaba
varios idiomas. No traía anillos ni collares. No era rica
y no salía en los periódicos.
Era simplemente una sencilla campesina, curtida, morena y caminante.
Era una mujer (en la sociedad de su tiempo, los fariseos
daban gracias por no ser paganos, ni mujeres ni impuros).
Esa Mujer humilde y humillada, despreciable a los ojos del
mundo, es el ser más grande, después de Jesús, que ha pisado
este planeta.
Es la Mujer a la que Dios ha mirado en su humillación. Era,
pues, una mujer pobre; nacida en el pueblito más alejado
y olvidado de la dominación romana; una mujer de fe, en
la que Dios puso su mirada complacida.
En el Cántico podemos descubrir su personalidad espiritual:
mujer que se alegra porque "Dios es mi salvador",
"ha mirado la humillación de su esclava", y porque
"ha hecho grandes cosas el Omnipotente". Ella
se reconoce solidaria con todos los que viven al margen
de la sociedad y llevan una vida cargada de todo género
de privaciones. Pero no sólo solidaria, sino compañera en
el camino de la vida.
3. "HA MIRADO LA BAJEZA DE SU SIERVA"
De hecho, cuando Dios mira, se inclina y desciende hacia el
pobre e indigente. Dios se complace de lo que ve en María
y en los pobres, porque ahí contempla algo de su propia
perfección, y ve, con su ojo penetrante, algo de Sí: su
bondad participada, su belleza y su riqueza donada. Nada,
de hecho, agrada a Dios que no sea un reflejo de su hermosura
y bondad.
Por esta razón, María se alegra y canta su Magnificat. Proclama,
desde lo más hondo, la grandeza de Dios, porque es el Dios
de los pobres, y porque los mira con bondad.
Y, como María se ha dejado ver por Dios, su recompensa es
la bienaventuranza: "Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios". No hay persona que vea
más el querer de Dios que el pobre. No sólo porque es pobre,
sino porque es pobre creyente.
4. "DERRIBA DEL TRONO A LOS PODEROSOS Y ENAL TECE A LOS
HUMILDES"
No son palabras agresivas ni violentas, sino que brotan de
la ternura y del gozo que caben en su corazón. En ese corazón
que recordaba el gozo de Jesús, cuando alababa al Padre
porque "ha ocultado su Reino a los poderosos de la
tierra, y lo ha revelado a los que nada valen".
Dios ha escondido el Reino a los que se sienten sabios y a
los que utilizan esa sabiduría para manipular a Dios y para
atacar a los que no piensan igual. Y se lo ha revelado a
los pobres "anawin", es decir, a los que permiten
que Dios los ame. i Esto es sublime!
5. REALIDADES DOLOROSAS DE NUESTRA SIERRA
A un año y medio de estar en aquellas tierras, ya he visto
mucho dolor, especialmente en los pobres más pobres: los
indígenas.
Ellos tampoco salen en los periódicos porque han sido excluidos
del panorama nacional. Muchos de ellos están ahí, como olvidados
en el camino de la vida, sufriendo golpes y heridas que
los tienen en dolorosa postración.
¿Qué candidato ha ido para allá? Hasta los católicos pasamos
de largo, pensando que Dios sólo está en el templo, y sin
saber que está caído en la orilla del camino.
Si acaso algunos turistas van, pero para divertirse un poco
con su rico folclore, como si ellos fueran cosas de museo.
¡Qué pocos se dan cuenta de los niños que mueren por desnutrición
o de las mujeres que tienen que comer solo pinole! ¿A quién
le interesa velar para que se les devuelvan sus tierras
que fueron compradas por un par de sandalias?
Si acaso, algunos se preocupan, pero con actitud paternalista,
amenazadora y presuntuosa. ¿Quién escucha su voz y defiende
sus derechos? ¿Dónde están las tan citadas fuentes de trabajo
y los tan renombrados intereses por los desprotegidos? ¿Qué
se hace para proteger sus ya tan deteriorados y explotados
bosques?
Tenemos miedo a mirar a estos indígenas, tal vez porque esa
mirada nos pueda comprometer. De hecho, la mirada profunda
toca lo íntimo y acaricia al otro. El sacerdote y el levita,
que narra el Evangelio, se desviaron y no quisieron verlo.
Con frecuencia, los que nos decimos religiosos, también
pasamos de largo y nos desviamos del camino del hombre.
6. REALIDADES DE ESPERANZA
Sin embargo, del mundo pobre indígena, está naciendo una primavera.
Me atrevería a decir que en ellos no sólo hay "semillas
del Verbo", sino que el Verbo está ahí. Ellos, los
indígenas, tienen una riqueza espiritual profunda, que hoy
nos debería evangelizar a todos.
En medio de tanta oscuridad, existe una luz que sale de
ahí, de esas culturas olvidadas, pero perennes. Bastan,
por ahora algunos ejemplos:
Sus danzas, sus minuetos y su música, expresan un sentido profundo
del misterio, yo diría que ellos son verdaderos místicos,
con su corazón en el Cielo y con los pies en la tierra.
Su nobleza es impresionante, al no dejarse amedrentar y
al saberse "paguótami” (hijos de Dios). Ese es su nombre
verdadero.
Su actitud profunda de compartir todo lo que tienen, y su sentido
comunitario es alentador para una sociedad individualista.
Mientras caminaba por la Sierra, y con hambre, una mujer
me invitó a comer. Sólo tenía café y un poco de tortillas.
Me dijo que ella me vería comer. Yo no acepté. Al fin nos
pusimos de acuerdo para compartir aquello. Fue una lección
para mí. Me di cuenta que la pobreza evangélica consiste
en dar todo lo que se tiene, y recibir lo que me den. Ellos
viven la pobreza evangélica.
En medio de tanta pobreza, ellos saben reír y danzar; saben
rezar y contemplar. No son violentos ni acaparadores.
Viven al día, pero la vida no se les escapa como se escapa
el agua de las manos. Ellos, pareciendo muertos, están vivos.
Se están levantando de la tumba en la que los tuvimos durante
tantos siglos.
Por esto, y por muchas otras cosas más, yo afirmo que ahí
está la Vida vibrante que se asoma como una aurora que anuncia
el día. Ahí está María con ellos. La conocen, la sienten
y la viven.
7. ¿QUÉ ACTITUD TOMAR ANTE TODO ESTO?
María y Jesús nos dicen que hay que discernir, es decir, ver
lo que está pasando en la sociedad, en el país, en la Iglesia,
en nuestra diócesis..., pero sabiendo que la seguridad no
está en nosotros sino en Él.
María vio la prepotencia y la injusticia, pero las vio con
ojos de fe. Por eso no se desalentó. Seguro que a Ella le
llegó la tentación de la desesperanza y de la crítica amarga
y contagiosa.
Pero sus ojos luminosos vieron la realidad desde otra óptica:
desde la actitud de fe. Sólo la fe nos hace ver la realidad.
Su Cántico profético nada tiene de amargura ni de actitud violenta
o agresiva. No puede ser profecía la denuncia que no brote
del amor, y es imposible discernir cuando hay amargura en
el corazón.
¡Cuántas preguntas tendría en su corazón! ¿Por qué me pasa
esto? ¿Dónde está Dios, que me habló por medio del ángel?
¿Qué no es el Mesías a quien llevo en mi vientre? ¿Por qué
no hace algo? Lo mismo nos pasa a nosotros: ¿Por qué la
guerra en Jordania? ¿Porqué los poderosos triunfan y los
pobres son cada vez más pobres? ¿Porqué mi hijo nació con
esta enfermedad? ¿Porqué mi madre muere, cuando más falta
me hace? ¡Tantos por qué! Hay cosas que no caben en nuestra
cabeza y que no entendemos.
Pero María, al igual que Jesús, nos invita a mirar adelante
y a no quedarnos en lamentaciones. Nos invita a transformar
la historia con un "para qué". Jesús nos dirá:
todo esto sucede "para que": Nació ciego "para
que se manifieste la obra de Dios". Los "porqué"
nos llevan a buscar culpables; los "para qué"
nos impulsan a cambiar la situación.
8. ¿QUÉ TE PREOCUPA, HIJO MÍO? ¿NO ESTOY AQUÍ YO QUE SOY TU
MADRE?
Estamos aquí para sentir la ternura de la Madre. Esa ternura
que se opone a la dureza de corazón y que se podría describir
como un amor delicado, alegre, sensible, no codicioso ni
posesivo, sino fuerte, eficaz, desarmado y desarmante. La
ternura salvará al mundo.
Si alguien nos pregunta cómo nos fue en la Peregrinación, no
contestemos. Es mejor que nos vean con amor, con alegría
y con paz. ¡Cómo le falta esto a este mundo cansado! Que
se nos conozca por nuestra amabilidad y perdón.
Cuando Moisés bajó del monte, despedía aroma; yeso que la Ley
que traía estaba grabada en piedras. San Pablo nos dice:
"Ustedes son el aroma de Jesús".
Que quien se acerque a nosotros, respire a Jesús. Ahora
nosotros somos "carta viva" que la gente pueda
leer; no escrita en tablas, ni con tinta, sino en nuestros
corazones y por el Espíritu Santo.
Vayamos a las montañas y a las barrancas, con y como María,
para anunciar el Mensaje que llevamos en nuestro corazón.
Que la Santísima Virgen María traiga paz al mundo, a nuestro
país y a nuestras comunidades. Los bendigo de corazón. |