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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. Miguel Ángel Alba Díaz, Obispo de la Diócesis de La Paz, en ocasión de la peregrinación de las Diócesis de Tijuana, Mexicali y La Paz a la Basílica de Guadalupe.

20 de julio de 2006

Muy buenos días, hermanos, hermanas, de las diócesis peninsulares. Hoy hemos venido desde muy lejos, desde nuestra casi isla de Baja California. Somos los hijos de las iglesias que peregrinan en Tijuana, Mexicali y La Paz, y hemos venido hasta esta Casita Santa.  

La Madre del verdadero Dios por quien se vive, nos prometió que desde aquí demostraría su amor y su ternura a todos los que habitamos en esta Patria, y nos pidió que en los momentos de angustia no tuviéramos miedo, porque Ella, nuestra Madre, está siempre con nosotros y nos lleva en su regazo.

Hemos venido hoy a rezar por México, por toda nuestra Patria, por todos los mexicanos, en este momento crucial, interesante y sumamente delicado, por el que atraviesa la nación.

Queremos pedirle a María de Guadalupe que interceda por nosotros, por nuestras autoridades, y por todos los protagonistas de este momento histórico para que Dios nos conceda la sabiduría, la serenidad y la fortaleza que tanto necesitamos, y así, de esta coyuntura difícil, nazca un México nuevo y mejor para todos los mexicanos.

Queremos hablarle a Ella, pero también queremos que Ella nos abra los oídos y el corazón, para que en esta situación seamos capaces de escuchar la voz de Dios en nuestra conciencia, y de hacer todo lo que El nos diga.    

Es por eso que quiero compartirles la siguiente reflexión. Hace pocos días un pastor evangélico decía que para encontrar solución a la confusa e incierta situación que vivimos, México y sus tribunales requerían de la sabiduría que Dios otorgó a Salomón. Estas palabras dichas por un hermano …a releer en Escritura el más famoso juicio realizado por este rey de Israel, en el Libro de Reyes, Capítulo 3, versículos 16 al 28.

Vinieron por entonces dos prostitutas y se presentaron ante el Rey. La Escritura habla de dos prostitutas, no nos habla de una mujer prostituta y otra bien casada, no nos habla de una honesta y otra deshonesta. El texto habla de dos prostitutas, dos pecadoras, como pecadores somos todos nosotros sin excepción.

Aunque ambas habían dado a luz uno de esos días, sólo una de ellas llevaba un niño en sus brazos, mientras que la otra iba con  sus brazos vacíos. La que iba con los brazos vacíos, molesta y enojada le dijo al rey: “esta mujer robó a mi niño mientras yo dormía y lo acostó en su regazo. Ella me robó mi niño, ella lo tiene como fruto del engaño, del robo, del fraude”. La otra mujer replicó: “eso es mentira. Este niño es mío, ella quiere despojarme injustamente de él”. Y ambas discutieron acaloradamente delante del rey sin ceder un solo paso ninguna de las dos.

Eran tiempos antiguos, no había pruebas de ADN, ni ningún tipo de elementos que pudieran dar certeza objetiva y jurídica sobre la filiación de aquel niño. Era difícil sentenciar quién de las dos era la verdadera madre. 

Entonces el rey, inspirado por Dios, sentenció: “traigan una espada, partan en dos al niño y  den la mitad a cada una de estas mujeres”. Una de las dos mujeres, la Escritura no nos dice cuál, si la que llevaba al niño en sus brazos o la que alegaba que se lo habían robado, simplemente nos dice que una de ellas dijo entonces: “si, que así se haga, el niño no será para ti ni será para mí, que lo partan en dos”.

Pero la otra mujer, tampoco sabemos cuál de ellas, si la que se sentía segura por llevar al niño en brazos o la que alegaba que se lo habían robado, replicó: “por favor señor, denle a ella el niño, pero no lo partan, no le hagan ningún  daño”.

Salomón nunca supo con certeza quién era la verdadera madre de aquél niño, pero pidió que lo entregaran a aquella que demostró que lo amaba más que a sí misma, a aquella que estuvo dispuesta a renunciar a él antes que permitir que le hicieran daño.

Queridos hermanos, después de las elecciones del dos de julio, México está dividido. Como parte de ese México, nuestras comunidades de Baja California también están divididas, y no sólo divididas sino también en riesgo de confrontaciones y violencias.

Para muchos hermanos es difícil tener certidumbre de lo que pasó ese día. La elección fue reñida, los resultados dados a conocer señalan un margen demasiado pequeño, de ambos lados hay razones y argumentos, de ambas partes hay apasionamientos y provocaciones imprudentes. 

Pero no pensemos que de un lado están los buenos y de otro los malos, todos somos igual de pecadores y de ambos lados hay trigo y cizaña. En el juicio de Salomón una de las dos mujeres sabía que estaba cometiendo una injusticia, que ese niño no era suyo.

En nuestro caso, ambos contendientes se muestran convencidos de que el niño es suyo. El que lo tiene parece convencido de no haberlo robado, y el que alega parece convencido de que lo han despojado inicuamente de lo que es legítimamente suyo.

No podemos entrar a sus conciencias, no tenemos elementos ni nos corresponde a nosotros juzgar, recemos, recemos para que todos, pero principalmente los protagonistas de esta controversia, los que desde ambas partes quieren quedarse a cualquier precio con el niño, sepan amar a México más que a sí mismos, más a que a sus ambiciones e intereses, y estén dispuestos  a renunciar a sus supuestos derechos antes que permitir que nuestra Patria sufra.

Recemos, recemos por nuestras autoridades judiciales para que actúen con verdad y justicia, y para que Dios les otorgue la sabiduría que tanto necesitan y que sólo puede venirles de lo alto.

Recemos, recemos para que las fuerzas políticas actúen con honestidad, con madurez, con generosidad, y cuando las autoridades den el fallo, recemos para que ambas partes estén dispuestas a aceptarlo por el bien de México, incluso renunciando a derechos que pretendidamente crean haber ganado.

Pidámosle a nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe, bendice nuestra Patria y conserva nuestra fe. Que Dios los bendiga y que desde este Santuario suba la plegaria de la península, por nosotros y por todos nuestros hermanos y hermanas queridos de México.

 
 
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