Virgen
Santísima, Madre de Guadalupe. Permíteme y
permítanme Ustedes, queridos hermanos y hermanas,
ser la voz de la Iglesia de Torreón que en nosotros,
hoy se postra a los pies de la Morenita del Tepeyac.
Como cada año, la
Iglesia de Torreón ha recorrido un largo camino para
llegar puntuales a la cita que tenemos contigo, Dulce Señora
del Tepeyac.
Venciendo obstáculos y dificultades, llamados por
tu amor de Buena Madre que nos toma entre sus manos para
presentarnos ante su Hijo Jesús, abrazamos con alegría
y esperanza la condición de peregrinos.
Nos pusimos en camino, como
intentando responder al amor que reclama amor. Así
hemos llegado hasta este monte santo, en donde el cielo
y la tierra se tocan, para que hoy, también nosotros
podamos tocar a Dios y Él pueda tocar nuestra historia,
cubriéndonos con tu manto, Virgen Santísima.
En nosotros está
hoy presente la Iglesia que peregrina en las tierras laguneras,
en donde hemos aprendido que la vida es don y tarea. Aquí
están los niños, adolescentes y jóvenes.
Aquí están los adultos y ancianos. Hombres
y mujeres, ricos y pobres, habitantes del campo y de la
ciudad.
Aquí están los seminaristas, las religiosas
y los religiosos. Aquí estamos los presbíteros
y el Obispo; servidores todos que queremos vivir al estilo
de tu Hijo, el Buen Pastor.
Aquí estamos, Santa
María de Guadalupe, tus hijas e hijos sin distinciones
ni diferencias. Aquí estamos nosotros que atraídos
por el brillo del Sol que te envió a nuestras tierras,
nos sabemos destinatarios del mensaje que hace 475 años
confiaste a Juan Diego.
Tú, Señora del Tepeyac, pusiste en sus labios
y en su corazón una gran tarea: ser portador de la
Buena Nueva del Amor liberador de Dios que es capaz de derrumbar
las barreras del odio y del resentimiento, de la esclavitud
y de toda tención por la lucha de poder.
A Juan Diego y en él,
a todos tus hijos e hijas “moradores de estas tierras”
encomendaste la tarea de construir una casa común,
en la que las relaciones entre las personas fueran siempre
fraternas y justas.
Aquí en esta casa, Tú, como una buena Madre,
eres la maestra que nos ha enseñado que la auténtica
dimensión de la vida está en la disponibilidad
al servicio y en la entrega generosa, amando a Dios y a
los hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
En tu mirada descubrimos
la mirada del Padre. Tus labios pronunciaron palabras que
sólo pudieron nacer del corazón de Dios, el
Único que es compasivo y misericordioso.
Te hiciste eco dulce de su amor y solicitud, de su cuidado
providente y paternal. Por eso, hoy, al escuchar en nuestro
corazón tus palabras de ternura, nos sentimos confortados
y llenos de una profunda esperanza.
Hemos venido de lejos, Dulce
Señora, no sólo para expresarte nuestro amor
y gratitud. Sino también para reiterar en este Santuario,
nuestro deseo de ser tus mensajeros. Como Juan Diego, el
Santo de estas tierras, también nosotros queremos
ser enviados.
Queremos recorrer los caminos que él recorrió;
aceptamos el reto de “caminar por caminos que no hemos
caminado” llevando con alegría y confianza
tu mensaje de amor y fraternidad.
En este tiempo en que nuestro México es amenazado
por tantas divisiones, odios y rencores, ofensas y agravios,
te decimos, Virgen de Guadalupe, que queremos ser portadores
de tu mensaje de fraternidad.
Estamos decididos a construir un mundo de justicia y respeto,
en donde el centro sea el ser humano, creado a imagen y
semejanza de Dios.
Por eso, Dulce Madre de
Guadalupe, ponemos en tus manos todos nuestros esfuerzos
y tareas. La riqueza de nuestro campo y de nuestras ciudades.
Las penas y dolores de hombres y mujeres que, a pesar de
las dificultades de la vida, no se dan por vencidos y siguen
trabajando por un mundo mejor.
La ciudad de Torreón,
sede de esta Iglesia local, está por celebrar el
Primer Centenario de su Fundación.
Desde aquí ponemos en tus manos a nuestras autoridades
municipales y a los hombres y mujeres de todas las condiciones
sociales, y credos políticos y religiosos que con
entusiasmo y confianza han construido y siguen construyendo
esta gran región.
Nuestro Plan Diocesano de
Pastoral marca el rumbo por el que la Iglesia de Torreón,
atenta a los signos de los tiempos, debe caminar.
En él están definidos nuestros grandes desafíos:
la familia, la construcción de la comunión
eclesial, las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada,
la educación, los adolescentes y jóvenes,
y el mundo de los alejados.
Ayúdanos, Señora del Tepeyac, a construir
en estos espacios de nuestra realidad concreta, “tu
casa”, en la que puedas mostrarnos “todo tu
amor y tu bondad”.
No permitas, Virgen Santísima,
que el desaliento anide en nuestro corazón. No dejes
que el egoísmo nos derrote.
Enséñanos a poner nuestra vida entera al servicio
del Proyecto del Reino de Dios. Coloca, Señora y
Niña Nuestra, en nuestro corazón, tus palabras:
“AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA DEL SEÑOR”….
“QUE SE HAGA EN MI S U VOLUNTAD”.
Santa María de Guadalupe,
ruega intercede por nosotros y danos tu bendición.
|
|