Muy queridos hermanos sacerdotes y fieles cristianos laicos
de la diócesis y de otras iglesias particulares.
La diócesis de Zamora se une con especial alegría a la celebración del
año Guadalupano, con ocasión de los 475 años de las apariciones de la
Santísima Virgen de Guadalupe.
El aniversario a lo largo de todo este año, le imprime un tinte
jubilar a nuestra peregrinación diocesana, dándole un realismo especial
al encuentro con nuestra Señora, otorgando gracias singulares a nuestros
peregrinos, llenando de una luz, y una verdad particular la memoria
de las apariciones y dotando de una encantadora belleza a la imagen
de la Señora y Niña Nuestra, como nos enseño a llamarla Juan Diego,
el Santo.
Un acontecimiento también singular nos llena de alegría a nosotros
este año, en que queremos agradecer a la Santísima Virgen María, por
la reciente beatificación de un jovencito de nuestra diócesis de Zamora,
José Sánchez del Río, quien dio su vida a los catorce años y once
meses por la causa de Cristo y de la Virgen de Guadalupe, el 10 de
febrero de 1928 en plena persecución religiosa, había nacido en Zaguayo,
Michoacán, diócesis de Zamora el 28 de marzo de 1913, en el ceno
de una familia cristiana y católica formada por Macario y María, fue
bautizado en la parroquia de Santiago Apóstol de la misma ciudad seis
días después, e hizo sus primeros estudios en el colegio de su pueblo
natal, como todo niño de aquel tiempo jugaba normalmente a los trompos,
a las canicas, era de un carácter alegre, según sus biógrafos y testigos
oculares que aun hay, travieso, buen estudiante y mejor cristiano,
rezaba el rosario diariamente no falla a su misa dominical junto con
sus papas, gente reconocida y de buena posición social en aquel rincón
del occidente de México.
Como muchas familias en aquellos difíciles días, la familia
de José tuvo que irse a vivir un tiempo a Guadalajara, para evitar
el hostigamiento de los perseguidores de la iglesia, pero cuando en
el 26 se decreto la suspensión de cultos, los hermanos mayores de
José se alistaron para defender su fe y presentar la batalla a los
enemigos de la fe y José no fue la ecepción.
El capitán no acepto su petición, por ser demasiado pequeño
el muchacho, pero nuestro mártir insistió e incluso tuvo el permiso
de sus papas para ir a la tropa, nunca ha sido tan fácil ganarse el
cielo como ahora, le decía a su madre y le cantaba aquel canto que
todos nosotros cantamos en el catecismo, al cielo, al cielo, al cielo
quiero ir, expresando con estas palabras, el sorprendente deseo de
dar la vida por Cristo, favor que pido ante la tumba Anacleto González
Flores durante su estancia en Guadalajara, tenía apenas como año y
medio en campaña, donde llego a ser el clarinero de la tropa, y se
gano el mote de tarcicio, en memoria del niño mártir de la eucaristía,
cuando el mismo fue aprendido en las inmediaciones de Cotija al entregar
su caballo al capitán de los cristeros, para que huyera de los soldados
“pues usted hace más falta que yo”, le dijo José, trasladado a Zaguayo,
fue encerrado en la parroquia de Santiago Apóstol, convertida en cuartel
general, ahí escribió una carta a su mamá de su puño y letra que se
conserva.
Fue hecho prisionero en combate en este día, “creo que voy
a morir, pero no importa mamá, no te preocupes por mi muerte, que
te preocupes si que me mortifica, resígnate a la voluntad de Dios,
ten valor y mándame tu bendición juntamente con la de mi padre”.
A las once de la noche del 10 de febrero del año 1928, lo sacaron
del templo, le desollaron los pies y con ellos sangrantes lo llevaron
a pie al cementerio, donde lo acuchillaron y le dieron el tiro de
gracia, a cada acuchillada que le daban el niño mártir gritaba; “viva
Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe”.
Fue beatificado el pasado 20 de noviembre en la ciudad de Guadalajara,
en la misma causa de beatificación de Anacleto González Flores, a
quien él le había pedido la gracia del martirio años antes, entre
venerables sacerdotes y maduros laicos ese día, se rindo una ovación,
un aplauso y una acción de gracias muy especial, porque entre ellos
había una criatura de estos años de edad catorce José.
La iglesia de Cristo es ante todo la santa iglesia, la iglesia
de los santos, y la santidad es el adorno con que Cristo embellecía
a su esposa, purificándola con su sangre y lavándola con el baño de
la regeneración bautismal.
Su carta sobre el tercer milenio, el recordado y querido Juan
Pablo II; señalaba que confesar a la iglesia como santa quería decir
en primer lugar, que ella pertenece aquel que es por excelencia tres
veces santo, y luego confesar que en ella habría su rostro de esposa
de Cristo por la cual el se entrego, la santidad es la vocación de
todo cristiano, no es un ideal de perfección que implique una especie
de vida extraordinaria, señalaba el Papa, practicarlo solamente por
algunos genios de la santidad, los caminos de la santidad son múltiples
y adecuados a la vocación de cada uno, y enseguida decía; doy gracias
al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos
años a tantos cristianos y entre ellos a muchos laicos, que se han
santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida.
José Sánchez de Río es un ejemplo de estos santos de todos
los días y de todas las edades, de los que hablaba el Papa. No le
toco a Juan Pablo beatificarlo pero si le toco reconocer su martirio
el 22 de junio de 2004, solemne sesión de la sagrada congregación
para las causas de los santos.
El camino de José fue a la vez grandioso y sencillo, ordinario
y maravilloso, se santifico en la vida de familia, en su escuelita
primaria, en la devoción a los santos sobre todo a San Luis Gonzaga,
Patrono de la Congregación Mariana y luego en la difusión y defensa
de la fe, encargo que recibió el día de su confirmación cuando fue
hecho soldado de Cristo, alistado para la batalla, según la teología
habitual de este sacramento en aquel tiempo.
La santidad según el mismo Papa tiene una pedagogía que es
capaz de adaptarse a los mismos y a las edades de cada persona, la
pedagogía y la santidad de José, corría a cargo de la Virgen de Guadalupe
a quien el amo entrañablemente durante toda su vida, como un nuevo
y más pequeño Juan Diego y cuyo nombre murió pronunciando a viva voz
el día de su sacrificio, los vivas a Cristo Rey, los vivas a la Virgen
de Guadalupe, fueron su querigma y a la vez su testamento, su grito
de guerra y a la vez de victoria, el motivo de su condena y también
de su glorificación.
José es una muestra de la obra maravillosa de Santísima Virgen
María que es la madre, es la maestra, es la catequista y la mistagoga
de todos los fieles cristianos.
Ella nació de Jesús en sus años de Nazaret y en su vida pública
también, madre y maestra, pasando de maestra a discípula, de discípula
a madre de todos los que creemos en Cristo. En el beato José, la Santísima
Virgen nos da una muestra más por su predilección por los sencillos
de corazón, una nueva proclamación de la infancia espiritual como
condición para ir al cielo, una prueba más de la grandeza divina que
encierra la pequeñez humana, una demostración del poder de la gracia
para transformar la personalidad de apenas un adolescente, un testimonio
de la grandeza de alma para dar la vida por Cristo de un hijo de Dios
que alcanzo la madurez espiritual cuando aun no tenia la edad para
ser considerado un hombre perfecto y en una palabra; tuvimos una muestra
del triunfo de la virtud sobre el pecado, del amor sobre el temor,
de la valentía sobre el miedo, del amor a Dios sobre todos los amores
hasta el de su familia, de sus padres y de la entrega a Cristo más
allá del amor por la propia vida, pareciera como que María al igual
que su Hijo Jesús, pusiera también en medio de nosotros a un niño
para normarnos la jerarquía de valores y medir la estatura y grandeza
con las medidas del reino, sino se hacen como este niño no podrán
entrar al cielo.
Por su parte José con su amor y su viva a Cristo Rey y a la
Virgen de Guadalupe gritados en el postrer momento de su vida, nos
enseña con su testimonio por demás elocuente que es lo que verdaderamente
vale en la vida, por quienes vale la pena vivir y morir, hasta que
punto Cristo y María deben ser la razón de nuestra vida y de una manera
especial lo que es y ha sido la Virgen de Guadalupe para las familias
mexicanas, para nuestros adolescentes y jóvenes, también nos enseña
la convicción absoluta que se ha de tener para defender los verdaderos
valores de la patria y la heroica dedición para dar la vida como otras
grandes héroes de nuestra Nación, a fin de que se cumpliera el proyecto
del reino que esta contenido el mensaje de Guadalupe, una Nación soberana
de hombres y mujeres libres, con la libertad de los hijos de Dios,
de verdaderos hermanos más allá de las diferencias sociales, culturales,
económicas y éticas y de una ley humana y divina donde se proclame
por igual los derechos de Dios, los derechos de la iglesia, y los
derechos humanos especialmente de los más necesitados.
José fue un pequeño David que nos da muestras del poder de
Dios ante la soberbia de los hombres, este niño tiene más valentía
que toda la tropa junta confesar en sus mismos victimarios. Hoy por
primera vez podemos invocar a la Madre y a su hijo pequeño, a la niña
y al niño, a María y a José; Santa María de Guadalupe ruega por nosotros,
beato José Sánchez del Río ruega por la patria, por la diócesis de
Zamora, por los niños adolescentes y jóvenes de todo México. Amén