La Iglesia se alegra y eleva su oración agradecida a nuestro
Dios, Padre Providente, que suscita para bien de sus hijos
las obras que en cada momento de la historia son necesarias
para manifestar el amor de su Hijo Jesucristo y extender su
Reino.
Celebramos el 75° Aniversario de la Fundación en México de
la Sociedad de Hijas del Corazón de María, quienes el 8 de
mayo de 1931 llegan a sembrar un carisma admirable nacido
bajo la persecución religiosa de la Revolución en Francia.
En la lectura del apóstol San Pablo a los Efesios, escuchamos
que es el Espíritu el que da la fortaleza interior a las almas
y que es Cristo quien habita por la fe en el corazón de sus
discípulos.
Ala luz de estas palabras quiero recordar los inicios de la
sociedad de las Hijas del Corazón de María y el carisma con
el cual han servido a la Iglesia cimentadas en el amor de
Cristo.
Esta Sociedad nació en 1790 ante el ambiente de persecución
contra la Iglesia de la Revolución Francesa, donde fueron
suprimidas todas las órdenes religiosas.
Ante esta adversidad el Señor inspiró en distintos momentos
a Adelaida Champion de Cicé y al padre Pedro José Picot de
Cloriviére, S.J., una obra que respondiera a las graves necesidades
de la Iglesia.
El Padre José Picot de Cloriviére, S.J recibió del Espíritu
Santo una súbita inspiración: le fue enseñado como en "un
abrir y cerrar de ojos" el plan de una nueva sociedad
religiosa, "adaptada a las circunstancias en las cuales
se encontraba entonces la Iglesia". El proyecto debía
permitir vivir en medio del mundo y en todas las situaciones,
una forma de vida religiosa auténtica, que imitaría la vida
de la Virgen María y de los primeros cristianos, profundamente
penetrada del espíritu de Cristo. Sin ningún signo distintivo
exterior, que en los orígenes fue una necesidad para subsistir,
debería asegurar, en lo sucesivo una mejor penetración en
todos los ambientes.
El testimonio de Cristo, dado en tiempos de persecución, ha
marcado fuertemente desde sus comienzos a la Sociedad de las
Hijas del Corazón de María. Las orientó de un modo natural
hacia el espíritu de la primitiva Iglesia, hacia su caridad
fraterna, su espiritualidad espontáneamente eclesial, su fidelidad
a Cristo hasta las últimas exigencias y su confianza en el
poder de la gracia, sobre todo a imitar a María que "conservaba
fielmente en su corazón" todo el misterio de Jesús.
Su llegada a México.
Para los que tienen fe todo es providencia; para los que aman
a Dios las dificultades se convierten en oportunidad de dar
testimonio. En nuestra Patria en 1910 estalla la Revolución
Mexicana, que obliga al entonces Presidente de la República
Gral. Porfirio Díaz y a sus cercanos colaboradores a salir
al destierro refugiándose en Francia. Junto con él y su familia
salieron también de México su secretario particular Don Rafael
Chousal y su esposa María Garay de Chousal, quien había de
ser el instrumento providencial para la fundación de la Sociedad
de las Hijas del Corazón de María en México.
La Señora Chousal habiendo conocido las obras de acción social
católica y también el carisma de la Sociedad de las Hijas
del Corazón de María, a la muerte de su esposo, en 1917 ingresa
con ellas. En ese mismo año en nuestra patria se promulga
la Constitución en Querétaro con leyes que atropellan la libertad
religiosa y atentan contra derechos fundamentales de los mexicanos.
El clímax de este ambiente hostil degenera en la persecución
religiosa bajo el presidente Galles en 1926.
La señora Chousal, miembro ya de la Sociedad de las Hijas del
Corazón de María en Francia, conocedora de la situación política
y persecución religiosa por la que atraviesa México, ve cuán
necesaria y cuantos beneficios podría proporcionar en su país
la Sociedad de las Hijas del Corazón de María.
Obtiene la autorización de su superiora para iniciar los preparativos
de la fundación de la Sociedad en México. Así se envían algunas
personas con vocación religiosa para formarse en el noviciado
general en Paris, y regresar a México para ser el fundamento
de la Sociedad.
Era necesario que fueran personas aptas para vivir un carisma
en medio de la persecución, por lo que las enviadas son jóvenes
altamente comprometidas en el trabajo apostólico y en la Liga
de la Defensa Religiosa.
El Santo Padre Pío XI, a petición del entonces Arzobispo Don
Pascual Díaz, autoriza la fundación de la Sociedad para México,
y comienza así su labor desplegando su carisma de penetración
en el contexto hostil posterior a la persecución religiosa.
Las obras que animan estas almas consagradas hacen un gran
bien a nuestra iglesia. Por eso podemos exclamar con las palabras
del salmista (Salmo 118): La diestra del Señor hace proezas,
es excelsa la diestra del Señor. Viviré y contaré las obras
del Señor. I Dad gracias al Señor porque es bueno, porque
es eterno su amor!
Durante más de treinta años las Hijas del Corazón de María
se ven obligadas a guardar secreto sobre su identidad religiosa,
llamadas a vivir con el mismo espíritu de la Virgen María
el misterio de Jesús, pueden pasar desapercibidas, sin distintivos
externos, pero con una identidad evangélica profunda con la
que van extendiendo el Reino en diversos ambientes de nuestra
Patria.
Superados los aires de persecución esta Sociedad se va dando
a conocer en ciertos ambientes y continúan su expansión en
otras diócesis de México, haciendo surgir centros de promoción
humana como patronatos, academias, hogares estudiantiles,
guarderías, el Instituto Familiar y Social, etc.
El amor que Dios ha infundido en el corazón de estas hijas,
les hace trabajar en campos de la pastoral donde ellas encuentran
a Cristo en los pobres más abandonados: drogadictos, enfermos
de sida, dispensarios médicos, trabajo con indígenas, misiones...
todos los lugares donde la construcción del Reino se ha de
hacer desde el corazón de María.
Quiero recordar que esta Sociedad Las Hijas del Corazón de
María iniciaron sus trabajos apostólicos también en un año
jubilar, en 1931, Cuarto Centenario de las apariciones.
Ahora nosotros estamos celebrando el 475° Aniversario de la
presencia de Santa María de Guadalupe en nuestro México, en
nuestra América, y deseamos de todo corazón que el nuestro
Señor Jesús haga fecundos sus apostolados y suscite muchas
vocaciones que continúen extendiendo el Reino, fieles al carisma
con el que esta familia consagrada adorna a nuestra Iglesia.