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Homilía
pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, en la celebración del 75º Aniversario de la Fundación en México de la Sociedad de Hijas del Corazón de María, a
la Basílica de Guadalupe.

8 de mayo de 2006

La Iglesia se alegra y eleva su oración agradecida a nuestro Dios, Padre Providente, que suscita para bien de sus hijos las obras que en cada momento de la historia son necesarias para manifestar el amor de su Hijo Jesucristo y extender su Reino.

Celebramos el 75° Aniversario de la Fundación en México de la Sociedad de Hijas del Corazón de María, quienes el 8 de mayo de 1931 llegan a sembrar un carisma admirable nacido bajo la persecución religiosa de la Revolución en Francia.

En la lectura del apóstol San Pablo a los Efesios, escuchamos que es el Espíritu el que da la fortaleza interior a las almas y que es Cristo quien habita por la fe en el corazón de sus discípulos.

Ala luz de estas palabras quiero recordar los inicios de la sociedad de las Hijas del Corazón de María y el carisma con el cual han servido a la Iglesia cimentadas en el amor de Cristo.

Esta Sociedad nació en 1790 ante el ambiente de persecución contra la Iglesia de la Revolución Francesa, donde fueron suprimidas todas las órdenes religiosas.

Ante esta adversidad el Señor inspiró en distintos momentos a Adelaida Champion de Cicé y al padre Pedro José Picot de Cloriviére, S.J., una obra que respondiera a las graves necesidades de la Iglesia.

El Padre José Picot de Cloriviére, S.J recibió del Espíritu Santo una súbita inspiración: le fue enseñado como en "un abrir y cerrar de ojos" el plan de una nueva sociedad religiosa, "adaptada a las circunstancias en las cuales se encontraba entonces la Iglesia". El proyecto debía permitir vivir en medio del mundo y en todas las situaciones, una forma de vida religiosa auténtica, que imitaría la vida de la Virgen María y de los primeros cristianos, profundamente penetrada del espíritu de Cristo. Sin ningún signo distintivo exterior, que en los orígenes fue una necesidad para subsistir, debería asegurar, en lo sucesivo una mejor penetración en todos los ambientes.

El testimonio de Cristo, dado en tiempos de persecución, ha marcado fuertemente desde sus comienzos a la Sociedad de las Hijas del Corazón de María. Las orientó de un modo natural hacia el espíritu de la primitiva Iglesia, hacia su caridad fraterna, su espiritualidad espontáneamente eclesial, su fidelidad a Cristo hasta las últimas exigencias y su confianza en el poder de la gracia, sobre todo a imitar a María que "conservaba fielmente en su corazón" todo el misterio de Jesús.

Su llegada a México.

Para los que tienen fe todo es providencia; para los que aman a Dios las dificultades se convierten en oportunidad de dar testimonio. En nuestra Patria en 1910 estalla la Revolución Mexicana, que obliga al entonces Presidente de la República Gral. Porfirio Díaz y a sus cercanos colaboradores a salir al destierro refugiándose en Francia. Junto con él y su familia salieron también de México su secretario particular Don Rafael Chousal y su esposa María Garay de Chousal, quien había de ser el instrumento providencial para la fundación de la Sociedad de las Hijas del Corazón de María en México.

La Señora Chousal habiendo conocido las obras de acción social católica y también el carisma de la Sociedad de las Hijas del Corazón de María, a la muerte de su esposo, en 1917 ingresa con ellas. En ese mismo año en nuestra patria se promulga la Constitución en Querétaro con leyes que atropellan la libertad religiosa y atentan contra derechos fundamentales de los mexicanos. El clímax de este ambiente hostil degenera en la persecución religiosa bajo el presidente Galles en 1926.

La señora Chousal, miembro ya de la Sociedad de las Hijas del Corazón de María en Francia, conocedora de la situación política y persecución religiosa por la que atraviesa México, ve cuán necesaria y cuantos beneficios podría proporcionar en su país la Sociedad de las Hijas del Corazón de María.

Obtiene la autorización de su superiora para iniciar los preparativos de la fundación de la Sociedad en México. Así se envían algunas personas con vocación religiosa para formarse en el noviciado general en Paris, y regresar a México para ser el fundamento de la Sociedad.

Era necesario que fueran personas aptas para vivir un carisma en medio de la persecución, por lo que las enviadas son jóvenes altamente comprometidas en el trabajo apostólico y en la Liga de la Defensa Religiosa.

El Santo Padre Pío XI, a petición del entonces Arzobispo Don Pascual Díaz, autoriza la fundación de la Sociedad para México, y comienza así su labor desplegando su carisma de penetración en el contexto hostil posterior a la persecución religiosa.

Las obras que animan estas almas consagradas hacen un gran bien a nuestra iglesia. Por eso podemos exclamar con las palabras del salmista (Salmo 118): La diestra del Señor hace proezas, es excelsa la diestra del Señor. Viviré y contaré las obras del Señor. I Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor!

Durante más de treinta años las Hijas del Corazón de María se ven obligadas a guardar secreto sobre su identidad religiosa, llamadas a vivir con el mismo espíritu de la Virgen María el misterio de Jesús, pueden pasar desapercibidas, sin distintivos externos, pero con una identidad evangélica profunda con la que van extendiendo el Reino en diversos ambientes de nuestra Patria.

Superados los aires de persecución esta Sociedad se va dando a conocer en ciertos ambientes y continúan su expansión en otras diócesis de México, haciendo surgir centros de promoción humana como patronatos, academias, hogares estudiantiles, guarderías, el Instituto Familiar y Social, etc.

El amor que Dios ha infundido en el corazón de estas hijas, les hace trabajar en campos de la pastoral donde ellas encuentran a Cristo en los pobres más abandonados: drogadictos, enfermos de sida, dispensarios médicos, trabajo con indígenas, misiones... todos los lugares donde la construcción del Reino se ha de hacer desde el corazón de María.

Quiero recordar que esta Sociedad Las Hijas del Corazón de María iniciaron sus trabajos apostólicos también en un año jubilar, en 1931, Cuarto Centenario de las apariciones.

Ahora nosotros estamos celebrando el 475° Aniversario de la presencia de Santa María de Guadalupe en nuestro México, en nuestra América, y deseamos de todo corazón que el nuestro Señor Jesús haga fecundos sus apostolados y suscite muchas vocaciones que continúen extendiendo el Reino, fieles al carisma con el que esta familia consagrada adorna a nuestra Iglesia.

 
 
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