Como hace 475 años las palabras que pronunció la Santísima Virgen
María en este lugar y que fueron dirigidas a Juan Diego, y a
través de él fueron traspasadas a todas las generaciones que
les seguirían, hoy están resonando para nosotros.
La Virgen María, nos llama hijos pequeñitos, delicados y nos
enseña quién es ella: “Han de saber que yo soy la Siempre Virgen
María, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, el Creador
del cielo y de la tierra”.
Ella nos ha visitado para extender y afianzar nuestra fe, es
la Santísima Virgen María, nos considera sus hijos, pequeños
y delicados, Ella se muestra como Madre piadosa, llena de
ternura hacia nosotros.
Ella hace su propuesta e invitación: “Es mi deseo que se me
edifique en este lugar un templo, en él me mostraré como Madre
Piadosa de Juan Diego y de todos los habitantes de ésta tierra,
aquí quiero escuchar sus plegarias, enjugar sus lágrimas,
consolar sus penas y ayudarlos para mantenerlos fieles a mi
Hijo”.
Venimos como peregrinos, buscando a Dios y la permanente protección
de la Santísima Virgen, traemos nuestras alegrías, pero también
nuestras penas e inquietudes, todos nos damos cuenta de la
situación en que se encuentra nuestro país; por una parte
nos preocupa la próxima elección de Presidente de la República,
senadores y diputados.
Las campañas nos hablan de una elección cerrada, lo contradictorio
es que durante las campañas se oyen voces, no sólo discordantes,
sino que atacan, difaman y denigran a los que son de otro
partido político; queremos pedirle a la Santísima Virgen que
nos dé sensatez y cordura, que el que triunfe y con el los
que triunfen, se sientan contentos, sabiendo que la mayor
parte del pueblo lo ha elegido y que el gobernante lo tiene
que ser para todos.
Otros problemas a los que tendrá que enfrentarse, como el gobierno
actual, el próximo gobierno, de lo que nos quejamos y nos
hace sufrir: la inseguridad que por todos lados se ha extendido,
además de ciertos fenómenos que muestran un materialismo creciente,
como el narcotráfico y las secuelas que trae consigo y que
nos agobian, nos dicen que es necesario rectificar.
Los creyentes hablamos de conversión, es preciso que todos
seamos más sensibles a la situación y comprensivos con los
que no piensan igual que nosotros.
Tenemos inseguridad, quejas continuas de violencia social,
intrafamiliar; por otro lado inquietudes sociales.
Los que venimos en peregrinación hemos constatado ese fenómeno,
los problemas de carácter político, laboral, los paros, enfrentamientos
de grupos contra grupos, todo esto nos aflige y es lo que
venimos a encomendarle a la Santísima Virgen María.
Como Iglesia tenemos pendientes y preocupaciones, se nos ha
invitado en todos los planes pastorales de las Diócesis, donde
se habla de intensificar y buscar la forma de participar todos
en una nueva evangelización, la necesitamos los cristianos
practicantes.
Pensamos en los cristianos descuidados y alejados de la Iglesia
y en la evangelización de nuestro mundo, que en gran parte
va sufriendo el influjo de estas corrientes materialistas.
Necesitamos participar en esa evangelización que el Papa ha
dicho: sea nueva en su ardor y entusiasmo y casi todos notamos
que nos hace falta trabajo apostólico, los que estamos comprometidos,
que lo tomemos en serio.
Habrá mucho que lo han dado todo de sí mismos; sin
embargo, habemos muchos que no hemos dado todo lo que el Señor
espera de nosotros.
En nuestra Diócesis encontramos carencias, voy a hablar un
poquito de la Ciudad de Lázaro Cárdenas, la que ha venido
hoy en peregrinación junto con numerosos peregrinos.
Siempre hemos estado con escasez de sacerdotes, necesitamos
vocaciones para el seminario y la vida consagrada, hay pocas
vocaciones, es una de nuestras grandes urgencias y aquí estamos
diciéndole a la Santísima Virgen que interceda por nosotros.
Necesitamos mayor integración entre los presbíteros, ya que
aflojamos y apretamos.
Notamos que hace falta que nos sintamos más la familia presbiteral
de ésta Diócesis en concreto, necesitamos mayores recursos
humanos y materiales para la formación de agentes pastorales,
se trabaja y sin embargo notamos la falta que hace una profunda
formación y un crecimiento del número de laicos apostólicos
comprometidos.
Cada quien trae sus propias necesidades particulares, algunas
me fueron mencionadas, queremos que la Santísima Virgen de
Guadalupe interceda por nosotros.
Por otra parte les hablaba de que tenemos cosas positivas y
la principal es nuestra fe, nuestra adhesión a Jesucristo
y a su Iglesia, el pueblo de México sigue teniendo fe, necesitamos
cultivarla, defenderla, es un valor altísimo y gracias Dios
se ha conservado a pesar de las dificultades que ha habido
en tiempos de persecución y que no faltan contratiempos para
que sigamos en camino del Señor.
La
Santísima Virgen con su protección es una garantía,
nos dijo en su mensaje:
“No te aflija, ni esto que hoy te aqueja”, “¿qué no estoy
yo aquí que soy tu Madre?, ¿qué no corres por mi cuenta?,
¿qué no te llevo yo junto a mi regazo?. Sabe que yo estoy
contigo y me interesó por ti”.
Son cosas que nos infunden confianza, también la entrega de
muchos de nuestros hermanos creyentes católicos que nos sirven
de modelo y estímulo, son otra cosa que nos anima. Junto a
cosas negativas, encontramos cosas positivas y esto a todos
debe animarlos.
La palabra de Dios que hoy nos fue proclamada, igualmente nos
alienta.
Vimos la actitud misionera de San Pablo, la hemos estado viendo
en estas semanas de Pascua, cuánto hizo este hombre convertido,
se entregó por entero, afrontó las dificultades, soportó calamidades,
todo eso por el amor de Cristo.
Nos ha dicho hoy la Primera Lectura, que San Pablo después
de haber evangelizado varias comunidades, las volvía a recorrer,
animando a los discípulos a perseverar en la fe, haciéndoles
entender que es preciso pasar por muchas tribulaciones para
entrar en el reino de Dios; todos lo hemos experimentado,
nos cuesta trabajo ser discípulos y testigos de Cristo.
También hemos encontrado alegría, satisfacción, felicidad,
en el seguimiento de Cristo y en lo más que hayamos hecho
por Él.
En el texto del Evangelio, Jesús nos invita: “No pierdan la
paz, no se angustien, yo estoy con ustedes”.
El domingo nos decía el texto del Evangelio: “Permanezcan
en mí, que yo permanezco en ustedes, conmigo darán mucho fruto,
si se separan de mí, no podrán hacer nada”.
Nuestra presencia en esta peregrinación y Eucaristía nos hacen
ver que queremos seguir a Jesucristo, casi todos los peregrinos
viajaron de noche, vienen cansados, desvelados, pero aquí
estamos con la Madre, ella nos conduce a su Hijo, aquí estamos
con Dios, con Nuestra Madre Santísima y eso nos llena de gozo.
Alegrémonos todos en el Señor, tengamos presentes estas intenciones
generales y particulares.
Retirémonos contentos por lo que hemos hecho, pero deseosos
de aumentar nuestro esfuerzo, de trabajar por ser fieles y
por ayudar a los demás a que también lo sean.
Gracias a Dios, a la Santísima Virgen, a los buenos cristianos
y animados por ellos queremos seguir adelante siempre fieles.
Así sea.