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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. Salvador Flores Huerta, Obispo de la Diócesis de Lázaro Cárdenas, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Lázaro Cárdenas a la Basílica de Guadalupe.

16 de mayo de 2006

Como hace 475 años las palabras que pronunció la Santísima Virgen María en este lugar y que fueron dirigidas a Juan Diego, y a través de él fueron traspasadas a todas las generaciones que les seguirían, hoy están resonando para nosotros.

La Virgen María, nos llama hijos pequeñitos, delicados y nos enseña quién es ella: “Han de saber que yo soy la Siempre Virgen María, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, el Creador del cielo y de la tierra”.

Ella nos ha visitado para extender y afianzar nuestra fe, es la Santísima Virgen María, nos considera sus hijos, pequeños y delicados, Ella se muestra como Madre piadosa, llena de ternura hacia nosotros.

Ella hace su propuesta e invitación: “Es mi deseo que se me edifique en este lugar un templo, en él me mostraré como Madre Piadosa de Juan Diego y de todos los habitantes de ésta tierra, aquí quiero escuchar sus plegarias, enjugar sus lágrimas, consolar sus penas y ayudarlos para mantenerlos fieles a mi Hijo”.

Venimos como peregrinos, buscando a Dios y la permanente protección de la Santísima Virgen, traemos nuestras alegrías, pero también nuestras penas e inquietudes, todos nos damos cuenta de la situación en que se encuentra nuestro país; por una parte nos preocupa la próxima elección de Presidente de la República, senadores y diputados.

Las campañas nos hablan de una elección cerrada, lo contradictorio es que durante las campañas se oyen voces, no sólo discordantes, sino que atacan, difaman y denigran a los que son de otro partido político; queremos pedirle a la Santísima Virgen que nos dé sensatez y cordura, que el que triunfe y con el los que triunfen, se sientan contentos, sabiendo que la mayor parte del pueblo lo ha elegido y que el gobernante lo tiene que ser para todos.

Otros problemas a los que tendrá que enfrentarse, como el gobierno actual, el próximo gobierno, de lo que nos quejamos y nos hace sufrir: la inseguridad que por todos lados se ha extendido, además de ciertos fenómenos que muestran un materialismo creciente, como el narcotráfico y las secuelas que trae consigo y que nos agobian, nos dicen que es necesario rectificar.

Los creyentes hablamos de conversión, es preciso que todos seamos más sensibles a la situación y comprensivos con los que no piensan igual que nosotros.

Tenemos inseguridad, quejas continuas de violencia social, intrafamiliar; por otro lado inquietudes sociales.

Los que venimos en peregrinación hemos constatado ese fenómeno, los problemas de carácter político, laboral, los paros, enfrentamientos de grupos contra grupos, todo esto nos aflige y es lo que venimos a encomendarle a la Santísima Virgen María.

Como Iglesia tenemos pendientes y preocupaciones, se nos ha invitado en todos los planes pastorales de las Diócesis, donde se habla de intensificar y buscar la forma de participar todos en una nueva evangelización, la necesitamos los cristianos practicantes.

Pensamos en los cristianos descuidados y alejados de la Iglesia y en la evangelización de nuestro mundo, que en gran parte va sufriendo el influjo de estas corrientes materialistas.

Necesitamos participar en esa evangelización que el Papa ha dicho: sea nueva en su ardor y entusiasmo y casi todos notamos que nos hace falta trabajo apostólico, los que estamos comprometidos, que lo tomemos en serio.

Habrá mucho que lo han dado todo de sí mismos; sin embargo, habemos muchos que no hemos dado todo lo que el Señor espera de nosotros.

En nuestra Diócesis encontramos carencias, voy a hablar un poquito de la Ciudad de Lázaro Cárdenas, la que ha venido hoy en peregrinación junto con numerosos peregrinos.

Siempre hemos estado con escasez de sacerdotes, necesitamos vocaciones para el seminario y la vida consagrada, hay pocas vocaciones, es una de nuestras grandes urgencias y aquí estamos diciéndole a la Santísima Virgen que interceda por nosotros.

Necesitamos mayor integración entre los presbíteros, ya que aflojamos y apretamos.

Notamos que hace falta que nos sintamos más la familia presbiteral de ésta Diócesis en concreto, necesitamos mayores recursos humanos y materiales para la formación de agentes pastorales, se trabaja y sin embargo notamos la falta que hace una profunda formación y un crecimiento del número de laicos apostólicos comprometidos.

Cada quien trae sus propias necesidades particulares, algunas me fueron mencionadas, queremos que la Santísima Virgen de Guadalupe interceda por nosotros.

Por otra parte les hablaba de que tenemos cosas positivas y la principal es nuestra fe, nuestra adhesión a Jesucristo y a su Iglesia, el pueblo de México sigue teniendo fe, necesitamos cultivarla, defenderla, es un valor altísimo y gracias Dios se ha conservado a pesar de las dificultades que ha habido en tiempos de persecución y que no faltan contratiempos para que sigamos en camino del Señor.

La Santísima Virgen con su protección es una garantía, nos dijo en su mensaje:

“No te aflija, ni esto que hoy te aqueja”, “¿qué no estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿qué no corres por mi cuenta?, ¿qué no te llevo yo junto a mi regazo?. Sabe que yo estoy contigo y me interesó por ti”.

Son cosas que nos infunden confianza, también la entrega de muchos de nuestros hermanos creyentes católicos que nos sirven de modelo y estímulo, son otra cosa que nos anima. Junto a cosas negativas, encontramos cosas positivas y esto a todos debe animarlos.

La palabra de Dios que hoy nos fue proclamada, igualmente nos alienta.

Vimos la actitud misionera de San Pablo, la hemos estado viendo en estas semanas de Pascua, cuánto hizo este hombre convertido, se entregó por entero, afrontó las dificultades, soportó calamidades, todo eso por el amor de Cristo.

Nos ha dicho hoy la Primera Lectura, que San Pablo después de haber evangelizado varias comunidades, las volvía a recorrer, animando a los discípulos a perseverar en la fe, haciéndoles entender que es preciso pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios; todos lo hemos experimentado, nos cuesta trabajo ser discípulos y testigos de Cristo.

También hemos encontrado alegría, satisfacción, felicidad, en el seguimiento de Cristo y en lo más que hayamos hecho por Él.

En el texto del Evangelio, Jesús nos invita: “No pierdan la paz, no se angustien, yo estoy con ustedes”.

El domingo nos decía el texto del Evangelio: “Permanezcan en mí, que yo permanezco en ustedes, conmigo darán mucho fruto, si se separan de mí, no podrán hacer nada”.

Nuestra presencia en esta peregrinación y Eucaristía nos hacen ver que queremos seguir a Jesucristo, casi todos los peregrinos viajaron de noche, vienen cansados, desvelados, pero aquí estamos con la Madre, ella nos conduce a su Hijo,  aquí estamos con Dios, con Nuestra Madre Santísima y eso nos llena de gozo.

Alegrémonos todos en el Señor, tengamos presentes estas intenciones generales y particulares.

Retirémonos contentos por lo que hemos hecho, pero deseosos de aumentar nuestro esfuerzo, de trabajar por ser fieles y por ayudar a los demás a que también lo sean.

Gracias a Dios, a la Santísima Virgen, a los buenos cristianos y animados por ellos queremos seguir adelante siempre fieles. Así sea.

 
 
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