InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. Domingo Díaz Martínez, IV Obispo de la Diócesis de Tuxpan, Veracruz en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Tuxpan, Veracruz a la Basílica de Guadalupe.

25 de mayo de 2006

Amados hermanos y hermanas en el Señor Jesús Resucitado. Hoy nuestros ojos ven el rostro moreno de María de Guadalupe nuestra Madre.

Nuestro corazón late mostrándole nuestro amor, nuestros pies han tocado tierra en su Santuario, nuestra voz le canta y le habla, nuestras manos quisieran acariciar su rostro y nuestros oídos han escuchado la palabra de su Hijo, quien nos ha dicho; "Dentro de poco dejaran de verme, pero dentro de otro poco volverán a verme" es decir; la victoria del Señor está consumada, mientras que la de los apóstoles, es decir la nuestra victoria, le falta todavía ciertas dificultades, luchas y angustias.

Hoy nuestra memoria nos lleva a recordar que somos hijos de una mujer caritativa, el evangelio de San Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel con la cual permaneció "unos tres meses" para atenderla durante el embarazo.

Nuestra razón nos dice; que somos hijos de una mujer humilde porque sabiendo quien era permaneció en silencio, en la visita a su prima Isabel dice; "Proclama mi alma la grandeza del Señor" y con ello expresa todo el programa de su vida, es decir, no se pone así misma en el centro y deja todo el espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo.

La Historia constata que somos hijos de una mujer grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí misma, no quiere ser sino la sierva del Señor. Sabe que contribuye a la salvación del mundo no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios.

La Iglesia nos recuerda que somos hijos de una mujer llena de esperanza porque cree en las promesas de Dios y espera la salvación de Israel, por eso el ángel del Señor se presenta ante ella y la llama al servicio total de estas promesas.

Nuestra Fe nos dice que somos hijos de una mujer de fe; Isabel su prima se lo dice: "Dichosa tú que has creído", y así se muestra durante toda su vida.

Nuestros Pensamientos nos encaminan a expresar que somos hijos de una mujer que lleva la palabra del Señor en su corazón; en el Magnificat encontramos que habla y piensa con la palabra de Dios; la palabra de Dios se convierte en Palabra suya, y su Palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra encarnada.

Nuestra inteligencia nos aclara que somos hijos de una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jesús; y lo vemos en su voluntad de quedarse en el Tepeyac, en el que ahora nos encontramos.

Nuestra diaria oración nos mueve a decir con toda claridad que somos hijos de una mujer santa y por eso todos los días repetimos; Santa María, Madre de Dios Ruega por nosotros.

Amados hermanos y hermanas, somos hijos de una mujer Humilde, Santa, Misericordiosa, Grande y que guarda la palabra del Señor en su corazón; nosotros sus hijos lo menos que podemos hacer es esforzarnos en parecemos a Ella, por lo tanto:

Vivamos la humildad, busquemos la santidad, practiquemos la misericordia y busquemos el triunfo, del cual nos habla el Santo Evangelio, el día de hoy.

Para alcanzar la victoria del Señor Resucitado contamos con la fuerza de Dios nuestro Padre, con la luz del Espíritu Santo, con la presencia del Señor Jesús  y con el amor de la Santísima Virgen María Madre de Dios y Madre nuestra, a su bondad materna, así como su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia y siempre experimentan el don de su bondad, experimentan el amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón.

Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, por lo tanto en nuestro México, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a si mismo, sino que sencillamente quiere el bien.

Amados hermanos y hermanas, pidamos a Santísima Virgen María de Guadalupe ame, bendiga, defienda y acompañe a toda nuestra amada Diócesis de Tuxpan. Pidamos a Dios nuestro Padre por intercesión de María nuestra Madre, muchos laicos comprometidos, obedientes y generosos.

Pidamos al Espíritu Santo por intercesión de María nuestra Madre sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza y piedad para toda nuestra Diócesis. Pidamos al buen pastor, por intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, sacerdotes santos, sabios, sinceros, seguros, serviciales, sanos y solidarios.

Pidamos al señor por intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, por todos los mexicanos vamos a pedir para todos los mexicanos, sabiduría para hacer una elección acertada el 2 de julio, pidamos confusión para quienes preparan el fraude, pidamos luz para los indecisos a votar, pidamos desaliento para los mentirosos, animo para el corazón de los indiferentes a votar, escasez, escasez para los que compran el voto, pidamos buena recompensa para quienes trabajan por unas elecciones limpias, pidamos sabiduría a las autoridades que van a resolver los conflictos electorales y pidamos para todos fuerza y voluntad con el fin de borrar la división que dejan los partidos después de las elecciones.

Y finalmente amados hermanos y hermanas, hoy que estamos en la presencia de Santa María de Guadalupe vamos a decirle lo que el Papa Benedicto, nuestro Pastor nos enseño en su encíclica; “Dios es amor”.

Santa María, Madre de Dios, Tú has dado al mundo la verdadera luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él.

Muéstranos a Jesús, guíanos hacia Él, Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento.  Amén

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados