Amados hermanos y hermanas en el Señor
Jesús Resucitado. Hoy nuestros ojos ven el rostro moreno
de María de Guadalupe nuestra Madre.
Nuestro corazón late mostrándole nuestro amor, nuestros pies
han tocado tierra en su Santuario, nuestra voz le canta y le
habla, nuestras manos quisieran acariciar su rostro y nuestros
oídos han escuchado la palabra de su Hijo, quien nos ha dicho;
"Dentro de poco dejaran de verme, pero dentro de otro poco
volverán a verme" es decir; la victoria del Señor está
consumada, mientras que la de los apóstoles, es decir la nuestra
victoria, le falta todavía ciertas dificultades, luchas y angustias.
Hoy nuestra memoria nos lleva a recordar
que somos hijos de una mujer caritativa, el evangelio de San
Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima
Isabel con la cual permaneció "unos tres meses"
para atenderla durante el embarazo.
Nuestra razón nos dice; que somos hijos
de una mujer humilde porque sabiendo quien era permaneció
en silencio, en la visita a su prima Isabel dice; "Proclama
mi alma la grandeza del Señor" y con ello expresa todo
el programa de su vida, es decir, no se pone así misma en
el centro y deja todo el espacio a Dios, a quien encuentra
tanto en la oración como en el servicio al prójimo.
La Historia constata que somos hijos
de una mujer grande precisamente porque quiere enaltecer a
Dios en lugar de a sí misma, no quiere ser sino la sierva
del Señor. Sabe que contribuye a la salvación del mundo no
con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición
de la iniciativa de Dios.
La Iglesia nos recuerda que somos hijos
de una mujer llena de esperanza porque cree en las promesas
de Dios y espera la salvación de Israel, por eso el ángel
del Señor se presenta ante ella y la llama al servicio total
de estas promesas.
Nuestra Fe nos dice que somos hijos
de una mujer de fe; Isabel su prima se lo dice: "Dichosa
tú que has creído", y así se muestra durante toda su
vida.
Nuestros Pensamientos nos encaminan
a expresar que somos hijos de una mujer que lleva la palabra
del Señor en su corazón; en el Magnificat encontramos que
habla y piensa con la palabra de Dios; la palabra de Dios
se convierte en Palabra suya, y su Palabra nace de la Palabra
de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos
están en sintonía con el pensamiento de Dios, querer es un
querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra
encarnada.
Nuestra inteligencia nos aclara que
somos hijos de una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro
modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento
de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más
que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos
que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo
vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la
necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente
a Jesús; y lo vemos en su voluntad de quedarse en el Tepeyac,
en el que ahora nos encontramos.
Nuestra diaria oración nos mueve a
decir con toda claridad que somos hijos de una mujer santa
y por eso todos los días repetimos; Santa María, Madre de
Dios Ruega por nosotros.
Amados hermanos y hermanas, somos hijos
de una mujer Humilde, Santa, Misericordiosa, Grande y que
guarda la palabra del Señor en su corazón; nosotros sus hijos
lo menos que podemos hacer es esforzarnos en parecemos a Ella,
por lo tanto:
Vivamos la humildad, busquemos la santidad,
practiquemos la misericordia y busquemos el triunfo, del cual
nos habla el Santo Evangelio, el día de hoy.
Para alcanzar la victoria del Señor
Resucitado contamos con la fuerza de Dios nuestro Padre, con
la luz del Espíritu Santo, con la presencia del Señor Jesús
y con el amor de la Santísima Virgen María Madre de Dios
y Madre nuestra, a su bondad materna, así como su pureza y
belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos
y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas,
en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia
y siempre experimentan el don de su bondad, experimentan el
amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón.
Los testimonios de gratitud, que le
manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas,
por lo tanto en nuestro México, son el reconocimiento de aquel
amor puro que no se busca a si mismo, sino que sencillamente
quiere el bien.
Amados hermanos y hermanas, pidamos
a Santísima Virgen María de Guadalupe ame, bendiga, defienda
y acompañe a toda nuestra amada Diócesis de Tuxpan. Pidamos
a Dios nuestro Padre por intercesión de María nuestra Madre,
muchos laicos comprometidos, obedientes y generosos.
Pidamos al Espíritu Santo por intercesión de María nuestra
Madre sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza y piedad
para toda nuestra Diócesis. Pidamos al buen pastor, por intercesión
de la Santísima Virgen María de Guadalupe, sacerdotes santos,
sabios, sinceros, seguros, serviciales, sanos y solidarios.
Pidamos al señor por intercesión de
la Santísima Virgen María de Guadalupe, por todos los mexicanos
vamos a pedir para todos los mexicanos, sabiduría para hacer
una elección acertada el 2 de julio, pidamos confusión para
quienes preparan el fraude, pidamos luz para los indecisos
a votar, pidamos desaliento para los mentirosos, animo para
el corazón de los indiferentes a votar, escasez, escasez para
los que compran el voto, pidamos buena recompensa para quienes
trabajan por unas elecciones limpias, pidamos sabiduría a
las autoridades que van a resolver los conflictos electorales
y pidamos para todos fuerza y voluntad con el fin de borrar
la división que dejan los partidos después de las elecciones.
Y finalmente amados hermanos y hermanas,
hoy que estamos en la presencia de Santa María de Guadalupe
vamos a decirle lo que el Papa Benedicto, nuestro Pastor nos
enseño en su encíclica; “Dios es amor”.
Santa María, Madre de Dios, Tú has
dado al mundo la verdadera luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de
Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y
te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús, guíanos hacia Él,
Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes
de agua viva en medio de un mundo sediento. Amén