Muy queridos hermanos y hermanas, los laicos, religiosas, diáconos
y sacerdotes, procedentes de los municipios y decanatos, que
integramos el. Pueblo de Dios que peregrina en la querida Diócesis
de Veracruz, nos encontramos hoy, como el Beato Juan Diego,
el más pequeño de sus hijos, a los pies de nuestra santísima
Madre de Guadalupe.
"La siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios
por quien se vive".
Al realizar esta peregrinación desde Veracruz, nos unimos a
la motivación que el Beato Rafael Guízar Valencia, cuya inminente
canonización esperamos con inmensa alegría dentro de pocos
meses, expresó en un Decreto del 8 de septiembre de 1920,
para iniciar las peregrinaciones de la entonces Diócesis de
Veracruz a la Basílica de Guadalupe en esta ciudad de México
y que dice así:
"Uno de los más nobles sentimientos que hermosean el
corazón de las personas es la gratitud que en él se desarrolla
al influjo del amor y de los beneficios recibidos: por lo
cual, a medida que aumentan los favores y se multiplican los
afectos, crece la gratitud en nuestra alma como crecen y se
desarrollan las plantas y las flores mediante la savia que
reciben de la tierra".
Desde luego que al hablar de los grandes favores recibidos,
se refería al inmenso amor que Santa María de Guadalupe ha
prodigado a nuestra Iglesia mexicana y, de manera más particular,
a la Iglesia de Veracruz que en ese tiempo contaba con una
sola Diócesis y actualmente alberga ocho Iglesias diocesanas.
Hemos venido en peregrinación, movidos por el Espíritu Santo
que está sobre nosotros, para alabar al "Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo", y para recibir en este
hermoso y entrañable Santuario el amor, compasión, auxilio
y defensa de la "Madre del amor, del temor y de la santa
esperanza".
Le venimos a pedir que escuche nuestros lamentos y remedie
nuestras miserias, penas y dolores, pero también le encomendamos
que entregue a la Santísima Trinidad.
Nuestra sentida acción de gracias por el reciente regalo que
Dios nos ha hecho en la persona de nuestro nuevo Obispo electo
Don Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, a quien tendremos
el gusto de recibir en Veracruz el próximo 7 de julio para
su toma de posesión canónica de nuestra querida Iglesia diocesana.
Hemos venido también para ofrecerle a Santa María de Guadalupe
nuestra profunda gratitud por la beatificación del P. Ángel
Darío Acosta Zurita y compañeros mártires, realizada el 20
de noviembre del pasado año 2005 en la ciudad de Guadalajara.
Nos llena de fervor que nuestra Catedral y toda nuestra Diócesis
hayan sido fecundadas con la sangre de nuestro mártir el P.
Ángel Darío, pues bien sabemos que la sangre de los mártires
ha sido y será semilla de nuevos cristianos, como afirma la
antigua frase de Tertuliano.
Estamos aquí ante la Morenita del Tepeyac después de que han
transcurrido poco más de cinco meses del fallecimiento de
nuestro recordado Obispo don Luis Gabriel Cuara Méndez, que
de Dios goce.
Hoy le pedimos a Santa María de Guadalupe que continúe acompañando
la historia de salvación de nuestra querida Iglesia diocesana
de Veracruz a través de la conducción pastoral de nuestro
nuevo Obispo Luis Felipe Gallardo para que, movidos por la
gracia del Señor, que conduce nuestra vida e ilumina nuestro
quehacer pastoral, nos permita dar testimonio de la presencia
de Jesús Resucitado en los ambientes diversos de nuestra Diócesis.
También le pedimos que las directrices de nuestro Sínodo Diocesano
se concreticen en todas nuestras pastorales para honra de
la memoria del Señor Obispo Luis Gabriel Cuara, para satisfacción
de nuestro querido Obispo Emérito Don José Guadalupe Padilla,
para beneplácito de quienes participaron como sinodales y,
principalmente, para la mayor gloria de Dios y para la nueva
Evangelización de nuestra muy amada Diócesis de Veracruz.
Finalmente, queridos hermanos y hermanas, les recuerdo que
en este año 2006 estamos en un proceso electoral muy importante
para el destino de nuestra querida patria mexicana.
Les ruego que encomendemos a la intercesión eficaz de Santa
María de Guadalupe el bien de México y de Veracruz, que cumplamos
nuestro deber cívico de votar por los mejores candidatos,
tanto a la presidencia de la República como a los cargos de
senadores y diputados.
Exijamos a nuestros gobernantes la realización constante,
eficaz e inteligente del bien común y de la solidaridad.