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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. José Ulises Macias Salcedo, Arzobispo de la Arquidiócesis de Hermosillo, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

21 de julio de 2007

Quiero saludar a mis queridos sacerdotes que, algunos viniendo desde Hermosillo, nos acompañan, otros haciendo un curso de verano también están aquí y un padre que apoya la Pontificia Universidad como maestro también es parte de nuestro presbiterio en esta comunidad en esta misa.

Saludo a los queridos seminaristas, diez diáconos que acabamos de ordenar y que pronto serán sacerdotes, gracias al Señor Él está bendiciendo abundantemente con vocaciones al sacerdocio, la oración del pueblo que pide muchos y sobre todo santos sacerdotes. Quiero saludar al padre Manuel Campa, encargado de organizar cada año esta peregrinación y lo hago porque hoy cumple 25 años de prestar este servicio, me voy a permitir pedirles que junto con la oración que hagamos por él le brindemos un aplauso de gratitud y reconocimiento.

Saludo también a mi pueblo de Dios que nos acompaña, que viene trayendo la fe, la devoción, el cariño a Nuestra Madre a su Santuario y al Señor Nuestro Dios, vienen por distintos grupos pero la Iglesia es comunión y aquí estamos. Saludo también a aquellos sonorenses ya radicados en México que cada año nos acompañan y en la procesión de entrada he visto a algunos de ellos, que bueno que no nos olvidamos y que las veredas quitarán pero la querencia cuando.

Gracias hermanas religiosas, religiosos, hermanos fieles de varias comunidades y sin duda también de varias iglesias particulares que tenemos la alegría e inmensa dicha de cobijarnos en este techo con el que podemos imaginarnos también el manto de la Virgen que nos cubre y que estamos tan de cerca físicamente y sobre todo con mucha devoción y fe  de esta imagen maravillosa, regalo de la morenita a su pueblo y a nuestro Continente Americano.

Precisamente hablando de América se celebró la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana, el tema era que todos los pueblos creamos en Cristo y para que esto se logre, se nos recordaba nuestra misión como discípulos y misioneros. Cristo tiene que ser conocido y llegar a la vida de todos porque Él es el camino, la verdad y la vida. Se trabajaron intensamente cerca de 300 personas,  la mayoría cardenales, arzobispos y obispos pero también hubo sacerdotes presbíteros, algunos diáconos, seminaristas, religiosas y laicos y han dejado al Santo Padre un documento de propuestas conclusivas de todo ese empeño eclesial con que participaron en esta asamblea tan importante para el Continente, en esta Quinta Conferencia en su historia.

Para que el Santo Padre nos regale después el documento definitivo y así  como conocemos los documentos de Puebla, Santo Domingo, Medellín, algún día hablemos de Aparecida Brasil. Un libro que no quede en páginas escritas sino que descongelemos los capítulos, las hojas y hagamos vida pastoral, vida de iglesia, lo que el Papa nos pida.

Discípulos y misioneros

¿Quién es un discípulo? Pues el que acude al maestro para aprender de Él y Jesús quiso rodearse de discípulos algunos los llamó expresamente para que estuvieran con Él, para que aprendieran de Él, para que conocieran su vida y su palabra y vivieran una experiencia profunda de Jesús, pero no era para quedarse siempre a su lado, no era como Pedro pedía en la transfiguración: Señor que bien estamos aquí vamos a quedarnos, ponemos tiendas. No, el discipulado es para preparar a aquel que irá después a compartir la experiencia que tuvo con Cristo y al ser enviado será misionero.

Discípulos para estar con el Señor y vivir una experiencia profunda suya; misioneros para ir enviados por Él a compartir esta experiencia de Jesús de su vida y su palabra con todos y con todos los pueblos para que crean y por lo tanto también con los más alejados del Señor. Eso de la nueva evangelización que el Evangelio llegue en forma nueva a todos los ahora ya bautizados para que vuelvan a ocupar su lugar y hagan su tarea en la iglesia que el Señor les encomendó.

Discípulos y misioneros. María es el modelo del discipulado, Ella fue llamada por Dios eh aquí que concebirás un hijo. Tuvo una experiencia profundísima del Señor, lo llevó en sus entrañas, después de ese sí humilde y obediente durante nueve meses le tuvo muy cerca. Cuánto aprendió de Él una vez que dio a luz y lo acompañó en su desarrollo y crecimiento, ero también cuantas cosas aprendió Jesús de María. La discípula también fue maestra del Gran Maestro, cuantas cosas le enseñaría.

Lo mejor de Ella le entregó a su Hijo.
Maestra y Discípula, porque también cuánto aprendió de esa cercanía, pero María no fue Madre de Dios para quedarse siempre con Él, sino para entregárnoslo, era la misión que traía el Hijo: Él también enviado por el Padre tenía que cumplir su tarea ir hasta donde alcanzará y con los que pudiera anunciar el Evangelio, la salvación, la redención y a vivir su Pascua para lograr que las puertas del cielo se reabrieran y tuviéramos todos la posibilidad de ocupar aquel lugar que Él mismo fue a prepararnos como lo prometió.

Qué importante hermanos, hermanas es vivirla experiencia de Dios pero no para quedarnos con Él, sino para ser misioneros, para compartir al Señor con nuestra palabra y nuestra vida como lo hizo Jesús a su estilo testimonio y palabra. La misión de la Iglesia es de la Iglesia no sólo de los sacerdotes, no es una tarea jerárquica del Papa de los obispos y presbíteros es una tarea de todo el pueblo de Dios y si somos de iglesia, su misión es la nuestra y todos somos misioneros. El bautismo nos hizo discípulos de Jesús, la confirmación nos envió a ser testigos del Señor de su vida y de su palabra con nuestro testimonio y nuestras palabras especialmente la catequesis. No es para quedarnos con él.

Escuche una vez esto que quiero platicarles: Israel, la tierra de Jesús es un país desértico; sin embargo, tiene un río, el río Jordán, del cual todos sabemos algo por el Evangelio ahí fue bautizado Jesús. Pues bien ese río recorre el territorio del País y por donde va el ese río y su agua que es vida, que es fertilidad, que es alegría va haciendo que la fertilidad de algunos sembrados vayan teniendo frutos, el agua da fruto.

Y es interesante ver el contraste entre el desierto y aquellas regiones bañadas por el río. Pues bien ese río forma dos mares uno es el mar de Galilea, de Tiberiades que también conocemos en el Evangelio, la  pesca milagrosa, Jesús caminó milagrosamente sobre las aguas, la tempestad calmada. En torno al mar hay regiones muy fértiles extensiones grandes para el país donde se planta, donde se pone la semilla de hortalizas, frutos, verduras y se produce, porque el agua del Jordán es para dar vida, para dar fertilidad, para dar sentido a la existencia y ahí está.

En cambio - porque ese mismo río forma con su misma agua otro mar – el mar Muerto, este mar muerto es llamado así porque en verdad no hay ninguna especie de vida en sus aguas, es demasiado salado, acaba con la vida y además no puede como el mar de Galilea soltar el agua para que siga corriendo porque está a 100 metros bajo el nivel del mar y tiene que quedarse forzosamente con esa agua cristalina capaz de dar vida, dinamismo, sentido a la vida y al no dejar que el agua corra, esa agua que da fertilidad y vida y que forma el Mar de Galilea, cuando forma esa agua el Mar Muerto perece por quedarse ahí y contaminarse por aquella agua salada. Creo que es significativo el ejemplo. No fuimos creados y no nacemos para ser mar Muerto, sino mar de Galilea. Todos recibimos y hemos vivido fuertes experiencias de Dios, nuestro bautismo, los sacramentos, en la vida de cada día, de cada instante, que seamos mar de Galilea. Que esa experiencia de Dios la hagamos vida pero también vida para los hermanos, que no nos conformemos con ser discípulos, sino que al ser discípulos y al aprender el estilo de vida de Jesús y su palabra la llevemos con nuestra vida y palabra también a los demás para que todos los pueblos crean y acepten a Jesús.

Hacernos mar de Galilea, nunca mar Muerto. La envidia, el egoísmo, la flojera, la irresponsabilidad harían que nos transformamos en mar muerto sino cumplimos con esa tarea que todos porque fuimos enviados por la confirmación a ello, a cumplir con la misión de la Iglesia, si no lo hacemos nos trasformamos en mar Muerto. Virgen y Madre de Guadalupe, bendito mar de Galilea que eres tú, recibiste agua viva que da vida en abundancia, verdadera vida, y tú le diste también esa vida que lleva y nos lo diste para que fuera nuestra vida y bendito Jesús que también fue mar de Galilea porque murió en la Cruz para que su vida al resucitar continuara siendo siempre nuestra vida.

Fue la experiencia de fe y devoción que nos inspira del Acontecimiento Guadalupano, hay que salir, hay que bajar. María bajó del cielo para traernos esa experiencia de Dios, ese Dios que llevó en sus entrañas. Como ayudó el Acontecimiento Guadalupano a la evangelización de los primeros misioneros, cuántos creyeron y cada vez más apoyados por la presencia de María en nuestra Patria, la Iglesia y por la casita que le hemos construido y como nuestra fe sigue desarrollándose gracias a esta devoción que aún queda profundamente en nuestros corazón, en el corazón de todos los mexicanos.

Por eso el Papa Juan Pablo II, emocionado decía: México fiel, 96% católicos y 100% guadalupanos, porque María salió como misionera, vino a México, nos dejó su imagen, su mensaje, su buena nueva y nos invita a hacerle una casa, no sólo estas dos Basílicas, sino una casa en el corazón de cada uno de nosotros y en el corazón de la sociedad con la fuerza y la luz del Evangelio. Es la evangelización hoy, la nueva evangelización hacer que Cristo sea la vida de todos los pueblos y de todos los hombres.

¿Quieres acaso ser mar de Galilea o prefieres ser mar Muerto? Ojalá como un fruto bendito de este peregrinar en esta presencia hoy nuestra en esta Basílica nuestra casita, porque es la casita de mamá y del Señor, hagamos una promesa seria de luchar para que esa experiencia de Dios ese torrente de agua viva del Jordán que llega a nosotros podamos dejar que también vayan otros como misioneros y que seamos de veras mar de Galilea.

Virgencita de Guadalupe, sigue bendiciendo como siempre nuestra fe, síguenos comprometiendo con tu Hijo, síguenos haciendo un  pueblo unido en comunión, te pedimos, como te pedíamos ayer en la misa que celebramos, que reconozcamos a tu hijo como el Señor de la vida. El agua del Jordán sabida de Dios no es nuestra, es la vida de Dios, que la respetemos, ante esta cultura de muerte y tanta violencia que sepamos ser sembradores de vida por dondequiera que vayamos y donde quiera que estemos y vida en abundancia, que vayamos formando mar de Galilea en México, en los países de Latinoamérica y del Continente Americano.

La misma Quinta Conferencia hizo algo maravilloso que era congruente y de acuerdo a lo que estaban proponiendo, hablaron sí del discipulado pero también de ser misioneros es la primera vez que junto con el documento que nos van a entregar también se anunció una gran misión intercontinental, una misión para que todos la vivamos seamos misioneros. Imagínense el continente de la esperanza en esta actitud de misión para llevar el Evangelio a todos. Es una propuesta maravillosa de la Quinta Conferencia Episcopal.

Ayúdanos Madrecita, ayúdanos Jesús, ayúdanos Juan Diego a ser que esta Patria y todo nuestro Continente sea un mar de Galilea donde llega la vida, se respeta la vida, se defiende la vida, se promueve la vida porque es vida de Dios y también se comparte la vida. Así sea.

 
 
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