Somos peregrinos potosinos, llenos de fe y de amor a la Santísima Virgen en su entrañable advocación de nuestra Señora de Guadalupe, nos sentimos en
nuestra casa, porque es la casa de nuestra Madre.
Venimos de muchos lugares;
allá también la veneramos a lo largo del año; allá en nuestro templo, nuestra
capillita, en nuestro hogar, en nuestra familia le decimos cuanto la amamos,
cuanto la necesitamos. Pero este día de nuestra peregrinación diocesana
llegamos hasta su casa que Ella pidió a san Juan Diego, esta casa primordial
del amor guadalupano, donde Ella prometió mostrar y prodigar todo su amor,
compasión, auxilio y defensa a los moradores de estas tierras mexicanas y amadores
suyos que la invoquen y en Ella confíen.
¿Cuántos sentimientos hermanos peregrinos y peregrinas?, ¿Cuántos
sentimientos embargan nuestro corazón? ¿Qué pensamientos se anidan en nuestra
mente y en nuestro espíritu? ¿Cuál es nuestra plegaria más honda y sentida en
este lugar sagrado, esta tarde guadalupana? Tengamos confianza nuestra Madre de
Guadalupe la conoce y la escucha maternalmente, para presentarla ante su Hijo,
nosotros sólo la miramos, la invocamos y le mostramos nuestro amor, Ella hace
lo demás, porque Ella nos ama como hijos muy queridos.
Como iglesia potosina traemos ante la celestial Señora las
sombras que envuelven nuestras vidas: la pobreza, la enfermedad, el desempleo,
la emigración, le traemos el dolor a causa de la violencia, los asesinatos, la
inseguridad pública, el aborto, el desprecio de la vida, la exclusión y olvido
de los pobres. Pero, también, venimos ante Ella trayéndole las luces y las
flores, las bellas flores de la fe firme, de la religiosidad festiva, del amor
fraterno, del trabajo y del bienestar en las familias, le traemos los frutos
pastorales de cada comunidad, de cada parroquia.
Los frutos pastorales, me
atrevo a decir yo, de esta segunda visita pastoral, así como nuestros anhelos y
esfuerzos en la elaboración del III Plan Diocesano de Pastoral. Esto último es
algo que yo; siento muy hondo en mi corazón en este día.
El Evangelio que se ha proclamado nos invita a meditar y
vivir la preciosa escena de la visita de María a su prima Isabel, el texto
bíblico nos dijo: “María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas
de Judea y entrando en la casa de Zacarías saludó a Isabel”. ¿Cómo vivió
María este momento?, nos podemos preguntar. ¿Cómo vivió esta visita y esta
peregrinación y caminata hacia la casa de su prima Isabel? ¿Qué sucedió en su
corazón de mujer?
Después del anuncio del ángel María es una persona a la cual
se le ha confiado un gran secreto que cambia su vida; que la compromete
profundamente, que la llevará a vivir una experiencia muy diferente a lo que
Ella se imaginaba para su vida. Guarda en su corazón este secreto y no lo puede
compartir con nadie, es un secreto de alegría, de gozo, pero, también, es un
secreto de dolor, el ángel le dijo: “Concebirás y darás a luz un Hijo y le
pondrás por nombre Jesús. Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo”, eso
fue la primera anunciación. En la segunda anunciación el anciano Simeón, le
dijo: “A ti una espada de dolor te atravesará el alma”. María se
encuentra en una difícil situación, por un lado lleva algo grande dentro de sí
y por otro quisiera decírselo a alguien, quisiera que alguien la comprendiera,
pero no sabe a quién y como decírselo.
En esta soledad espiritual recorre el camino hacia la casa
de Isabel para ayudarla y al llegar a esa casa, nos dice el texto bíblico,
entonces Isabel llena del Espíritu Santo y levantando la voz exclamó: “Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, ¿quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?”. Y de pronto con estás palabras de su prima, María se
sintió comprendida, sintió que su secreto había sido recibido y recibido con
amor, con benevolencia, con confianza, se siente acogida y comprendida. Ahora
ya puede dar rienda suelta a la plenitud de sus sentimientos. Ahora puede
proclamar en voz alta lo que lleva dentro, puede expresar su secreto a una
amiga discreta y atenta que tiene un corazón capaz de comprenderla y así deja
salir su canto que grita lo que había meditado a lo largo de viaje, a lo largo
de su peregrinación y caminata. María se expresa cantando, porque su alma está
llena de alegría y dice: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena
de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su
esclava”.
Que importante es, mis hermanos y hermanas, tener un amigo
cercano que nos entienda y que nos ayude a sacar todo lo que traemos dentro de
hermoso y de alegre o de triste, lo que traemos dentro de bueno, también de
malo, tener un verdadero amigo que acompañe nuestra soledad, para decirle los
sentimientos que embargan el corazón. Esto es justamente lo que nos ofrece esta
tarde nuestra Madre de Guadalupe en esta peregrinación.
Tengamos confianza de decirle todo, porque Ella está aquí no
sólo como amiga, sino como Madre tierna, para escuchar nuestros secretos, para
escuchar nuestras confidencias, para escuchar nuestro canto de gratitud o de
dolor, está aquí para oír con un corazón atento y amoroso de Madre nuestras
plegarias filiales.
Nos consuela ver como María pone en el centro de su canto a
los pobres. Ustedes peregrinos y peregrinas son los pobres de Dios, los
peregrinos y peregrinas son siempre pobres, necesitados de Dios, por eso se
ponen en camino. Dios siente predilección por los que se abajan, por los
últimos concediéndoles sus dones como canta María, enaltece a los humildes, a
los hambrientos los colma de vienes y a los ricos los despide vacíos.
María se sabe hija predilecta del pueblo de la promesa y
representante genuina de los humildes, el Altísimo está obrando maravillas en
su persona agraciada, por eso pone alma, vida y corazón, para alabar,
engrandecer y dar gracias a su Señor.
Hermanos y hermanas, como peregrinos no nos vayamos de la
casa de nuestra Madre sin cantar nuestro propio canto de gratitud al Señor,
preguntándole en nuestra plegaría ¿Cómo Tú, Dios, eres el Dios de mi
salvación? ¿Cómo puedo yo cantar mi propio magníficat? ¿Cuáles son las grandes
obras que Tú has realizado en mi vida? Tú eres el Dios que cambia mi vida, que
me da esperanza, que me hace ver con ojos nuevos a los demás, con ojos de amor
y de justicia, con ojos de fraternidad, de perdón y de paz.
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