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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Maximino Martínez Miranda, Obispo de la Diócesis de Ciudad Altamirano, Guerrero, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

13 de mayo de 2007

Un saludo muy afectuoso a todos ustedes, a mis hermanos sacerdotes de esta Diócesis de Ciudad Altamirano. El padre Vicario General, Secretario Canciller, Rector del Seminario y a todos los sacerdotes, a nuestros hermanos los diáconos, a los seminaristas de Teología, de Filosofía, del Curso Introductorio y del Menor, que el Señor les siga bendiciendo para que puedan afianzar cada día mejor su vocación y se preparen para servir a este numeroso pueblo de Dios.

Saludo afectuosamente a todos los peregrinos. Peregrinos de esta Diócesis de Ciudad Altamirano que están cumpliendo 41 años de peregrinación, a los que también hace 13 años se atrevieron a salir caminando desde la Ciudad de Altamirano.

Que este peregrinar que han realizado del día 4 hasta el día de hoy, sea un testimonio para todos los fieles de que somos peregrinos y vamos caminando hacia la casa de Dios nuestro Padre como miembros vivos de esta Iglesia peregrina, la Iglesia de Jesús. Nos encontramos, como decía el arcipreste, que nosotros allá lo conocemos como; el decano, en otros lugares como el foráneo, estamos en nuestra casa. Que bueno es llegar a la casa de nuestra Madre, cuando llegamos a su casa.

Cuando salimos a trabajar en diferentes lugares y llegamos a casa, pues no sentimos muy alegres. Y que mejor en este día en que acaba de pasar el 10 de mayo dedicado a los mamás, por eso le damos las gracias a nuestra Madrecita Guadalupana por manifestarse en nuestra nación desde hace 475 años, en diciembre de 1531.

Pedimos a Dios por todas las mamás que están aquí y también por las que están ya en el Cielo, nuestras madres que están allá que el Señor les de también la vida eterna. A través del santo Juan Diego, canonizado el 31 de julio del 2002, por el Papa de feliz memoria Juan Pablo II, pues, se llevó acabo este mandato y podríamos decirle hoy a nuestra Santísima Madre; tu mandato se ha cumplido, la construcción de un templo para en él mostrar todo tu amor, aquí está, esta es tu Basílica, un gran templo material, sí, pero que a la vez no lleva a comprender el templo espiritual del que habla san Juan, en la segunda lectura: un templo donde ya no hace falta esmeros, donde tampoco hace falta el sol, porque es el mismo Jesucristo el que nos llama a estar en comunión con Él. Con razón, nos decía mientras estuvo caminando entre nosotros: “Nadie va al Padre si no es por mí” “Quien me ha visto a mi ha visto al Padre” de tal manera que nos invita a vivir en comunión con Él, y hoy Él quiere entrar a nuestro corazón. Nos ha hablado la Santísima Virgen, como nuestra Madre ha querido reunirnos a todos; no importa la raza, el estado social o la nación, pues es nuestra Madre, así como en la primera lectura nos decía el Señor: “Van convirtiéndose los paganos, sí, pero no se les puede exigir demasiado más que lo estrictamente necesario, a saber: que editen sobretodo los actos impuros, la impureza y se llenen de la pureza de Dios para crecer cada día más en la santidad”.

La Santísima Virgen de Guadalupe sigue siendo hoy un signo verdadero de la presencia de Cristo entre nosotros, por lo que nos invita a vivir en comunión con todos y a luchar por la paz. Con razón, nuestro Señor Jesucristo cuando nos habla en el Evangelio termina invitándonos a vivir cada día mejor la paz. Que necesidad tenemos en esta Diócesis de Ciudad Altamirano de esa paz, pero no nada más en esta diócesis, porque ahora nos damos cuenta que está necesitada toda nuestra nación, pues desde el momento en que llegué hemos estado luchando para trabajar por la paz, por esa paz del Señor. Si hemos venido como peregrinos de la Diócesis de Ciudad Altamirano, nuestra Tierra Caliente y que caliente está en este tiempo a 44°, 45°, aquí todavía se siente en este calorcito de este lugar un poquito de frío, comparado con nuestra tierra caliente.

Hemos venido para escuchar a nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador en la casa de su Madre, que nos la ha dejado también como nuestra Madre, creo que estamos dispuestos ha hacer lo que Él nos diga, como la recomendación que hace la Santísima Virgen en su primer milagro que realiza nuestro Señor Jesucristo: “Hagan lo que Él les diga”, con razón, también los apóstoles comenzaban a expresarse en sus persecuciones: “Es necesario obedecer primero a Dios y después a los hombres” y nuestras mismas actitudes, están diciendo; primero Dios y luego lo demás.

Pues, bien, si vamos hacer lo que Él nos diga, ¿qué nos ha dicho este día? Primero que todo pues, dice; que vino a mostrar nuestro amor, verdad, a Dios cumpliendo sus mandamientos podemos vivir ese amor, nos hace notar el Señor: “Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor, lo mismo que yo cumplo lo que el Padre Dios me ha mandado”. El Padre Dios ha enviado a su Hijo Jesucristo, primer misionero del Padre para traernos la salvación, y eso es lo que nos dice; que permanezcamos en su amor: “Si me aman cumplirán mi Palabra, mis mandamientos”.  Por lo cual, cada ocasión en la que nosotros nos desviamos y no hacemos lo que Él nos dice, es cuando no estamos mostrando su amor, sobre todo en este tiempo en que habido ciertas persecuciones, en donde hay tantos desafíos, el Señor nos sigue diciendo: “Si me aman cumplirán mi Palabra, cumplirán mis mandamientos” en eso se manifestará la comunión también con Él Padre. Otro aspecto que nos muestra de lo mismo que Él, también nos expresa y manifiesta en este día; es que sepamos abrir nuestro corazón al Espíritu Santo que nos ilumina para que no nos desviemos del camino verdadero que nos conduce precisamente a la casa de Dios nuestro Padre. Dice nuestro Señor Jesucristo: “Si viven y permanecen en este amor, mi Padre les enviará al Espíritu Santo consolador, que les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho”. Por eso, el Espíritu Santo está presente entre nosotros, agradecemos al Señor que nos ha dado ese Espíritu Santo, que es el que nos va guiando por el camino de la verdad, para no desviarnos de este camino verdadero que nos conduce al Padre, principalmente por su enseñanza a través de Iglesia, y que importante es que en este día, estén haciendo la Apertura de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la Basílica de la Santísima Virgen, bajo la advocación, la Aparecida en Brasil, la misma Madre de nuestro Señor Jesucristo y Madre nuestra que se ha manifestado bajo esta advocación en este lugar de Brasil y que ahora en este momento se estará haciendo también, pues, esta apertura para que la Iglesia nos siga guiando por el camino de la verdad.

El Papa Benedicto XVI estará hoy en este lugar haciendo la Apertura de esta V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que lleva como título Misioneros, para que en Él tengan vida. Discípulos y Misioneros de Jesús para tener vida en Él, en el mismo Jesucristo nuestro Salvador. Creo que esa será la necesidad de estos tiempos, ser discípulos y misioneros de nuestro Señor Jesucristo teniendo esa vida divina del mismo Señor en nuestro ser, en nuestra persona. Haciéndose ahora una realidad, las enseñanzas del Espíritu Santo y el recuerdo de lo que Cristo nos ha dicho, pues, se va manifestando de esta manera a través de la Iglesia. De esta manera podremos comprender mejor la paz, la paz que el Señor nos ha dejado y podremos luchar para no perderla, dice: “Si me amarán se alegrarían de que yo me vaya, me tengo que ir sí, pero volveré a ustedes, pero ahora mi paz les dejo, mi paz les doy”. Ahora luchemos para no perder la paz, no vayan a perder la paz. Cuanta falta hace escuchar al Señor con estas palabras, no perder su paz en estos momentos en que; hay una como guerra, como decía en decano de este lugar, pues como una lucha de violencia, en estos lugares de nuestra nación, en esta nuestra diócesis de tierra caliente.

Pues, podremos decir hoy nuevamente: Felicidades a todas las mamás que cuidan y protegen la vida de sus hijos, como nuestra Madre del cielo que cuida y protege nuestra vida. En este tiempo de esos conflictos sobretodo de la legislación de la ley del aborto y situaciones que en la nación se van dando de violencia en contra de la vida, cuiden la vida de sus hijos, todas ustedes las mamás, como lo hace nuestra Madre del Cielo que cuida nuestra vida, y a Ella le encomendamos precisamente nuestra vida.

En nuestra celebración, celebramos a Cristo que se ofrece al Padre por nuestra salvación y le pedimos que derramé sobre nosotros el don de su Espíritu y nos iluminé con su luz. Pues, nos decía casi al final del Evangelio: “Esta ciudad santa ya no necesitara de luz, porque el mismo Señor Jesucristo nos iluminará, el mismo Espíritu Santo nos guiará por el camino de la felicidad hasta llegar a la casa del eterno Padre”.  

Que esta comunión con Él nos fortalezca para seguir peregrinando día a día, a través de nuestras diferentes actividades y a través de nuestro ser de bautizados, evangelizando a los demás, compartiendo nuestra fe, compartiendo nuestra experiencia de Dios con los que conviven con nosotros.

Así sea. 

 
 
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