| Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosas,
seminaristas, queridos hermanos todos en Jesucristo Nuestro Señor.
Una vez más nuestro Padre Dios nos ha permitido venir a este Santuario
de Nuestra Madre María de Guadalupe, en esta ocasión a la puerta
de nuestras fiestas jubilares por los cincuenta años de nuestra
diócesis de San Andrés Tuxtla.
Hermanos, la Santísima Virgen María es Madre de la Iglesia
y Madre Nuestra. Como Madre de la Iglesia acompañó a los apóstoles
en la oración para que viniera sobre ellos el Espíritu Santo prometido;
como Madre de la Iglesia aparece como uno de los personajes principales
en las Bodas de Caná y como Madre de la Iglesia ora por la Iglesia
e intercede por la Iglesia hasta el fin de los tiempos. En el
Evangelio que hemos escuchado, las Bodas de Caná son el símbolo
de la alianza de Dios con su pueblo. En efecto, en esta boda no
se dice quién es la novia, ni siquiera se le menciona. En realidad
se trata del pueblo de Dios, se trata de la Iglesia. Ahora bien,
tampoco se dice quién es el novio, apenas si se le menciona cuando
el mayordomo le dice: "Tú has guardado el vino mejor hasta
ahora". Pero, ¿quién es el que ha guardado el vino mejor
hasta ahora?
Si la novia es la iglesia, quién es el novio. Si recordamos
los pasajes del Antiguo Testamento parece que se trata de Dios
como dijo el profeta: "como se casa joven con doncella, se
casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia
se gozará por ti tu Dios (Is 62,5). Si pensamos en el Nuevo Testamento,
según el testimonio del Bautista, se trataría de Cristo: "El
que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio se alegra".
En este sentido, San Pablo lo confirma: "Gran misterio es
este, lo digo respecto de Cristo y de su Iglesia" (Ef 5,
32).
Ahora bien, ¿cuál es el papel de la Virgen María? La Virgen
María, en primer lugar es Madre de Cristo como dice la carta a
los Gálatas que: "al llegar la plenitud de los tiempos, envió
Dios a su hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar
a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacemos hijos suyos"
(Gá 4,4-5). Así pues, la Santísima Virgen María fue escogida para
ser la Madre del Hijo de Dios y, por ser Madre de Cristo, es Madre
de todos los que por el bautismo son sumergidos en él. De esta
manera viene a ser, no sólo Madre de Cristo cabeza, sino también
Madre de su cuerpo místico que es la Iglesia.
Como Madre de la Iglesia, María está atenta, como en las Bodas
de Caná, para ver qué hace falta en la Iglesia de su Hijo e intercede
por nosotros ante su Hijo Jesús, diciéndole qué es lo que se nos
ha acabado; Por este motivo, en 1531 estuvo atenta a las necesidades
de los moradores de estas tierras y se dejó ver de San Juan Diego
y, al dejar su Bendita Imagen y pedir un templo para en él mostrar
y dar todo su amor, compasión auxilio y defensa, se convirtió
en el alma del pueblo mexicano. Por eso, todos nosotros, hemos
contado en nuestra vida con la intercesión de la Virgen. ¿No estoy
yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo
tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?
Como en las Bodas de Caná también hoy está atenta a las necesidades
de la Iglesia, especialmente de quienes vienen hasta este santuario
como peregrinos a implorar su intercesión. Por esto la Diócesis
de San Andrés Tuxtla viene a postrarse a los pies de la "siempre
Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive",
También ahora, nos dice a nosotros, como a los servidores de las
Bodas de Caná, hagan todo lo que mi Hijo diga.
Esa es la tarea que tenemos, esa es nuestra misión: hacer lo
que Jesús diga. Ahora bien, ¿qué es lo que Jesús dice? Cómo en
las Bodas de Caná se trata de echarle agua a las tinajas. Es decir
se trata de nuestra colaboración. Como Jesús en las Bodas de Caná
respondió a las esperanzas de Israel dando un vino mejor en la
última hora, así lo sigue haciendo en nuestros tiempos, por la
intercesión de María. Si nosotros hacemos lo que Cristo nos dice,
es decir si echamos agua a las tinajas, Él transformará nuestros
esfuerzos pastorales en vino nuevo, es decir en gracia, en salvación
para nuestra diócesis.
Como diócesis queremos muchas bendiciones de Dios en estas
fiestas jubilares que se avecinan, especialmente la gracia de
ser mejores discípulos y misioneros de Cristo para que todos los
pueblos en Él tengan vida. Como reza el lema del jubileo ya son
"cincuenta años de discipulado fortaleciendo el apostolado",
pero hay que crecer más en la fe. Y ya sabemos que la fe se fortalece
dándola. Esta es nuestra misión, compartir la fe. Así como en
la historia de la salvación Dios guardó el vino mejor para saciar
los anhelos de Israel, así puede deparamos algo mejor que lo que
estamos experimentando hasta ahora como diócesis; esto depende
de que pongamos agua a las tinajas de nuestra misión. Todo nuestro
trabajo pastoral no es otra cosa que echar agua a las tinajas
y cuando hacemos esto, el Señor Jesús, lo transforma en salvación.
En este año y el próximo, las visitas pastorales son una gracia,
que me han permitido conocer más la diócesis y acercarme a la
gente más alejada del centro. Como ya les compartí en una ocasión,
las visitas pastorales me cansan físicamente pero, me fortalecen
espiritualmente en la misión encomendada. Yo espero que por la
intercesión de la Virgen, lo poco que hacemos sea como echarle
agua a las tinajas y que Cristo nos haga disfrutar de un vino
mejor. A los enfermos les he estado pidiendo su intercesión para
el éxito espiritual de las visitas pastorales, a los agentes de
pastoral les he felicitado por su generosidad y les he animado
a seguir adelante, a los matrimonios les he pedido que vivan el
designio de Dios sobre la familia, a los jóvenes que le abran
el corazón a Cristo y sean generosos para vivir su vida al servicio
de Dios en la Iglesia y en el mundo.
En octubre, si Dios quiere, vamos a realizar el Consejo de
Pastoral sobre la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo.
La promoción de los laicos ha sido una de las grandes herencias
de Mons. Guillermo Ranzahuer y yo la quiero retomar porque creo
que gracias a Dios contamos con muchos laicos comprometidos, pero
que hace falta aglutinar. En este sentido, y para la misión de
todos nosotros, seguramente que el documento de Aparecida será
una luz. Claro habrá que echarle agua a las tinajas, pero sabiendo
que el Señor que hace nuevas todas las cosas convertirá nuestra
humilde colaboración en vino nuevo.
Hermanos, pidamos a Dios la gracia de seguir adelante con nuestro
Plan Diocesano de Pastoral, así como con el plan de formación
permanente, la promoción vocacional, la construcción del Seminario,
la formación de nuestros seminaristas y la puesta en práctica
del IV Ordenamiento para la Pastoral de los Sacramentos. Les invito
a que pongamos a los pies de la Santísima Virgen María todas nuestras
preocupaciones familiares, nuestros proyectos pastorales, especialmente
las fiestas jubilares, para que Ella, como en las Bodas de Caná,
vea qué es lo que más nos hace falta y nosotros colaboremos echando
agua a las tinajas, como aquellos servidores de las Bodas de Caná,
para que en nuestras fiestas jubilares, el Señor convierta nuestros
pobres esfuerzos en vino nuevo.
Que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, interceda
con nosotros y por nosotros por todas nuestras intenciones pastorales
y por las intenciones particulares de quien han venido a esta
peregrinación. Que así sea. |
|