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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. José Trinidad Zapata Ortiz, IV Obispo de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

24 de julio de 2007

Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas, queridos hermanos todos en Jesucristo Nuestro Señor. Una vez más nuestro Padre Dios nos ha permitido venir a este Santuario de Nuestra Madre María de Guadalupe, en esta ocasión a la puerta de nuestras fiestas jubilares por los cincuenta años de nuestra diócesis de San Andrés Tuxtla.

Hermanos, la Santísima Virgen María es Madre de la Iglesia y Madre Nuestra. Como Madre de la Iglesia acompañó a los apóstoles en la oración para que viniera sobre ellos el Espíritu Santo prometido; como Madre de la Iglesia aparece como uno de los personajes principales en las Bodas de Caná y como Madre de la Iglesia ora por la Iglesia e intercede por la Iglesia hasta el fin de los tiempos. En el Evangelio que hemos escuchado, las Bodas de Caná son el símbolo de la alianza de Dios con su pueblo. En efecto, en esta boda no se dice quién es la novia, ni siquiera se le menciona. En realidad se trata del pueblo de Dios, se trata de la Iglesia. Ahora bien, tampoco se dice quién es el novio, apenas si se le menciona cuando el mayordomo le dice: "Tú has guardado el vino mejor hasta ahora". Pero, ¿quién es el que ha guardado el vino mejor hasta ahora?

Si la novia es la iglesia, quién es el novio. Si recordamos los pasajes del Antiguo Testamento parece que se trata de Dios como dijo el profeta: "como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios (Is 62,5). Si pensamos en el Nuevo Testamento, según el testimonio del Bautista, se trataría de Cristo: "El que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio se alegra". En este sentido, San Pablo lo confirma: "Gran misterio es este, lo digo respecto de Cristo y de su Iglesia" (Ef 5, 32).

Ahora bien, ¿cuál es el papel de la Virgen María? La Virgen María, en primer lugar es Madre de Cristo como dice la carta a los Gálatas que: "al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacemos hijos suyos" (Gá 4,4-5). Así pues, la Santísima Virgen María fue escogida para ser la Madre del Hijo de Dios y, por ser Madre de Cristo, es Madre de todos los que por el bautismo son sumergidos en él. De esta manera viene a ser, no sólo Madre de Cristo cabeza, sino también Madre de su cuerpo místico que es la Iglesia.

Como Madre de la Iglesia, María está atenta, como en las Bodas de Caná, para ver qué hace falta en la Iglesia de su Hijo e intercede por nosotros ante su Hijo Jesús, diciéndole qué es lo que se nos ha acabado; Por este motivo, en 1531 estuvo atenta a las necesidades de los moradores de estas tierras y se dejó ver de San Juan Diego y, al dejar su Bendita Imagen y pedir un templo para en él mostrar y dar todo su amor, compasión auxilio y defensa, se convirtió en el alma del pueblo mexicano. Por eso, todos nosotros, hemos contado en nuestra vida con la intercesión de la Virgen. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?

Como en las Bodas de Caná también hoy está atenta a las necesidades de la Iglesia, especialmente de quienes vienen hasta este santuario como peregrinos a implorar su intercesión. Por esto la Diócesis de San Andrés Tuxtla viene a postrarse a los pies de la "siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive", También ahora, nos dice a nosotros, como a los servidores de las Bodas de Caná, hagan todo lo que mi Hijo diga.

Esa es la tarea que tenemos, esa es nuestra misión: hacer lo que Jesús diga. Ahora bien, ¿qué es lo que Jesús dice? Cómo en las Bodas de Caná se trata de echarle agua a las tinajas. Es decir se trata de nuestra colaboración. Como Jesús en las Bodas de Caná respondió a las esperanzas de Israel dando un vino mejor en la última hora, así lo sigue haciendo en nuestros tiempos, por la intercesión de María. Si nosotros hacemos lo que Cristo nos dice, es decir si echamos agua a las tinajas, Él transformará nuestros esfuerzos pastorales en vino nuevo, es decir en gracia, en salvación para nuestra diócesis.

Como diócesis queremos muchas bendiciones de Dios en estas fiestas jubilares que se avecinan, especialmente la gracia de ser mejores discípulos y misioneros de Cristo para que todos los pueblos en Él tengan vida. Como reza el lema del jubileo ya son "cincuenta años de discipulado fortaleciendo el apostolado", pero hay que crecer más en la fe. Y ya sabemos que la fe se fortalece dándola. Esta es nuestra misión, compartir la fe. Así como en la historia de la salvación Dios guardó el vino mejor para saciar los anhelos de Israel, así puede deparamos algo mejor que lo que estamos experimentando hasta ahora como diócesis; esto depende de que pongamos agua a las tinajas de nuestra misión. Todo nuestro trabajo pastoral no es otra cosa que echar agua a las tinajas y cuando hacemos esto, el Señor Jesús, lo transforma en salvación.

En este año y el próximo, las visitas pastorales son una gracia, que me han permitido conocer más la diócesis y acercarme a la gente más alejada del centro. Como ya les compartí en una ocasión, las visitas pastorales me cansan físicamente pero, me fortalecen espiritualmente en la misión encomendada. Yo espero que por la intercesión de la Virgen, lo poco que hacemos sea como echarle agua a las tinajas y que Cristo nos haga disfrutar de un vino mejor. A los enfermos les he estado pidiendo su intercesión para el éxito espiritual de las visitas pastorales, a los agentes de pastoral les he felicitado por su generosidad y les he animado a seguir adelante, a los matrimonios les he pedido que vivan el designio de Dios sobre la familia, a los jóvenes que le abran el corazón a Cristo y sean generosos para vivir su vida al servicio de Dios en la Iglesia y en el mundo.

En octubre, si Dios quiere, vamos a realizar el Consejo de Pastoral sobre la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. La promoción de los laicos ha sido una de las grandes herencias de Mons. Guillermo Ranzahuer y yo la quiero retomar porque creo que gracias a Dios contamos con muchos laicos comprometidos, pero que hace falta aglutinar. En este sentido, y para la misión de todos nosotros, seguramente que el documento de Aparecida será una luz. Claro habrá que echarle agua a las tinajas, pero sabiendo que el Señor que hace nuevas todas las cosas convertirá nuestra humilde colaboración en vino nuevo.

Hermanos, pidamos a Dios la gracia de seguir adelante con nuestro Plan Diocesano de Pastoral, así como con el plan de formación permanente, la promoción vocacional, la construcción del Seminario, la formación de nuestros seminaristas y la puesta en práctica del IV Ordenamiento para la Pastoral de los Sacramentos. Les invito a que pongamos a los pies de la Santísima Virgen María todas nuestras preocupaciones familiares, nuestros proyectos pastorales, especialmente las fiestas jubilares, para que Ella, como en las Bodas de Caná, vea qué es lo que más nos hace falta y nosotros colaboremos echando agua a las tinajas, como aquellos servidores de las Bodas de Caná, para que en nuestras fiestas jubilares, el Señor convierta nuestros pobres esfuerzos en vino nuevo.

Que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, interceda con nosotros y por nosotros por todas nuestras intenciones pastorales y por las intenciones particulares de quien han venido a esta peregrinación. Que así sea.

 
 
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