Hermanos, hermanas, estamos en la Casa
de Nuestra Madre porque hemos creído, nos juntamos a toda esa
gran fila del pueblo de Dios que ha creído desde ese día que María
creyó e Isabel le dijo dichosa tú que has creído saber
podemos decir dichosos ustedes, dichosos nosotros que hemos
creído.
Estamos en la Casa de Nuestra Madre,
nos sentimos acogidos, confiados, amados, nos sentimos alegres
llenos de la tierna amabilidad y de la compañía de Nuestra Madre.
Nos sentimos parte de esa larga fila del pueblo de Dios que se
ha acercado a este lugar santo para agradecer y pedir, para llorar
y esperar, para expresar su amor y seguir viviendo.
El Evangelio que hemos escuchado nos
envuelve en el manto que significa la Visitación, la visita en
la historia de nuestra salvación. Dios se hace presente, se encarna
y se da a su pueblo y la visita de los que son de Dios, la Virgen
María que se da para acompañar a todos los peregrinos de la vida
a los que creemos en su hijo, a este pueblo aquí reunido o que
deseó estar reunido en esta ocasión, que acepta y agradece todas
las maravillas que Dios ha hecho en él y a través de él, a través
de todos los pueblos.
En nuestra peregrinación a la casa
de Nuestra Madre a esta casa que nos mandó construir. Aprendemos
que su visita es para quedarse con nosotros, para peregrinar con
nosotros, para acompañarnos en la vida.
Uno de los rasgos más característicos de la fe en Dios es saber
acudir a quien pueda estar necesitando de nuestra presencia, ese
es el primer gesto de María después de acoger con fe su misión
de ser Madre del Salvador, saber acompañar a quien tiene necesidad,
hacerse prójimo; como escuchamos el domingo pasado.
Creo que esta ha sido nuestra experiencia
como pueblo de Dios peregrino y hacedor de la historia de nuestro
México. María nos da la lección de que hay una nueva forma de
amar que debemos de recuperar en nuestros días y que consiste
en acompañar a vivir a quien se encuentra hundido en la soledad
bloqueado por la depresión, ¿no es acaso una de las enfermedades
más comunes de nuestro tiempo?
Al que se siente atrapado por la enfermedad.
La mayor parte de la gente que peregrina a este Santuario viene
pidiendo salud, para el que acude y para los que se quedan en
casa, para el marginado por la droga o sencillamente vacío de
toda alegría y esperanza de vida.
Me da la impresión de que estamos pensando en nuestro tiempo,
proyectando y consolidando una sociedad hecha solamente para los
fuertes, para los agraciados, para los jóvenes, para los sanos,
para los triunfadores, para aquellos que son capaces de gozar
y de disfrutar de la vida.
Es tan difícil encontrar personas que
se dediquen a visitar como María, como Jesús, a visitar los hermanos
y hermanas que no tienen estas características que privilegian
nuestra mentalidad moderna, así no es posible experimentar la
alegría de contagiar y dar vida. Como lo hizo María en su visita
a Isabel y a todos los necesitados de nuestra historia.
El que tiene la misma fe de María, la primera creyente en la encarnación
se siente llamado a vivir de otra forma, hoy le queremos decir
a Nuestra Madre: Madre ruega por nosotros para que seamos las
personas que visitan; es decir, que se hacen presentes en la historia
de cada día.
Hoy también aprendemos que su visita
es para que nos pongamos en camino, como Ella presurosa y amable,
humana y humanizadora, sensible a las necesidades que caminan
con Ella, las Isabeles y los Zacarías, las Juanés y las Juanitas
compañeros del viaje de la fe, hacedores de la historia y testigos
de la esperanza de la salvación. No es fácil aceptar el mensaje evangélico
de ponerse en camino y mucho menos presurosos y alegres como lo
hizo María.
Son tantas las ocupaciones y los agobios que consideramos no tener
tiempo no para nosotros mismos, mucho menos para las personas
que nos acompañan en el viaje de nuestra vida y más para los que
no entran en nuestros planes porque son de otras ideas o costumbres;
yo creo que es la forma moderna de racismo.
Hoy nos ponemos es camino como Iglesia
de Baja California, como esta nueva provincia como bien nos indicaba
nuestro Arzobispo, Tijuana, Mexicali y la Paz ya tienen un buen
trecho recorrido como iglesias locales, Ensenada apenas va para
tres meses.
Como nueva provincia pastoral de Baja California vamos empezando
nuestro caminar, ojalá que nuestro ponernos en camino sea como
el de María, que tengamos la prisa de la caridad pastoral, la
lucidez para saber mirar con los ojos de la fe, lo que más conviene
en nuestro tiempo y la alegría que brota de la esperanza de que
Dios sigue visitando a su pueblo y María Santísima también.
Que bueno que nuestros primeros misioneros
tuvieron esta visión al encomendar todos los trabajos de evangelización
a María Nuestra Madre bajo la invocación de Nuestra Señora de
Loreto. Hoy hemos respondido a esta palabra con este hermoso Salmo
que expresa que la salvación es para todos los pueblos y que la
alabanza también es de todos los pueblos.
Hoy nos unimos a todos estos pueblos
que alaban a Dios por María, por habernos dado a María, por habernos
María acompañado y por acompañarnos en estos momentos que vivimos.
Celebramos pues nuestra salvación en la Casa de Nuestra Madre,
toda Eucaristía que se celebra en cualquier rincón del mundo tiene
el mismo valor: Es la Pascua del Hijo de Dios venido al mundo
por el sí de María.
Hoy nuestra Eucaristía como pueblo de Dios que peregrina en Baja
California y en otros lugares, en este lugar que nos evoca tantas
esperanzas, lágrimas y luchas tiene un significado especial en
este hoy de nuestra salvación y ese significado es el momento
que cada uno de nosotros vivimos, pero también el momento sobre
todo en Baja California Norte, el momento intensamente político
que está viviendo.
Todo esto lo ponemos en manos de Nuestro
Señor, lo ponemos en este pan, en este vino, lo ponemos en las
manos de María para que Ella lo lleve a Jesús. Dichosos nosotros
que hemos creído, gracias a que Ella creyó primero en la Encarnación. |
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