| Lo que voy a pedir no
se hace en una ocasión tan solemne como la nuestra. Quiero que
entonen aquel canto que aprendimos hace unos años que nos identificaba
como pueblo de Dios: “El pueblo de Dios…” las comunidades rurales
se lo aprendieron en alguna concentración en Linares lo aprendimos
me ayudan… No lo vamos a cantar todo sino nada más quiero que
se nos quede como recuerdo de que somos el Pueblo de Dios.
No lo recuerdan? Se me hace que los
que vienen a las peregrinaciones son un pueblo de Dios y el que
se queda allá es otro pueblo de Dios. Pero van a recordar este
canto. Lo oyen en algunas transmisiones radiofónicas en el pequeño
mensaje de los lunes. De todas maneras allá en oficina en catedral
que se les multiplique este canto.
Porque este año quiero que tengamos conciencia de que somos
el pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza hemos de crear
conciencia del pueblo. Siempre le hemos pedido cuando venimos
aquí al santuario de Nuestra Señora que nos conceda llegar hacer
el pueblo que Dios quiere que seamos. Así le pedimos siempre.
Pero nunca nos hemos puesto a pensar en las condiciones que necesitamos
para llegar a ser ese pueblo. Voy a irles comentando casi a la
letra un capítulo del concilio Vaticano segundo que se refiere
exactamente al pueblo de Dios y que lo describe plenamente.
Empieza diciendo aquel principio que
siempre me han oído, Dios no quiso salvarnos aisladamente, me
imagino que cuando lleguemos con El y le podemos decir yo hice
todo lo que me tocaba el Señor me va a preguntar y dónde esta
tu hermano, porque no quiso salvarnos aisladamente lo quiso hacer
constituyéndonos en un pueblo, un pueblo que lo alabara en santidad
en medio de todas las naciones. Hemos de responder a una vocación
de Dios porque él nos llama a que lo alabemos santamente esa es
la voluntad de Dios que seamos un pueblo que lo alabe santamente.
Tuve oportunidad el domingo ante la hermosa oración de Abraham
de predicar en las comunidades que me tocaron el domingo que Dios
interpela se dirige a las ciudades, ciudades como Sodoma y Gomorra
merecedoras de castigo, por consiguiente también hay ciudades
que pueden responder como ciudades a la llamada de Dios. Si en
el Evangelio del Señor Jesús en algún momento dice ay de ti Coratzaín
ay de ti Bedstaida porque si en tiro y Sidón se hubieran hecho
los milagros que en ustedes se han hecho ya se hubieran convertido.
El señor Jesús también se está dirigiendo a las ciudades como
ciudades.
Entonces Dios nos ha constituido como
pueblo. Y sigue diciendo el concilio y en este pueblo Cristo es
la cabeza que se entregó por nosotros y que ahora está presente
en medio de nosotros glorioso y resucitado.
Este
pueblo tiene también una ley que es el mandamiento nuevo del amor.
Este pueblo también tiene una condición,
tiene una identidad la dignidad y la libertad de los hijos de
Dios. Si somos parte del pueblo de Dios es que somos hijos del
Dios que tenemos nuestra dignidad y tenemos nuestra libertad.
Este pueblo dice el Concilio tiene
un destino el Reino de Dios. Entonces en este pueblo de Dios que
somos nosotros esto es la cabeza la ley es el mandamiento del
amor la condición es la libertad y la dignidad de los hijos y
el destino el Reino de Dios. Pero todavía dice más.
Ese pueblo de Dios tiene una misión,
la misión es ser un germen de unidad muy firme para toda la humanidad,
estamos llamados a ha ser factores de unidad para todo el mundo
esto es lo que quiere Dios que como pueblo nos presentemos en
medio de otras naciones, en medio de otros pueblos, con una convicción
muy clara de que somos conciliadores estamos para construir la
paz para armar la paz, todo esto es una verdad teológica una verdad
doctrinal y no es una consideración piadosa, es voluntad de Dios
que seamos un pueblo factor de unidad. En nuestra propia diócesis
para que así pueda serlo, tiene que ser un pueblo que se una como
Iglesia particular de Linares.
Ese pueblo, Cristo lo ha hecho como
sacramento de comunión de unidad y le ha dado, lo ha convertido
en instrumento de redención para todo el mundo. Estas son las
características del este pueblo de Dios que viene a ser un instrumentos
de redención para todo el mundo. ¡Cuántas cosas se deducen de
esta concepción. Muchísimo tenemos que hacer para ser instrumentos
de redención. Redención viene la palabra redimir, redimir viene
de la palabra comprar que en latín es: emere. Entonces Dios quiere
volvernos a comprar como lo dice enseguida el Concilio.
Ese pueblo también se llama Iglesia
la Iglesia que El, Jesús adquirió con sangre. Ahí estuvo el precio
ahí estuvo la forma en que nos volvió a comprar, en que nos rescató,
nos rescató a precio de su sangre. Somos la Iglesia pueblo de
Dios rescatados por Cristo a precio de su sangre y además nos
envió al Espíritu Santo para que habitara en nuestros corazones.
En esta Iglesia que somos todos, tenemos el Espíritu Santo y cada
vez que hay oportunidad de celebrar sacramento de la confirmación
me gozo por la comunidad porque está recibiendo en su seno a agentes
dóciles al espíritu y el espíritu es el factor importante de
la construcción del pueblo de Dios.
Y después este pueblo que es la Iglesia
rescatada por la sangre de Cristo que tiene el espíritu Santo
le dio su fundador todos los medios apropiados para que viniera
a ser una comunidad social visible. No somos una comunidad secreta,
somos una comunidad presente en las comunidades. A veces hojeo
los periódicos sin leerlos esperando alguna noticia acerca del
Iglesia. Y últimamente sobre todo aquí desde la capital nos llegan
noticias que más bien nos dan pena, pero porque la comunidad
de la Iglesia no está siendo una presencia salvífica de manera
que se convierta en una buena noticia en todas partes.
Esto es importante entenderlo. Cristo
su fundador dotó a la Iglesia de medios apropiados para que venga
a ser una comunidad visible en la sociedad.
Finalmente el concilio los padres nos
dicen con una gran esperanza que de esta manera el Iglesia permanece,
como digna y fiel esposa de su fundador; por eso San Juan Bautista
se ufanaba de tener una sola misión cuidar a la novia mientras
el novio llegara. Los sacerdotes me han oído cómo me identifico
con ese papel de San Juan Bautista yo le cuido al Señor Jesús
a su esposa que es la Iglesia y en eso me desvelo y busco que
sea una esposa digna no llena de arrugas y de pecados.
Ahí está otra vez la noción de pueblo este Iglesia que permanece
como digna esposa de su fundador, sigue diciendo el concilio y
así termina, va permanecer en esta condición a través de las vicisitudes
del tiempo en el historia renovada siempre por el impulso del
espíritu Santo. Los padres conciliares nunca dejaron de hablar
de la renovación del Iglesia por el espíritu Santo esta Iglesia
que quiere permanecer como fiel esposa de su fundador a través
de los tiempos se está renovando constantemente por el impulso
del espíritu Santo.
No podemos ser una Iglesia como en
1940 ni podemos ser Iglesia como cuando se fundó la diócesis hace
casi ya cincuenta años. Tenemos que ser una Iglesia que esté siempre
dando respuesta a las situaciones humanas de manera que vengamos
a ser una satisfacción para las inquietudes de los seres humanos
de los tiempos presentes. Esta es la Iglesia que ha venido formando
el Señor y que nosotros seguimos acompañando el caminar de la
Iglesia que se renueva incesantemente por el impulso del Concilio
llegue a la luz sin ocaso, si tienen la oportunidad de leer otra
vez esta página del Concilio es el Capítulo segundo de la Constitución
dogmática sobre la Iglesia.
Los cursillistas, los del Mov. de Renovación, los que se acercan
a la Parroquia, los catequistas, los agentes de pastoral, todos
aquellos que de alguna manera están entendiendo este mensaje de
su Obispo, vuelvan a leer este documento del santo Concilio, busquen,
y repasen otra vez el pueblo que Dios quiere que seamos y subrayan
aquellos aspectos que en Aramberri, en Zaragoza, en Dr. Coss que
en todas partes nos vayan faltando para ser ese pueblo que Dios
quiere.
Y sepan que nuestra Señora está muy cerca de este pueblo que
camina, que ella va haciendo el camino con nosotros, que pudo
haber sido otra nuestra historia si Ella no aparece, y hay muchas
cosas que explicamos porque Ella estuvo presente desde el principio
en 1531, que se hubiera logrado fácil la evangelización si hubiera
estado presente, amén de todo lo que se dice del cuadro de la
pintura como lo decía Monseñor que nos dio la bienvenida, ese
es un aspecto que ayuda a nuestra Fe pero el milagro más grande
es que se logró la reconciliación y la regeneración de los dos
pueblos, no se eliminaron a los indígenas, se fueron integrando
hasta constituir un pueblo nuevo y este es el pueblo que peregrina
ahora en las tierras en las que se hizo presente nuestra Señora
de Guadalupe.
Hermanos que cada año nos volvamos
a encontrar y mientras con sencillez de corazón les digo vayan
formando su pueblo alrededor de su parroquia de su capilla en
la comunidad rural, de su entidad cuando los padres los concentren
para hacer un encuentro de jóvenes, de catequistas, cooperen,
ayuden, porque es así fomentando encuentros como nos vamos descubriendo
como que somos verdaderamente el pueblo que Dios quiere que seamos.
Que el Señor los bendiga y la Santísima
Virgen también.
Amén. |