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Homilía
pronunciada por Mons. Ramón Calderón Batres, Obispo de la Diócesis de Linares, en ocasión a su peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

1 de agosto de 2007

Lo que voy a pedir no se hace en una ocasión tan solemne como la nuestra. Quiero que entonen aquel canto que aprendimos hace unos años que nos identificaba como pueblo de Dios: “El pueblo de Dios…” las comunidades rurales se lo aprendieron en alguna concentración en Linares lo aprendimos me ayudan… No lo vamos a cantar todo sino nada más quiero que se nos quede como recuerdo de que somos el Pueblo de Dios.

No lo recuerdan?  Se me hace que los que vienen a las peregrinaciones son un pueblo de Dios y el que se queda allá es otro pueblo de Dios. Pero van a recordar este canto. Lo oyen en algunas transmisiones radiofónicas en el pequeño mensaje de los lunes. De todas maneras allá en oficina en catedral que se les multiplique este canto.

Porque   este año quiero que tengamos conciencia de que somos el pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza hemos de crear conciencia del pueblo. Siempre le hemos pedido cuando venimos aquí al santuario de Nuestra Señora que nos conceda llegar hacer el pueblo que Dios quiere que seamos. Así le pedimos siempre. Pero nunca nos hemos puesto a pensar en las condiciones que necesitamos para llegar a ser ese pueblo. Voy a irles comentando casi a la letra un capítulo del concilio Vaticano segundo que se refiere exactamente al pueblo de Dios y que lo describe plenamente.

Empieza diciendo aquel principio que siempre me han oído, Dios no quiso salvarnos aisladamente, me imagino que cuando lleguemos con El y le podemos decir yo hice todo lo que me tocaba el Señor me va a preguntar y dónde esta tu hermano, porque no quiso salvarnos aisladamente lo quiso hacer constituyéndonos en un pueblo, un pueblo que lo alabara en  santidad en medio de todas las naciones. Hemos de responder a una vocación de Dios porque él nos llama a que lo alabemos santamente esa es la voluntad de Dios que seamos un pueblo que lo alabe santamente.

Tuve oportunidad el domingo  ante la hermosa oración de Abraham de predicar en las comunidades que me tocaron el domingo que Dios interpela se dirige a las ciudades, ciudades como  Sodoma y Gomorra merecedoras de castigo, por consiguiente también hay ciudades que pueden responder como ciudades a la llamada de Dios. Si en el Evangelio del Señor Jesús en algún momento dice ay de ti Coratzaín ay de ti Bedstaida porque si en tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que en ustedes se han hecho ya se hubieran convertido. El señor Jesús también se está dirigiendo a las ciudades como ciudades.

Entonces Dios nos ha constituido como pueblo. Y sigue diciendo el concilio y en este pueblo Cristo es la cabeza que se entregó por nosotros y que ahora está presente en medio de nosotros glorioso y resucitado.

Este pueblo tiene también una ley que es el mandamiento nuevo del amor.

Este pueblo también tiene una condición, tiene una identidad la dignidad y la libertad de los hijos de Dios. Si somos parte del pueblo de Dios es que somos hijos del Dios que tenemos nuestra dignidad y tenemos nuestra libertad.

Este pueblo dice el Concilio tiene un destino el Reino de Dios. Entonces en este pueblo de Dios que somos nosotros esto es la cabeza la ley es el mandamiento del amor la condición es la libertad y la dignidad de los hijos y el destino el Reino de Dios. Pero todavía dice más.

Ese pueblo de Dios tiene una misión, la misión es ser un  germen de unidad muy firme para toda la humanidad, estamos llamados a ha ser factores de unidad para todo el mundo esto es lo que quiere Dios que como pueblo nos presentemos en medio de otras naciones, en medio de otros pueblos, con una convicción muy clara de que somos conciliadores estamos para construir la paz para armar la paz, todo esto es una verdad teológica una verdad doctrinal y no es una consideración piadosa, es voluntad de Dios que seamos un pueblo factor de unidad. En nuestra propia diócesis para que así pueda serlo, tiene que ser un pueblo que se una como Iglesia particular de Linares.

Ese pueblo, Cristo lo ha hecho como sacramento de comunión de unidad y le ha dado, lo ha convertido en instrumento de redención para todo el mundo. Estas son las características del este pueblo de Dios que viene  a ser un instrumentos de redención para todo el mundo. ¡Cuántas cosas se deducen de esta concepción. Muchísimo tenemos que hacer para ser instrumentos de redención.  Redención viene la palabra redimir, redimir viene de la palabra comprar que en latín es: emere. Entonces Dios quiere volvernos a comprar como lo dice enseguida el Concilio.

Ese pueblo también se llama Iglesia la Iglesia que El, Jesús adquirió con sangre. Ahí estuvo el precio ahí estuvo la forma en que nos volvió a comprar, en que nos rescató, nos rescató a precio de su sangre. Somos la Iglesia pueblo de Dios rescatados por Cristo a precio de su sangre y además nos  envió al Espíritu Santo para que habitara en nuestros corazones. En esta Iglesia que somos todos, tenemos el Espíritu Santo y cada vez que hay oportunidad de celebrar sacramento de la confirmación me gozo por la comunidad porque está recibiendo en su seno a agentes dóciles al espíritu y el espíritu es el factor  importante de la construcción del pueblo de Dios.

Y después este pueblo que es la Iglesia rescatada por la sangre de Cristo que tiene el espíritu Santo le dio su fundador todos los medios apropiados para que viniera a ser una comunidad social visible. No somos una comunidad secreta, somos una comunidad presente en las comunidades. A veces hojeo los periódicos sin leerlos esperando alguna noticia acerca del Iglesia. Y  últimamente sobre todo aquí desde la capital nos llegan noticias que más bien nos dan pena, pero  porque la comunidad de la Iglesia no está siendo una presencia salvífica  de manera que se convierta en una buena noticia en todas partes.

Esto es importante entenderlo. Cristo su fundador dotó a la Iglesia de medios apropiados para que venga a ser una comunidad visible en la sociedad.

Finalmente el concilio los padres nos dicen con una gran esperanza que de esta manera el Iglesia permanece, como  digna y fiel esposa de su fundador; por eso San Juan Bautista se ufanaba de tener una sola misión cuidar a la novia mientras el novio llegara. Los sacerdotes me han oído cómo me identifico con ese papel de San Juan Bautista yo le cuido al Señor Jesús a su esposa que es la Iglesia y en eso me desvelo y busco que sea una esposa digna no llena de arrugas y de pecados.

Ahí está otra vez la noción de pueblo este Iglesia que permanece como digna esposa de su fundador, sigue diciendo el concilio y así termina, va permanecer en esta condición a través de las vicisitudes del tiempo en el historia renovada siempre por el impulso del espíritu Santo. Los padres conciliares nunca dejaron de hablar de la renovación del Iglesia por el espíritu Santo esta Iglesia que quiere permanecer como fiel esposa de su fundador a través de los tiempos se está renovando constantemente por el impulso del espíritu Santo. 

No podemos ser una  Iglesia como en 1940 ni podemos ser Iglesia como cuando se fundó la diócesis hace casi ya cincuenta años. Tenemos que ser una Iglesia que esté siempre dando respuesta a las situaciones humanas de manera que vengamos a ser una satisfacción para las inquietudes de los seres humanos de los tiempos presentes.  Esta es la Iglesia que ha venido formando el Señor y que nosotros seguimos acompañando el caminar de la Iglesia que se renueva incesantemente por el impulso del Concilio llegue a la luz sin ocaso, si tienen la oportunidad de leer otra vez esta página del Concilio es el Capítulo segundo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia. 

Los cursillistas, los del Mov. de Renovación, los que se acercan a la Parroquia, los catequistas, los agentes de pastoral, todos aquellos que de alguna manera están entendiendo este mensaje de su Obispo, vuelvan a leer este documento del santo Concilio, busquen, y repasen otra vez el pueblo que  Dios quiere que seamos y subrayan aquellos aspectos que en Aramberri, en Zaragoza, en Dr. Coss que en todas partes nos vayan faltando para ser ese pueblo que Dios quiere. 

Y sepan que nuestra  Señora está muy cerca de este pueblo que camina, que ella va haciendo el camino con  nosotros, que pudo haber sido otra nuestra historia si Ella no aparece, y hay  muchas cosas que explicamos porque  Ella estuvo presente desde el principio  en 1531, que se  hubiera logrado fácil la evangelización si hubiera estado presente, amén de  todo lo que se dice del cuadro de la pintura como lo decía Monseñor que nos dio la bienvenida, ese es un aspecto que ayuda a nuestra Fe pero el milagro más grande es que se logró la reconciliación y la regeneración de los dos pueblos, no se eliminaron a los indígenas, se fueron integrando hasta constituir un pueblo nuevo y este es el pueblo que peregrina ahora en las tierras en las que se hizo presente nuestra Señora de Guadalupe.

Hermanos que cada año nos volvamos a encontrar y mientras con sencillez de corazón les digo vayan formando su pueblo alrededor de su parroquia de su capilla en la comunidad rural, de su entidad  cuando los padres los concentren para hacer un encuentro de jóvenes, de catequistas, cooperen, ayuden, porque es así fomentando encuentros como nos vamos descubriendo como que somos verdaderamente el pueblo que Dios quiere que seamos.

Que el Señor los bendiga y la Santísima Virgen también.

Amén.

 
 
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