Ciertamente “Dios cuidará de ustedes”.
Con estas palabras, queridos hermanos, de aquel gran Patriarca
José, que abría aprendido de su padre, la presencia de Dios
en medio de ellos.
Quisiera iniciar; la reflexión, la
homilía, que con ocasión de esta peregrinación de la
Diócesis de Ciudad Obregón celebramos en
presencia de la Santísima Virgen María, gravémonos este mensaje:
“Todo Él, toda Palabra de Dios instruye, toda Palabra de
Dios es salvación, toda Palabra de Dios es sabiduría” Pero
he citado estas palabras, porque quedan muy bien con los anhelos
que nosotros venimos a poner a los pies de la Santísima Virgen
María. Ciertamente, “Dios cuidará de ustedes”.
¿Cómo necesitamos la protección de
Dios?, ¿cómo necesitamos sentir la fuerza de Dios, la presencia
morosa de Dios, la cercanía misericordiosa de Dios en nuestras
vidas? Ciertamente, Dios ha cuidado de nosotros. Y en este texto
del Génesis que hemos escuchado, ya las últimas palabras de
este gran Dios escrito, ¿cómo nos ayudan a entender el misterio
de la vida?, ¿cómo nos cae bien reflexionar en la historia de
los patriarcas?
La historia de quienes fundaron al pueblo de Dios: Abran, Isaac,
Jacob, José, Judán, Efraín, Manases. Cómo nos hace bien recoger
la fuerza viva de los comienzos del pueblo de Dios. Yo pienso
que tratando de sintetizar esa enseñanza se nos da una luz,
para afianzar la persona, valorar la familia y el concepto,
la experiencia del pueblo de Dios.
La persona, la familia, el pueblo son una sola realidad, si
ustedes quieren, gradualmente construida por Dios, pero en su
providencia; cómo es importante que nosotros recojamos y valoremos
la santidad de la persona, la santidad de la familia, la santidad
del pueblo de Dios este es su proyecto, esta es su voluntad,
y yo diría; esto es lo único que lleva a plena realización,
a los hijos de Dios. Una persona que se descuida así misma,
alguien que descuida la familia, alguien desprecie al pueblo
no está respetando la voluntad de Dios.
Hoy que estamos, aquí, a los pies de
la Santísima Virgen María; vemos por ejemplo: como Jacob, José
han llevado un camino de fe, un camino de rectitud, un camino
de búsqueda honesta de la voluntad de Dios, vemos como ellos
han conservado el sagrado propósito de sus padres, su historia
de salvación que se fue llevando a través del sacrificio de
sus padres; Abran e Isaac o como dirá José; Abran, Isaac y Jacob.
Queridos hermanos, cuidemos nuestras
personas, dignifiquemos nuestras personas, integremos nuestras
personas a los caminos históricos. Nosotros pertenecemos a una
familia, pertenecemos a unos papás, pertenecemos a unos hermanos,
sin ellos o debemos caminar, nadie debe aventurarse a la soledad,
de principio a fin lo sabemos; hay del hombre solo, no es bueno
que el hombre esté solo, se acaba, se desgasta, se empobrece,
se muere.
Veamos nosotros esa lucidez con que
el Patriarca Jacob entiende su vida, él les dice a sus hijos:
“Ya me voy, mi camino está por terminar y me reuniré con
los míos, sepúltenme con mis padres, sepúltenme en el campo
de Abraham”. Con esas palabras tan sencillas, queridos
hermanos, nosotros entendemos la misión personal que todos tenemos
en la vida, termina con la muerte. Estos conceptos ya muchas
personas no los quieren manejar, no los quieren enfrentar y
como lo hizo en este caso el Patriarca tanto Jacob como José
en medio de los suyos con una paz muy grande. Sólo cuando vivimos
en la fe en la familia entendemos las realidades profundas de
la vida, las realidades profundas de nuestro propio ser y vocación.
Vemos esa lucidez, esa valentía del Patriarca, esa sencillez
con que él acepta su destino, su caminar está apunto de llegar
a su fin y el Patriarca lo acepta, y el Patriarca lo enfrenta,
y el Patriarca acepta que necesita cumplir sólo estando en medio
de los suyos, contándose con sus muertos, pero ayudados de sus
hijos.
Que sabiduría tan profunda, queridos
hermanos, hoy que sólo queremos pensar en los éxitos, hoy que
sólo queremos pensar en nosotros mismos, hoy que somos tan individualistas,
hoy que nos dejamos llevar por tantos espejismos como destroza
las personas el dejar a tras las grandes realidades, como son:
la familia, el trabajo, las fuerzas, el destino, el pasado,
el futuro, el dolor y la muerte. Estos conceptos no se aprenden
en las grandes Universidades, esto sólo nos lo enseña la experiencia
del pueblo de Dios convocados por la fe. Vemos enseguida el
concepto de la familia, como es hermoso pensar, queridos hermanos,
que el Patriarca cuida sus hijos, los llama, Jacob llama, Jacob
reúne a sus hijos, los hermanos se juntan para estar con su
padre, más adelante José volverá a reunir a sus hermanos, a
sus hijos.
Cosas tan sencillas, queridos hermanos,
que muchas veces nosotros descuidamos, con estos conceptos tan
sencillos se va haciendo la familia, y en la familia se hablan
de las cosas que se han vivido, de los problemas que se ha tenido,
de las amarguras, de los equívocos y sólo en familia se pueden
curar, sólo en familia se pueden enfrentar, sólo en la familia
se pueden trascender, si nosotros nos desgajamos de la familia
entonces perdemos las supremas oportunidades de completar nuestra
vocación y nuestro destino. |
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