InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 
Homilía
pronunciada por
Fray Raúl Vera López, O.P. Obispo de la Diócesis de Saltillo, Coahuila, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

23 de julio de 2007

LA BIENAVENTURANZA DE MARÍA

La Santísima Virgen María, en el momento de la anunciación, cuando recibió el saludo del ángel, se sorprendió de que la llamara "llena de gracia". Isabel la llamó "la madre de mi Señor" y le reveló que el niño que llevaba en su seno (quien sería Juan el Bautista) saltó de alegría en cuanto el saludo de María -la madre de su Señor- llegó a sus oídos. Llena del Espíritu Santo, Isabel proclama a María "Bienaventurada", porque creyó en las cosas que le fueron dichas por el ángel Gabriel, de parte de su Señor.

En el corazón de María, donde ha ido guardando las cosas que ha escuchado desde niña, acerca de las promesas de los profetas, y donde también recibió las palabras del ángel y ahora las de Isabel su parienta, hay una grande alegría, porque comprendió que las promesas acerca del Salvador que vendría, están empezando a cumplirse.

El ángel le había dicho que su Hijo sería Grande, sería llamado Hijo del Altísimo, Hijo de Dios y sería un Rey Eterno. María ha concebido por obra del Espíritu Santo permaneciendo virgen; el profeta Isaías había dicho que una virgen concebiría al que sería el Emmanuel, que significa "Dios con nosotros" (Cf. Is. 7,14; Mt.1,22-23). El Espíritu Santo le confirmó por medio de Isabel lo que en su camino de fe, ella iría descubriendo y comprendiendo en su corazón: Ella, la más pequeña de las esclavas del Poderoso, tendría un papel fundamental para que Dios cumpliera sus promesas.

LA ESPERANZA DE MARÍA

Al escuchar lo que los profetas decían de él, María se había hecho una idea de cuál sería la obra del Mesías: reinaría en la tierra con justicia, haciendo que los grandes gobernaran con rectitud (Cf. Is.32, 1); sustentaría su reinado en el derecho y la justicia (ls. 9, 7); sería defensor de los pobres (Cf. Is.3, 14-15); haría justicia al pobre y afligido ante quien lo oprimiera (Cf. Sal.71,4.12-14). Establecería la justicia entre las naciones (Cf. Is.42, 1) y de esa justicia brotaría una paz duradera (Cf. Is.32, 17- 18). El cántico proclamado por María ante Isabel, que la Iglesia conoce como el "Magnificat", palabra inicial de la versión latina de dicho cántico, (Cf. Le. 1,46-55), y cuyo comienzo nos ha sido proclamado en el Evangelio de esta Eucaristía, muestra la esperanza que María había puesto en la obra que el Mesías vendría a realizar en la tierra. Venía, nada menos, que a iniciar un mundo nuevo.

La radicalidad con la que María describía el cambio histórico que trajo consigo la entrada de Dios en el mundo por medio de su Hijo: "Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes'. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada" (Le. 1 ,51-53), coincide con la radicalidad con la que Juan el Bautista anunció este cambio en la historia humana, provocado por quien venía enseguida de él, que era el Mesías: "Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles -decía- y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego" (Le.3, 9). Esta coincidencia entre las palabras de María con las del Bautista, aunque pronunciadas por éste unos treinta años después de las de María, no es una pura casualidad, pues el Espíritu Santo que recibió Juan el Bautista en el seno de Isabel, le fue infundido por el Verbo que se hizo carne en el seno de María. Y es el mismo Espíritu Santo quien cubrió con su sombra a María, en el momento en que el Verbo descendió a su seno, para tomar de ella nuestra condición humana. Ese mismo Espíritu reveló a Isabel lo que había sucedido en María, y a ambas mujeres las entrelazó en una misma comprensión: había llegado el tiempo en que Dios se compadecía de su pueblo y de la humanidad entera.

LA PEREGRlNACIÓN EN LA FE DE MARÍA

A partir del momento de la anunciación, María había emprendido un camino en la fe, que la iría conduciendo al conocimiento cada vez más profundo de la persona y de la obra salvadora su Hijo: los pastores le revelaron, que ese niño era el Salvador, el Cristo Señor (Cf. Le.2, 11.17); el anciano Simeón le dijo que ese niño venía a ser Salvador y luz para todas las naciones, que sería centro de contradicción yeso para ella misma sería fuente de un gran sufrimiento, pero eso mismo la prepararía para poder conocer lo que hay en el fondo del corazón humano (Cf. Lc 2,29-35); los magos de oriente fueron a adorar al niño y a reconocerlo no sólo como el Rey de Israel, sino como su propio Rey (Cf. Mt.2, 11). María, guardaba cuidadosamente todas estas cosas, y las meditaba en su corazón (Cf. Le.2, 19. 51).

"A lo largo de la vida oculta de Jesús en la casa de Nazaret, también la vida de María está «oculta con Cristo en Dios» (Cf. Col. 3, 3), por medio de la fe; pues la fe es un contacto con el misterio de Dios. María diariamente estuvo en contacto con el misterio inefable de Dios que se hizo hombre, misterio que superó todo lo que había sido revelado en la Antigua Alianza. Hallándose al lado del Hijo, bajo un mismo techo y «manteniendo fielmente la unión con su Hijo», «avanzaba en la peregrinación de la fe», como subraya el Concilio (Lumen Gentium n.58). Y así sucedió a lo largo de la vida pública de Cristo (Cf. Mc.3, 21, 35); de donde; día tras día, se cumplía en ella la bendición pronunciada por Isabel en la visitación: «Feliz la ,que ha creído))". (Juan Pablo II, Redemptoris Mater N.17).

"Esta bendición alcanzó su pleno significado, cuando María estaba junto a la Cruz de su Hijo (Cf. Jn.19, 25). María «mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz» (Lumen Gentium 58): la unión por medio de la fe, la misma fe con la que había acogido la revelación del ángel en el momento de la anunciación. Entonces había escuchado las palabras: «El será grande... el Señor Dios le dará el trono de David, su padre... reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin»" (Lc. 1,32-33). (Ibid. N.18) Y he aquí que, estando junto a la Cruz, María fue testigo, humanamente hablando, de un completo desmentido de estas palabras. ¡Cuán grande, cuan heroica en esos momentos la obediencia de la fe demostrada por María ante los «insondables designios» de Dios! ¡Cómo se «abandona en Dios» sin reservas, «prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad» (Dei Verbum N.5) a aquel, cuyos «caminos son inescrutable s»! (Cf. Rom. 11, 33). Ya la vez ¡cuán poderosa es la acción de la gracia, en su alma, cuán penetrante es la influencia del Espíritu Santo, de su luz y de su fuerza! (Ibid.).

EL AMOR DE MARÍA

Esta peregrinación en la fe junto a su Hijo, con todo lo que representó para María el hecho que Él fuera un signo de contradicción, como se lo anunció Simeón (Cf. Le.2, 34-35), paradoja que alcanza, su máxima expresión en la cruz, exigió de María un total abandono a los altísimos designios de Dios y una identificación profunda en el anonadamiento, la kenosis, la humillación de Jesús, al enfrentar el misterio de la muerte. El Concilio Vaticano II describe así la identificación de María con su Hijo, en la inmolación de la cruz: «Así también la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie (Cf. Jn.19, 25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma». (Lumen Gentium N. 58).

En la escena del Calvario, la tradición de la Iglesia, ve en María a la nueva Eva que está junto a Cristo, el nuevo Adán. Así lo expresaba Juan Pablo II, comentando los textos del Concilio Vaticano II que se refieren a la identificación mística de María con su Hijo: "Como participación en el sacrificio de Cristo, nuevo Adán, en cierto sentido, (María) se convirtió en el contrapeso de la desobediencia y de la incredulidad contenidas en el pecado de los primeros padres. Así lo enseñaron los Padres de la Iglesia y, de modo especial, San Ireneo, citado por la Constitución Lumen Gentium: «El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la f», (Cf. Lumen Gentium, 56 citado en nota). A la luz de esta comparación con Eva, los Padres -como recuerda todavía el Concilio--llaman a María «Madre de los vivientes» y afirman a menudo: «la muerte vino por Eva, por María la vida»" (Lumen. Gentium, 56 con notas de los padres citados) [Juan Pablo II, Redemptoris Mater, N.19].

LA MATERNIDAD DE MARÍA

Es precisamente al pie de la cruz, que María recibe de parte de Jesús la encomienda de la maternidad sobre toda la humildad, que estaba representada ahí por el discípulo amado. Esta encomienda la hace con las palabras que dirige a su madre, mostrándole al discípulo a quien él amaba: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", y al discípulo: "Ahí tienes a tu madre" (Cf. Jn.19, 26. 27).

Podemos entender que la maternidad de María va dirigida de un modo particular a la Iglesia, sin embargo, como ésta es «en Cristo, como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen Gentium N. 1), los efectos de la muerte redentora de Cristo, van dirigidos a todo el género' humano, y así también la maternidad de María, que proviene de su perfecta comunión con la vida y la pasión de su Hijo, se extiende a todos los hombres y las mujeres de todas las latitudes de la tierra y de todas las épocas de la historia.

Es desde esta dimensión universal de la maternidad de María, que podemos valorar en toda su amplitud su visita a estas tierras, en el cerro del Tepeyac, donde quiso dejar el signo de su intercesión materna en favor del nuevo pueblo que aquí nacía, en la imagen plasmada en el ayate del indio San Juan Diego, vestida precisamente con el atuendo que utilizaba la mujer indígena cuando estaba encinta. Este cuidado maternal que la trae aquí lo manifiestan las palabras con que se dirige a Juan Diego: "Yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos ustedes juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores".

En estas palabras, María se definió como la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, es decir, que la Maternidad de Jesús, es la que la convierte en Madre del género humano. Habla después, de todos los cuidados que sobre nosotros va a tener: amor, compasión, auxilio y defensa, porque es nuestra piadosa madre; el ser madre nuestra, no es sólo un título, sino una responsabilidad sobre los hijos y las hijas. Menciona también al sujeto al que va a prodigar estos cuidados: a Juan Diego y a los demás moradores en estas tierras, todos juntos; el sujeto es cada persona, pero también es la comunidad, "todos juntos", no divididos. Y no sólo a los moradores de esta tierra, sino a todos los que la amen, confíen en ella e invoquen su ayuda, sean visitantes, o se encuentren en lugares diferentes a estas tierras. Finalmente, habla de la actitud con la que nos va a acoger: es una actitud de escucha atenta a nuestros lamentos y de amor activo y solicito, para remediar nuestras miserias, penas y dolores.

 

LA MAESTRA Y DISCÍPULA

En la manera con la que se presenta y actúa con Juan Diego y con todas y todos nosotros, es el Evangelio puro lo que transpira y emana María de Guadalupe; el texto del libro del Eclesiástico que nos ha sido proclamado hace un momento, es la Sabiduría de Dios en persona quien se describe a sí misma; estrictamente hablando, en la interpretación que la Iglesia ha dado a estos textos del Antiguo Testamento, la Sabiduría personificada es la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, el Verbo, el que es la Palabra, es decir quien va a nacer de la Virgen María hecho hombre, Jesús. Pero la Iglesia no vacila en aplicar estos texto a la Santísima Virgen María, quien vivió aquí en la tierra, como hemos dicho antes, estrechamente unida a su Hijo, en el conocimiento de la persona y la obra del Salvador, y quien llegó a transformarse en una mujer llena de la sabiduría divina, en un grado superado solamente por la que adquirió en su naturaleza humana, el Verbo de Dios que se hizo carne en su seno.

Las palabras de la carta del apóstol San Pablo a los Gálatas que hemos escuchado, nos ayudan a entender las sublimes consecuencias que tuvo para la humanidad, el hecho de que el Hijo de Dios viniera a la tierra en nuestra condición humana, naciendo de una mujer, sometido a las prescripciones de la Ley judía, ligada a una gran cantidad de elementos del mundo, que esclavizaban a quienes debían practicarlas, para liberar a los que vivían sujetos a esa Ley. El apóstol San Pedro, refiriéndose a esas prescripciones materiales de la Ley, las comparó con un yugo que ni sus padres, ni ellos mismos pudieron llevar (Cf. Hech. 15, 10).

En la condición humana que asumió, Jesús murió en la cruz, resucitó y fue exaltado a la diestra del Padre para otorgamos la libertad. Mediante el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo (Cf. Hech.2, 33. 38), que nos establece como hijas e hijos de Dios en Cristo, hace de todas y todos nosotros, una sola familia en Él y termina con las diferencias entre nosotros (Cf. Gal.3, 26-28). La fecundidad de la maternidad de María, al dar a luz "al Redentor del mundo, abre las puertas a la nueva humanidad que surge de la obra de la redención. Por la mediación de María, que nos ha sido dada como madre por Jesús -primogénito entre muchos- (Rm. 8, 29), es posible para los hombres y  las mujeres del mundo, alcanzar la verdadera fraternidad.

Éste es el significado profundo de la solicitud que María hizo, cuando pidió que se le construyera un templo constituido por las piedras vivas, que eran los pueblos indígenas de este continente, los españoles y demás pueblos europeos que llegarían. Hasta el día de hoy, María sigue pidiendo que formemos un pueblo de hermanos y de hermanas, en donde todos los miembros de las naciones del Continente Americano y del Caribe, nos veamos y nos tratemos con amor y respeto mutuo, nos ejercitemos en el servicio recíproco, y nos hagamos responsables unos de otros, de manera especial, de los más débiles y desprotegidos, tanto al interior de cada país, como entre las distintos países que formamos el Continente y el Caribe.

LA DIGNIFICACIÓN QUE NOS ENSEÑA LA VIRGEN MORENA

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el año 1531 se dan a sólo diez años de la conquista de México por parte de los españoles, quienes se impusieron en las áreas militar y administrativa, además de la social, cultural y religiosa. Es al pueblo derrotado a quien la Virgen se aparece, dirigiéndose a él reconociendo su dignidad a pesar de la derrota y la conquista, para que encuentren con ella y en ella, el camino que haga coincidir el esfuerzo y el trabajo humano, con el esfuerzo y el trabajo divino para así, y sólo así, superar todas las situaciones por más contradictorias que parezcan. Y esta invitación continúa vigente. Por lo que juntos y juntas, nombraremos y reconoceremos algunas situaciones contradictorias, para que por la gracia y la bondad de nuestra Madre, María de Guadalupe, seamos capaces dignificarlas.

EL FORTALECIMIENTO DE NUESTRA FE/VIDA

La fe debe ser una decisión madura que pueda distinguir entre las cosas que son periféricas y aquellas que tienen profundidad del dato revelado. Hoy en día, en muchos de nosotros, pueden existir vacíos espirituales y morales que llenamos con fenómenos mágicos e irregulares, aprovechando nuestra pobreza espiritual y una falta de vivencia sólida de nuestra vida cristiana. Una fe admirable, no puede ser aquella que sólo recurra a rezos y manifestaciones extraordinarias, si no está acompañada de obras comprometidas a dar vida al ser humano.

Nuestro compromiso con el modo de vida que Jesús nos pide en el evangelio, es el que se presenta en la parábola del Buen Samaritano (Lc.10,30-37), cuando hay misericordia y amor en una persona al encontrar al prójimo, por quien se arriesga la vida y a quien se curan las heridas. Estas son las actitudes relevantes que nos hacen vivir el Reino de Dios desde ahora, y no el buscar aromas de rosas y escarchas que caen del cielo. El encuentro con el Señor de la Vida, está en el aquí y el ahora.

Aprovecho para reafirmar, en cuanto a las supuestas manifestaciones extraordinarias que en la Sierra de Arteaga el joven Alberto Solís está convocando, que no están aprobadas por la Iglesia y que lo he amonestado y le he pedido no continuar con ello. Una mentira lleva a otra y la manipulación de las cosas sagradas es una falta grave, como lo ha hecho con la Sagrada Eucaristía, por lo que pido que nos concentremos en el respeto a la doctrina de la Iglesia y el Plan Pastoral Diocesano, que nos llevan a multiplicar y fortalecer la fe de nuestras comunidades.

LA DIGNIFICACIÓN DE LA MUJER

Hace poco más de un año, 14 sexoservidoras y bailarinas fueron ata9adas sexualmente por elementos del ejército mexicano en la zona de tolerancia de Castaños, Coahuila. Policías municipales, taxistas" clientes y administradores, también fueron afectados. Con uniformes, armas y vehículos oficiales, los militares cometieron una serie de delitos. Las evidencias son claras, y los testimonios y declaraciones, además de los exámenes médicos, son contundentes. Un Subteniente, un Sargento, dos Cabos y ocho Soldados están detenidos desde hace meses pues han sido identificados por sus víctimas. Hay tardanza para aplicar la respectiva sentencia, tres elementos del ejército mexicano siguen prófugos, y el juicio está lleno de intimidaciones y faltas hacia las víctimas.

Es importante que conozcamos los detalles de este proceso porque tenemos al Ejército por las calles de las ciudades y en los poblados del país, ejerciendo funciones que corresponden a la seguridad pública, no de manera extraordinaria, sino prácticamente ordinaria; seriamos irresponsables si dejamos que miembros de la Defensa Nacional, cometan los delitos que quieran, sin que nadie tenga derecho a pedirles cuentas y a exigir justicia ante sus atropellos.

Además se trata de hermanas nuestras, no sólo mujeres víctimas de represión, poder y control, sino mujeres pobres y para algunos, "pecadoras", que no sólo requieren de nuestras oraciones, sino de nuestro acompañamiento personal y espiritual, y la solicitud expresa de un juicio justo, pero sobre todo, su defensa clara por parte de cada uno de nosotros, de la misma manera en la que Jesús defendió la dignidad de la mujer que lo atendió en casa de Simón el fariseo (Lc.7,38-46).

De ellas hemos aprendido que mientras el silencio es participe de la impunidad, la verdad y la valentía, son actitudes responsables que el Señor nos pide en nuestros actos cotidianos y que podemos imitar de la presencia comprometida de la misma Virgen de Guadalupe, quien con sus gestos y actitudes, dignificó al pueblo indígena, realizando una denuncia implícita en dichos gestos, para detener los abusos que contra ese pueblo se cometían.

EL FORZOSO RESCATE DE CUERPOS

La explosión de la Mina 8, Unidad Pasta de Conchos, se ha vuelto un símbolo del desprecio por la vida de las personas. Se han probado y demostrado (al menos desde 1999) las omisiones y negligencias de las empresas Industrial Minera México S.A. de C.V., filial del Grupo México y de la contratista General de Hulla S.A. de C.V. Sin embargo, autoridades locales y federales, por ignorancia, temor u otros intereses, se han hecho cómplices de la barbarie con que dichas empresas tratan a sus trabajadores.

Ambas empresas, decidieron bajar los costos de producción reutilizando parte de la estructura de la mina y por eso se desplomó. El rescate fue suspendido a una distancia aproximada de entre 50 y 140 metros del lugar en donde se encontraban los cuerpos de los trabajadores que pudieron haber sobrevivido a la explosión. Hace unos días, los rescatistas denunciaron que la mina está en condiciones para continuar el rescate, pero las suspendieron, porque recuperar los restos que se encuentran entre las diagonales 19 y 21, inculpa a las empresas y al sindicato, y desnuda la complicidad de los gobiernos local y federal.

Por otro lado, más de 40 familias se han deslindado del peritaje que está haciendo la Secretaría del Trabajo, porque se ésta ha violado los acuerdos que se tomaron, además de que se pretende utilizar a las familias de los mineros, para legitimar el cierre definitivo de la mina. Por ello y atendiendo al clamor de las familias, hacemos un enérgico llamado a las autoridades para que se reinicien las labores de rescate.

LOS PUEBLOS SON VIOLENTADOS POR EL HAMBRE Y LA MISERIA

La Siempre Virgen Santa María habló en Náhuatl, con reverencia y cariño, a un hombre indígena, con quien quiso coincidir para así superar toda situación contradictoria que vivía su pueblo. El mundo indígena, hoy en día, sigue siendo hostigado, entre otros, por cuerpos policíacos. Por ejemplo en Oaxaca y con muestras irónicas de un proceso de pacificación, el conflicto social que se inició el año pasado, sigue vigente. El uso excesivo de la fuerza, la represión y la tortura, están siendo prácticas públicas, y las autoridades y servidores públicos están violando, a los ojos de todos, las garantías individuales de la población en general, justificando además, sus propias agresiones.

La violencia se ve en todos los rincones de México y entre ellos, los de los pueblos indígenas. El hambre violenta a niñas y niños indefensos; la pobreza violenta comunidades enteras que mueren por falta de atención médica; la enfermedad por el poder, violenta los sistemas de convivencia diarios; el egoísmo de los ambiciosos, violenta la capacidad de compartir. La violencia, por lo tanto, no es sólo, el concepto limítrofe de la semántica política, sino un estado de guerra latente entre nuestras comunidades pobres.

Es un pecado que haya complicidad entre ciudadanos y gobernantes, para tratar de aniquilar el Espíritu de la verdad de las comunidades y pueblos enteros, lo mismo que para acabar con los signos de justicia y valores el Reino que surgen de los pueblos. Al reconocer la existencia de la pobreza, la injusticia y la violencia, se debe confesar la falta de cumplimiento del proyecto de Dios, pues es necesario terminar con el hambre, la pobreza, la marginación y la tiranía, para permitir el desarrollo social del pueblo creyente. Ésta es la problemática que sufre el pueblo de Oaxaca y que necesita de nuestra solidaridad.

LAS REDES PROTEGIDAS

La deshonestidad y la corrupción han ayudado a que se incruste y se sostenga la plaga del narcotráfico en nuestra sociedad mexicana, en distintos sectores y en distintas latitudes del país. Así también se ha orquestado una estrategia para erradicarlo, sin querer tocar los altos niveles desde donde se mantiene el poderío que hace aparecer al crimen organizado como invencible e impenetrable. Esta manera de enfrentar al crimen organizado de modo tan parcial, convierte en deshonesta la inversión que se está haciendo de recursos económicos y humanos, pues se hace a sabiendas de que es un gasto inútil, pues se deja al crimen organizado, una intacta capacidad para reproducirse y rehacer su organización, aún cuando se arresten sicarios y policías, o se detengan mandos medios o de menor nivel.

Deben cortarse los apoyos económicos e intervenir los centros financieros que permiten ~ tener sus inversiones, así como los negocios en donde lavan el dinero, confiscar sus riquezas ilegalmente adquiridas y aplicar la ley a los funcionarios de alto nivel que los apadrinan, para que el crimen organizado del narcotráfico no siga creciendo. La gente que se contrata para colaborar con las redes del narco, tiene ambiciones de dinero fácil, o bien, al no tener un empleo seguro invariablemente de su grado de educación, no miden consecuencias y entrar en el mundo de la muerte.

EL SEÑOR QUE CAMINA POR EMAÚS

Nuestro país sigue teniendo una deuda histórica con las trabajadoras y trabajadores mexicanos que debido a los salarios insuficientes para lograr un verdadero progreso, deben emigrar al vecino país del Norte. El primer derecho que tienen es poder tener en su propia patria un trabajo seguro, digno y con salario justo. Si están migrando por las condiciones tan poco equitativas que hay en México, tienen derecho a que las autoridades, intervengan con más decisión para que se establezca un acuerdo migratorio con los Estados Unidos.

En consecuencia, también nosotros tenemos que ser justos con los y las migrantes centroamericanos que en gran número transitan por el país, buscando llegar a los Estados Unidos. En las casas del migrante que tenemos en Coahuila, recibimos testimonios dolorosos que narran la crueldad con la que son maltratados por autoridades de todo tipo y por la misma sociedad. Es urgente que se elabore una ley migratoria que resguarde sus derechos humanos y puedan tener acceso a una defensa legal, cuando les son violados.

EL MENSAJE QUE SEGUIREMOS

Ante el ejemplo que has da Santa María de Guadalupe del acompañamiento lleno de ternura y cercanía eficaz ante el sufrimiento de su pueblo, quienes formamos la Diócesis de Saltillo, incluyendo a los laicos, miembros de los Institutos de Vida Consagrada, presbíteros y obispos, debemos abrir nuestros oídos a los lamentos que se levantan en medio de nuestro pueblo coahuilense y en todo México. Hoy sólo hemos mencionado los gritos de algunos hermanos, por las limitaciones de horario que tenemos, pero, recordemos también a los campesinos del desierto, abandonados a su suerte, así como a los jóvenes sin futuro, los mismos que a las internas e internos de los Cerezos, los pensionados del Estado y las paraestatales, como los ferrocarrileros, sujetos a la amenaza de una muerte anticipada, por el saqueo inmoral de los fondos dedicados a sostener su pensión, así como a nuestros familiares y amigos que pasan por una pena profunda.

Nuestro proyecto diocesano de renovación, tiene como base la espiritualidad de la comunión, cuyo fundamento es la caridad expresada como un amor activo por el otro y por la otra. Debemos llevamos gravadas en el corazón, las palabras con las que María expresó los motivos para estar aquí, para que sean el emblema de nuestra organización y trabajo pastoral: "Mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, a todos ustedes juntos, oír sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores". Que el Señor nos siga bendiciendo, a través de nuestra madre amorosa. Amén.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados