"La Sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo"
Amenazas a la Vida Humana "Caín se lanzó contra su hermano
Abel y lo mató" (Gn. 4,8)
"No fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la
destrucción de los vivientes; Él todo lo creó para que subsistiera...
Porque. Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo
imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró
la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen."
(Sb. 1, 13-14; 2, 23-24).
El Evangelio de la Vida proclamado al principio con la creación
del hombre y la mujer a imagen de Dios, para un destino de vida
plena y perfecta, está como en contradicción con la experiencia
de la muerte que entra en el mundo y oscurece el sentido de toda
la existencia humana.
La muerte entra por la envidia del diablo y por el pecado de los
primeros padres. Y entra de un modo violento, a través de la muerte
de Abel causada por su hermano Caín. Esta es una página que se
sigue escribiendo cada día, sin tregua y con repetición degradante,
en la historia de todos los pueblos.
El hermano mata a su hermano. Como en el primer fraticidio,
en cada homicidio se viola el parentesco "espiritual"
que agrupa a la humanidad en una sola familia, donde todos participan
del mismo bien fundamental: la idéntica dignidad como “persona
humana". Además, no pocas veces se viola también el parentesco "de
la carne y de la sangre", como sucede con el aborto y la
eutanasia.
En la raíz de cada violencia contra el prójimo se cede a la
"lógica del maligno", es decir, de aquel que es homicida
desde el principio, como nos lo recuerda el apóstol Juan: “Este
es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos
unos a otros. No como Caín, que, siendo del maligno mató a su
hermano." (1Jn. 3,11-12)
Esta muerte del hermano al comienzo de la historia, es el triste
testimonio de cómo avanza el mal, con rapidez impresionante: A
la rebelión del hombre contra Dios se añade la lucha mortal del
hombre contra el hombre. El Señor dice a Caín: "¿Qué has hecho? Se oye la sangre
de tu hermano clamar a mí desde el suelo." (Gn. 4, 10)
Esta pregunta que Caín no puede esquivar, se dirige también
a nosotros hombres contemporáneos para que tomemos conciencia
de la amplitud y gravedad de los atentados contra la vida, para
buscar sus causas y eliminarlas, para reflexionar con extrema
seriedad sobre las consecuencias de tantos atentados contra la
vida de las personas y de los pueblos.
Hay amenazas de la misma naturaleza, que se agravan por el
descuido culpable de los hombres. Otras, son fruto de situaciones
de violencia, odio, intereses opuestos... que inducen a los hombres
a agredirse con homicidios, guerras, matanzas y genocidios.
Está la violencia de la miseria, la desnutrición, el hambre, la
inicua distribución de los bienes entre los pueblos y las clases
sociales. Está la violencia en el escandaloso mercado de las armas
que alimentan las guerras. Está la violencia en el temerario desajuste
ecológico, en la difusión criminal de la droga, en la inmoral
promoción de modelos de práctica sexual que también arriesgan
la vida.
Es imposible enumerar todas las amenazas contra la vida humana,
pero tampoco podemos dejar de señalar las amenazas a la vida que
inicia y a la que termina. Amenazas que presentan características
nuevas y suscitan problemas de singular gravedad, porque tienden
a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de "delito"
y asumen paradójicamente el carácter de "derecho", hasta
el punto de pretender con ello un verdadero y propio "reconocimiento
legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución, mediante la
intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios.
Estos atentados golpean la vida humo/1a en situaciones de máxima
precariedad, al estar privada de toda capacidad de defensa. Y
más grave aún es el hecho de que, en gran medida, se produzcan
precisamente dentro y por obra de la familia, que constitutivamente
está llamada a ser "el santuario de la vida". Jesús nos dice: “He venido para que tengan vida” Mensaje Cristiano sobre la Vida "La vida se manifestó
y nosotros la hemos visto." (1 Jn. 1,2) Cristo, "Palabra
de Vida" Ante las innumerables y graves amenazas contra la vida, podríamos
sentirnos abrumados por una sensación de impotencia insuperable;
pero ¡NO!
Este es el momento en que el Pueblo de Dios, es decir cada
creyente, está llamado a profesar, con humildad y valentía su
fe en Jesucristo "Palabra de Vida".
El Evangelio de la Vida es una realidad concreta y personal, porque
consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual dice
a Tomás: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". (Jn.
14,6). Y el mismo que le dice a Matha, hermana de Lázaro: "Yo
soy la Resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera
vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre".
(Jn11, 25-26)
Jesús es el Hijo que desde la eternidad recibe la vida del
Padre, y que ha venido a los hombres para darles ese mismo don:
"Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".
(Jn, 10, 10).
Así pues, por la Palabra, la acción y la Persona de Jesús se da
al hombre la posibilidad de conocer toda la verdad sobre el valor
de la vida humana y la capacidad de obrar perfectamente esa verdad:
Asumiendo, realizando, amando, sirviendo, defendiendo y .promoviendo
la vida humana.
En el Evangelio de la Visitación que escuchamos en la proclamación
de la Palabra de Dios, releemos una vez más, en clave bíblica
el Acontecimiento Guadalupano, cuando María se encaminó presurosa
a otro pueblo de las montañas "en el Valle de Anáhuac",
para anunciar a los pueblos sometidos, entre signos y amenazas
de muerte por causa de la conquista, el Evangelio de la Vida.
De esa vida que, como Mujer encinta ya llevaba en su vientre virginal
por obra del Espíritu Santo; la vida del verdadero Dios por quien
se vive y que ahora, como Madre, ella ofrece entregarnos, cuando
nos asegura que en este Templo Ella permanece para darnos todo
su amor, para darnos a su Hijo.
Hoy hermanos nosotros como María también podemos ser llamados
bienaventurados, cuando creemos en el Evangelio de la Vida que
está al centro del mensaje de Jesús y que la Iglesia acoge cada
día con amor y anuncia con fidelidad como Buena Noticia a los
hombres de todos los tiempos.
Es esa vida "nueva y eterna" que consiste en la comunión
con el Padre, a la que todo hombre está llamado gratuitamente
en el Hijo por obra del Espíritu Santificador. Pero es precisamente en esta vida de comunión dónde .encuentran
pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida humana.
Este designio de vida en plenitud para todo ser humano está
en abierta contradicción con la cultura de muerte que nos sigue
invadiendo.
Fortalezcamos pues nuestra fe a los pies de María para que
interceda por nosotros ante su Hijo y digámosle: "Oh María, aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes
a Ti confiamos la causa de la vida: Mira Madre el número inmenso de niños a quienes impiden nacer,
de pobres a quienes se les dificulta vivir, de hombres y mujeres
víctimas de la violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta compasión.
Haz que quienes creemos en tu Hijo sepan anunciar con firmeza
y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la Vida.
Alcánzanos la gracia de acogerlo como regalo siempre nuevo, la
alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con firme constancia, para construir,
junto a todos los hombres de buena voluntad, la civilización de
la verdad y del amor, para alabanza y gloria del Dios Creador
y amante de la vida.
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