Homilía
pronunciada por Mons. Héctor González Martínez, Arzobispo
de la Arquidiócesis de Durango, en
ocasión de la CXV peregrinación de su arquidiócesis, a la Basílica
de Guadalupe.
12 de junio de 2008
Santa
María de Guadalupe, tus hijos de la Arquidiócesis de Durango te
saludan: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida
dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve”.
En
esta CXV peregrinación de la Arquidiócesis de Durango a tu casita
sagrada, hemos venido tu servidor y representantes de los 211 miembros
del Colegio Presbiteral, incluidos los cuatro presbíteros, que estamos
ordenando en estas semanas. Además de duranguenses y zacatecanos
por aparte y residentes en esta gran ciudad, han venido fieles organizados
de varias parroquias.
Tenemos
un acercamiento de los que vienen, cuatro camiones del Santuario
de Guadalupe, de la región Laguna, san José de Gómez Palacios, Dinamita,
san Pedro del Gallo, Guadalupe. De la región Juan Pablo II, seis
camiones de Velardeña, Simón Bolívar y san Juan de Guadalupe. De
la región Laguna Lerdo, León Guzmán, Nazareno, santa Rita, la Inmaculada
y san Isidro, de san Juan María Vianey. Tres camiones de Nuestra
Señora de la Luz y del Señor de la Misericordia. De la región Centauro,
Coneto de Comonfot, de la región Señor de los Guerreros, santa María
del Loro, Villa Hidalgo, san Bernardo Villa Ocampo, de la región
san Miguel nuevo ideal, un camión, de la región Río Grande, Juan
Aldama, cinco camiones, santa Elena, santa Veracruz, nuestra Señora
del Perpetuo Socorro, de la Colonia Laguna . Son hállanos, Ramón
Corona, Cuautémoc, Ignacio Allende. De las parroquias de la cuidad,
la parroquia de Lourdes, san Felipe y el Señor de la Misericordia
aparte de los párrocos que viene acompañando estas parroquias, también,
vienen otros padres encabezando sus parroquias: el padre Miguel
López, el padre Alberto Fraustro, el padre Jesús Alejandro Torrunes,
el padre Miguel Sarmiento, Guadalupe Cárdenas, los padres José Luis
Lemus, Víctor de Jesús Rodríguez, Francisco Rodríguez, José de la
Luz Rosales, Jorge Fraustro Becerril, Herminio Talavera, José Alejandro
Lugo, Miguel Ángel López, Jesús Rodarte, Juvenal Delgado, Gabriel
Hernández, Gerardo, Cecilio Espinosa, Luis Serrano, Luis Guillermo
Herrera, Juan Pedro Gamboa, Miguel Ángel Herrera, Leopoldo Marentes,
José Luis Romero, Fernando Contreras, Pedro Macías, Edgar Enrique
Magallanes, Fermín Ortiz, Alejandro Turrones, Juan Manuel Martínez,
Faustino Villa, Adán Guzmán, Miguel Ángel López, Alberto Fraustro,
Miguel Rubio, Santiago Hinojosa y su servidor. Estos padres, pues,
no vienen solos, vienen acompañados de algunas personas. Un saludo
cariñoso para todos.
Los
que hemos venido, representamos a un millón seiscientos mil feligreses
que se han quedado afanados en la fatiga asolada por alcanzar el
pan nuestro de cada día. Otros, de las parroquias de la ciudad de
Durango, ya han hecho tradición de peregrinar en este mismo día
por la calle hacia tu santuario en nuestra Sede Episcopal, con la
intención particular de suplicar tu intercesión por el beneficio
de las lluvias para nuestros campos,
Nosotros,
con ellos y por ellos, con el júbilo de estar en tu casita sagrada,
como a Madre de Dios y Madre nuestra te alabamos, te ensalzamos
y te glorificamos. Y también a ti clamamos hijos de Eva, a ti suspiramos,
gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Dejando bajo tu mirada
compasiva y misericordiosa y arrojando en tu manto nuestras súplicas
para que atiendas nuestras necesidades.
Por
ello, iniciamos esta Santa Eucaristía, con alargado acto de contrición,
penitencia del corazón y rogativa, con las letanías de los Santos.
Primera lectura (Re 16-18).
Hemos
escuchado que muerto Omrí, rey de Israel, le sucedió su hijo Ajab,
quien se portó con Yahvé mal y peor que todos los reyes anteriores:
"tomó por esposa a Jezabel, hija de Etbal, rey de los sidonios,
por lo que se puso a servir a su dios Baal y se postraba ante él"
(1 Re 16,31).
Elías,
profeta de la fidelidad al Dios vivo y verdadero, dijo a Ajab: "por
la vida del Dios de Israel a cuyo servicio estoy, no habrá estos
años lluvia, ni rocío mientras yo no lo mande" (1Re l7,1) y
obedeciendo las palabras de Yahvé, se fue a vivir a orillas del
torrente Kerit al oriente del Jordán; y los cuervos le llevaban
pan por la mañana y carne por la tarde, y tomaba agua del torrente"
(1Re 17,5-6).
A
los tres años, Yahvé dijo a Elías: "vete y preséntate a Ajab,
pues nuevamente mandaré la lluvia sobre este país. Y partió Elías
para presentarse a Ajab" (1Re18, 1-2). Cuando se encontraron,
Ajab gritó a Elías: "ahí vienes ¡peste de Israel! Elías contestó:
no soy la peste de Israel, sino tú y tu familia, que han abandonado
los mandamientos de Yahvé para servir a Baal" (1Re 18,17-18).
Después de competir sólo con Ajab y sus 450 sacerdotes de Baal con
gloria y el poder de Yahvé Elías venció y degolló a los sacerdotes
de Baal y mandó decir a Ajab: "ya siento ruido de lluvia que
cae"; subiendo al monte Carmelo, "Elías se postró con
el rostro hasta las rodillas y dijo a su ayudante una y siete veces
"sube y mira para el mar", hasta que el ayudante dijo:
"veo una nube pequeña, como la palma de la mano, que sube del
mar". Entonces Elías volvió a decir a Ajab: "prepara
tu carro y baja para que no te detenga la lluvia. Empezó a soplar
el viento, y las nubes oscurecieron el cielo, hasta que cayó una
gran lluvia" (1Re 18,41-46).
Cuando
Elías invoca a Yahvé sobre su sacrificio, dijo: "que todo el
pueblo sepa que Tú eres Dios, y que Tú conviertes sus corazones"
(1 Re 18, 37). El fuego, el milagro y la lluvia no pretenden asustar
al pueblo, ni siquiera dejarlo maravillado; su fin es que el pueblo
descubra que Dios vive y se preocupe por buscarlo; su fin es mostrar
que Yahvé ama a Israel y que quiere despertar nuevamente su amor.
Actualmente
los pronósticos meteorológicos nacionales, anuncian para este año,
escasez de lluvias para los campos de siembra en nuestras tierras
norteñas. Nuestros ánimos entristecen y con las entrañas estrujadas
también reconocemos nuestra infidelidad, en lo cual incluimos el
pecado ecológico del calentamiento global, de los incendios forestales
y del mal uso de los recursos naturales; en la larga historia humana
no hemos aprendido a usar razonablemente los bienes de la tierra,
como el agua, la madera, el oro o la plata. Sin embargo, la Providencia
Divina que vela por la creación y por la humanidad, obra de sus
manos, puede actuar por encima de los errores humanos o de los cálculos
tecnológicos.
Por
ello, recordando las penalidades del Pueblo de Israel y del profeta
Elías por el desierto con la viuda de Sarepta y con los sacerdotes
de Baal, ¡Santa María de Guadalupe!: interponemos la mediación de
la Santa Iglesia e imploramos tu intercesión, para insistir hoy
en sentido material y en sentido religioso-espiritual, con el responsorio
a la primera lectura: "Señor, danos siempre de tu agua"
(Salmo 84).
Segunda lectura (Mateo 5- 20-26).
Inicia
este trozo del Evangelio de san Mateo, afirmando: "si su justicia
no es mayor que la de los fariseos o de los maestros de la ley,
ustedes no pueden entrar en el Reino de los cielos" (20). Unos
renglones antes en el versículo 17. Jesús asienta: "he venido
no para deshacer cosa alguna, sino para llevarla a la forma perfecta".
Así y aquí comienza Jesús a presentar la nueva Ley. Prácticas, ayunos,
oraciones y obras de nuestra religiosidad se asemejan a las prácticas
religiosas de los judíos; Jesús casi no habla de ello, pues, aunque
la Biblia se extiende sobre cosas que se han de cumplir, también
prevé que nuestras costumbres, normas y prácticas deben evolucionar
hacia la plenitud de la Nueva Alianza.
En
el versículo 18 leemos: “mientras dure el cielo y la tierra, no
pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se cumpla".
La religión, del Decálogo, las profecías, los ritos y sacrificios
del Antiguo Testamento debían cumplirse como expresión de la misericordia
de Yahvé y del pecado. Pero, para interiorizarlas el Espíritu nos
lleva más lejos a la luz y en la plenitud de Cristo: "Yo les
digo: si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos;
ustedes no entraran en el Reino de los Cielos" (20). Disculpas,
pretextos, mentiras o ambiciones no nos justifican. Jesús muestra
como es más importante el camino del espíritu los discípulos y misioneros
de Jesucristo no piensan en un camino fácil, sino en el llamado
a una vida perfecta.
Aunque
en Durango contamos con la savia del Evangelio desde 1563, nos dejamos
contaminar del mundo que nos rodea; y todos tenemos infidelidades
pendientes con Dios por el quebranto al Decálogo, como decimos en
el acto de contrición: de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Jesús
recuerda el Decálogo: "no matarás y el que mate será llevado
ante el tribunal. Pero yo les digo: todo el que se enoje con su
hermano o el que insulte a su hermano, serán llevados ante el tribunal
y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas
de que tú hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda
junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve
luego a presentar tu ofrenda" (21-24). Quedan en pie los preceptos
del Decálogo; pero, la Nueva Alianza llama a la purificación del
corazón, de intenciones y deseos. Es una nueva lucidez que nace
de la mirada puesta en Dios.
En la postmodernidad.
Jesús
nos propone las normas de la nueva Alianza: "yo se los digo:
si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los fariseos
o de los maestros de la Ley, ustedes no podrán entrar en el Reino
de los cielos" (20).
Aunque,
cuando intentamos la gran novedad de imitar a Dios Padre: "sean
ustedes perfectos como es perfecto su Padre que está en el cielo"
(48). Descubrimos lo imperfecto de nuestros criterios acompañados
de inmoralidad e incoherencia.
La
caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453), inicia el
cambio más hondo del presente mi1enio, de un "mundo medieval
cristiano" que pasa por una nueva era a un "mundo moderno
y secularizados. Desde entonces, la humanidad viene arrastrando
un proceso de secularización, que ensalza la razón humana, los valores
corporales y artísticos como el amor, el arte o la vida, pero rebaja
los valores sobrenaturales.
El
Dios personal y trinitario, subsistente y trascendente, fuente de
amor y origen de todos y de todo, es sustituido por un valor humano
elevado al nivel de lo divino. No desaparece la religiosidad, sino
que es trasladada del Dios trascendente a una divinidad en cierta
medida creada por el hombre. Los medios terrenos para llegar a Dios
se convierten en fines. Hay católicos gays (contentos) que quieren
casarse por la Iglesia, adoptar niños y bautizarlos; hay presbíteros
que los aprueban, los acompañan y les celebran los Sacramentos,
puesto que Dios acepta a todos. Igualmente se diviniza la vida terrena;
si la naturaleza obra y actúa continuamente, el hombre como parte
le la naturaleza debe vivir en acción continua: "la convicción
acerca de nuestra supervivencia brota para mí desde el concepto
de actividad: si yo obro sin descanso hasta mi fin, la naturaleza
está obligada a darme otra forma de existencia (Goethe). De este
texto se deduce que la vida eterna no se presenta como un don de
Dios, sino como fruto de la actividad terrena: el obrar humano adquiere
un sentido religioso autosalvífico. Lo que encontramos no es una
desaparición de lo religioso, sino que la fe se separa de la Iglesia,
del dogma o de la relación institucional de tal manera que lo religioso
se enseñorea de nuevas esferas: algo terreno es elevado a lo ultraterreno
y sagrado, y lo que se convierte en ultraterreno se ofrece como
sustituto del viejo dios muerto, perdido o puesto en discusión.
Así lo que esperan los poetas, no es la venida de Cristo, sino el
retorno de la cultura griega; la fuerza operativa de la historia
no es el Espíritu Santo, sino la plenitud placentera del espíritu.
De
lo subyacente en lo anterior, quiero realzar nuestra pereza espiritual
y moral para seguir radicalmente la puesta en práctica del Evangelio;
pero sobre todo, nuestra flojera misionera, evangelizadora y pastoral
para afrontar la avalancha de perversión que nos lanza la globalización
mundial; y en consecuencia pereza y flojera pastorales en el empeño
por reimplantar el Evangelio y el Reino.
Especialmente,
salta a la vista, el pecado social del narcotráfico y su secuela
de violencia acarreando derramamiento de sangre y muerte, dolor
y lágrimas, orfandad y viudez. Igualmente, el narcomenudeo para
consumo interno y popular, impulsado por ventanas y puchadores en
las sombras de la noche o a la luz del día. El gran mercado de la
droga y el narcomenudeo traen luego su secuela violenta de lucha
de espacios, levantones, atentados, secuestros, ejecuciones, lucha
campal, descabezados, complicidades e impunidades, fenómenos que
afloran por toda la geografía de la arquidiócesis.
Necesitamos
pues, purificamos todos de los pecados de deseo, de pensamiento
o internos que sólo cada quien conoce; también necesitamos purificarnos
de los pecados que externamente son conocidos y condenables, de
los pecados privados o públicos, personales, eclesiales o sociales.
Plan de Pastoral y Misión.
Cierto,
que nuestra iglesia particular, quiere ser "Iglesia bonita,
semilla del Reino" y quiere ser “Iglesia sencilla, corazón
del pueblo”; pero arrastra el polvo de mucho tiempo que no logra
sacudirse; quiere ser "Iglesia viva y dinámica, vigorosa y
pujante” pero pesan los siglos pasividad y entumecimiento Muchos,
como adormecidos, parecen no darse cuenta que la vida evangélica
se desvanece y que aumentan las costumbres secularizadas:
Porque,
desde 1986 tenemos pendiente la ejecución de un Plan Global de Pastoral;
desde 1989 tenemos pendiente la ejecución o actualización del III
Sínodo Diocesano; desde 2002 tenemos pendiente la ejecución del
nuevo Plan de Pastoral y desde 2005, traemos entre manos metas concretas
a diez años y la Misión Diocesa na a realizarse en todo el territorio
de la Arquidiócesis, a tono con la Misión Continental de Aparecida.
Queda
claro, que los documentos escritos en papel, por sí solos no bastan
para renovar a la Iglesia y reformar sus instituciones. Es preciso
que anteceda o acompañe una reforma como norma espiritual y pastoral
impresa en el interior de los gentes de pastoral; es preciso que
muchos más hermanos se pongan en movimiento para impulsar el Reino
en nuestra Arquidiócesis.
Penitencia y rogativa.
¡Santa
María de Guadalupe!, dijiste a San Juan Diego: "sábelo ten
por cierto, hijo mío el más pequeño, que soy la perfecta siempre
Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por Quien se vive,
el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación,
el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo
que aquí me levanten mi casita sagrada en donde lo mostraré, lo
ensalzaré al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes en todo
mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación"
(NM 26-28).
A
tus plantas hemos hecho rogativa y penitencia implorando perdón
por los pecados que cometemos en lo privado o al interior de nuestra
arquidiócesis. También pedimos perdón por los pecados de todos los
fieles del Pueblo le Dios en la arquidiócesis que trascienden el
foro de la conciencia y desedifican a los fieles: desunión, desinterés
de unos con otros, falta de solidaridad y de justicia, desedificación
falta de celo pastoral de algunos ministros ordenados, los muchos
atropellos a la moral cristiana y a la dignidad de la persona, la
pereza espiritual, moral y pastoral.
Pedimos
perdón, por los pecados sociales cuya responsabilidad consciente
o inconscientemente compartimos con nuestros hermanos duranguenses
y zacatecanos de la arquidiócesis como apatías, abulias o conformismos;
perdón por los pecados el crimen organizado. Perdón por los pecados
nacionales, ante los cuales somos indiferentes como ante la acumulación
de bienes por parte de unos pocos y la pobreza o la penuria por
parte de las mayorías; por la corrupción generalizada que supura
por todos los poros de la sociedad. Perdón por los pecados debidos
al ateísmo, a la descristianización y a la deshumanización subsiguiente
por falta de ética. Perdón por la política absorbente o excluyente,
por los pecados debidos al pensamiento débil de los legisladores
y sus legislaciones subsecuentes contra la ley y la dignidad de
la persona. Perdón por el descuido de la creación que Dios confió
al hombre, por nuestra irresponsabilidad ecológica, por nuestra
colaboración en los incendios forestales, al adelgazamiento de la
capa ozono y al calentamiento creciente la tierra; por el mal uso
del agua y de los demás recursos naturales.
Canto final
Dice
el Apóstol Santiago en su carta: “mucho puede la oración insistente
del justo; Elías era un hombre igual a nosotros, y cuando oró con
insistencia para que no lloviera, no llovió en tres años y medio;
volvió a orar, y el cielo dio su lluvia, y la tierra sus cosechas
(5,17). ¡Santa María de Guadalupe! Con particular ansiedad de nuestros
ánimos, hacemos penitencia y rogativa en nuestra peregrinación,
interponiendo tu intercesión ante la Divina .Providencia por el
beneficio de las lluvias para nuestros campos, amenazados de sequía
en este ciclo agrícola ya avanzado.
Por
ello, con los corazones oprimidos por el cielo ardiente y caluroso,
por nuestros campos resecos y agrietados, por los aguajes rurales
agotados y por la sed de los animales, por el panorama sombrío que
se pronostica. Aunque avergonzados por nuestras infidelidades, terminamos
esta meditación, gimiendo con nuestro canto popular: