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Versión estenográfica de la
Homilía
ponunciada por Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, en ocasión de la peregrinación de su arquidiócesis a la Basílica de Guadalupe. 

12 de mayo de 2008

Dichosa tú que has creído, fueron las palabras de Isabel cuando escuchó el saludo de María, que presurosa había llegado hasta ella para atenderla. En el plan de Dios era un momento importante, no sólo para la vida de esta familia, sino un momento importante en la historia de nuestra salvación.

Así, Madre nuestra, queremos también saludarte: Dichosa tú que has creído. Y como Isabel queremos recoger todo lo que sucede en nuestros hogares, en nuestros pueblos, en nuestro Estado, en nuestra Iglesia que peregrina en Oaxaca.  Y venimos precisamente movidos por la fe, cargados de preocupaciones; pero tú sabrás muy bien consolarnos, sanar esas heridas y abrirnos perspectivas de fe.

Nuestros ojos traen las imágenes de sufrimientos. Nos ha herido mucho y nos sigue lastimando tanta inseguridad y corrupción que ha debilitado vidas, frustrado esfuerzos, pisoteado la dignidad humana.  Aquí estamos, los obispos y sacerdotes hemos recogido  en las visitas pastorales y en el servicio continuo desde las parroquias los rostros deteriorantes de corrupción e inseguridad. Los hemos visto en niños, en adolescentes, en jóvenes y adultos. Nos preocupa y nos dañado, por años, la pobreza; pero una pobreza que con frecuencia ha sido sostenida e impulsada por injusticias y por irresponsabilidades.

Señora, cuantos sufrimientos; no sólo carencias, sino también vacíos en lo fundamental. Y a pesar de ello, tú conoces a tantos hombres y mujeres sencillas, hombres y mujeres que van caminando, luchando  por mantenerse en la honestidad,  auque sea con muchas carencias, con una pobreza material, pero con una riqueza de corazón. Sentimos en ellos muy cercano a Juan Diego. Porque también en miles de indígenas, como en Juan Diego, palpamos estos atropellos. Nos preocupa porque es como un freno y cadenas que impiden el desarrollo que Dios nos pide. Nos preocupa el deterioro  grave de la educación en nuestro Estado de manera especial. A pesar de que muchos de los que trabajan la educación son católicos, a pesar de que la mayor parte de los padres de familia creemos que estamos movidos por la esperanza.

¡Ven en nuestra ayuda, ven corriendo como fuiste a la casa de Isabel!  En este año sin duda, has iniciado o has fortalecido ese apresurarte a través de las imágenes peregrinas de nuestra señora de la Soledad y nuestra Señora de la Inmaculada de Juquila, dos rostros muy cercanos a todos nosotros. En estas imágenes te sentimos que vas presurosa recorriendo esas montañas, como en aquel tiempo las montañas de Judea. Queremos oírte, queremos que tu saludo, tus pocas palabras cargadas de amor y de luz, nos levanten y fortalezcan la fe. Que como Isabel experimentemos la fuerza del Espíritu Santo. Ayer celebrábamos la fiesta de pentecostés y que importante es sentir esa fuerza a tu lado.  Que, como en Isabel,  se fortalezca en nosotros la fe y con la fuerza del Espíritu podamos también alabarte, reconocerte: bendita tú, dichosa tú que has creído.

A tu lado sentimos que la fe es mucho más que costumbres buenas. Quizá, hemos conservado muy buenas costumbres, que han sido vehiculo de fe en siglos pasados, pero parecería que necesitamos tu ayuda para que, al mismo tiempo que trasmitimos buenas costumbres, no olvidemos que lo más grandioso y lo que más da vida es la fe auténtica. Quizá hemos descuidado los adultos y los jóvenes, lo que nuestros abuelos y bisabuelos cuidaron principalmente, marcaron sus comunidades con signos fuertes de fe: los templos, las fiestas, las bellas imágenes de tantos santos y las buenas costumbres.

Quizá, Señora, hemos mantenido las costumbres, pero hemos descuidado lo que las sostiene, lo que les da vida y lo que les da sentido profundo. Por eso, tú que has creído, fortalece nuestra fe, ayudamos a decir amén.  

Hermanos, como no recordar aquí ante María, aquel momento en el que ante una preocupación muy concreta, en aquellas Bodas de Caná, María señaló a aquellos que servían: hagan lo que Él les dice.  

Sin duda María intercede e intercederá de manera especial, desde este día, mirando a todos sus hijos en Oaxaca y a todos los familiares, a esa familia ampliada oaxaqueña, que muchos de ellos han sido expulsados por la pobreza, por la violencia o por la necesidad de un poco de más oportunidades de desarrollo digno y se encuentran por todas las ciudades del país y han ido hasta Estados Unidos y otros países. Desde aquí pedimos por ellos. Señora  y madre nuestra, te los presentamos también porque ellos no olvidan a su tierra, que no olviden, que no descuiden también su fe.

Hagan lo que Él les dice y como recordar aquellas palabras del Señor Jesús que invitaba a cuidar la fe: cuando los enfermos le pedían la salud, Él sólo pedía fe: ¿y tú crees?, ¿crees?  Si tuvieran fe, auque fuera del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a ese monte arranque y échate al mar y así sucedería. ¡Es la invitación del mismo Cristo a cuidar la fe!  Cuidar la fe desde los hogares,  no pocos hogares han bajado los brazos, no pocos padres y madres de familia su pedir el bautismo ya no lo acompañan de un compromiso sólido y firme de trasmitir esta vida de fe.  No es sólo un buen deseo es la fe.  

Quizá algunos catequistas y agentes de pastoral hemos descuidado el apoyo a los padres de familia, y como rostros de la Iglesia de Cristo, hemos fallado en pedir como Cristo: ¿creen? Y asumiendo nuestro servicio como servidores de la fe. Quizá muchos sacerdotes en una condescendencia mal entendida, hemos pedido no requisitos y no las actitudes el compromiso de fe.  Por esto, esas palabras de Cristo vuelven a  exhortarnos, y a levantarnos: Si tuvieran fe, aunque fuera del tamaño de un granito de mostaza.  Todo es posible para el que cree. 

Por eso Señora queremos poner de manera especial en este año, aquí en tus plantas, como lo hemos puesto ante tus imágenes cercanas a nosotros en Oaxaca, queremos ponerlo ahora aquí, marcar una nueva etapa en la vida de fe de nuestra arquidiócesis, en todas las comunidades, en cada familia cristiana. Una nueva etapa de fe en la que queremos ir articulando todos los esfuerzos, signos y espacios.  Es indispensable por lo mismo, y queremos hacer ese compromiso, y queremos recibir tu ayuda: dar ese rostro de una etapa firme en la vida cristiana fortaleciendo la vida de oración. Que en los hogares lleguen a ser la cuna de la vida de oración y que en las casa de oración, especialmente los templos, tenemos que hacer el esfuerzo para que se abran todos.   Por muchas situaciones sociales y de costumbres, los templos quedan cerrados toda semana. Estamos luchando para que en la serenidad y en la responsabilidad rescatemos el sentido de la misión de todos los templos, como escuela de oración. Y por eso el obispo ha pedido y muchos ya están haciendo el rezo del rosario, pidiendo esta ayuda para crecer en la fe.

Una vida de oración, que además de las ayudas iniciales en el hogar, fortaleciéndose en sus templos y capillas diario, los domingos, se fortalezca con la celebración dominical.  Da tristeza el que por la escasez de sacerdotes más de mil comunidades no tienen la misa dominical. Por eso no solamente buscaremos mantener sino impulsar la celebración dominical con ministros preparados para ello. 

Vida de oración. Pero también queremos aumentar la fe, fortalecerla con una formación más cuidada. Y una vez más exhortamos a los padres de familia a que tomen su lugar  en la formación básica. Es un llamado y lo hacemos a todas las parroquias, para que este proceso pastoral en todas las comunidades se asegure el número suficiente de catequistas, los obispos hemos hecho el llamado a que ya ninguna comunidad se limite a tener como catequista sólo a los nombrados por los usos y costumbres, nos urge un mayor número y todos aun los propuestos por los usos y costumbres se capaciten  en la parroquia.

Queremos impulsar una catequesis básica que sea el piso donde todos tengan acceso real a la iniciación cristiana.  Vida de oración y la formación básica que estén animadas por el grupo parroquial de formación profética y el grupo parroquial de pastoral litúrgica que  aseguren los diferentes ministerios.   La tradición de nuestro Estado y de nuestra arquidiócesis ha sido rica en servicios.  Hay hambre de participación. Quizá los sacerdotes, nos hemos dado una etapa como de cierto descanso, dejando que se lleve como se ha hecho, sin animar suficientemente y sin impulsar más adelante, como el mismo pueblo lo quiere.

Signo de esa vitalidad y de esa hambre Dios y de esa creatividad,  son estos estandartes  que hemos traído en  nuestra peregrinación, signos que nos recuerdan generaciones servicios, organización, oración, entrega.   Todavía la tiene todos en nuestros pueblos, pero necesita que los sacerdotes  ocupemos nuestro lugar, por eso un llamado a nosotros mismos sacerdotes: que seamos los animadores de la fe, que seamos los guías en la fe, que junto con los agentes de pastoral  y los padres de familia, seamos los que formando equipos vayamos precisamente levantando cada vez más en alto la antorcha de la fe. Pero también la fe se alimenta y se fortalece  por la vida de caridad, el amor. Y el amor sobretodo a los más necesitados, a los pobres a los enfermos y a todo aquel que necesite ayuda en su dignidad, para superarse para mantenernos más unidos. La vida de amor que siempre une y siempre se hace cercana al  necesitado.  Por eso es indispensable un grupo de pastoral social mejor capacitado y organizado.

Señora, aquí estamos y como Isabel te queremos repetir: dichosa tú que has creído.  Remueve a todos aquellos que van por caminos desviados. Mueve a los que dirigen nuestros pueblos y comunidades. Sacude, ayúdanos a sacudir, aquello que se ha pegado en el camino y que nos daña y no nos ha permitido mostrar la fuerza de la fe, que sí está; pero débil, a veces un poco sofocada por nosotros mismos.  Llénanos de tu fe.

Señor, enséñanos a decir sí a Dios como tú lo hiciste.  Estamos seguros que con tu ayuda, con tu presencia cercana seremos  de cumplir nuestra misión. Estamos convencidos que desde la fe, los católicos podremos humanizar a Oaxaca, podremos doblegar el mal, podremos evitar que la corrupción avance, seremos capaces y tendremos la fortaleza para enderezar muchas cosas que se han torcido, pero  necesitamos tu cercanía. Que vuelvan a brincar de alegría los hombres que desde la fe  te rinden homenaje y tantas fiestas en tu honor, en tantos pueblos: los danzantes, las artesanías, los cantos. Estimúlanos para que llenos de fe volvamos agradecidos a cumplir la misión como Juan Diego a integrarnos y llevar este mensaje a tus comunidades.

Dichosa tú que has creído. María, Señora y madre nuestra te encomendamos especialmente alcánzanos de tu hijo, alcánzanos la gracia de no tener otra experiencia tan destructiva y conflictiva como la que pasamos hace poco. Hay nubarrones, hay amenazas en estos días en nuestro Estado. Arranca tú los resentimientos. Ayúdanos, intercede para que tu Hijo quite los obstáculos, doblegue las voluntades torcidas, enderece los intereses y haga a un lado todo aquello de aquellos que se esfuerzan en dividir, en destruir, en retardar el aura de la unidad y del desarrollo estable entre nosotros.

Por eso, Señora, estamos aquí llenos de esperanza y nos disponemos a tus plantas  a celebrar la eucaristía. Y al hacerse presente tu hijo vivo, en el pan de vida y en su sangre presente en el vino consagrado, al hacer presente toda la obra de la redención en este altar, tú llévala todos los rincones, a todos los que han tenido que emigrar.  Que desde aquí fortalezcan su fe y desde aquí miren y sigan mirando a Oaxaca como el lugar donde el Señor quiso darles la vida y la fe,  para que dondequiera que estén y vallan  sean instrumentos de paz, sean mensajeros de amor, sean tus mensajeros como Juan Diego.

Así Señora nos disponemos a  poner en este altar, también no sólo las preocupaciones sino esta esperanza, nuestra misma vida.  Por eso en esta procesión de dones, con lo que te traemos, con nuestra alegría y nuestros cantos y nuestra danza, queremos mostrarte y presentarle al Señor todas nuestras costumbres, nuestra fe, todo lo que es la vida de quienes nos encontramos en Oaxaca y de todos los que allí han nacido y que los que hoy allí vivimos y que hoy le tenemos cariño y queremos jugarnos la vida pero desde el Evangelio. 

Con esta alegría con esta esperanza, caminamos cantando al altar a ofrendar lo que tenemos  a ofrendar la vida  de todos. Dichosa tú que has creído, porque apenas se escuchó tu salud, el niño saltó de gozo en mi seno. Así esperamos salten de gozo a nuestro regreso y en nuestra manera de vivir y promover la fe nuestras familias, nuestras comunidades y nuestra sociedad.

En silencio mirando el ayate bendito de la Virgen, mirándolo supliquemos así a la Virgen. Y quizá ella en silencio nos pueda repetir: No te aqueje cosa alguna, no te apene, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estas en mi regazo y corres mi cuenta? Señora, Oaxaca corre por tu cuenta.  Por eso nos vamos confiados.

 
 
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