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Homilía
pronunciada por Mons. Rutilo Muñoz Zamora, Obispo de la Diócesis de Coatzacoalcos, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

8 de julio de 2008

Queridos Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y apreciables hermanos laicos de las comunidades parroquiales: Nuestra Madre María de Guadalupe, como cada año, nos reúne una vez más como familia diocesana de Coatzacoalcos para fortalecer nuestra fraternidad en Jesucristo, su Hijo, y para hacemos sentir su amor maternal. En esta casa ante su imagen bendita, nos sentimos dichosos de poder visitarla y orar y renovar el seguimiento de Cristo nuestro Salvador.

El tesoro que María nos da

María como nuestra primera evangelizadora, nos ha traído a Cristo. Según la traducción de las narraciones de las apariciones en el texto náhuatl del Nican Mopohua, se presenta María con estas palabras: "Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada. En donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto, lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación".  Palabras hermosísimas donde nos damos cuenta de este gran tesoro que nos da María.

María nos ama y une a todos

Como hace 476 años María se manifestó a un pueblo compuesto por multiplicidad de etnias y condiciones sociales, un pueblo con diferencias y conflictos, y quería hacer de todos ellos una sola familia. También hoy, tenemos un México multifacético, luchando dar a luz una humanidad más justa, equitativa y compartida. Sus palabras nos llaman a la participación y a la unidad, para dar a luz a un México más maduro en su democracia, en su bienestar y en la concordia. Seguimos recordando su mensaje a San Juan Diego:

"Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, Tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. "

En este día queremos poner en las manos de María los deseos de unidad, justicia y reconciliación de todos los que conformamos nuestra patria; para que se respete la vida y la dignidad de todo ser humano; para que sigamos creyendo en la fuerza del amor, especialmente experimentado y cuidado desde nuestras familias; para que Jesucristo, su Hijo, el tesoro más preciado, siga cambiando la vida y la realidad de los niños, los jóvenes, los obreros, los profesionistas ... que llegue al corazón de todos.

El testimonio de María

Como escuchamos hoy, en la lectura del Evangelio, María nos da testimonio de ser una mujer de profunda fe y confianza en el cumplimiento de la voluntad del Señor, por eso recibe este saludo: “¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc 1, 45).

Del mismo modo es María modelo de amor y de servicio, lo escuchamos también en la lectura del Evangelio de San Lucas: "María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá" (Lc 1, 39). Va en ayuda solícita de su prima Isabel, y estará con ella el tiempo necesario para preparar el nacimiento de su hijo. Ella se hace la sierva del Señor, y su servicio se enriquece con la alegría de llevar a Cristo que ha concebido; luego viene esa hermosísima oración del Magníficat, exalta la buena nueva del amor y poder de Dios por los pobres y sencillos.

Le pedimos a María Santísima que nos siga animando a realizar hoy esta gran experiencia de ser hombres y mujeres de fe y dispuestos a servir con responsabilidad y alegría a los hermanos, siguiendo el camino de Cristo su Hijo en todo momento, sin desfallecer a pesar de lo complicado que pudiera parecer en nuestro tiempo. Que ella nos sostenga con su intercesión materna, como estrella de la Evangelización.

Hoy especialmente ponemos a las plantas de Nuestra Madre de Guadalupe la vida de la toda nuestra querida diócesis, con sus luces y sombras. Estamos en el año jubilar hacia los primeros veinticinco años de vida, que Dios mediante en el próximo 2009 celebraremos con alegría y llenos de renovada esperanza para continuar la tarea evangelizadora a lo largo y ancho de nuestra Iglesia particular.

Le queremos encomendar también a María, de forma especial, el desarrollo de nuestro segundo Plan Diocesano de Pastoral, diseñado para promover una pastoral de conjunto y hacer que la nueva evangelización llegue a todos los ambientes. Que crezca el número de agentes de pastoral (sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos) que colaboren para darle vida en todas las comunidades parroquiales, grupos, movimientos, asociaciones; que lo podamos también llenar y reorientar del impulso de la misión permanente.

Seguramente que todos los peregrinos tenemos mucho que decirle a nuestra Madre, la Morenita: en este momento pongamos todo en su regazo, en sus manos, en su corazón, sabemos que ella nos escucha pues nos lo ha dicho, desde hace más de cuatro siglos… "¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?". Y Ella nos lleva al encuentro de su Hijo Jesucristo para que sigamos creciendo como sus fieles discípulos misioneros.

Que así sea.

 
 
 
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