Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada por Mons. Florencio
Olvera Ochoa, Obispo de la Diócesis de Cuernavaca,
Morelos, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a
la Basílica de Guadalupe.
7 de mayo de 2008
Madre mía intercede por este pobre obispo para
que diga lo que tu Hijo me indique y luego lo lleve a la práctica.
Madre mía, ayuda a mis diocesanos a escuchar lo que el Evangelio
ha proclamado. ¡Gracias, Madre!
¿Qué dijo el Evangelio? Jesús levantó los ojos
al cielo, vale mucho esto, Jesús es contemplativo, Jesús nunca pierde
la comunicación con su Padre. Pero, también, está en la tierra y
en la tierra tiene a sus amigos y no son ajenos a Él. Por eso ruega
por ellos y en especial “Padre cuida en tu nombre a los que me
has dado”. ¿A quién quiere más Cristo a los que ha recibido
o al Padre? Al Padre, pero quiere que el mismo Padre nos quiera,
nos ame. El Padre ya nos quiere. Pero en concreto, ¿qué quiere Cristo?
Que sean uno como nosotros.
Cristo ha venido a enseñar a toda la historia y
a todo el mundo que hay Dios. Pero que ese Dios es Padre, es Hijo
y es Espíritu Santo. Y ha venido para que creamos en ese Dios,
pero no como algo matemático, que sería una contradicción: tres
en uno, uno en tres, no. Que el Padre es Dios, el Hijo es Dios,
el Espíritu Santo es Dios son uno. Tienen el mismo poder, la misma
sabiduría, la misma misericordia, el mismo amor hacia los hombres.
Son felices los tres y quieren que esa unidad la tenga la humanidad.
Comenzando a través de la Iglesia por eso lo primero
que pide es que sean uno. Como nosotros somos uno, dice. Es lo que
más le interesa a Jesús, ya después haremos algunas explicaciones,
y continúa Jesús en esa su contemplación: “Yo cuidaba en tu nombre
a los que me diste”. Jesús nunca se pone en primer término:
es siempre el Hijo, el enviado, el encargado, la obra del Padre
es la que Él hace, la Palabra que proclama es la Palabra del Padre,
la gracia que comunica es la vida del Padre y el amor que tiene
a nosotros y a los suyos, todos, es el amor del Padre. “Yo cuidaba
los que Tú me diste”. ¿Y cómo los cuidó? “Yo vela por ellos”
Se preocupó por ellos; que tuvieran que comer; que aprendieran;
que se enseñarán a tratarse como hermanos y los corrigió y los sacó
de sus limitaciones; les advertía las cosas y Él con mucha satisfacción
dice: “Nadie se me perdió, excepto Judas. Para que se
cumpliera la Escritura”. Es difícil de entender esto ¿por qué
tenía que perderse Judas? No porque Dios lo mandará a la condenación.
El Padre quería a Judas. El Hijo igual, por eso lo hace su discípulo.
El Espíritu Santo también quería entrar en su corazón, pero Judas
estaba lleno de egoísmo, de codicia, de envidia, de vanidad. Y eso
sí Dios no impone, no esclaviza, quiere hijos libres y Judas libremente
rechaza todo el proyecto de Dios y se cumple la escritura: “Uno
de los míos me traicionará”.
También, hoy sucede eso, en los mismos hijos de
la Iglesia hay traidores. Continúa Cristo, ahora voy a ti. Él sabe
que no ha venido a quedarse a la tierra, tengo mi gozo aquí. Mi
gozo es obedecerte Padre, haber llegado a Belén, haber crecido con
María y José; haber aprendido la cultura Judía, haber conocido a
familias, haber permanecido treinta años en su casa y luego esos
tres años de trabajo intenso “Mi Padre trabaja, pero yo también
trabajo”. Tengo gozo porque hay unos poquitos que me escuchan.
Hay un Pedro débil, hay un Juan joven, entusiasta, místico. Hay
un Andrés, hay un Santiago, hay un Felipe y eso me da gozo, porque
hay muchos que han escuchado las Bienaventuranzas y quieren vivirlas.
Mi gozo es pleno, pero quiero que ya mi gozo esté en ellos. Hasta
en eso quiere que haya unidad entre Dios y nosotros, por eso dice:
“Yo les he entregado a tu Palabra”.
Hermanos, que clarito, ¿dónde está el gozo de Dios?
¿en las novelas?, ¿en los cuentos, en los mitos? En la Palabra de
Dios. La Palabra que te dice la verdad; la Palabra que la Iglesia
tienes que predicar habiéndola gozado tú “Los he entregado a
tu Palabra”. Por eso dice: “El mundo los odia. El mundo los
odia”. Y en estos días, como odia el mundo la verdad de Dios.
A la maestra de la verdad que es la Iglesia. A los que tratamos
de expresar esa verdad de Dios “El mundo los odia”. Pero,
Padre tú sabes que ni yo ni ellos somos del mundo, por eso los odia
y que te pido Padre. No que los saques del mundo, no, no los saques
de ahí de Morelos, no los saques de ahí que hay problemas, ahí los
necesito, pero ahí precisamente ahí líbralos del mal.
Hermanos bautizados, todos, debemos aceptar esa
voluntad de Dios. Él nos pone en el lugar que nos toca, pero quiere
que ahí nos santifiquemos en medio de los problemas, que no seamos
del mundo de la comodidad o de la codicia o de la insolidaridad,
que seamos como Cristo solidarios, hermanos de todos.
Líbralos del mal y lo dirá después en el Padre
Nuestro: “líbranos del mal”. Ese mal que nos envuelve en
tantas formas y esta otra parte que no alcanza uno a comprender
y a explicar: “santifícalos en la verdad” Explíquenme eso
“santifícalos en la verdad” Padre tú eres el único que puede
santificarlos en la verdad, yo también porque me has enviado, dice.
Por eso tú me enviaste y ahora yo los envío a ellos. Estamos enviados,
somos enviados para santificarnos y santificar en la verdad y que
tal si nosotros no profundizamos en esa verdad, no creemos, no celebramos,
no vivimos esa verdad, nos frustramos, desfiguramos a la Iglesia.
“Yo me santifico por ellos”. El mismo Cristo lo
dice “Yo me entrego por ellos. Me entrego a ti Padre. Me entrego
a la verdad. Me entrego a esas respuestas que tengo que estar dando
todos los días a los doce, a todos mis convocados. Yo me entrego
por ellos para que sean santificados en la verdad”. Quiere
que nosotros, ustedes, ocho mil que estén allá bajo, con estos poquitos
que estamos acá arriba, santificados en la verdad. Perdemos el tiempo
si venimos a la Basílica y no tratamos de entender y de vivir algo
de esto, santificados en la verdad. De que me sirve decir; fui a
la Basílica lleve flores ¿y qué me traje? el consuelo de los ojos
de María ¡qué bonitos! Pero sino te llevas esa dedicación y entrega
a la verdad ni María queda contenta contigo. Dirá buen hijo vino
me alabó a mí, pero no se llevó la verdad del Padre. Por eso que
Evangelio tan grande, tan profundo, insistiría en algunos puntos
todavía más que me sirvan a mí y a cada uno de nosotros, especialmente
a mis sacerdotes.
Esa comunión trinitaria “Padre que sean uno
como tú y yo somos uno”. Sí, ese Padre Creador que no debe borrarse
de nuestra conciencia. Ese Padre que cuida, ese Dios amor, ese Dios
cercanía, ese Hijo que dice “Yo también los cuido y velo por
ellos” y se sigue santificando intercediendo a la derecha del
Padre. Ese Padre y ese Hijo que nos dicen “Les doy al Espíritu
Santo para que crezcan, para que profundicen esta comunión”.
¿Qué grande es la Liturgia? Como nos va ayudando
a vivir estos misterios, ahí viene la fiesta del domingo la gran
Fiesta de Pentecostés. Pero quieren misas de Comunión con la Trinidad,
misas que no sean a la carrera de 20 minutos, de media hora, si
fuera menos que bueno, pero que haga sentir la Comunión Trinitaria
de donde arranca todo. Sí, Padre que todos sean uno como nosotros
somos uno, santifícalos en la verdad ¿y qué cosa es la verdad?
No soy Pilato para preguntar. Es lo que Cristo nos ha dicho: La
verdad es mi Padre, la verdad es mi Espíritu, la verdad soy yo,
la verdad es mi Palabra, la verdad es la cercanía que yo tengo con
cada uno de ustedes, la verdad es mi amor. Con obras se demuestra
la verdad. La verdad no viene sola va con amor, pero luego esa verdad
se concreta todavía más. No será la misma y única verdad de Dios,
pero es la verdad de la persona humana. Persona humana desfigurada,
reducida a cosa, reducida a instrumento, reducida a objeto de lucro
o de prostitución, reducida a simple juguete, no, la verdad es la
persona humana, tal como la hizo Dios a imagen y semejanza suya,
donde se refleja Dios con toda su plenitud en lo que puede admitir
la persona humana: la dignidad humana de la persona, por lo tanto
la vida.
La vida en todas sus formas en el ciento por ciento,
también, con los hermanos de cualidades especiales, para ya no usar
el nombre que antes podría ofender, cómo debemos cuidarnos, porque
es la verdad, ahí está la verdad, ahí está la persona con cualidades
especiales y todo esto se concentra en la familia. La familia esa
comunidad de amor; la familia reflejo de la Trinidad; la familia
casa y escuela de comunión y misión esa familia que es tuya; esa
familia que te da alegrías; esa familia que te acerca o que te da
preocupaciones; esa familia que está esperando mucho de ti; esa
familia que quiere que tú le prediques lo que Cristo te ha dejado,
la verdad.
Sí y también la santidad y ahí está en las Bienaventuranzas,
ahí está el camino. Esa pobreza, ese desprendimiento, esa misericordia,
ese corazón limpio, esa alegría, ese amor por la paz, ese amor por
el hermano más pobre, ese amor por el perseguido, pero sin aumentar
esa división. Sí, la Bienaventuranza y desde luego una palabra que
se usa mucho la solidaridad. Solidaridad en la alegría y en el dolor,
solidaridad en todo, amor, justicia, paz por eso santifícanos en
la verdad.
¡Ay, Señor!, Tú sabes que somos débiles, Tú sabes
que no es nada más conectar un aparato para que tenga la felicidad,
Tú sabes por eso pides que nos santifique la verdad, la acción del
Padre, la acción del Espíritu Santo, por eso esa justicia, esa paz.
Paz de Dios que no tiene que ver nada con esa pasividad ante la
injusticia. Sí y parte de la verdad, también, es misión. Tú me enviaste,
yo los envío, somos misioneros de la verdad, que no tenemos que
mezclarla con el mundo, ni yo ni ellos somos del mundo, no lo saques
del mundo, pero líbralos del mal.
Pidan para que su obispo salga librado del mal
y pueda hacer el bien. Como pido por mis sacerdotes para que ahí
donde están no los afecte el mal, el orgullo, de la codicia, de
la inactividad, de la indiferencia, de la falta de solidaridad.
Que nos ilumine la luz de Cristo, que nos mueva el amor de Cristo,
que imitemos a María que se encontró con Cristo, que estuvo en comunión
con Él, que siempre tuvo iniciativas, pero nunca se sobrepuso a
Él. Advirtió que faltaba el vino, pero no se impuso con la propia
solución, “Hagan lo que mi Hijo les mande, todo lo que les mande”.
Por eso estamos tan contentos aquí; porque María vive el Evangelio;
de María brotó el Evangelio; de María brotó Jesús y María siguió
el Evangelio y siguió a Jesús. Y María de Guadalupe, esta Madre
que está aquí, ésta que ha evangelizado a México, que ha catequizado
a México nos está mirando y nos reprocha cuando no seguimos la verdad,
cuando queremos tenerla por mamá, pero queremos ir por nuestros
propios caminos. Por eso María de Guadalupe, Madre de México, evangelizadora
y catequista de México y de América intercede por nosotros.
Qué bien que el Papa te puso de modelo en esa reunión
de Aparecida, porque el mismo Papa comprende que tu fuiste el medio
para que Jesús viniera a nosotros y pudiéramos ser santificados
en la verdad, porque el mismo Papa sabe que tú fuiste la primera
en dejarte santificar por la verdad. Por eso Madre, como te decían
los niños en Cuauhtitlán con Juan Diego y como Juan Diego seamos
discípulos, testigos y misioneros de Jesús.
Cuernavaca, reconoce tu dignidad, que bueno que
has venido a la casa de la verdad, a la casa de la unidad, a la
casa del Evangelio, que bueno que estás aquí y que estás mirando
este rostro. Ahora a trabajar a poner en actividad. Ustedes saben
que hay proyectos en la diócesis no serán los mejores, pero quieren
mucho trabajo de todos nosotros. Ese diseño que se ha dado, esas
tareas prioritarias en la catequesis, en la liturgia y en la caridad
no se hacen si no estamos todos en la unidad.
Madre, tú lo haces por Cristo, que nosotros lo
entendamos, también así, que nos lleves a seguir ese camino de Cristo.
Cuernavaca, reconoce tu dignidad. Santifícate en la verdad, dedícate
a la pastoral, todos tenemos algo en la pastoral: el papá, la mamá,
el maestro, el amigo tiene algo que ver en la pastoral. Todos tenemos
que desarrollar nuestra tarea de discípulos, testigos y misioneros
ahí, donde nos puso el buen Padre Dios en medio del mundo, donde
el mismo Padre nos está cuidando, protegiendo. Por eso no temas
Cuernavaca, Cristo y María están con nosotros.
Quiero terminar con esas grandes líneas que nos
ha enseñado Juan Pablo: “Cristo es nuestra esperanza quitemos
de nuestro corazón otro tipo de esperanza, reavivamos la fe, el
amor, la esperanza, no el temor”. Sí porque todos los obispos
están gritando, que todos los bautizados no sean bautizados nada
más de salpicadita, de brochazo y esa es responsabilidad nuestra
sacerdotes; hacer verdaderos discípulos, testigos y misioneros,
que vivamos, aceptemos y ejecutemos que sólo Cristo es el camino,
la verdad y la vida. De otra manera con otro tipo de religiosidad
y aún de sacramentalismo no hacemos nada, por eso, sí, que Jesucristo
nos haga verdaderos discípulos, testigos y misioneros suyos, para
que nuestros pueblos tengan vida, que Morelos tenga vida, que México
tenga vida, que toda América, pero a partir del Evangelio no de
una lucha todos contra otros, no de mi grupito contra el otro eso
ya cansa, aburre no es propio de un cristiano. Por eso hagamos nuestro
el Documento de Aparecida. Felicito a los párrocos que ya la están
dando en su parroquia, pero debiéramos hacerlo todos, conocer ese
documento, aplicación de la doctrina de la Iglesia y del Evangelio,
no es la fuente, ya lo sabemos, pero es la aplicación a nuestro
tiempo.
Cuernavaca conviértete al Evangelio. Sí, por eso
vivamos lo que en Morelia se proclamó, precisamente el fin de semana
pasado. Sí, tú eres Señor el pan de vida y Jesucristo eucaristía
es el don del Padre, este don que dialoga, que contempla, que platica,
que suplica y promete estar con nosotros, este Jesucristo que es
pan para la familia. La familia tiene más hambre de Cristo, que
de pan bimbo o de torrillas o de gorditas, tiene hambre de Cristo.
Especialmente nosotros sacerdotes debemos dárselo. Que cada parroquia
sea una verdadera casa y escuela de comunión y misión por eso Madre
mía si alguna cosa que yo haya dicho no está de acuerdo con lo que
tu Hijo, nos pide y nos exige hazlo ver a cada uno de los que ha
escuchado, pero si esto es lo que quiere el Padre, lo que quiere
tu Hijo y el Espíritu Santo, intercede por nosotros María para que
podamos cumplir como aquellos primero servidores con lo que Cristo
hace ¿y qué pide ahorita Cristo? que oigas la misa, que hagas un
programita para regresar a tu parroquia, que tu mismo te reformes,
que te revises, que trates de mejorarte y que ruegues por tu hermano,
que ruegues por tu obispo para que él también sea el primero en
mejorarse, y en este sentido les doy las gracias hermanos.
Sigamos creciendo como discípulos, testigos y misioneros
de Cristo al igual que María de Guadalupe y san Juan Diego.
Un aplauso a María de Guadalupe. Un aplauso también
a Juan Dieguito, nuestro paisano.
Y con alegría nos ponemos de pie para entonar nuestro
Credo.