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Homilía
pronunciada por Mons. Teodoro Enrique Pino Miranda, Obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, Oaxaca, en ocasión de la peregrinación de la diócesis a la Basílica de Guadalupe.

26 de marzo de 2008

"En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina …”  (Hech 3,6)

Estimados sacerdotes, religiosas y fieles de la diócesis y hermanos y hermanas del señor que hoy nos acompañan.

Hoy, venimos trayendo en nuestros labios los hermosos versos del salmo 104, que juntos hemos entonado dentro de esta celebración:

CANTEMOS AL SEÑOR CON ALEGRIA. Es para nosotros, un privilegio el llegar hasta este santuario de nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe, en el tiempo en que la Iglesia entera expresa en su Liturgia y en la acción evangelizadora la noticia de la Resurrección del Señor. Es por eso que juntos como una comunidad diocesana nos embarga la alegría de esta noticia que es capaz de disipar cualquier sacrificio de nuestro peregrinar, porque venimos al corazón de nuestro México en donde se proclama y se vive el testimonio de la mujer creyente, de la mujer que nos ha bendecido en el difícil proceso histórico de nuestro pueblo y nos sigue bendiciendo, abriendo nuevas rutas a la fe y a la promoción integral del ser humano. Venimos en una palabra para hacernos presente en esta fuente de amor, que proviene de esta mujer que ha dicho sí a nuestro México y es por eso que haciéndome eco de las palabras de su Santidad Juan Pablo II de feliz memoria lo repito: "Mujer, he aquí a tus hijos" NMI 58.

El tiempo de la experiencia y del compromiso

La Pascua es el tiempo de la alegría y del gozo de ver las puertas de la muerte franqueadas por el dueño de la vida. Jesús resucitado es el objetivo de nuestras miradas. Lo miramos a él, y lo admiramos profundamente, y sentimos la alegría de ser sus seguidores, y renovamos la adhesión de la fe y el convencimiento de que en El tenemos la vida, y entendemos mejor el sentido de su camino de amor fiel hasta la muerte, y nos sentimos llamados a vivir como El. Y este gozo de Pascua nos hace mirar la vida con otros ojos. Porque la humanidad, con Jesús, ha sido transformada y ha comenzado una nueva creación: la humanidad ha entrado en la vida nueva de Dios, la muerte y el pecado han sido vencidos, el camino de los hombres y mujeres en este mundo es un camino que, a pesar del dolor y del mal que continúa haciendo en medio de nosotros, lleva a una vida para siempre, a la misma vida que Jesús ya ha comenzado.

Es el tiempo que nos hace pensar que la vida es más fuerte que la muerte: Que el amor es más poderosos que el odio. Que la paz vencerá sobre la guerra. Que la libertad no será nunca estrujada completamente por la opresión. Que la esperanza no puede ser ahogada por el absurdo, que la inocencia es más potente que la maldad. Que el pecado no tiene la última palabra, sino la gracia. Que los injustos no siempre ganan y nunca ganan del todo. Y que el tiempo definitivo no es el invierno, sino la primavera.

Hemos venido para escuchar de tus labios las palabras que dirigiste a san Juan Diego: "¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?

El camino de Emaús

En la cultura que recorre de fondo a toda la humanidad, la vida ha sido entendida como un camino, y en un camino siempre tenemos la oportunidad de nuevas visiones, nuevos signos, nuevos cuestionamientos. No hay duda que caminamos hoy por un mundo en donde las perplejidades, los retos y las insinuaciones del mal parecen ocupar puestos claves en la vida de la humanidad. Pero nosotros tenemos ya formulado un camino en donde tu palabra ocupa un lugar de suma importancia. ¿acaso no ardía nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras? Se dijeron los discípulos; pero todo esto sucedió, cuando Jesús estando a la mesa, partió el pan y se lo dio. Esto mismo estamos viviendo bajo la sombra de esta bendita Basílica de nuestra Señora de Guadalupe, al celebrar la Eucaristía, el misterio de donde brota la fuente que nos anima y donde culmina toda la acción de la Iglesia.

Hay algo que siempre guardamos en el corazón y que solo en un diálogo cariñoso solemos expresar. ¿Acaso ha sido en vano tu presencia en la cultura de nuestro México? ¿Acaso hemos de dejamos llevar por pensamientos extraños al mensaje que brota de las páginas del Evangelio en donde se configura la vida de tu Hijo Jesucristo?

Hay algo que no podemos olvidar del relato de los discípulos de Emaús. Al conocer que era Jesús "se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén... y escucharon de sus compañeros: de veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan "Lc 24, 33-35.

El amor que nos tienes no consiste en que debemos de esperar todo de tus manos benditas, sino que tengamos el valor de recorrer el camino del mundo con esta noticia esperanzadora. Así lo manifiestan los Obispos, reunidos en la V Conferencia de Aparecida Brasil: "De los que viven en Cristo se espera un testimonio muy creíble de santidad y compromiso. Deseando y procurando esa santidad no vivimos menos, sino mejor, porque cuando Dios pide más es porque está ofreciendo mucho más: ¡no tengan miedo de Cristo! El no quita nada y lo da todo" DA 352

México, espacio de la Palabra de Dios

Hemos sido educados para reconocer a Cristo en diferentes lugares y espacios y no son por demás anunciarlos como bien lo han hecho los Obispos reunidos en Aparecida. "El encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia"" ... en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia ... se hace necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de "auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad" lo encontramos "de modo admirable, en la Sagrada Liturgia ... la Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo"" en el Sacramento de la reconciliación es el lugar donde el pecador experimenta de manera singular el encuentro con Jesucristo" lo encontramos "en la oración personal y comunitaria" "Esta presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno ... está en los que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida, en todos los acontecimientos de la vida de nuestros pueblo, que nos invitan a buscar un mundo más justo y más fraterno, en toda realidad humana, cuyos límites a veces nos duelen y nos agobian" "lo encontramos de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha por seguir viviendo... la misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino" D A 246-257

He visto la aflicción de mi pueblo

Las mismas palabras del libro del Éxodo son atribuibles a nuestra Madre Santísima que ha estado con nosotros desde los albores de la evangelización y es por eso que los Obispos en Aparecida no dudaron en decimos: "con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos mas nobles y significativos de su gente" DA 269.

Nosotros queremos ser tu mano que acoge, que bendiga, que prodiga la bondad que hace fructificar la viña del Señor. Queremos ser tus pies que caminan por cada rincón de la Patria para hacer presencia de la experiencia de Dios que es capaz de levantar y fortalecer al hombre caído y a la vez el corazón que palpita y hace brotar ríos de misericordia y amor que creen la comunión y que favorezcan el nacimiento de acciones regadas por la fuerza del Espíritu Santo que sigue presente en el seno de un Dios que sigue naciendo para que los hombres nos hermanemos día con día.

Es por eso que presentamos ante ti, nuestros proyectos, nuestros afanes, nuestras búsquedas para que la nueva evangelización toque a todos y a cada una de nuestras personas: a los pobres, a los indígenas, a los migrantes, a los que han perdido el sentido de la vida y a los que buscan a Dios sin encontrar la mano que los acompañe.

En nuestros proyectos, queremos trabajar profundamente para hacer patente el discipulado, a través de una experiencia que no solo abra los ojos, sino que teja un sin fin de acciones, tanto para las familias, catequistas, como para los jóvenes y los niños por medio de una acción catequístico que los prepare y los forme para recibir convenientemente los Sacramentos y los fortalezca para hacer frente a la ola de indiferencia y marginación en que se encuentran muchos de nuestros fieles. Queremos ser, aquellos que al tocar al hombre le llevamos un mensaje que dignifique su ser humano y cristiano y los haga crecer integralmente. Queremos por lo mismo llevar una formación en todos los aspectos, ante los grandes vacíos que ha dejado nuestra evangelización.

Somos conscientes de nuestras limitaciones, pero confiamos en tu presencia evangelizadora. Hemos venido representando a nuestra Diócesis en donde la fe se nutre grandemente por la religiosidad popular, pero con esperanza vamos experimentado el despertar y la búsqueda de un Cristo vivo que ilumine todos los aspectos de la vida.

Te agradecemos todo lo que has hecho por nuestro pueblo y nos preparamos con tu bendición para seguir adelante, reconociendo que el trabajo evangelizador fomenta un gran amor a tu solicitud materna, así como al encuentro con Cristo vivo y una fidelidad grande a nuestra Iglesia Católica y a los pastores de nuestra Iglesia.

Llevaremos a nuestras comunidades la experiencia de esta Peregrinación, haciendo resaltar que el amor es lo fundamental para ser verdaderos testigos que como discípulos y misioneros nos corresponde.

 

 
 
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