Homilía
pronunciada
por Pbro. Raúl Gómez, Vicario General de la Diócesis
de San Juan de los Lagos, en ocasión de la peregrinación
de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.
Concelebró
Mons. Leopoldo González, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de
Guadalajara.
21
de mayo de 2008
El
Señor Obispo Felipe Salazar, quien por otras tareas anteriormente
asumidas le fue imposible y envía a través de un servidor un afectuoso
saludo a todos ustedes familia diocesana de San Juan de los Lagos.
Sacerdotes,
religiosos, religiosas, laicos reconociendo y agradeciendo su significativa
presencia representativa de esa porción de la Iglesia en este apreciado
lugar tan lleno de fe y de excelsa devoción hacia María de Guadalupe,
la siempre Virgen María, la Madre del verdadero Dios por quien se
vive. Y desea vivíamos una experiencia de fe que podamos compartirla
al regreso para seguir de la mano de María, Madre de Dios y Madre
de la Iglesia.
Al
Señor Obispo Leopoldo González, tan apreciado, también, por nuestro
obispo y por el presbiterio diocesano, sobre todo por quienes hemos
tenido la oportunidad de conocernos y de tratamos en la amistad
desde el seminario. Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara,
y secretario de la Conferencia Episcopal Mexicana, le agradece,
también, nuestro obispo porque hoy preside esta solemne concelebración,
haciendo más palpable su cercanía de afecto y de servicio en el
orden de la fe, ya que habiendo tenido otras ocupaciones ha venido
a expresar su devoción a María y a compartir ministerio episcopal
con nosotros con esta solemnidad Eucarística. Gracias Señor Obispo
Leopoldo que la Virgen te siga conduciendo en tu servicio ejemplar
y generoso de la Iglesia, sobretodo en este servicio tan importante
para la iglesia mexicana.
Agradecemos,
también, a Monseñor Diego Monroy, Rector de esta Basílica y al Venerable
Cabildo de Guadalupe que ha tenido, pues, esta acogida fraternal
para con nosotros. Permitiéndonos gozar de este encuentro con María
Santísima de Guadalupe, un encuentro que queda siempre impreso en
el corazón, en la mente, en la vida de todos nosotros.
Con
qué entusiasmo hemos salido de nuestra diócesis para estar con nuestra
Madre, María Santísima de Guadalupe. No nos ha detenido ni la distancia,
ni el cansancio del viaje por la noche, ni lo que será el más o
menos largo camino que sentiremos de regreso, ni otras incomodidades:
frío, calor, lluvia, gastos, etcétera. Desde luego lo reflejamos
en el rostro y en el corazón y en esta tan numerosa presencia y
participación. Nos sentimos dichosos de estar aquí, porque a nuestra
Madre del Cielo le tocamos de cerca en la fe, la admiramos y le
platicamos al oído y a su corazón.
Cómo
nos llena de esperanza, nos bendice y contempla con la ternura de
su mirada y el brazo de su intercesión. Queremos seguir peregrinando
con Ella en comunión con los nuestros: papás, hermanos, familiares,
amigos y comunidades cristianas hasta la casa del Padre con Jesús.
En
esta mañana, le decimos a Jesucristo, quien es nuestro camino, verdad
y vida, que queremos colocar a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe,
el deseo de nuestro pastor diocesano, recién ordenado obispo, los
programas pastorales, que están o irán fluyendo con la mística del
IV Plan Diocesano de Pastoral. Con las comisiones y vocalias queremos
fortalecer los organismos de comunión para dar respuestas fuertemente
evangelizadoras a las necesidades y urgencias actuales, con lo cual
lograremos la renovación de las estructuras pastoral es en los tres
niveles: diocesano, decanales y parroquiales. Sabemos y entendemos
que necesitamos cambios oportunos en las estructuras, que ya no
permiten vivir la novedad evangélica. Con las comisiones y vocalias
queremos redoblar esfuerzos pastoral es en todas las tareas evangelizadoras,
porque sabemos que esa es nuestra primordial misión por ser Iglesia
de Jesús. Para así vivir mejor la fe y la esperanza en nuestras
celebraciones litúrgicas y nuestros encuentros cotidianos con un
espíritu más justo y solidario en el marco de la caridad.
Queremos
con las comisiones y las vocalias que al ser interpelados por la
cultura de la postmodernidad estamos decididos atender de manera
prioritaria a la familia para que responda a lo que está llamada
a ser: escuela al servicio del amor y de la vida. Y que los adolescentes
y los jóvenes, con la fuerza del Evangelio, logren ser protagonistas
en la búsqueda de la felicidad y de la vida en plenitud, lejos de
quedarse en el camino, sin conquistas ni realizaciones que les trasciendan.
Queremos
con las comisiones y vocalias los sacerdotes configurarnos con Jesús,
Buen Pastor para responder más atinadamente al llamado, y con la
profundidad del Evangelio generar auténticos procesos de santidad
en nuestras comunidades. Estando siempre atentos, en pie y firmes
en la esperanza al servicio del hombre para las cosas de Dios.
Queremos
con las comisiones y vocalias que como la Iglesia está llamada a
hacer presentes los valores del reino en el mundo, los laicos gocen
de espacios de formación y valoración, para que con ellos la Iglesia
esté en el corazón del mundo y el mundo en el corazón de la Iglesia.
Y
al estar hoy con María Guadalupe, Emperatriz de América, Estrella
de la Esperanza y en el Continente de la Esperanza, como lo dijera
Juan Pablo II, con nuestro obispo le decimos que nuestra Diócesis
de San Juan de los Lagos a partir de la próxima Asamblea Diocesana
de Pastoral, a finales del mes de junio, en el contexto del espíritu
de la V Conferencia latinoamericana y del Caribe vivirá la misión
continental, desencadenando procesos pastorales con la mística de
discípulos de Jesús,
A
ti, Señora Nuestra de Guadalupe, discípula perfecta del Padre y
misionera primera de nuestras tierras, te encomendamos nuestra diócesis,
nuestro obispo y todas nuestras instancias pastorales y administrativas
diocesanas.
Queremos
ser tierra firme donde caiga la semilla de la Palabra, que es Jesús,
en quien hemos sido insertados por el bautismo y congregados por
su Espíritu. Anhelamos que tu voz maternal penetre nuestros corazones,
modere nuestros sentimientos y dé calor a nuestros pensamientos,
para lograr ser en nuestra sociedad, discípulos y mensajeros de
esperanza y de paz fraternal.
Amén.
Virgen
Santísima de Guadalupe, Reina de México ¡Conserva nuestra fe y salva
nuestra patria!