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Homilía
pronunciada por Mons. Fabio Martínez Castilla, Obispo de la Diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas, en ocasión de la peregrinación de su diócesis  a la Basílica de Guadalupe.

16 de mayo de 2008

Mis queridos hermanos, todos: paz y bien a todos.

Estamos aquí porque nos atrae y nos trae el amor de la madre. Somos hijos que necesitamos el calor; la protección; el consuelo y el ánimo que nos da nuestra Madre del Cielo. Venimos movidos por el Espíritu Santo en esta fiesta de Pentecostés que hemos celebrado el domingo, para vivir juntos en esta casa de todos los mexicanos el abrazo de nuestra madre que nos hace renovar nuestro sí a su Hijo Jesús y nuestra fraternidad solidaria.

Es un peregrinar de fe que le da sentido a toda nuestra vida personal, familiar, parroquial y diocesana. El apóstol Santiago hoy nos invita a la coherencia entre fe y vida porque una fe sin obras está muerta. Y por esto el venir aquí nos compromete a manifestar con nuestra vida que nosotros creemos en Dios, creemos en nuestra Madre y lo manifestamos con nuestras obras. Por eso no se trata de decir únicamente que creemos en Cristo sino de vivir como cristianos que seguimos las huellas del Señor Jesús que pasó por este mundo haciendo el bien. (Act 10,38).

Mis queridos hermanos, demostremos al mundo con nuestra vida, con nuestras buenas obras, que Cristo es el centro de nuestras vidas. El Señor Jesús en el Evangelio de hoy que hemos escuchado nos invita a seguirlo en serio: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga".  Jesús no gusta de los cristianos mediocres que se avergüenzan de Él: “Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre” “¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?" palabras fuertes de Jesús que reflexionamos hoy a los pies de nuestra Madre. Es Ella quien nos animar a seguir de todo corazón a su Hijo Jesús ya que sólo en Él tendremos vida en abundancia.

María sale hoy a nuestro encuentro; nosotros hemos hecho nuestra parte de venir al encuentro de Ella hasta el altar. Ella sale hoy a nuestro encuentro y nos dice como en las Bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga." (Jn 2,5). Este es el secreto del vino mejor que tanto necesitamos, el secreto de una vida nueva y feliz: "Hacer lo que Jesús nos diga". Y por esto este es el gran consejo de la Madre del cielo, que nos mira a todos y nos dice ¿quieres ser feliz? ¿quieres encontrar el sentido de tu vida, para eso has venido aquí? Entonces has todo lo que mi Hijo te diga.

El año pasado yo tenía solamente 12 días como obispo cuando venimos a la peregrinación. Venimos como diócesis a poner nuestro caminar diocesano bajo el manto de nuestra Madre y yo venía como un obispo niño, que ponía en sus brazos y saboreaba todas las sorpresas de Dios para mí, pero también en ese día saboreé el "Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre". Esto me dio mucho ánimo para iniciar mi servicio de obispo entre ustedes. Hoy, a un año, venimos con gratitud y alegría porque de la mano de María hemos experimentado en este primer año las bondades de Dios para conmigo y para nuestra diócesis. Por esto como san Juan Diego venimos a encontrarnos con Ella, a cobijarnos y a abandonarnos en sus brazos para que sigamos viviendo en nuestro caminar diocesano por su intercesión el milagro del vino mejor porque todos nosotros en nuestra diócesis continuaremos llenando las tinajas con el agua de nuestra participación entusiasta a en el plan diocesano fortaleciendo los espacios del encuentro con Cristo.

Mis queridos hermanos de la Diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas, queremos ser una diócesis centrada en Cristo, una diócesis evangelizada y evangelizadora, una diócesis discípula misionera, que cada día vuelve su corazón a la Palabra de Dios, a la Eucaristía, a la comunidad y a los más necesitados. Queremos ser una diócesis que goza en creer, celebrar y vivir la Eucaristía Dominical como fuente de su vida, de su caminar.

Madre del cielo, la Diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas experimenta hoy tu sonrisa, tu abrazo, tu protección y tu intercesión. Nos sentimos como el niño que camina seguro y alegre porque va de la mano de su madre por el camino de la vida.

Gracias, Señor Jesús, por el regalo maravilloso de tu Madre, nunca olvidaremos: "Ahí tienes a tu Madre" que nos diste desde la cruz y muchos estamos aquí para agradecerte porque hemos experimentado el amor de nuestra Madre en momentos difíciles de nuestra vida ese: "Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre". Y nos hemos sentido unos pequeños Juan Diegos, abrazados por el calor de tu Madre por esto gracias Señor Jesús por ese regalo maravilloso de tu Madre.

Y hoy como el apóstol san Juan queremos llevarla de nuevo a nuestra casa y así como san Juan ocupó el lugar de Jesús en el cuidado de María, también nosotros queremos hacer lo mismo: "y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa." (Jn 19,27). Nuestro corazón quiere ser hoy una vez más la casa donde María vive y reina y nuestra diócesis quiere que en su corazón reine también María.

Mis queridos hermanos, centrados en Jesús, continuemos nuestro caminar diocesano de discípulos misioneros con la confianza del Hijo en brazos de su Madre.

Así sea.
 
 
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